Incertidumbre y temor Competencias
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Competencias

Bruno y Jared habían quedado de salir en plan sociable.

Durante la semana, ambos comentaron que deberían conocer sus respectivos círculos sociales, pues eso era sano.

Bruno solo conocía a Fernando y a Jorge en persona, sus roomies.

Jared no conocía a ningún amigo de Bruno, y no le parecía que las cosas estuvieran parejas; por eso propusieron esa salida social.

Bruno pensó al principio que no era una buena idea, pero la voz de Verónica se hizo presente: No la cagues, él no es Santiago . Fue entonces que se animó a aceptar la propuesta e invitó a Luis y a Susana. Eran los únicos que consideraba amigos y con quienes sabía que podría pasarla bien.

Por su parte, Jared invitó a Isabel, Debani, Fernando, Jorge, Alberto, Ariana, Dalia —una amiga a la que tenían mucho tiempo sin ver, pues había regresado con su familia al terminar la universidad, pero estaba de visita en Puebla ese fin de semana— y Myrna, otra amiga de la facultad a la que habían dejado de ver porque había entrado a trabajar a una de las farmacéuticas más importantes de Puebla.

Su cargo era tan demandante que apenas tenía tiempo para ella.

Eran los más cercanos a él, con quienes más convivía y quienes sabían sobre Bruno.

Platicaron sobre qué podrían hacer y, entre mensajes y llamadas, acordaron ir al boliche.

No les fascinaba mucho la idea —ninguno era aficionado—, pero no era un plan para ellos, sino para sus amigos y para comenzar a integrarlos.

El boliche les pareció una buena opción para un grupo de doce personas, algo que no implicara alcoholizarse.

Y, si todo marchaba bien, incluso podrían ir después a la pista de hielo que estaba al lado.

―Entonces, ¿a las cinco el sábado en el boliche? ―confirmó Jared por teléfono mientras estaba en el laboratorio.

―Sí, a las cinco.

―Vale, entonces los vemos allá.

―Claro, nos vemos ―le dice Bruno―. ¿Cómo va tu día?

―Bien, mucho trabajo. Pero tengo unos minutos en lo que espero que salgan unas reacciones.

―Muy bien, suena interesante.

―¿Y tú? ―Jared comienza a jugar con la silla mientras habla con Bruno, sonriendo.

―Pues, igual. Con mucho trabajo. Pero la obra ya avanzó, probablemente en diciembre se inaugure la nueva sucursal.

―Eso es estupendo.

Bruno había tenido una semana bastante tensa, pues su supervisor le había llamado la atención varias veces.

Había levantado muchas actas administrativas.

Le explicó que varios trabajadores no cumplían con el uso del equipo de protección personal ni respetaban los protocolos de seguridad.

Tenía que hacerlo para evitar perjuicios en el futuro.

Muchas veces, estaba cansado de sentir que era el único que se preocupaba en hacer bien su trabajo, y por la seguridad de los trabajadores.

Jared, por su parte, ahora era odiado por los operadores.

Pues seguía haciendo paros cuando no acataban bien los procedimientos, y era cuando estos los hacían bien, que permitía la marcha de las maquinas.

El supervisor de calidad ya no le llamaba la atención, entendía que hacía su trabajo, pero tenía que lidiar con las quejas del gerente por causa de Jared. Simplemente cumplía su trabajo.

Jared tenía en mente terminar el año en la empresa y dar el siguiente paso.

Tenía muchas opciones, pero debía de optar por una para máximo comenzar a mover las piezas.

Quizás, solamente quizás, estaba la opción de salir de Puebla, pero era poco probable que eso pasara.

Regresar a Morelos no era opción, no estaba en sus planes.

Llegó el sábado por la tarde. Bruno se había puesto de acuerdo con sus amigos para verse en la Avenida Juárez y tomar un Uber al boliche de La Noria.

Jared y Fernando citaron a los suyos en su casa y, desde ahí, caminarían; estaban a menos de diez minutos.

A pesar de tener el lugar tan cerca y llevar seis años viviendo ahí, jamás habían ido en plan de diversión. Ni al boliche ni a la pista de hielo.

Pero ahora había llegado el momento. Ambos estaban nerviosos porque sus amigos se conocerían. Quizá hubiera sido mejor presentar primero a cada grupo por separado antes de juntarlos. No lo habían pensado bien, pero ya era tarde.

Ahora las cosas seguían su curso.

Bruno y sus amigos iban en camino en el Uber. Jared y los suyos, a pie. Mientras conversaban con sus respectivos grupos, no dejaban de pensar en el otro, esperando que, si algo salía mal, al menos se tendrían mutuamente.

Era uno de los momentos de la verdad. Su relación dependía, en parte, de cómo sus amigos se llevaran entre sí. Si los círculos sociales encajaban, podría verse difícil cuando tuvieran que convivir en ciertas ocasiones.

―Tranquilo ―le dijo Fernando a Bruno al verlo morderse las uñas―. Todo saldrá bien.

―Espero.

―No es cómo que seamos demasiado ambiente ―comentó Isabel.

―No es eso. No son ustedes. Yo sé que les van a caer bien, son unos amores. Soy yo ―dijo Jared―. ¿Y si no les agrado a sus amigos?

―Bebé, eres a toda madre ―aseguró Debani―. Claro que les vas a simpatizar. Pendejos ellos si no.

― Es cierto, no eres tan costroso ―añadió Alberto, recibiendo un codazo de Ariana.

―No le hagas caso, es un idiota.

―¿Myrna vendrá? ―preguntó Jorge.

―Sí, ya no tarda en llegar.

―Genial.

Jorge tenía un cierto interés en Myrna. La última vez que la vio fue en la fiesta de Halloween en Cholula a la que asistieron el año pasado, cuando todavía eran estudiantes.

La manada de amigos caminó hasta llegar a la entrada del boliche. Por suerte, a pesar de que el cielo estaba nublado, no están cayendo ni una sola gota de lluvia.

Jared sacó su celular para avisar que ya había llegado. En ese momento, el Uber de Bruno se detuvo y lo vio bajar con sus amigos.

―Hola ―saludó, dejando de teclear.

Se acercaron y se saludaron con un beso en los labios mientras sus amigos quedaban unos pasos atrás.

―Chicos, él es Bruno ―presentó Jared―. Bruno, ya conoces a Fernando y a Jorge. Ellos son Debani, Isabel, Alberto, Ariana y Dalia.

Bruno los saludó con un “hola” cordial y luego se giró para presentar a sus amigos.

―Jared, ellos son Luis y Susana.

Jared estrechó sus manos con una sonrisa.

―Gusto en conocerlos.

―El gusto es nuestro ―respondió Susana―. Eres más guapo en persona de lo que imaginé.

―Gracias… ―respondió Jared, mirando a Bruno.

―No es cierto, no es guapo ―intervino Alberto―. No seas amable para caerle bien.

―Un comentario más, y te voy a dar un puñetazo en la cara ―le dijo Ariana.

―Ya, amor. Jared sabe que así me llevo con él.

Ariana le lanzó una mirada fulminante a Alberto.

Jared y él tenían una relación pesada; así era su dinámica. Sin embargo, a Ariana no le gustaba que Alberto fuera tan rudo con su amigo. Aunque Jared también lo era con él, ese no era el momento adecuado para ese tipo de interacción.

―Además, él también es mucho más guapo en persona, la verdad ―comentó Ariana, guiñándole un ojo a Jared.

―Bien, ¿entramos? ―preguntó Bruno a todos. Ellos asintieron y la pareja se separó para ir con sus respectivos amigos.

En ese momento, Myrna apareció corriendo, llegando justo a tiempo. Su complexión delgada le permitía moverse con agilidad, pero su piel clara delataba el esfuerzo: su rostro estaba completamente enrojecido por la carrera desde la parada del camión en Tlaxcalancingo.

―¡Myrna! ¡Respira! ―dijo Jared, alarmado―. ¿Qué pasó?

―Pensé que no llegaba ―respondió, recuperando el aliento mientras miraba al grupo―. Hola, chicos.

―¿Necesitas algo? ¿Agua? ―ofreció Bruno.

―No, gracias ―respondió ella. Respiró hondo y, ya más tranquila, añadió―: Bruno, ¿cierto?

―El mismo ―dijo él, estrechando su mano.

―Un gusto.

Bruno la presentó con sus amigos y, tras las formalidades, ambos grupos se integraron.

Bruno caminaba detrás del grupo de Jared, quienes no dejaban de bromear y reír. Fue entonces cuando Debani propuso en voz baja integrar a los amigos de Bruno con ellos, para dejar a la parejita sola.

―No, descuida. No es necesario ―rechazó Jared.

―Vamos, ve con él ―insistió Debani―. Nosotras iremos por sus amigos ―añadió, mirando a Isabel.

―¿Nosotras? ―preguntó Isabel, sorprendida.

―Sí, vamos.

Ambas se detuvieron, dieron media vuelta y comenzaron a conversar con Luis y Susana. Bruno quedó momentáneamente solo, y Jared aprovechó para acercarse. El intercambio había sido exitoso.

― Tus amigas son muy agradables ―dijo Bruno, sorprendido al ver a sus amigos integrarse.

―Sí, lo son.

―Ahora entiendo porque eres así. Tienes muy buenos amigos.

―¿Cómo soy? ― pr eguntó Jared, curioso.

―Pues… eres increíble, maravilloso. Divertido, con un sentido del humor muy agradable ―lo besó brevemente―. Inteligente, sexy.

―Vaya… pareciera que describes a Henry Cavill.

―Si, justamente a él me refiero.

Jared le dio un ligero codazo en las costillas y Bruno se quejó exageradamente.

―¡Auch!

―¡Perdón! ―dijo Jared, alarmado―. No quise lastimarte.

―¡Ja, ja, ja! Descuida, no me dolió. Solo te estoy molestando.

―Muy gracioso ―replicó Jared.

Se habían quedado atrás, así que apresuraron el paso para alcanzar al grupo.

― Sí, todos somos químicos. Compañeros desde el primer semestre. Ahí nos conocimos ―comentaba Debani a Susana.

―Vaya, amigos después de la universidad… debo admitir que me impresiona mucho ―dijo Susana.

―¿Por qué? ―preguntó Isabel.

―Pues… ―Susana hace una pausa antes de articular bien su respuesta― es poco común que las amistades de la universidad se conserven.

―Las falsas amistades son las que se van. Nosotros seguimos porque nos decimos nuestras verdades ―respondió Isabel.

―Además, yo siempre le digo pendejo a Jared… y aquí sigue ―añadió Alberto.

―Si, igual yo ―secundó Fernando―. Y es mi roomie.

―Pobre de él ―dijo Debani entre risas―. No es cierto, Fer. Sabes que te quiero mucho.

Fernando negó con la cabeza, fingiendo tristeza. El drama entre ellos era parte del juego.