Incertidumbre y temor Cuestiones y planes
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Cuestiones y planes

A la mañana siguiente, Bruno y Jared se levantaron temprano para que Bruno pudiera llegar a tiempo a su trabajo. Despertaron juntos, abrazados. Bruno se dio una ducha rápida mientras Jared preparó un té verde con pan francés para que Bruno desayunara.

La mañana era muy fría, muchísimo más que aquella en la que se conocieron. El otoño ya había entrado para entonces; era de esperarse que las mañanas serían cada vez más frías, las noches más largas y los días más cortos.

Otoño.

La estación favorita de Jared, y de muchas otras personas a las que les gustaba la melancolía de esa época. Los árboles sin hojas, los fuertes vientos y lluvias, la llegada de fechas como Halloween y Día de Muertos, el pan de muerto y las bebidas de calabaza. Era la mejor parte del año.

Jared escuchó bajar por las escaleras a Bruno, quien veía su celular mientras caminaba hacia la cocina.

―Ya está listo ―le dijo, acercándole la taza con té y el plato con las dos rebanadas de pan francés.

―Muchas gracias, ¿pero tú? ―le preguntó.

―Desayuno más tarde ―respondió sonriendo―. Es domingo, si como ahora, me va a dar hambre antes del mediodía. Y no quiero eso.

―Está bien.

―Pero, te acompaño. Come.

―Gracias.

―No tienes de que, provecho.

Ambos se sentaron en la mesa. Jared puso un video de una reseña de una película que había encontrado en un reel de Facebook. Lo vieron y comentaron que se veía bastante interesante, que quizás deberían verla algún día.

Bruno simplemente observaba a Jared, cómo su cabello rizado se alborotaba recién levantado; lo encontraba muy sexy. Jared, por su parte, se quedaba viendo su barba, sin dejar de pensar en las enormes ganas que tenía de sentirla rozar su cuerpo nuevamente.

―Está muy bueno ―dijo Bruno mientras terminaba su comida―. Cocinas muy rico.

―Gracias, supongo ―respondió Jared, tomándolo de la pierna―. La verdad es que no me gusta cocinar, pero no tengo de otra. Además, eres mi invitado. Tenías que comer antes del trabajo.

―No tenías que molestarte.

―No es molestia, lo hago con mucho gusto.

Bruno continuó comiendo el pan francés y, por momentos, miraba su celular, respondiendo mensajes. Jared solo se quedaba observándolo.

―¿Qué? ―le preguntó Bruno, confundido.

―Nada, es solo que ―hizo una pausa y lo miró― me gusta mucho verte.

Bruno le besó los labios y se quedaron así por un momento, hasta que se dio cuenta de que ya era tarde para el trabajo.

―¿Listo? ―preguntó Jared.

―Sí, ya he pedido mi Uber.

―Perfecto, ¿en cuánto llega?

―Un minuto.

―Vale, entonces ya hay que salir.

Jared caminó delante de Bruno hasta la entrada y fue ahí donde Bruno lo tomó y le dio un beso antes de salir.

―Quiero volver a verte, pronto.

―Yo también, ojalá podamos saliendo del trabajo, en la semana.

―Sí, está bien ―Jared abrió la puerta y lo acompañó hasta el auto. Se dieron un abrazo. Bruno entró y el vehículo se marchó, dejándolo atrás con una sonrisa que se desvaneció por el frío.

Ese mismo día por la tarde, al salir de su trabajo, Bruno visitó a su hermano en su departamento. Este le había pedido verlo, pues necesitaba hablar con alguien. Bruno ya sabía hacia dónde iba todo eso: su hermano solía emborracharse todos los días y quejarse de las diferencias entre ellos.

Porque Bruno tenía un mejor trabajo que él, porque siempre le va mejor en todo, siempre le echaba en cara todo lo que hacía por él, lo cual no era verdad, pues solo en una ocasión, Bruno no toleró un comentario de su hermano y simplemente se defendió.

Lo que terminó en una riña muy pesada entre estos dos hermanos.

―¿Cómo has estado? ― le preguntó Bruno a su hermano.

―Pues, no sé. Creo que bien.

―¿Crees que bien? Héctor, ¿qué pasa?

―Tuve problemas con Verónica, no me quiso dejar ver a las niñas el día de hoy.

―¿Te ha dicho por qué?

―No, simplemente dijo que no podían salir conmigo hoy. Que están muy ocupadas con tareas y demás cosas.

―Ya veo ―comentó Bruno―. ¿Es la primera vez que lo hace?

―No, es la tercera. No las he visto en todo el mes. Las extraño ―Héctor dio un trago a su cerveza―. ¿Quieres una?

―No, gracias. Estoy bien así.

Héctor hizo un gesto indiferente y encendió la televisión.

―¿Crees poder hablar con ella? Convencerla de que me deje ver a las niñas.

―¿Te has puesto a pensar por qué no te deja verlas? ―Héctor negó con la cabeza. Bruno suspiró, molesto―. Has estado tomando en exceso, Héctor.

―¿Y?

―Quizás Vero no quiere que las niñas te vean así.

―Me pongo así porque ella no me deja verlas.

―No es cierto, y lo sabes.

―Es cierto.

―Héctor, siempre te veo tomando con Edgar. Saliendo del trabajo sales con él y bebes.

―Papá solo me invita un trago o dos, para el estrés del trabajo.

―Sí, claro. Como aquella vez.

―¿En serio vas a reprocharme eso?

―Héctor, la verdad no quiero discutir contigo ―Bruno se levanta del sofá de golpe―. Hablaré con Vero, pero no te garantizo nada. Si no dejas de beber.

―No necesito que hables con ella, gracias.

Bruno sale del departamento de su hermano hecho una furia. Su hermano mayor siempre se ha comportado como un hermano menor. Bruno siempre fue más responsable que Héctor, y le molestaba que su hermano siempre buscará que le solucione los problemas.

Le molestaba lidiar con personas así, que no se hicieran responsables de sus propias decisiones. Su hermano era una de esas personas y ya no estaba dispuesto a tolerarlo. Le gustaba ayudar, pero era imposible con alguien que no quiere ser ayudado.

Subió a su motocicleta y se fue en dirección a su departamento en La Paz desde Cholula, muy alejados ambos departamentos.

Le tomarían veinte minutos manejar, y fue cuando decidió desviarse y pasar a comprar insumos que le hacen falta para su casa.

Se preguntaba: ¿Cómo estará Jared? ¿Qué estará haciendo?

Jared se encontraba rodando en bicicleta con Fernando, Isabel, Alberto y Ariana, en el circuito de la Avenida Juárez, cruzando el Centro Histórico hasta llegar al Parque Ecológico y de regreso. Tenían meses de no salir juntos y menos a rodar en bicicleta.

―¡Demonios, Jared! ¿De dónde sacas tanta energía? ―preguntó Alberto casi desfallecido del cansancio.

―Soy hiperactivo, ¿lo olvidas? ―respondió Jared.

―Cierto, tu TDAH*.

―Además, he perdido mucha condición por no salir con ustedes tan seguido ―comentó intentando controlar su respiración―. Así que no te quejes.

―Paisano, no chingues. A mí ya me duelen las piernas ―le dijo Isabel mientras se soba sus muslos.

―Ya no falta mucho, regresamos a dejar las bicis a la Juárez y ya nos vamos a desayunar.

―¿Y si las dejamos aquí? ―comentó Ariana.

―No, las tenemos que dejar allá. Además, firme yo como responsable.

―Tengo una idea, mejor tu llévatelas y nosotros aquí te esperamos ―añadió Fernando.

―Muy gracioso ―se quejó Jared.

Después de quince minutos de pedalear desde Analco hasta llegar a la Avenida Juárez, el grupo de amigos se detuvo a tomar un respiro, bebiendo agua y del mismo modo, Alberto y Jared jugaron una partida de ajedrez, con piezas enormes que había en una sección ahí dónde rentaban las bicis.

La partida estuvo reñida, al final quedaron en tablas, ahogando a los dos reyes, dejándolos sin ningún movimiento.

―¿Ya nos podemos ir? ―pregunta Isabel, cansada.

―Ya vamos ―responde Alberto mientras terminan de acomodar las piezas.

El grupo de amigos caminó por toda la Avenida, cuesta abajo en dirección al Paseo Bravo. Isabel se acerca a Jared, para preguntarle como va con su prospecto, mientras éste sube historias a Instagram sobre la rodada.

―Vi que subiste historias en el Amparo, anoche ―comentó Isabel curiosa―. ¿Con quién fuiste que no me invitaste? Sabes que me gusta visitar museos también.

―Fue de último momento, teníamos planeado ir al Ecológico.

―¿Teníamos? ¿Tú y quién? ―preguntó emocionada―. ¿El chico que me comentaste la última vez?

―Sí, el mismo.

―¿Y qué tal? ―Isabel parecía más emocionada por Jared que él mismo.

Jared le resumió todo, contándole de sus citas, de la noche en el Amparo, y lo que pasó después. Isabel solo lo mira, sorprendida pero emocionada.

―No inventes. ¿Es en serio?

―Sí, en serio. ¿Crees que fue muy pronto?

―No lo creo. Siento que estuvo bien. Llevan su propio ritmo ―Isabel le sonrió a Jared, pues nota que este se ha perdido en sus pensamientos. Eso pasa cuando no está seguro de ciertas cosas, ella ya sabía cuándo pasaba eso. Seguía pensando que el sexo fue demasiado pronto.

―¿Estás bien? ―le preguntó Fernando al notar a su amigo disociado.

―Sí, solo estoy pensando.

A lo lejos, le pareció ver a un hombre muy familiar. De lejos no estaba seguro, pero parecía Bruno, caminando. Solo duro unos instantes en su vista y después desaparición.

―¿Viste algo? ―le preguntó Isabel.

―Creí haberlo visto.

―Lo tuviste anoche contigo. Quizás solo deberías dejar de pensar tanto en él.

―Tienes razón. Debería de mejor estar con ustedes, bola de tortugas.

El resto del día, para Bruno, consistió en cocinar todo lo que sería necesario para comer en la semana.

Se puso a ver una película y de vez en cuando le enviaba un mensaje a Jared.

Veía sus historias y se daba cuenta que la estaba pasando bien con sus amigos.

Eso le alegraba, ver que no se estaba quedando acostado en la cama, sintiéndose mal por todo.

Jared notaba que Bruno veía sus historias, reaccionó a una de ellas que era la de un vídeo rodando por el Centro mientras se grababa a él y sus amigos. Cuando Bruno vio esa historia pensó: Un día de estos se va a caer de la bici, si sigue grabando videos así.

Pero Jared tenía el suficiente equilibrio para poder manejar la bicicleta sin usar sus brazos. Era muy hábil en ciertas cosas y tenía ventajas de eso por ello, en la mayoría de las situaciones.