Incertidumbre y temor Confesiones
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Confesiones

Bruno pasó las fiestas patrias tranquilo con su familia, hasta cierto punto. Solo llegó a comer y platicar un rato con sus padres y su hermano, y se fue antes del Grito.

Quedó de verse con su mejor amigo, Luis, y con él pasó el resto de la noche platicando sobre cómo había marchado su vida últimamente: los problemas en casa, en el trabajo, las cosas que hacían antes y lo complicado que puede llegar a ser adulto, con los treinta años a la vuelta de la esquina.

Luis conocía bien a su amigo. Sabía que tenía un interés más allá por Jared, aun cuando Bruno no lo quería aceptar. También sabía que uno de los motivos por los cuales no se animaba a admitir sus sentimientos era porque no quería volver a empezar una relación después de Santiago.

―Bruno, ¿por qué sigues conociendo al chico? ―le cuestionó Luis―. ¿Qué intenciones tienes con él?

―La verdad, no lo sé. Es que… es un chico increíble. Es muy inteligente y demasiado interesante.

―¿Solo eso?

―Y es muy guapo. Mucho. Demasiado, debo de admitir.

―Ya veo ―comentó Luis.

―No es eso, Luis. El tipo es un partidazo en muchos sentidos. Y apenas lo estoy conociendo… cada vez lo encuentro más y más interesante.

Los amigos se quedaron observando los fuegos artificiales que eran lanzados desde el Zócalo. Bruno miró a su amigo y, solo por un segundo, imaginó a Jared ahí. Deseaba que así fuera.

Demonios, está pasando otra vez . Pensó Bruno mientras solo se quedaba viendo los juegos artificiales que iluminaban el cielo nocturno de la ciudad de Puebla.

Llegó el lunes. El fin de semana había pasado muy rápido. El puente por las fiestas patrias había terminado. Jared regresó a Puebla ya por la noche. Eran cerca de las nueve cuando arribó a Plaza Aventura, pasando la caseta, poco antes de incorporarse al Periférico.

Pidió un Uber a su casa, le envió mensaje a su madre cuando llegó a Puebla y también le avisó a su roomie para que no pusiera seguro a la chapa del portón.

Mientras esperaba, encendió un cigarro y siguió escuchando música mientras se ponía al tanto en redes sociales: veía algunos memes que sus amigos compartían, videos en TikTok, historias en Instagram y, de vez en cuando, publicaciones.

Algunas veces eso no le hacía bien, pues veía a muchos de sus contactos viajando por el mundo.

Cuando estaba comenzando la universidad, uno de sus propósitos era conservar un excelente promedio para poder aplicar a un intercambio en Alemania.

Y lo iba a hacer, pero llegó la pandemia y arruinó muchos planes.

Pero no hay mal que por bien no venga: si él se hubiera ido ese verano a Alemania, habría estado lejos cuando su madrina enfermó y falleció.

De alguna forma, estaba destinado a estar ahí para acompañarla.

A su otra madre.

Para su sorpresa, un WhatsApp de Bruno le había llegado. Jared sonrió al ver que aquel hombre seguía pendiente de él. Después notó que estaba respondiendo a su estado: una fotografía que había subido de los edificios departamentales.

Bruno Caballero

Hola :)

Espero que hayas tenido un buen viaje de regreso

Ya en casa?

Jared comenzó a teclear la respuesta, pero el Uber estaba llegando y tenía que apagar lo que quedaba del cigarro para poder abordar el vehículo.

Lo apagó con la suela de su zapato y antes de abordar, guardó la colilla del cigarro en su mochila.

Ya estando dentro, continúo tecleando la respuesta y la envío.

Bruno Caballero

Hola :)

Sí, ya de regreso en Puebla.

Aún no llegó a mi cuarto, estoy en camino en Uber.

Jared no esperaba una respuesta inmediata.

Se quedó mirando las luces de la ciudad mientras el auto avanzaba sobre la Vía Atlixcáyotl.

Se quitó los lentes para que esas mismas luces tuvieran un efecto distinto en su visión.

Padecía astigmatismo, y esa condición le permitía ver los destellos con un halo opaco que se difractaba en anillos de colores.

El resplandor se alargaba, como si fueran uñas de luz extendiéndose en la noche.

Tiene sus ventajas ser un cegatón . Pensó.

Sintió su teléfono vibrar. Era un mensaje de su madre: le pidió avisarle cuando llegara sano y salvo. Jared respondió que sí. Casi al mismo tiempo, llegó el mensaje de Bruno.

Bruno Caballero

Genial :)

Oye estás ocupado?

Jared se quedó pensando: ¿Qué tendrá en mente ese hombre?

Bruno Caballero

No, llegó a casa y dejó mis cosas.

¿Por qué?

Pensaba en que podríamos salir a comer algo.

Te gustaría?

¿A dónde?

¿Ahorita?

No sé, pensaba que tal vez unas hamburguesas

Mmm, pues podría ser cerca de dónde vives.

Pues no conozco un lugar.

Pero podemos revisar opciones.

Me parece bien

En cuánto tiempo llegas a tu cuarto?

Según la aplicación, 20 min.

Vale, entonces llegó en 40?

Para que tengas tiempo de arreglar tus cosas.

Si quieres en 30.

No me tomará más de 5 min

Vale, te veo entonces.

Ok :)

Jared soltó una sonrisa que no pudo contener y se mantuvo así hasta llegar a su cuarto. Pagó al chofer la cuota y salió disparado como bala para entrar, dejar su mochila y la maleta en su cuarto. Lavarse la boca y perfumarse para disimular el aroma a cigarro.

Tomó quinientos pesos de su buró y los guardó en su billetera.

En ese momento, Bruno le pidió su ubicación, Jared se la envió al instante.

Se sentó en la sala a esperar, retomando su lectura de El Señor de los Anillos .

Apenas iba en la parte donde los hobbits llegaban a Rivendell.

A veces sentía que no avanzaba mucho, pero recordó que la primera vez le tomó tres meses terminar el primer libro.

Entonces llegó el mensaje

Bruno Caballero

Estoy afuera :)

Jared dejó el libro y salió.

Bruno estaba junto a su motocicleta, una Italika FT150 color gris grafito.

Jared no conocía mucho de motocicletas, pero la veía bastante grande.

Bruno llevaba una chamarra negra con gris estilo biker, que se quitó para guardarla.

Bruno llevaba puesta una chamarra negra con gris gruesa, estilo biker.

Sacó un suéter negro que combinaba con el resto de su conjunto.

―Hola ―saludó Bruno.

―Hola ―respondió Jared―. Hace mucho frío, ¿no crees?

―Sí, un poco ―respondió, y lo abrazó―. ¿Qué tal el viaje de regreso?

―Igual que el de ida, tranquilo. Aburrido.

―Bueno, ¿pero todo bien?

―Sí, todo bien.

―¿Cómo está tu familia? ―preguntó a Bruno.

―Todos bien, me hacía falta verlos. ¿Y la tuya?

―Bien, también. Con sus asuntos, pero ahí van.

―¿Seguro que todo bien? ―cuestionó Jared.

―No, no del todo. Pero ya es normal eso con ellos. ¿A dónde vamos? ―le pregunta queriendo cambiar de tema.

―No lo sé. Hay un local de hamburguesas cerca de aquí. Pero no sé si este abierto. Es día feriado.

―Pues vamos a ver. O si no, podemos comer otra cosa. No tiene que ser obligatoriamente hamburguesas.

―De acuerdo.

Ambos caminaron sobre el Circuito Juan Pablo II, el mismo en el que se habían conocido dos semanas atrás. Pero ahora las cosas eran diferentes, ahora Jared estaba más estable, y Bruno más abierto a conocer a alguien después de un tiempo.

―¿Mañana a qué hora entras a trabajar? ―le pregunta Bruno a Jared.

―A las nueve. ¿Y tú?

―A las seis.

―¿De la mañana? ―preguntó Jared sorprendido.

―Sí.

―Qué horror, yo no podría. Soy un ser para nada madrugador.

―Pues no es que sea mi pasión, pero así es mi trabajo.

―Debe de ser muy pesado ser supervisor.

―Un poco, la verdad.

―¿Te gusta tu trabajo?

Me gustas tú, tonto. Odio mi trabajo . Pensó Bruno.

Quería admitir sus sentimientos por él. Pero tenía tanto temor por repetir la historia. Veía algunas cosas de Santiago en Jared. No quería hacer comparaciones, pero era inevitable. Ambos eran muy parecidos.

―La verdad es que no. Pero es lo que hay, en lo que encuentro algo mejor.

―Ya veo ―comentó Jared.

―¿A ti te gusta tu trabajo?

―Supongo que sí. Cuando comencé a hacer mis prácticas, estaba interesado en entrar a la industria farmacéutica. Y el área de control de calidad me llamó la atención cuando aún era estudiante.

―Pero calidad también es muy pesado ―comentó Bruno.

―Un poco, pero solo soy inspector. Sería más pesado si fuera jefe de calidad o supervisor de producción.

―¿Y no quieres serlo?

―No. No soy un hombre de muchas ambiciones.

―¿No? ―preguntó.

―No, además. No me gusta tener demasiadas responsabilidades.

―¿Por qué no?

Jared no respondió de inmediato. No estaba seguro de querer dar una respuesta. Quizá decir su comentario lo haría ver un tanto inmaduro y eso no quería que pasará con Bruno.

―Pues, no me siento competente para un puesto de ese tipo.

―No entiendo, ¿por qué dices eso?

Jared dio un respiro y respondió.

―No lo sé, solo no me siento capaz de hacer eso.

―Pues yo pienso que si puedes. Tienes potencial.

Decir eso no ayudaba en nada a Jared. Muchas personas en el pasado: familia, amigos e incluso extraños se lo decían muy a menudo. Pero él negaba siempre ese comentario.

―¿Cómo sabes eso? ―le cuestionó Jared muy a la defensiva―. Apenas y me conoces. ¿En qué te basas?

Bruno notó la agresividad en las palabras de Jared. Notó que quizás el comentario no le sentó bien, pero no expresó exaltamiento alguno. Solo se limitó a responder con sinceridad.

―Pues, no tengo que conocerte al cien por ciento para darme cuenta que eres un chico increíble.

Con un gran futuro por delante. Es algo que se ve a primera instancia, algo que no se ve muy frecuente en las personas ―respondió Bruno tranquilo.

La serenidad de su voz calmó un poco a Jared―. ¿Quién te hizo pensar lo contrario?

Jared tenía una respuesta directa.

Él mismo.

―Nadie ―admitió―. Yo mismo.

―Pero alguien debió decírtelo para que te creyeras esa idea. Ese tipo de pensamientos no aparecen así de la nada.

―Pues este sí. Porque nadie de mi familia o amigos me han hecho creer eso ―dijo Jared―. Creo que los demás tienen más fe en mí, de la que yo tengo hacia mí mismo.

―Eres raro ―dijo Bruno.

―Sí, lo soy.

―Pero está bien. Me ayuda a entenderte un poco más.