Fiestas patrias
Bruno había sido, hasta ese momento, bastante moderado con respecto a las emociones que comenzaba a sentir por Jared. No era tonto: aquel tipo empezaba a atraerle y no sabía muy bien cómo lidiar con eso.
Hacía tiempo que no conocía a alguien así.
Desde hacía dos años, cuando salía con su expareja, no sentía algo parecido. Y había notado que, hasta cierto punto, Jared era similar a él. Eso también le provocaba miedo: no quería volver a caer en el mismo lugar de siempre.
Esa misma semana, Bruno salió con unos amigos. Fueron a comer y a platicar. No solía hablar mucho de su vida privada, pero el impacto que Jared había tenido en él fue suficiente para que terminara contándoselo a una de sus amigas más cercanas: Susana.
—Pues suena a un buen tipo. Se escucha decente. ¿Tienes alguna foto? —preguntó Susana.
—No… bueno, está la de su perfil en WhatsApp.
Bruno le mostró la foto: Jared en el Centro Histórico, con una guitarra, un sombrero de luces y un letrero que decía PUEBLA .
Lo que más le gustaba era su sonrisa.
—Oye, Bruno… está bastante guapo —comentó ella—. Y tiene una sonrisa muy linda. Risueña… cautivadora.
—Sí, ¿verdad?
—Me alegra por ti. Ojalá se animen a salir en otro plan… tú sabes, algo más que amigos.
—Sí… —respondió Bruno—. Siendo sincero, le tengo ganas desde que lo conocí, pero quiero ir con calma. Me gusta conocerlo. Tenemos mucho en común.
Mientras tanto, el jueves de esa semana, Jared organizó con sus roomies —Fernando, Alexis y Jorge— una pre-noche mexicana.
Por un momento pensó en invitar a Bruno, pero ya había demasiados invitados y poco espacio.
—Quiero invitarlo, pero no sé si sea buena idea… o si ya tenga planes. Además, se vería muy precipitado de mi parte —le dijo a Fernando, preocupado.
—Como quieras. De todos modos, no se va a enterar… a menos que subas estados y los vea.
Entonces, la mente de Jared comenzó a dar vueltas.
Bloqueó temporalmente a Bruno de la visibilidad de sus estados.
Fernando tenía razón.
—Ojos que no ven, corazón que no siente… aunque a mí sí me gustaría que viniera —añadió.
—¡Ay, tú! Haz lo que quieras.
Jared se quedó pensando.
Se habían escrito todos los días: buenos días, trabajo, películas, comida, rutinas… incluso pequeñas bromas antes de bañarse, pidiéndose VER. Eso los había dejado ligeramente confundidos, aunque ninguno le dio demasiada importancia.
En ocasiones, Jared animaba a Bruno a practicar inglés. A veces escribían en ese idioma o lo usaban en llamadas. Jared, además, sabía alemán, francés e italiano, y tenía conocimientos de lengua de señas mexicana.
Pero no quería decírselo.
Temía que Bruno lo viera como un erudito… y eso le incomodaba.
Así que guardó silencio.
La noche del jueves transcurrió entre risas, comida y alcohol: pozole, tostadas, elotes, botanas picantes, tequila y refrescos.
Jugaron Yo nunca nunca , UNO, beer pong, lotería y verdad o reto.
A pesar de que muchos ya trabajaban o estudiaban una maestría, conservaban ese espíritu universitario.
—Extrañaba divertirme así —dijo Isabel, amiga de Jared y Fernando—. Gracias por invitarme, paisano.
Isabel le decía “paisano” porque ambos eran de Morelos. Ella era de Jojutla, cerca del famoso parque acuático El Rollo, destino frecuente de muchos chilangos* en vacaciones.
—Siempre eres bienvenida, paisana.
La fiesta avanzaba y varios comenzaban a emborracharse. Fernando y Jared no.
Fernando nunca había sido de beber, y Jared se mantenía firme en su decisión: solo tomó un vaso de tequila con Squirt.
—A las tres, máximo —comentó Fernando.
—Sí, no quiero problemas con doña Geno.
—Ni yo.
Doña Geno era su casera. No vivía ahí ni tenía cámaras, pero siempre aparecía al día siguiente cuando había fiesta… y los regañaba al ver el desastre.
—Oye, paisano, Fer me contó que sales con alguien —dijo Isabel.
Jared volteó a ver a Fernando a lo lejos.
—Ese niño… me las va a pagar.
—A ver, cuéntame.
Isabel ya llevaba algunos tragos encima, aunque no lo parecía demasiado. Vestía una blusa roja, jeans azules y tenía pintadas dos banderas mexicanas en las mejillas. Su cabello rizado, esponjado, se parecía al de Jared.
—Pues… hace dos semanas…
—¡¿Dos semanas?! —interrumpió Isabel—. ¿Y no me habías dicho nada?
—¿Me dejas terminar?
—Perdón… cuéntame.
—Bueno, salí a caminar por el circuito Juan Pablo… y me quedé en un puente, pensando.
—Paisa… no me digas que…
—No. Solo lo pensé por un momento… pero no. No puedo hacerle eso a mamá.
—Lo sé. Y sé que las extrañas mucho… pero no es la solución.
—Lo sé. No lo hice.
—Aquí estoy. No estás solo.
—Gracias, Isa.
—Sigue.
Jared le contó todo: cómo conoció a Bruno, cómo lo ayudó esa mañana, el desayuno, la salida al bar, la caminata… incluso los mensajes diarios.
—Y la verdad… no sé si le intereso. Ni siquiera sé si es gay, como yo.
—Yo creo que sí —respondió Isabel.
—¿Crees?
—Por lo que cuentas, no actúa como alguien que solo quiere amistad. Los hombres no salen así entre ellos… solos, para conocerse.
—Eso es cierto…
Jared bebió un poco de su refresco.
—Además, no han hablado de chicas ni de nadie. Solo se están conociendo. Yo creo que hay interés genuino.
Jared se quedó pensando.
No lo había visto de esa forma.
Y, por primera vez, sintió una esperanza que antes parecía imposible.
—¿Vas a volver a Morelos? —preguntó.
—Sí, el sábado en la mañana. ¿Y tú?
—Mañana, saliendo del trabajo.
—¿No es muy tarde?
—Solo trabajo hasta las dos. Hay un convivio y a las cuatro me voy. Mi viaje sale a las cinco.
—Qué envidia… en mi trabajo no harán nada.
―Ni modo, no todos pueden ser consentidos laborales.
Isabel le dio un golpe en el hombro a Jared y este soltó un pequeño quejido.
―Llorón.
En el transcurso de la noche, Jared salió a fumar y, por momentos, mensajeaba a su familia; en otros, a sus compañeros de trabajo; en ocasiones, a su prima que vivía en Querétaro; y también a Bruno. Pero este no le respondía.
Quizá ya está dormido . Pensó Jared.
Eran casi las dos y media, una hora para estar dormido si no tienes planes de organizar una fiesta un jueves por la noche.
Fue entonces cuando una notificación de Instagram lo tomó por sorpresa:
@Brunocr ha comenzado a seguirte.
Jared vio la notificación desde la barra principal. Dio un grito interno; estaba emocionado por eso. Pero en ese mismo momento pensó: ¿Cómo dio con mi perfil en Instagram?
No era tan difícil encontrar a las personas en redes sociales si usan su nombre real o si vinculan su número de teléfono a sus cuentas.
Entonces entendió que, al tener su número vinculado, debió aparecerle en sugerencias.
O quizá lo buscó por su nombre. Todo era posible en estos tiempos.
Y la verdad es que no importaba: ya lo había comenzado a seguir.
―Demonios… las historias ―se dijo a sí mismo en voz baja.
Entró a la red social y observó las visualizaciones que habían tenido las historias que subió de la fiesta. Fotos de la comida, videos de los juegos, fotos con todos. Todo estaba ahí. Y para su suerte, Bruno ya las había visto y había reaccionado con un corazón a todas en las que Jared aparecía.
―¡Maldita sea! ―exclamó Jared, enojado.
―¿Qué sucede? ―le pregunta Debani, otra amiga de la universidad.
―Amiga… tengo una pinche suerte.
Bruno observó por un tiempo el perfil de Jared en Instagram.
A pesar de que no había muchas fotos ―unas cincuenta a lo largo de diez años―, le pareció interesante ver cómo pasó de ser un chico lleno de vida a ese adulto que estaba pasándola mal, pero que, al menos en fotos, aún conservaba su sonrisa cautivadora.
Se preguntó a sí mismo qué fue lo que le pasó a ese hombre con el paso de los años. En Instagram no había indicios ni nada que pudiera ayudarle a entenderlo.
Decidió responder a una historia en la que Jared estaba con dos chicas, abrazados.
Los tres formaban la bandera por los colores que vestían: Jared a la izquierda con su camisa verde y moño tricolor; una chica de baja estatura, lacia pero muy bien maquillada (Debani), en medio; y una chica de cabello rizado (Isabel) a la derecha.
Comento con mensaje: Guapos los tres.
Jared respondió casi al instante.
@jared.h.nun
¿Qué haces despierto a esta hora?
Pues, estoy trabajando
Si, se nota
¿Cómo va la fiesta?
Está por terminar, solo media hora más y
todos se van
¿Y eso?
Reglas de la casa
Ya veo
Bueno, pues diviértete
Yo seguiré con mis pendientes :)
Pasa buena noche
Gracias Bruno
Descansa
Pasa una buena noche
Bruno salió de Instagram y continuó con sus pendientes del trabajo y la maestría, mientras escuchaba música de Demi Lovato y una que otra canción de The Cranberries. Últimamente los escuchaba por culpa de Jared.
—Gracias a Dios ya son las dos —comentó Jocelyn, la compañera de trabajo de Jared.
—Puente y quincena. Qué mejor fin de semana.
—Vaya que sí.
Ambos dejaron la bata en el laboratorio, tomaron sus cosas de los lockers y salieron al comedor para unirse al pequeño convivio que se había organizado.
Jared ya estaba fastidiado del pozole, y todavía le faltaba ese y el que le esperaba en casa con su familia en Cuernavaca.
Pasó un rato platicando con Jocelyn, comentando sobre lo pesada y cardíaca que había estado su semana laboral. Al menos ambos regresarían con sus familias ese fin de semana. En un par de horas estarían con los suyos, siendo felices y comiendo mejor que como foráneos adultos independientes.
Dieron las cuatro de la tarde y Jared se despidió de sus compañeros de trabajo. Caminó desde San Manuel hasta su casa en La Noria. Cuando llegó, se dio un baño exprés, tomó sus maletas y, antes de salir, conectó sus audífonos de diadema y los vinculó a su teléfono.
Abordó su Uber, que lo llevó a la caseta, y durante el camino la lluvia se soltó de manera torrencial. Al menos tuvo suerte de estar dentro del vehículo cuando esto ocurrió.