Incertidumbre y temor Confesiones #2
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Confesiones #2

En el camino, encontraron un puesto de hamburguesas al carbón.

Ambos decidieron probar, a Jared no le pareció mala idea, pero Bruno no estaba acostumbrado a comer mucho en la calle.

Por dentro, rogaba por no enfermarse, pues cuando comía en la calle, siempre terminaba con diarrea o con alguna infección estomacal que luego pasaba a la garganta.

Pero eso no le importó tanto con tal de pasar un tiempo con Jared.

―Bruno, dime algo ―Jared añadió con intenciones de querer aclarar algunas dudas que le aparecieron el fin de semana―. ¿Por qué decidiste acercarte a mí?

―¿Cómo? ¿En qué sentido?

―Ese día, en el puente.

―Ya te dije, te veías solo. Mal.

―¿Mal?

―Bueno, no siempre ves a las personas paradas en la orilla de un puente con un río hondo debajo de sus pies.

―¿Pensaste que me iba a suicidar?

Bruno lo mira y respondió con tacto y amabilidad.

―Pensé que la estabas pasando mal. Y simplemente quise ayudar. Ya te lo había dicho, me gusta ayudar.

Jared se quedó pensando. No sabía si realmente le decía la verdad o comentó eso para que no sospechará que sí lo pensaba. De que se iba a suicidar.

Cual fuera la respuesta que le diera, Jared no sé iba a poder sacar la idea de la cabeza en un tiempo. Le alegraba saber que el miércoles vería al doctor Torres, su psiquiatra.

―¿Y ahora? ¿Qué piensas?

―Que eres un tipo buena onda. Me gusta platicar contigo, conocerte. ¿Te molesta?

―No, no es eso. Es solo que…

El señor que atendía el local los interrumpió para entregarles sus órdenes y Bruno fue quien pagó sin darle oportunidad a Jared de hacerlo.

―Aquí tiene ―dijo Bruno cuando tomó las hamburguesas.

―¿Alguna vez dejaremos la cuenta a la mitad?

―Nop ―respondió Bruno―. Me decías, ¿te molesta que pregunte mucho de ti?

―No, no me molesta. Solo que, no entiendo el por qué.

―¿Quieres comer aquí o vamos a tu cuarto?

A Jared le sorprendió la pregunta. Daba por hecho que comerían fuera, pero la idea de comer en su casa le agradaba más.

―Hace mucho frío, mejor en mi casa.

―Vamos.

Pidieron una bolsa para llevarse las hamburguesas y después se fueron caminando mientras solo se limitaron a hablar sobre los viejos trabajos de Jared, pues éste llevaba puesto su suéter azul petróleo con el grabado de la maquiladora de vidrio en la que trabajó un año antes de entrar a la universidad, en su año sabático.

―Un sabático, interesante.

―Sí. Necesitaba pensar bien que iba a ser de mi futuro, que quería hacer de mi vida.

―¿Y qué quieres hacer de tú vida ahora?

Jared se quedó pensando un momento, solo pudo responder una sencilla cosa:

―Pues ser un adulto independiente sin morir en el intento.

―Bienvenido al club.

―Bruno, por cierto. Espero que no te incomode que pregunte, pero. ¿Qué edad tienes?

―Acabo de cumplir veintinueve ―Jared se sorprendió. Pensó que estaba arriba de los treinta, así que no hizo ningún comentario sobre eso ―. ¿Porqué? ¿Me veo mayor?

―No, para nada. Simple curiosidad.

―¿Y tú?

―Cumpliré veinticinco en diciembre.

―Eres joven, sigues siendo un pollito.

―Uy, perdón señor.

―Bájale, aun no me llevo así contigo.

―Tú empezaste.

Ambos se carcajearon y continuaron con su rumbo hasta volver a la casa de Jared. En el departamento solo se encontraba Fernando. Jorge y Alexis seguían de visita con su familia, regresaban el día siguiente, según tenía entendido Jared.

―Tengo un poco de Coca-Cola o Pepsi para acompañar las hamburguesas, ¿gustas? ―le propuso Jared.

―Sí, por favor ―respondió Bruno, quién se queda analizando la casa de pies a cabeza―. ¿Ellos quiénes son? ―preguntó mientras señala un collage de fotografías colgado en la pared, compuestas por una familia: el matrimonio y sus dos hijos, una niña y un niño.

―Son mi casera y su familia.

―¿Viven aquí?

―Vivían aquí. Se mudaron a Cuautlancingo, creo, hace como ocho años. Desde entonces renta la casa a estudiantes y trabajadores, dejó amueblado todo. Las habitaciones, la sala y cocina.

―¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí?

―Mmm ―Jared se quedó pensando y haciendo cuentas con los dedos de sus manos―. Los años de la carrera, más el año trabajando ―hizo una pausa y miró a Bruno―. Seis años.

―Sí que es mucho tiempo, debe de estar bien el precio para que no te vayas.

―Mil quinientos, incluyendo servicios.

―Con razón. ¿Y Solo son cuatro viviendo aquí?

―En realidad, somos cinco. Pero a nuestro otro compañero no le damos importancia.

―¿Por qué no?

―No nos agrada, y no le agradamos. Es reciproco, no tenemos buena relación con él.

―¿Pero solo con él?

―Sí. Los demás nos llevamos bien. Como hermanos, de hecho.

―Ya veo.

Bruno y Jared se sentaron en la mesa del comedor y Bruno sirvió las hamburguesas en platos que Jared le había acercado.

―¿Pepsi o Coca-Cola?

―Pepsi, por favor.

―Muy bien, ahora me agradas más ―comentó Jared.

―¿También prefieres la Pepsi que la Coca?

―Así es.

Jared sirvió los refrescos en vasos de cristal que tomó de la alacena y después se sentó con Bruno mientras este sacaba su teléfono.

―¿Quieres ver algo mientras comemos?

―¿Cómo qué?

―No lo sé. Vídeos en TikTok, alguna serie o película.

―Pues, podría ser una serie.

―¿Has visto la Casa del Dragón?

―Sí, me gusta esa serie.

―Bueno, ahora tú me agradas más.

―También te gusta, ¿cierto?

―Correcto.

Bruno no dudo dos veces y comenzó a reproducir el último capítulo de la primera temporada. Ambos lo comenzaron a ver mientras comían sus hamburguesas y argumentaban cosas que no tenían sentido en la trama o en escenas en sí.

Jared solo podía pensar lo bien que se sentía estando con Bruno y el gran sujeto que ha sido desde que lo conoció. Tenía muchas ganas de robarle un beso, de vez en cuando veía sus labios, y cuando Bruno lo volteaba a ver, regresaba la mirada rápidamente al teléfono.

Bruno no era tonto. Se daba cuenta de las intenciones de Jared, pero no quería sentir que estaba forzando la situación. Así que simplemente optó por no hacer caso a las indirectas de su mirada y continuaron viendo la serie.

Había una tensión presente. Aunque lo negaban, ambos comenzaron a sentirla. Era algo magnético, hacia que Bruno se acercara más a Jared y viceversa. Sin que ambos se dieran cuenta.

El corazón de Jared comenzó a latir cada vez más rápido, y sentía un hueco en su estómago. Como lo que sientes cuando estás a punto de saltar de un avión en paracaídas o de un bungee. Bruno comenzaba a mover mucho el pie y a respirar con mayor fuerza y rapidez.

La atmósfera se comenzó a tornarse cada vez más tensa.

Cuando el capítulo terminó, Bruno y Jared se levantaron de la mesa. Jared llevó los platos y vasos al fregadero y los lavó mientras seguía sintiéndose cada vez más atraído por Bruno.

―¿Quieres ayuda? ―le preguntó Bruno parado en la entrada de la cocina.

―No te preocupes, eres invitado.

―Bueno, prácticamente yo te invité a salir a comer.

―Sí, pero estas en mi casa. Eres mi invitado.

―Está bien ―Bruno sonrío y dejó que Jared terminara de lavar los trastes.

Una vez terminado, ambos regresan a la sala comedor y se sientan en el sofá. Bruno ahora tenía una pregunta en su cabeza rondando, pero no sabía cómo abordarla sin incomodar a Jared. Así que decidió por hacer una conversación amena para poder tocarla.

―Estuvieron muy buenas esas hamburguesas.

―Sí, nada mal ―comentó Jared.

―Sabes algo, me da curiosidad algo.

―¿Qué cosa?

―Pues ―Bruno comenzó a abordar poco a poco su duda―, se me hace curioso que un chico como tú no se considere interesante. Podría decirlo de mí, que no tengo nada interesante y soy aburrido. ¿Pero de ti? Repito, se me hace extraño que no lo veas de ese modo.

Jared ahora estaba confundido.

¿Aburrido él? Pensó Jared.

Por un momento la atmósfera tensa desapareció y solo había curiosidad en ambos.

―¿Aburrido tú? ¿Por qué lo dices?

―Pues, porque lo soy.

―No lo eres, para nada.

―Si lo soy.

―Créeme, no lo eres. A mí no me gustan las cosas aburridas. Si lo fueras, ya lo sabrías de mi propia boca.

―¿Estás diciendo que te gusto? ―le preguntó Bruno a Jared y éste se sonroja. No respondió y solo se quedó callado―. Porque tú a mí sí. Y mucho.

Jared se queda paralizado ante tal confesión. Sus ojos se abren y solo se queda mirando a Bruno.

No puede ser. No puede ser. No puede ser. Se repetía a sí mismo una y otra vez.

―¿Te gustó? ―preguntó Jared casi tartamudeando.

―Así es. No es difícil. Eres increíble, agradable y tu compañía es placentera.

¿Placentera? Pensó Jared.

―¿En serio?

―Además, eres guapo. Muchísimo.

El corazón de Jared comenzó a latir rápido. Podía sentir como se le salía del pecho.

―Bruno, a mí también me gustas. Y mucho.

Bruno se acercó a Jared, le tomó de la mejilla y lo mira directo a los ojos. Jared se le quedó observando, también le tomó de la mejilla y comenzó a acariciarle su barba.

―¿Y entonces? ―le preguntó Bruno.

Jared se armó de valor, y se acercó a Bruno. El actuó del mismo modo y lentamente acercan sus bocas, para comenzar a besarse con los labios. Muy lentamente, pasaron de besarse despacio con los labios, a más intenso, metiéndose la lengua.

Los corazones de ambos comenzaron a latir cada vez más rápido. Empezaron a acariciarse los brazos, el cuello, la espalda. Bruno comenzó a desabotonar la camisa de Jared y a acariciar su pecho. Notó que Jared era demasiado velludo y tenía tatuajes en su pecho.

Jared se detuvo cuando Bruno comenzó a besar su cuello.

―Espera, espera ―dice Jared.

―¿Qué? ¿Qué pasa?

―¿No crees que estamos yendo demasiado rápido?

―¿Sientes que estamos yendo rápido?

―No lo sé. Es solo que, me gustas. No quiero arruinarlo

―¿Arruinarlo? ¿Cómo?

Jared no dio respuesta.

― Ich weiß es nicht ―dijo Jared en alemán.

―¿Qué?

―Nada, no me hagas caso.

―Eres raro.

―Lo sé.

Jared se acerca a Bruno siguen besándose. Olvidan el mundo por ese rato. Solo eran ellos dos. Nada más importaba.

Y eso les gustaba.