Competencias #3
―Sí ―dijo Jared―. Es solo que… ―se acercó discretamente a su oído―. Intentaron salir una vez y no funcionó. Pero se siguen teniendo un profundo cariño. No se habían visto en casi un año.
―Entiendo.
El turno final de Isabel contra Luis era el definitivo. En sus manos quedaba o bien, por cómo iba la situación para ambos equipos, empatar, o ganarle al otro equipo por uno o dos puntos arriba.
―Juntos ―dijo Isabel.
―Uno ―comenzó Luis.
―Dos.
―¡TRES! ―gritaron ambos y lanzaron sus bolas al mismo tiempo.
Las bolas siguieron su camino hasta estrellarse. El resultado fue que Isabel derribó cinco bolos y Luis siete. Lo que hizo ganador al equipo de Bruno por un punto arriba con el marcador final en noventa y cinco contra noventa y cuatro.
―¡WOW! ―gritó Luis de la emoción y es cuando su equipo se acerca a él gritando para abrazarlo.
El equipo de Jared aplaudió mientras gritaban: ¡Bravo, buen tiro, felicidades!
Ambos equipos celebraron la gran partida reñida que se acababa de librar. Bruno miró a sus amigos y los abrazó.
―Son increíbles ―le dijo Susana a Bruno.
―Sí, me agradan ―secundó Luis.
Bruno miró a Jared mientras hablaba con ellos mientras miraban el marcador. No discutían, más bien, planeaban una revancha y Jared proponía mejor ir a la pista de hielo.
―Si, lo son ―añadió Bruno―. Son como él. Jóvenes.
―Sí. Él es un joven muy agradable ―dijo Luis.
―Muy guapo ―comentó Susana.
―Mucho ―añadió Bruno, sonriendo.
En la pista de hielo, las cosas fueron diferentes. Los únicos capaces de avanzar y deslizarse sin sujetarse de la orilla eran Bruno, Jared, Susana, Luis y Fernando.
―Creo que no fue una buena idea esto ―comentó Jared mientras observaba al resto de su grupo intentando soltarse de la orilla, resbalando y cayendo una y otra vez.
―O tal vez no ―respondió Bruno, mirando cómo se carcajeaban cada vez que alguien se caía.
Jared no era muy bueno patinando, igual que Fernando. Pero al menos no se caía a cada segundo como Debani, Alberto y Ariana. Dalia, en cambio, ni siquiera lo intentaba: permanecía aferrada a la orilla, sin moverse.
Jared se acercó a ella para animarla y le propuso que se sujetara de él para poder deslizarse. Aun así, Dalia se movía con torpeza y brusquedad, casi provocando que ambos cayeran en repetidas ocasiones.
―Volvamos a la orilla o vamos a terminar matándonos.
―Ya estamos aquí, anda. Sí puedes.
Resignada, y confiando en que su amigo la sostenía, accedió.
―¿Necesitan ayuda? ―preguntó Bruno, acercándose con facilidad sobre el hielo.
―Sálvame de este cruel hombre que me obliga a andar en esto ―pidió Dalia.
―Mira, el secreto es mantener el equilibrio ―Bruno tomó su otro brazo para darle mayor estabilidad―. Encuentra tu eje y avanza.
―Es como caminar con gracia ―añadió Jared.
―Así es, solo es como caminar en pasarela.
―¿Has caminado en una pasarela? ―preguntó Dalia, aterrada, sin apartar la vista del hielo.
―No, pero imagino que así no lo hacen.
Entre los dos la guiaron, deslizándola poco a poco. No la soltaron hasta notar que su cuerpo dejaba de tensarse. Entonces comenzaron a liberarla gradualmente, permaneciendo cerca por si perdía el equilibrio.
―Lo estás haciendo bien ―le dijo Jared. Dalia empezó a avanzar por su cuenta, pero de pronto hizo un movimiento brusco. Estuvo a punto de caer, logró estabilizarse… y terminó chocando contra la pared. Se sostuvo de ella para recuperar el aliento.
―Por tu culpa casi me mato ―le reclamó a Jared.
―¿Mi culpa?
―Me desconcentraste.
―Perdón ―respondió él, apenado.
―¿Quieres intentarlo otra vez? ―preguntó Bruno.
Ella asintió. Respiró hondo, se impulsó desde la pared… y avanzó sin control hasta estrellarse contra Alberto y Ariana, quienes apenas comenzaban a soltarse.
Bruno y Jared, al igual que Susana, Luis y Fernando se acercaron para ver la gravedad del accidente. Para su suerte, todos resultaron ilesos, salvo los golpes del impacto y las risas de estos tres que no paraban.
―¿Por qué se ríen? ―preguntó Susana.
―Es que… es que… ―intentó decir Dalia entre carcajadas―. Debieron ver sus caras… ¡Ay no! ¡Me voy a hacer pipí!
Ariana y Alberto no podían dejar de reír mientras se levantaban. Jared ayudó a Dalia, Bruno a Ariana y Luis a Alberto. Les sacudieron el hielo de la ropa.
―No manches ―dijo Isabel, preocupada―. ¿No se lastimaron?
―Todo bien ―respondió Bruno.
Una vez pasado el susto por el choque, regresaron a patinar sobre el hielo, sin dejar de vigilar a los nuevos en el arte para evitar otro accidente.
Bruno y Jared patinaron juntos tomados de la mano mientras hacían una especie de competencia amistosa, subiendo la velocidad y haciendo movimientos de baile.
Girando, cruzando las piernas y extendiendo las piernas.
―¿Sabes hacer giros picados? ―preguntó Bruno a Jared, pretensioso.
―Apenas y puedo girar sin morir en él intento. ¿Tú?
―No, pero pensé que tú sí. Eres bueno en esto.
―¡Ay, ajá!
―En serio. Sabes patinar.
Jared recordó sus viejos tiempos, cuando vivía en Morelos con su familia.
Las veces que iba a la pista de hielo cada diciembre, con su familia, cuando tenía diez años, hasta los diecisiete.
Yendo a esas pistas de hielo fue donde él, su hermano y primos aprendieron a patinar.
A modo de caída y golpe. Llenos de moretones en las piernas y brazos.
―Tantos golpes en el pasado rindieron frutos.
―¿Golpes?
―Olvídalo ―dijo―. Será tema para otra conversación ―Jared tomó su mano―. Vamos.
Mientras patinaban, hubo un momento en el que el mundo había desparecido otra vez.
Solamente eran ellos dos. Riendo, deslizándose, girando, bailando.
En un momento sentían que ya no estaban sobre el hielo, si no flotando en el aire mientras se movían ágilmente entre todos.
Se perdieron en la mirada del otro, fue entonces que frenaron sus patines, se quedaron de pie y solo se quedaron viendo.
―Bruno ―dijo Jared, nervioso.
―¿Sí?
―¿Quieres ser mi novio?