Incertidumbre y temor Reunión familiar
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Reunión familiar

Esa día, Bruno y Jared se levantaron a las ocho de la mañana. Pues ahora Bruno solo iba a su clase de la maestría, y pasar la noche con Jared había sido algo demasiado placentero para él, para ambos.

―Buenos días, guapo ―saludó Bruno cuando ve a Jared despertar desde su pecho.

―Buenos días ―Jared le dio un beso en los labios y Bruno lo abraza.

―¿Descansaste?

―Mucho, ¿y tú?

―Sí, dormí muy rico.

Bruno besó a Jared mientras le acaricia la mejilla y la espalda con sus manos.

―Bajaré a preparar el desayuno. No te dejaré ir a la universidad sin haber comido antes.

―Te ayudo ―dijo Bruno.

―Descuida, yo lo hago.

―Déjame ayudarte, por favor.

―Está bien, yo mezclo los ingredientes y tú pones la mezcla en el sartén.

―¿Qué tienes en mente?

―Hot-cakes de avena.

―Suena delicioso.

Ambos se levantaron de la cama, se vistieron y bajaron a la cocina donde ya estaba Jorge cocinando.

―Buenos días ―saludó Jared.

―Buen día ―secundó Bruno.

―Hola ―saludó Jorge.

Bruno y Jared se quedaron mirando sonriendo, al parecer no esperaban encontrar a alguien en la cocina, pero Jared le dio a entender a Bruno que no había problema. Preparando los hot-cakes y el café para ambos, la pareja se limitó a intercambiar sonrisas para no incomodar a Jorge.

Terminaron de cocinar y preparar los cafés ya que, por una razón, a Bruno le dio querer compartir una taza con Jared.

Caminaron hacia la sala, dejaron los platos y las tazas en la mesa, Jared tomó mermelada y lechera de su alacena, regresó a la mesa dónde Bruno se encontraba ya sentado a dos sillas de Jorge, quién veía su celular mientras desayunaba huevos estrellados con verduras y frijoles.

―Provecho ―les dijo Jorge cuando se sienta Jared en la mesa.

―Gracias ―agradecieron ambos.

Jared encendió la pantalla y entró a HBO Max para continuar viendo su novela de Dragones favorita.

―No es justo ―reprochó Bruno―, llevas un capítulo delante de mí.

―Perdón, vi un capítulo ayer antes de dar mis clases.

―Está bien, veamos a Rhaenyra decir Dracarys.

―Bueno, ya es hora de irme. Ya voy tarde a la clase ―le dijo Bruno mientras lavan los trastes.

―Si, está bien. Yo salgo a las diez a Cuernavaca, me doy un baño rápido y tomo un Uber a la caseta.

―¿Cuándo regresas?

―Mañana en la noche.

―Está bien, guapo. Te vas con cuidado. Me avisas cuando llegues con tu familia.

―Si, guapo ―le dio un beso en los labios.

Ambos regresan al cuarto de Jared, comenzó a prepararse, Bruno se cepilló rápidamente los dientes y se peinó, todo esto mientras Jared se dio un baño francés: cabello, axilas, inglés y retaguardia.

Ambos salieron del baño, Jared se vistió rápido mientras Bruno preparó sus cosas dentro de su mochila.

Una vez terminado, ambos se miraron y con un gesto de aprobación, ambos salieron de la habitación, Bruno con mochila en mano al igual que Jared con la suya y la maleta.

Caminaron hacia la salida y mientras Jared esperaba su Uber hacia la caseta, se despidieron mientras Bruno se alistaba para subir a su motocicleta.

―Ya son las nueve, es hora de irme.

―Sí, está bien. Mi Uber no tarda en llegar ―le dijo mientras revisa su teléfono.

―Vale, te vas con cuidado. Ten un buen viaje, disfruta mucho a tu familia.

Bruno tomó a Jared de la cintura y lo acerca a él para besarlo. A Jared le gustaba mucho sentir la barba de Bruno en sus labios. La sensación le producía un enorme placer y Bruno le encantaba sentir la lengua de Jared.

―Mi Uber ―dijo Jared mientras ve llegar su auto.

―Está bien, ya me tengo que ir ―le dio un pequeño beso en los labios y se apartó de Jared para ponerse el casco y subir a la moto.

―Nos vemos pronto.

―Si, nos vemos ―dijo Bruno algo triste.

Te quiero . Pensaron ambos sin poder decirlo aún.

―Adiós ―dijo Jared en voz baja mientras sube al Uber.

Vio a Bruno arrancar la moto y salir disparado por el circuito en el sentido opuesto al de él, rumbo a San Manuel, mientras Jared iba en dirección a la intersección con la vía Atlixcáyotl. Rumbo a la caseta. A casa.

Bruno tuvo una mañana un tanto movida. No dejaba de pensar en Jared, en que sí estaba bien.

Cómo estará yéndole en el camino a Cuernavaca, y también estaba el tema con Lola y David, quienes ya no se sentaban juntos en la clase.

Ver como la relación de sus compañeros se tornó a algo incomodo, le dio mucho que pensar con respecto a su relación con Jared.

¿Será prudente seguir con esto? ¿Y si al final terminamos con riñas sin fin? Conflictos y discusiones sin cesar, sin que nadie seda nada. Pensaba una y otra vez.

Fue hasta que casi al terminar sus clases, Jared le envió un mensaje por WhatsApp.

Jared

Hola guapo

Ya estoy en casa de mi familia.

Llegué con bien.

Que bien :)

Me alegra mucho

Disfruta a tu familia, no te portes mal jeje

No es cierto, pórtate mal pero cuídate

No puedo hacer eso.

No estás aquí conmigo :(

Ojalá estuvieras aqui

Será en otra ocasión

Quiero conocer Cuernavaca

Pero será después

Yo encantado de mostrarte el lugar.

Te dejó, porque ya voy tarde para la fiesta.

Besos :*

Besos :)

Bruno dejó su celular y continuó prestando atención a la clase. Algo tenía Jared, que le hacía sentirse tranquilo por un momento. Sin preocupaciones de nada. Cómo si pudiera bloquear esa parte que le causaba inseguridad, brevemente. Quizás solo era paz.

Si, esa era la palabra.

Paz.

En Cuernavaca, estando en casa de su familia, Jared se encontraba lleno de nostalgia. Regresar a casa, ahora le era un tanto complicado emocionalmente. Todavía no se acostumbraba ir de visita y no ver a su abuela, esperándolo. Aun cuando ya habían pasado poco más de seis meses desde entonces.

Jared se cambió de ropa para asistir a la misa previa a la albercada familiar. Su sobrino cumplía dieciocho años. Era tradición familiar el dar gracias a Dios, cuando un miembro de la familia alcanzaba los quince años y la mayoría de edad, con una misa.

Su familia no era realmente apegada a la religión, siendo sinceros.

Pero de vez en cuando asistían a misa, era más frecuente cuando su abuela vivía, pero desde entonces, Jared en Puebla asistía a misa cada dos o tres semanas.

Su familia solo una vez cada mes. Solo su tía Adela iba cada domingo, a la misma capilla a la que su madre iba.

La familia ya estaba en la misa, en la parroquia de la colonia. Jared estaba terminando de alistarse cuando recibió una llamada de su hermano.

―¿Qué pasa?

―Pregunta mamá que como vas ―respondió Daniel.

―Dile que ya voy saliendo, estoy a cinco minutos en el auto.

―Con cuidado, estoy afuera en el atrio.

―No te vayas a quemar entrando a la iglesia.

―Cállate, apúrate.

―Ya voy.

Jared cerró y entró al auto de su difunta tía Helena.

El auto se había quedado para uso de la familia.

Pues sus primos no habían reclamado nada de las cosas de su madre, y llegaron a un acuerdo con sus primos, dejándoles usar el auto.

Su madre y su hermano no usaban el vehículo para evitar conflictos con ellos, pero Jared tenía buena relación con ellos y solo lo usaba pocas veces.

Arrancó el auto y condujo a la parroquia, manejando el viejo Malibu verde de su tía. Conducir ese auto le hacía recordar cuando su tía los llevaba a él y a su hermano a la secundaria y preparatoria respectivamente.

En Puebla, Bruno también hizo una visita a sus padres esa tarde, cuando salió de la maestría. Tenía que hablar con ellos sobre Héctor y su situación con el alcoholismo. Sabía que al menos su madre le entendería al querer ayudar a Héctor, pero su padre…

… Era otro asunto.

Edgar siempre incentivaba a Héctor a tomar. Decía que era la única forma de poder desahogar las penas. Algo que Bruno jamás entendió con respecto a su padre y su hermano. Solo podía contar con su madre.

Y eso era en algunas ocasiones.

Bruno siempre ha sido un tanto más maduro emocionalmente que su hermano e incluso que sus padres.

Eso le daba ventaja al ser muy lógico al momento de tomar decisiones y resolver problemas, pero algo curioso que se debe de mencionar sobre él, es que, hasta cierto punto, tiene una clase de insinuación.

Algo incongruente en su filosofía personal.

―Madre, me preocupa Héctor. Su problema con el alcohol se está agravando, tenemos que hacer algo.

―Bruno, cariño. Dime, ¿qué sugieres que debemos hacer?

―Hacer que ya no trabaje con Edgar, para empezar. No puede seguir saliendo a tomar con él saliendo del trabajo, no le está ayudando nada.

―Tú padre lo necesita en el trabajo. Después de que tú te fuiste, necesitaba a alguien que tomará su puesto.

―Sabes que puede contratar a alguien, no es necesario que seamos nosotros ―refunfuña Bruno―. No es un legado familiar.

―Para él sí ―le dice su madre mientras corta las verduras―. Lo sabes, es importante.

―Si, claro. Más importante que dejar el alcohol y de empujar a su hijo por el mismo camino ―reclamó Bruno mientras pela las papas.

―Bruno, cielo. Debes entender que la relación entre tu hermano y tu padre ―le comentó y ella arrojó las piezas de verdura en la olla con pollo―, se hizo más sólida después de que tú fuiste de la empresa.

―Hace cuatro años de eso, Edgar no me ha perdonado eso.

―Tú padre no está molesto, solo sigue sin entender por qué lo hiciste.

―Y seguirá sin entender. Ya le expliqué, no quiere entender ―dijo mientras corta las papas peladas―. Y ya no estoy para volver a explicar.

Bruno continuó ayudando a su madre preparando la comida, con las mangas de su camisa negra remangadas hasta los codos. Al darse cuenta de que pedir ayuda a su madre para hablar con su hermano, decidió dejar por la paz el tema y simplemente disfrutar de la compañía de su madre.

Edith era maestra de secundaria. Tenía suficiente carga lidiando con estudiantes adolescentes, con los años, desarrolló cierta habilidad para saber lidiar con el conflicto y no tomar partido si no es necesario. Solo se limitaba a escuchar y observar, y después analizar y actuar.

―Hijo, ¿estás bien? ―le preguntó Edith―. Te noto diferente.