Acercamiento
La manera en que finalizaron la cita no fue como esperaron. Pero, tampoco fue un desastre como pudo ser después de la disculpa de Jared. Esa noche, Bruno tomó fotografías de Jared en la terraza, y de ellos tomando café. Subió una de ellos a sus historias en Instagram, etiquetando a Jared en ella.
Jared respondió el gesto reposteando la historia y subiendo otra foto. Una que había tomado de Bruno de espaldas, viendo uno de los murales. En ambos, no se veía el rostro, lo cual le daba un aire de misterio, hasta que eras lo suficientemente listo de entrar al reposteo del otro.
―Me la he pasado muy bien ―le comentó Bruno mientras caminan por el Centro Histórico, que aún conservaba la decoración patriótica en sus calles.
―Igual yo. Dentro de lo que cabe.
―Sí, se nota. Te gustan mucho los museos, ¿no es así?
―Demasiado. En los años que llevo viviendo aquí, aproveché cada oportunidad para visitarlos, y conocer un poco más de la ciudad.
―¿Cuántos años me había dicho que tenías viviendo?
―Seis años, en enero.
Bruno asientió al recordar el tiempo ya mencionado.
―Vaya, si has tenido bastante tiempo para ver muchas cosas.
―Y me faltan todavía más. Esta ciudad es enorme, siempre encuentro cosas que hacer.
Bruno observó a Jared, quién igual que en el museo, parecía un niño pequeño. Fascinado por la ciudad y sus luces. Las calles mojadas daban una atmósfera muy mágica a los ojos de Jared. En el fondo, aún seguía siendo un niño. Y Bruno comenzaba a darse cuenta de eso.
―Jared, ¿te han dicho alguna vez lo guapo que eres? ―le preguntó Bruno, en un tono seductor.
―¿Qué haces? ―cuestionó Jared mientras Bruno tomó de la cintura por detrás.
―Nada ―acercó su barbilla en su cuello.
―Basta ―Jared se alejó lentamente―. Estamos en un lugar público.
―Está bien, será en otro momento ―dijo Bruno.
Ambos estaban comenzando a sentir una tensión diferente entre ellos. No era el de una atmósfera romántica y tampoco por la fricción en el museo, ahora era algo más…
… Carnal.
―¿Cuándo?
―Pues, puede ser hoy mismo, en tu casa.
Jared se quedó pensando. Hace unas cuantas noches atrás, fue la primera vez que se habían besado. No tenía mucho de conocerse y ya le estaba proponiendo tener relaciones sexuales. De algo él estaba seguro, no sale nada bueno de ir directamente al sexo. De ir rápido.
Él lo deseaba, claro que sí. Igual Bruno.
Ambos se deseaban mutuamente. No había duda de eso, pero Jared no estaba seguro de eso.
Ahora ponía en duda las verdaderas intenciones de Bruno.
Quizás solo buscaba sexo, usando lindas palabras, algunas citas, cortejo y después el acto.
¿Qué seguiría después? ¿Dejar de responder mensajes?
¿Ignorar llamadas? No estaba seguro de querer volver a pasar por eso solamente por sexo.
Tenía intenciones de formalizar con Bruno, pero a su tiempo.
Bruno notó un poco de inseguridad en la expresión facial de Jared, quizás se había excedido un poco en la forma de acercarse a él. Pero el hombre era irresistible y magnético. Como si su cuerpo lo llamará.
―¿En mi casa? ¿No podemos en la tuya?
―A mi roomie no le gustan las visitas, tenemos un acuerdo y no llevamos invitados.
Si no, con gusto ―Jared hizo una mueca al escuchar la respuesta de Bruno.
Es entonces que comienza a pensar que quizás su roomie realmente sea su pareja, y él solo es una distracción para Bruno. No estaba dispuesto a eso, ya no más.
―Bueno, será mejor que lo dejemos para otra ocasión. Fernando está en el departamento, descansado y no quisiera incomodarlo.
Bruno solo se quedó callado y miro a Jared, el cual seguía caminado por el edificio Carolino y después bajo hacia el Callejón de los Sapos. Encendió un cigarro, ya no le importaba si incomodaba a Bruno, solo necesitaba calmar sus pensamientos.
―¿Solo buscas sexo? ―le preguntó Jared fríamente.
―No, no solo busco sexo.
―¿Entonces?
―No voy a negar que también me atraes mucho de esa forma. Eres tan magnético. Pero también te encuentro muy hermoso, por dentro y por fuera ―respondió Bruno mientras observa como Jared no le quitaba la vista de encima.
Bajo las luces del callejón, Bruno y Jared solo se quedaron mirándose uno al otro. Bruno se acercó a Jared, acarició su mejilla con su mano, mientras lentamente Jared se acercó a él y lo besó apasionadamente, pero este no duro mucho, pues Bruno se alejó.
―Es el sabor, del cigarro y el café ―comentó él.
―Lo siento, no fue mi intención.
Bruno lo volvió a besar y ahora no le importaba el sabor a tabaco y café en la boca de Jared, solo se dejó llevar por su pasión hacia él.
Bruno comenzó a pensar en muchas cosas en ese preciso momento.
Él siempre había sido una persona lógica, casi nunca impulsado por sus emociones.
Pero últimamente, desde que conoció a Jared, se ha comportado un tanto emocional, eso lo asustaba algunas veces, cómo en ese momento.
Cómo si aquel hombre tuviera influencia en él, de una manera en que no podía comprender. El no saber nada lo ponía mal, pues entender las cosas le facilitaba todo. Y con Jared, nada era claro.
Le gustaba y al mismo tiempo, le asustaba.
Jared, por su parte. Solo no quería que las cosas no resultaran igual que siempre.
Rogaba desde el interior que Bruno fuera diferente.
Ya no podría soportar otra decepción amorosa.
Además, tenía todavía la herida de la muerte de su abuela muy reciente.
Muchas emociones encima, sin medicamento. Todo un reto para una persona con TLP*.
―¿Vamos? ―le preguntó Jared.
―¿No molestaremos a Fernando?
―No, seremos sigilosos ―comentó Jared.
―¿Estás seguro de eso? ―cuestionó Bruno con una sonrisa traviesa.
―No, pero correré el riesgo ―Jared dio otro beso a Bruno, suave, lo toma de la mano y caminan hacia el boulevard. Jared pidió un Uber el cual solo tarde cinco minutos en llegar. Lo abordaron y durante el viaje, ambos se tenían tomados de la mano. Jared estaba sudando de las manos de los nervios.
Ya tenía tiempo sin tener relaciones sexuales, desde que salía con Jesús hace apenas seis meses.
Bruno estaba igual de nervioso, pero no lo expresaba en su cuerpo, a pesar de que, por dentro en su cabeza mil cosas estaban ocurriendo: ¿Y si no le gusta? ¿Y si siente que es muy pronto? ¿Si lo lastimo? ¿Y si dice que si le gusto por compromiso?
Mil cosas pasando por su cabeza, que intentaba controlar. No quería estropear nada, así que decidió simplemente mirar al hombre que tenía a su lado y mejor solo se enfocó en él. En lo hermoso que se veía con las luces de la ciudad iluminando su rostro de perfil mientras miraba por la ventana.
Jared no veía a Bruno, pues si lo hacía, se pondría más nervioso de lo que ya estaba el pobre. No le temblaban las piernas porque estaba practicando sus ejercicios de respiración para manejar los temblores. El sudor en las manos era inevitable. Solo podía manejar una cosa a la vez.
Cuando estaban por llegar a la casa, Jared soltó la mano de Bruno y éste sacó la billetera para poder pagar la cuota, pero fue detenido por Bruno quién sacó la suya y pagó al chofer una vez estacionado enfrente de la casa, sobre el circuito Juan Pablo II.
Jared se le queda mirando y solo piensa: Lo caballero no solo están en su apellido, al parecer .
Bajaron del vehículo y Jared se acerca al portón para abrir la puerta principal. Le costó trabajo pues su mano comenzó a temblar, no le dio al cerrojo a la primera, pero hábilmente logró introducir la llave rápido para no verse tan torpe.
Volvieron a entrar, pero esta vez no hicieron en la escala en la sala, simplemente en la cocina, pues Jared le ofreció un vaso de agua a Bruno el cual lo rechazo y continuaron caminando, subiendo por las escaleras para ir a su habitación. La cual se encontraba al fondo al final del pasillo.
Jared seguía nervioso, pero esta vez fue más hábil para abrir su puerta.
No estaba completamente seguro de lo que hacía.
Dejar entrar a alguien a tu habitación, era como dejarle entrar a tu alma.
Dicen que puedes conocer a una persona por cómo tiene su habitación.
Cada vez más, Bruno quitaba una capa más en el ser de Jared.
Da un respiro profundo y decide girar la perilla para abrir paso a su cueva.
Cuando abrió, Jared encendió la luz y dejó que la habitación se inundara de luz para que Bruno pueda observar el lugar.
Una habitación blanca, un closet rojo del tamaño de una pared, un escritorio con su laptop, una libreta, fotografías y varios libros apilados en cuatro hileras, una silla con ruedas y una cama matrimonial con sabanas y almohadas azules.
Al igual que el cobertor que los acompañaba.
Había también un ventanal enorme con cortinas blancas y un espejo rectangular alargado en el mismo ventanal.
―Acogedor ―comentó Bruno―. Se siente muy hogareño.
―¿Crees?
―Sí.
En ese momento, Jared recordó una cita de su libro favorito: La mujer del viajero en el tiempo . Cuando Clare llega al apartamento de Henry y este se disculpa por el desorden que tiene hecho la habitación.
Lo siento. No sabía que vendrías, si no habría limpiado y ordenado un poco más. Mi vida, quiero decir, no solo el apartamento . Cita en su mente, queriendo repetir esas mismas palabras a Bruno.
―Perdón por el desorden, no terminé de arreglar mi habitación.
―Para nada que esta desordenado.
―Bueno, si tú lo dices.
Jared se recostó en su cama y se quitó los zapatos. Bruno cerró la puerta con seguro y al hacerlo, se topó con un collage de fotografías pegadas en la puerta.
―¿Tu familia? ―preguntó Bruno.
―Sí. Familia, amigos, y compañeros de la universidad.
Bruno se queda examinando las fotografías mientras Jared solo se queda recostado en su cama.
―¿Tuviste el cabello largo? ―dijo sorprendido.
―Sí, lo dejé crecer. Para donarlo a niños con cáncer.
―¿Y eso en cómo les ayuda a los niños con cáncer?
―Hacen pelucas oncológicas con el cabello.
―Oh.