Intervención #2
—¿Qué lo detonó?
Jared dio un sorbo a su café. Su expresión cambió al probarlo, como si el café tuviera algo casi milagroso.
—Fechas… personas. Muchas cosas.
Bruno lo observó, intentando comprender la poca información.
—Muy bien —dijo, cambiando el tema—. ¿Te gusta el café?
—Sí, mucho. No puedo vivir sin él.
—Entonces, ¿tampoco has tomado café estos días?
—No. Solo agua, y por necesidad.
—Ya veo.
El silencio volvió, pero esta vez no resultó incómodo.
—¿Qué hacías por estos rumbos? —preguntó Jared.
—Salí a correr —respondió Bruno, dando un sorbo a su café.
—¿Te gusta?
—Intento hacer el hábito. No soy mucho de ejercicio, pero quiero cambiar mi apariencia.
Jared hizo un gesto leve de desagrado.
¿Para qué verse mejor si ya se ve bastante atractivo?
—¿En qué sentido?
La mesera regresó con la comida, pero colocó los platos al revés.
—Una disculpa —dijo, corrigiendo el error—. Buen provecho.
—Gracias —respondieron al unísono.
—¿Puedes repetir tu pregunta? —pidió Bruno mientras comenzaba a comer.
—¿En qué sentido quieres mejorar tu aspecto físico?
—¿No es obvio? Estoy gordo. Quiero bajar de peso y tonificar.
Jared siguió comiendo, dudando si decir algo. A pesar de conocerse hacía poco, la conversación fluía como si llevaran años.
Bruno sacó su celular para revisar mensajes.
—¿Todo bien? —preguntó Jared.
Quizá tenga cosas que hacer y por mi culpa interrumpió todo. Estúpido.
—Sí, es mi familia. Me preguntan si iré a comer con ellos después de mis clases de la maestría.
—¿Estás estudiando maestría?
—Sí, los sábados en la mañana.
—Ah, entonces…
—Descuida. Entro hasta las diez. Tengo tiempo.
—No quisiera retrasarte.
—No lo haces.
Continuaron comiendo. Bruno se levantó para ir al baño.
Jared miró su plato. Bruno ya casi terminaba, mientras él apenas iba a la mitad. Se dio cuenta de que el apetito había regresado. Incluso parecía que no sería suficiente.
Entonces recordó que no llevaba dinero.
Cuando Bruno volvió, Jared ya casi había terminado.
—Vaya, al final sí tenías hambre.
—Eso parece —respondió Jared, riendo suavemente.
—Me alegra.
—Gracias… solo que tengo un problema.
—¿Cuál?
—No traje dinero. No tengo cómo pagar.
—Tampoco yo —dijo Bruno—, pero preguntaré si aceptan transferencias. Y si no, vemos qué hacemos. ¿Hay un cajero BBVA cerca?
—Sí, por la 18 Sur.
—Perfecto.
Bruno se levantó. Jared lo siguió con la mirada.
Se ve demasiado atractivo.
Pero descartó la idea de inmediato.
No sé si le gustan los hombres. Apenas lo conozco. Y… ¿quién querría estar con alguien como yo?
—Sí aceptan transferencias —dijo Bruno al regresar—. No hay problema.
—Perfecto.
—Dime, Jared, ¿tienes planes hoy?
Jared no respondió de inmediato. La verdad era que sus amigos habían intentado animarlo durante la última semana, pero él se había alejado porque no quería ser una carga en medio de su crisis.
Recordó que su amigo Alberto y su novia Ariana lo habían invitado al cine.
No respondió en su momento, pero ahora consideraba aceptar.
—Unos amigos quieren ir al cine. Quizá vaya con ellos.
—Eso es bueno. Te hará bien salir y despejar tu mente.
—Sí… puede ser.
Ya eran casi las ocho de la mañana. Bruno había terminado de comer, pero seguía conversando con Jared. Quería conocer más de aquel hombre que le resultaba interesante, e incluso enigmático.
—¿Tienes familia? —preguntó.
—Sí, un hermano y mi madre.
—¿Y tu padre?
—Tengo padre, pero no es parte de nuestra vida… de mi familia, quiero decir.
—Ya veo.
—¿Y tú?
—Sí, mamá, papá. Un hermano también.
—Genial. ¿Vives con ellos?
—No, me independicé muy joven.
—Interesante. Pero mantienes contacto, por lo que veo.
—Sí, los veo de vez en cuando. ¿Tú vives con tu familia?
—No, vivo aparte. Rento con antiguos compañeros de la universidad, ya sabes, para aminorar gastos.
—Sí, es una decisión inteligente.
—¿Tú vives solo o con roomies?
—Con un roomie.
Jared pensó por un momento que, al decir “un roomie”, se refería a su pareja. Pero no quiso indagar más.
—También es una buena decisión.
Después de un rato, decidieron levantarse, pagar la comida y salir de la fonda. Antes, Jared pasó al baño para lavarse las manos y la cara. Quiso verse un poco más presentable. Al regresar, Bruno lo esperaba en la entrada.
—Pásame tu cuenta para transferirte mi parte, por favor.
—Descuida, yo invito —dijo Bruno.
—No quiero causarte molestias. Seguramente no lo tenías contemplado.
—No importa, en serio.
—Gracias —respondió Jared con una sonrisa y un suspiro.
—Bueno, Jared, debo irme. Fue un placer conocerte. Y, si no te incomoda, ¿puedo agregarte a WhatsApp?
—Claro —dijo, intentando contener la emoción que le provocaba la idea de seguir en contacto.
—Bien, dime tu número.
—Siete, siete, siete… dos, cuatro, siete… tres, cinco… nueve, nueve.
—¿Así? —Bruno le mostró la pantalla.
Jared asintió.
—No es lada de Puebla. ¿No eres de aquí?
—No, soy de Morelos.
—Genial, foráneo.
—¿Genial?
—Sí… quiero decir, qué padre que seas de fuera. Eso explica lo amable que eres.
—¿Amable?
—Sí.
—Bueno… si tú lo dices. Gracias.
—No tienes que agradecer.
—No, hablo en serio. Gracias… muchas gracias.
Bruno lo abrazó. Esta vez fue un abrazo más largo, más firme que el del puente.
Jared sintió cómo una paz lo recorría por completo, mezclada con una especie de chispa que le atravesaba el cuerpo. Bruno, sin entender por qué, sintió algo similar.
Se separaron lentamente y se quedaron mirándose en silencio. Fue Jared quien habló primero.
—Bueno… no quiero que llegues tarde.
—Sí… creo que ahora sí voy un poco justo.
—Gracias otra vez, Bruno. Por la comida… y por todo.
—No tienes que agradecer. Cuídate mucho. Estamos en contacto.
—Adiós.
—Adiós.
Bruno se alejó caminando hacia el noroeste de la ciudad. Jared lo observó mientras se perdía a la distancia, sin notar que Bruno se giró un momento para ver si aún seguía ahí.
Bruno sonrió y continuó su camino.
Jared permaneció de pie unos segundos más, dejando que el sol lo calentara mientras suspiraba y agradecía, sin saber exactamente a quién, por haberle enviado a ese hombre.
Bruno no lo sabía, pero acababa de salvarle la vida a un completo desconocido.
Y ese desconocido, de la única forma que sabía, ya estaba dispuesto a agradecerle… y, si algún día era necesario, devolver el favor.