Primera cita #3
Jared tomaba fotografías de todo, incluyendo a Bruno sin que éste se diera cuenta, cuando este estaba de espaldas viendo alguna pieza. Jared comenzaba a sentirse menos mal por el comentario con Bruno.
Ambos solo disfrutaron del rato, juntos. Rosando sus manos.
Entre miradas y sonrisas, Bruno y Jared pasaron la mayor parte del tiempo en el museo así. Mientras aprendían más sobre las exhibiciones, a Jared se le salían algunos datos curiosos que delataban su pasión por la historia y el arte.
―¿Sabías que esos mapas de tierra, enseñan las diferentes capas de una montaña? ―hizo la pregunta Jared para dar paso al dato―. Cada capa enseña milenios de historia, como si fuera un registro o compendio.
―Y dices que no eres listo.
―Sabes, no quiero sonar grosero. Pero creo que tienes un concepto erróneo de inteligencia.
―¿Y cuál es el tuyo? ―le cuestiona Bruno.
―El razonamiento lógico matemático para mí no es el único.
―¿No?
―No ―Jared siguió viendo las piezas de arte mientras da respuesta―. Existen muchos tipos de inteligencia. Una persona inteligente, debe tener un alto conocimiento en cada una de ellas. Un erudito o sabio. Yo solo soy un curioso que le gusta saber cosas, pero no un erudito.
―Eres un tonto ―dijo Bruno.
―Bueno, al menos estamos de acuerdo en eso.
―Sí tú lo dices.
―Basta, no lo hagas ―le reprochó Jared.
―¿Hacer qué?
―Comportarte como un idiota.
―Yo no estoy haciendo nada, simplemente estoy dándote un cumplido y tú simplemente lo tomas como una declaración de guerra. Y encima de todo, me dices idiota por eso. La verdad es que no te entiendo.
Jared no dice nada. Solo frunce el ceño y hace una mueca. Ambos continúan su recorrido por el museo sin decir una palabra y cuando llegan a la última sala en el tercer piso, salen a la cafetería que tiene una terraza con una vista magnifica de la ciudad, que da también a la catedral.
La noche ya había caído, no estaba lloviendo. Fue entonces, cuando saliendo a la terraza para poder observar la ciudad y tomar algunas fotografías de la vista, que Jared toma valor para disculparse con Bruno.
―Oye, lo siento por lo de hace rato.
―No te preocupes ―respondió Bruno con seriedad sin verlo.
―No, si me preocupo. No tengo porque ser grosero contigo. No has hecho nada para que me comporte así contigo.
―En serio, no tienes por qué pedir perdón. Yo entiendo.
―¿Puedes dejar de ser tan amable conmigo y enojarte por un momento? ―le cuestiona Jared, casi como un ruego. Necesitaba un reproche por su parte, para poder sentirse absuelto.
―Es que, en serio, no estoy molesto.
Bruno no estaba siendo sincero del todo. En un principio si se había molestado por el comportamiento de Jared, pero no dijo nada. Solo se quedó pensando en todas las veces que fue amable con las personas que consideraba importantes y que al igual que Jared, fueron groseras con él.
―No lo creo.
Jared se dirigió a la cafetería molesto.
No espero a que Bruno entrara y lo siguiera, solo quería estar lejos de él para ya no sentirse mal.
Bruno se quedó afuera analizando la situación.
Realmente no estaba molesto con Jared. Quizás realmente le molestan los cumplidos y era difícil para él tomarlos como algo bueno, por alguna extraña razón que él quería averiguar.
Bruno entró a la cafetería y buscó a Jared, quién estaba mirando el menú para pedir algo. Se acercó lentamente a Jared, se paró junto a él y lo mira de reojo.
―Creo que pediré un capuchino ―comentó Bruno.
―Yo un americano, pero no sé con qué acompañarlo.
―Un croissant, podría ser.
―Es una buena opción ―respondió Jared.
Ambos se miran y vieron algo en la mirada del otro. Era lo mismo para los dos.
Tristeza.
Pidieron sus cafés y el croissant de Jared, tomaron asiento en una mesa mientras no pronunciaban ni una sola palabra. Solo se miraban y de vez en cuando daban un vistazo a sus teléfonos. Jared veía las fotos que había tomado, eran más de las que un viejo rollo fotográfico podía soportar.
―¿Por qué eres así contigo? ―le preguntó golpeado Bruno.
―¿Cómo?
―Tan cruel, duro.
―No lo sé. Siempre he sido así conmigo.
―No es bueno eso, sabes.
―Sí, lo sé. Pero he pasado muchos años así. Es difícil cambiar un comportamiento tan arraigado, y lo estoy intentando. Aunque no lo parezca ―confesó Jared.
―Es bueno saberlo. Porque me duele ver que eres así contigo, siendo tan increíble, solo te autosaboteas.
―Dime algo que no sepa.
―Que no sabes porque eres así, te lo digo ―respondió Bruno.
Jaque mate . Pensó Jared.
― On y va encore une fois ―dijo Jared en un francés muy forzado.
―¿Cuántos idiomas hablas además del inglés? ―cuestionó Bruno―. La otra noche de escuche hablar en otro idioma que no entiendo, igual que ahora. ¿Qué es, francés?
―Lo que dije ahora si es francés ―respondió Jared―. Un patético intento de francés. La otra noche dije algo en alemán.
―Entonces, eres políglota.
―Un fallido intento de poliglota, diría yo.
―¿Ves? Ahí va de nuevo.
Jared solo se limitó a respirar profundamente antes de decir algún comentario.
―Es que lo soy. No tengo un dominio total de los idiomas que sé, más que el del inglés. Y eso que no es completo. Me siento muy pequeño para los idiomas.
―¿Por qué? El simple hecho de que intentes aprender un idioma ya dice mucho de ti. Enseñar uno ya es todavía mejor. Por eso no me entra en la cabeza porque eres así contigo.
Jared no dijo nada. Solo se quedó callado.
Cuando los llaman para recoger sus órdenes, se levantaron, toman sus pedidos, regresan a su lugar y continúan con su platica.
―He convivido con poliglotas reales. Personas que dominan hasta nueve idiomas y lo hacen a la perfección. Yo no soy así, no tengo el derecho a llamarme políglota.
―¿Ellos son mexicanos?
―No, son extranjeros.
―Jared, ellos tienen acceso a una educación de mejor calidad que la nuestra.
Tú sabes mucho, más que el promedio. Si te comparas con alguien de fuera es de esperarse que sepan mucho más que uno.
Pero no por eso deberías de sentirte mal ―añadió antes de hacer otra confesión―.
Yo no soy bueno en inglés. Quiero aprender. Tú lo hablas bien y fluido.
―No me has escuchado hablar.
―No tengo que hacerlo. Lo sé.
―Eso se llama prejuicio, sabes ―dijo Jared.
―Te escuché hablar en francés y alemán, y no suenas nada mal. Pienso que pasa lo mismo para el inglés ―dice, pero recuerda que ya lo escuchó hablar en inglés. Cantar, mejor dicho―. Ahora que recuerdo, cantamos en inglés aquella vez. Here Comes the Sun .
Mierda, tiene razón . Pensó Jared.
―Cierto ―admitió. Jared da un sorbo a su café mientras come su croissant.
―Eres más complicado de lo que pensé ―comentó Bruno.
―Aún estás a tiempo.
―¿De qué? ―Bruno interrogó levantando las cejas, confundido.
―De parar.
―¿Parar?
―De irte. De dejar todo hasta aquí.
―¿Eso es lo que quieres realmente? ―cuestionó Bruno con voz firme y golpeada.
―No, no quiero eso.
―¿Y entonces?
―No me hagas caso, a veces solo digo estupideces.
Bruno ignoró eso último, se acercó a Jared y le besó en los labios apasionadamente, sin importarle si se les quedan mirando las demás personas.
―No es justo ―comentó Jared.
―¿Qué?
―Has encontrado mi punto débil.
―¿Así? ¿Cuál? ―preguntó Bruno solo queriendo afirmar lo que ya sabe.
―Tú.