Incertidumbre y temor Los días posteriores
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Los días posteriores

Jared regresó esa misma mañana a su cuarto, pensando en aquel hombre que, sin pedirlo, lo había ayudado a sobreponerse a lo que había sido una mala racha de altibajos. Era la primera vez, en varios años, que tenía un episodio maniático con crisis depresivas y lograba sobrellevarlo sin medicamentos.

Su roomie, Fernando, se encontraba en la sala desayunando mientras veía en la Smart TV su serie coreana.

Tenía la misma edad que Jared: veinticuatro años.

De apariencia joven, ligeramente más corpulento y con mejillas regordetas.

Su piel era muy blanca; su rostro, de forma ovalada, y su cabello lacio y corto.

Sus ojos eran negros, como su cabello. Vestía pantalón beige y una camisa blanca con puntos negros. Su expresión transmitía serenidad.

—Buenos días —saludó Jared mientras se acercaba y miraba la pantalla—. ¿ El juego del calamar ?

—Así es, ya casi termina.

—Genial.

—¿A dónde fuiste, vago? ¿Buscaste algún hombre con quien pasarla bien?

Jared rio ante el comentario sarcástico. Su amigo lo decía en broma, pero la realidad era que, sin planearlo, había conocido a un hombre: uno bastante guapo que le había salvado la vida.

—Salí a caminar.

—¿A caminar? ¿A las seis de la mañana?

—Ya sabes que a veces me gusta hacerlo.

—Sí, a veces eres medio raro… pero ya me acostumbré.

Jared se sentó en el sofá y sintió cómo su teléfono vibraba en el bolsillo. Lo sacó y vio un mensaje de WhatsApp de un número que no tenía registrado.

.

+52 222 452 1958

Hola :)

Soy Bruno

Cómo te sientes? Espero que mejor.

Este es mi número cualquier cosa que necesites no dudes en mandarme un mensaje.

Ten un buen día.

Jared sonrió al leer ese mensaje e inmediatamente guardó el contacto para después responder los mensajes.

Bruno Caballero

Hola, Bruno.

Si, me encuentro mejor. Muchas gracias :D

¿Tú cómo vas? ¿Ya en camino para tus clases?

También ten un buen día.

Ese mismo día, Bruno llegó a su clase de la maestría sin problema. Tener una motocicleta facilitaba moverse por la ciudad y llegar a tiempo. Aun así, estaba al pendiente de su nuevo conocido. Se preguntaba si, a lo largo del día, Jared estaría sintiéndose mejor.

En el fondo, se sentía responsable de él hasta cierto punto. Lo había ayudado en un momento complicado, pero no sabía cómo continuaría su día a día. Por eso decidió mantenerse atento durante los días siguientes, escribiéndole de vez en cuando.

Más tarde, asistió a una pequeña reunión familiar con sus padres y su hermano, aunque no permaneció mucho tiempo debido al trabajo pendiente y a la tensa relación que tenía con ellos.

Jared, por su parte, aceptó la invitación de sus amigos y fue al cine con Alberto y Ariana. Vieron una película de ciencia ficción distópica sobre una guerra entre humanos e inteligencias artificiales con apariencia humana. Era el tipo de cine que le gustaba.

Sin embargo, durante la película pensaba en Bruno y en lo mucho que le habría gustado que estuviera ahí con él. Quizá, más adelante, se animaría a invitarlo al cine… como amigos.

Durante el resto de la semana, Bruno trabajó en la apertura de un nuevo centro comercial en Angelópolis, en la plaza Solesta. Pasaba casi todo el día supervisando la construcción y el reclutamiento del personal.

Terminaba cansado y estresado; el puesto resultaba absorbente. Había aceptado ese trabajo de manera temporal, mientras encontraba algo mejor, tanto en tiempo como en ingresos. Pero ese plan estaba tomando más tiempo del esperado.

Jared, con mejor ánimo, fue recuperando su alimentación y su descanso de forma gradual. Poco a poco, volvió a sus ciclos normales.

En el trabajo, sin embargo, las cosas seguían tensas. Algunos días, la producción fallaba y, como inspector, tenía que rechazar lotes completos. Eso no era bien visto.

En una ocasión, se molestaron con él por detener la producción, pero tenía razón: se estaban incumpliendo normas de higiene y seguridad.

Con el tiempo, dejó de darle importancia. Sabía que hacía bien su trabajo, y eso le bastaba. Al principio, cuando era practicante, ayudaba para evitar paros; pero cuando fue contratado de planta y notó que se aprovechaban de su “amabilidad”, dejó de hacerlo y se volvió más estricto.

Los días pasaron.

Jared escuchaba Here Comes the Sun cada que tenía oportunidad: en su cuarto, al cocinar, al bañarse o en el laboratorio. Esa canción lo hacía sentirse mejor y le recordaba a Bruno.

Bruno hacía lo mismo con Zombie . Le traía a la mente la mirada melancólica y tierna de Jared. En una ocasión, incluso le envió una foto de la pantalla de su laptop con el videoclip en YouTube.

A Jared le emocionaba saber que Bruno pensaba en él, que le escribiera para darle los buenos días o las buenas noches, preguntando por su bienestar.

Fue entonces cuando decidió corresponder. Pensó en una forma de invitarlo a salir… y esta vez, él pagaría todo.

El viernes, al salir del trabajo, reunió valor y le escribió para invitarlo a tomar un par de cervezas.

¿Le gustará la cerveza? No parece… pero no pierdo nada intentándolo.

Envió el mensaje sin pensarlo demasiado. Se quedó esperando, atento a la pantalla.

Un minuto después, Bruno respondió.

Bruno Caballero

Hola :)

Si claro. No soy mucho de tomar, pero una cerveza sí :)

En dónde te veo y a qué hora?

Jared pensó en un bar tranquilo, donde pudieran platicar sin problema.

Solo recordaba los bares de mala muerte a los que había visitado cuando todavía era estudiante, un año atrás.

Pero, entre tanta fiesta sin control, recordó un bar sobre la avenida Juárez, ideal para reunirse con Bruno, y además le quedaba cerca.

Bruno Caballero

Vamos a El Azulito.

Tienen un buen menú también.

Está sobre la Juárez, ¿te queda bien a las ocho?

Jared se quedó a la expectativa.

Bruno Caballero

Escribiendo…

Y fue cuando le respondió.

Bruno Caballero

De acuerdo :)

Nos vemos a las ocho en el bar.

Jared cerró la app, bloqueó la pantalla del celular y sonrió mientras caminaba por la avenida San Francisco de regreso a su cuarto. Eran las seis y cuarto de la tarde; llegaría a comer algo ligero, darse un baño y hacer una llamada rápida a su madre.

Bruno aún seguía en su trabajo en Angelópolis. Pensaba que probablemente llegaría un poco tarde, así que decidió escribirle cuando saliera para que no se apurara.

Jared respondió que no había problema y esperó a que le avisara para pedir un Uber. Odiaba quedarse esperando afuera; prefería hacerlo en casa mientras leía. Ahora estaba con El Señor de los Anillos , una edición de los tres libros en un solo tomo, ilustrada, que había conseguido a muy buen precio.

Aprovechó el tiempo para hablar con su madre.

Su madre.

La señora Rosario, de carácter fuerte, era muy parecida físicamente a él. O, mejor dicho, él se parecía mucho a ella. Compartían los lunares en el rostro, las pestañas chinas y el cabello rizado.

Jared, al igual que su hermano, también tenía rasgos de su padre: las cejas pobladas, la nariz de punta larga pero fina y el mentón definido.

Hacía tiempo que no la visitaba. Quizá iría el próximo fin de semana para pasar las fiestas patrias en familia. O al menos eso pensaba.

Le preguntó por su salud. Ella hizo lo mismo. De alguna manera, las madres siempre saben cuándo sus hijos no están bien, y desde hacía tiempo sospechaba de los episodios de Jared.

Él respondió que estaba bien, mejorando cada día.

Siempre era un alivio hablar con ella.

Media hora después, mientras leía, Bruno le escribió: ya estaba terminando de bañarse.

Jared pidió un Uber de inmediato. Para su suerte, había uno a dos minutos. Todo iba marchando bien.

Ambos compartían la misma emoción por volver a verse.

A Jared le temblaban las piernas.

A Bruno le pasaban mil cosas por la cabeza, aunque mantenía su habitual serenidad.

Se puso un pantalón de mezclilla negro y una playera del mismo color con el escudo de Hogwarts de Harry Potter , oculta bajo una hoodie negra para el frío de esa noche.

Caminó desde su departamento, ubicado a unas cuadras de la Fuente de los Frailes, dándole tiempo a Jared para llegar.

Jared vestía también mezclilla negra, pero combinada con una camisa azul marino y una chaqueta de cuero negra. Su aspecto era distinto. Era de esas personas que, con un cambio de ropa, transforman por completo su imagen.

Jared llegó primero al bar. Bajó del Uber, pagó y se quedó esperando afuera. Encendió un cigarro —hábito que intentaba dejar—. No con mucho éxito, pero avanzaba poco a poco: uno al día en lugar de cuatro o cinco. Por alguna razón, ese momento le pareció adecuado. Quizá por los nervios.

Mientras fumaba, pensó en las personas que habían detonado su trastorno. Cualquiera imaginaría que se trataba de abusadores escolares, pero no era el caso.

Para nada.

—Cómo las extraño… muchísimo —murmuró, mirando el cielo nublado.

Bruno apareció mientras aún fumaba. Llegó antes de lo esperado.

—Hola.

—Hola —respondió Jared, soltando el humo antes de abrazarlo—. ¿Cómo estás? ¿Qué tal el trabajo?

—Pesado, como siempre. ¿Y el tuyo?

—También.

—Ya veo… hasta un respiro necesitas —comentó, señalando el cigarro.

—¿Gustas? —preguntó Jared, ofreciéndole la cajetilla de Pall Mall.

—No, gracias. No fumo.

Jared sintió una punzada de vergüenza.

—Descuida, no tengo problema con que fumes —añadió Bruno al notar su incomodidad.

—¿Seguro?

—Seguro.

Jared continuó fumando, mirándolo de reojo.

Bruno, por su parte, no dejaba de observarlo.

¿Desde cuándo tendrá ese hábito? Seguramente no le ayuda cuando se pone mal. Pensó Bruno.

Jared terminó el cigarro y tiró la colilla en un bote de basura.

—Educado y limpio. Me agradas —comentó Bruno.

—Gracias… supongo —respondió, algo desconcertado.

Entraron al bar. No estaba lleno para ser viernes por la noche. Sonaba rock en español e inglés de los años ochenta.

Se sentaron en una mesa con sofá, cerca de una ventana que daba a la avenida.

—¿Vas a pedir algo para tomar? —preguntó Bruno.

—Quizá un tarro de cerveza.