50. Teddy #2
Vuelvo a levantarme, lo empujo con una mano por el pecho hasta que queda debajo del chorro de agua y la espuma le va bajando por el cuerpo.
Estira la mano hacia atrás y cierra los grifos.
Al cabo de un segundo, me agarra a mí y me acerca a él de golpe.
Me hunde una mano en el pelo, que llevo recogido en un moño, y me levanta la cabeza para empotrar la boca a la mía.
Me besa con fiereza, con ganas. Como si fuese un hombre hambriento.
Me devora la boca hasta que acabamos los dos jadeando y faltos de aliento.
Suelta un gruñido, agarra las toallas que había dejado yo al lado de la ducha y me envuelve con una antes de salir, darme la mano y ayudarme a salir a mí también.
Se seca en un santiamén, tira la toalla por encima de la cortina de la bañera y vuelve a cogerme, pero yo ya me estoy secando.
Xander me arranca la toalla del tirón y también la tira.
En cuanto me agarra las caderas con las manos y me levanta del suelo para llevarme del baño a la habitación, me río.
La lámpara que hay encendida en una esquina tiñe el cuarto de una luz tenue y aporta unas fuertes sombras al espacio.
En parte, espero que me suelte en la cama de golpe, pero, obviamente, no lo hace.
Me sienta con cuidado, me empuja un poco para tumbarme bocarriba y me separa los muslos al acomodarse encima de mí.
Pero no vuelve a besarme. En lugar de eso, se agacha y me besa en el abdomen, apoyándome las manos en las caderas para agarrarme bien la parte baja del vientre.
Le hundo las manos en el pelo mientras él va dejando unos besos tiernos y dulces en la zona donde ahora mismo se está formando nuestro bebé.
Las lágrimas regresan a mí y me escuece la nariz, así que pestañeo deprisa para que me desaparezcan de los ojos.
—Hola —le susurra con veneración.
Le aparto los mechones húmedos de la frente con ternura. Xander levanta la mirada hacia mí y me sonríe con los ojos empañados.
—¿En serio tienes a mi bebé aquí dentro?
—En serio tengo a tu bebé aquí dentro —repito en voz baja, asintiendo. Sonrío con los labios temblorosos—. El médico me confirmó que estoy de seis semanas. Todavía es muy temprano, Xander, pero sí, vamos a tener un bebé.
Me va subiendo por el cuerpo, me coloca un brazo por debajo del hombro y otro por debajo de la cabeza y me besa despacio pero con pasión.
—Te quiero muchísimo, joder —dice con la boca pegada a la mía.
Muevo las caderas en círculos para notar su erección en la cadera. Sigue sin dejar caer todo su peso encima de mí, pero necesito notarlo. Necesito notar su peso sobre mí, necesito que me llene.
—Por favor, Xander...
Ríe con discreción y me mordisquea el labio. Ahogo un grito. Se mueve para colocar sus caderas sobre mis muslos separados, donde tantas ganas tengo de notarlo.
—¿Quién me está rogando ahora?
—Descaradísimamente —jadeo con la respiración trabajosa mientras le bajo las manos por la espalda hasta agarrarle su culo perfecto—. Llevo esperando muchísimo, por favor... Recuérdame que soy tuya, Xander.
—Eres toda mía —dice con la voz rasposa, acomodándose contra mi sexo.
Ya estoy empapada; tanto provocarlo en la ducha me ha puesto igual de cachonda que a él.
Se apoya en las manos, separa el pecho del mío y agacha la barbilla para mirar entre nuestros cuerpos—.
Mira cómo hundo la polla en tu coño, Teddy. Mira qué bien te cabe.
Me penetra centímetro a centímetro y gemimos a la par en lo que resulta una obscena y codiciosa melodía en esta habitación medio a oscuras.
—Joder, Teddy. Ay, mierda. ¿Voy a hacerte daño, a ti o a...?
—No, no —vuelvo a jadear con la voz abierta y negando con la cabeza pegada a la almohada.
—Bien —responde apretando la mandíbula con fuerza mientras se hunde en mí, despacio, metiéndomela y sacándomela con unos ligeros empellones—. Esta noche me lo voy a tomar con calma, mama. Pero, ahora mismo, quiero follarte. Duro y rápido, Teddy. Ya me lo tomaré con calma luego.
—Madre mía... —exhalo aturullada y asiento frenética mientras miro cómo su sexo enorme desaparece en mi interior.
Me la mete hasta el fondo y empieza a mover las caderas en círculos, pegado a mí.
Al hacerlo, me da en ese punto exacto y yo no puedo contener el gemido que se me escapa de la boca.
Xander sonríe con picardía, con su pelo largo y húmedo cayéndole por encima de las cejas.
Me la saca hasta la punta y vuelve a embestirme con brío.
Le agarro la mandíbula con ambas manos y lo acerco para besarlo; al hacerlo, su barba me hace cosquillas en las palmas de las manos y en los labios.
Me embiste con fiereza, con unos empellones largos y profundos, y no tardo demasiado en empezar a temblar a medida que voy llegando al clímax.
Me resbala una lágrima por la mejilla mientras estallo en sus brazos y le digo:
—Te quiero.
—Eso es, así —suelta él, gruñendo y embistiéndome con las caderas.
Me besa en los labios mientras continúo corriéndome y temblando contra su cuerpo.
Las paredes vaginales me convulsionan deprisa alrededor de su erección y Xander sisea—: Qué bien te corres por mí, hostia.
Te quiero una barbaridad, Teddy. ¿Tu dulce coño echaba de menos a mi polla, cielo?
—Ah, Dios... ¡Sí, Xander! —grito.
Sin embargo, él acalla el sonido con un beso.
—Repítelo —me exige con la voz áspera y sin separar los labios de los míos.
Levanto la mano para hundirle los dedos en el pelo que le cae por la frente y, falta de aliento, susurro:
—Te quiero, Xander.
Apoya la frente en la mía, gruñe y se corre con unas erráticas embestidas. Sigo con las manos hundidas en su pelo húmedo para mantenerlo cerca de mí mientras Xander tiembla y me llena.
Le sube y baja el pecho, se deja caer a mi lado y me acerca a él. Me acaricia el pelo mientras respiramos despacio, pero con el corazón aceleradísimo.
Se coloca mi muslo por encima de la cadera y me acaricia la piel hasta la cintura antes de seguir el recorrido en dirección descendiente para luego apoyarme la mano en el abdomen.
—Gracias —me susurra, rozándome la frente con los labios.
Levanto la cabeza y lo miro a los ojos.
—¿Por qué? —exhalo.
Le acaricio la frente con los dedos, luego la mejilla y le cojo la mandíbula con ternura. No puedo dejar de tocarlo. Gira la cabeza y me besa la palma de la mano antes de apoyar la mejilla en ella.
—Por darme todo lo que no sabía que quería y necesitaba. Por quererme —murmura en voz baja, flexionando los dedos de la mano que tiene en mi vientre.
—Gracias a ti por querernos —contesto. Se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas; maldita sea—. Gracias por haberme visto siempre, incluso cuando yo no te veía a ti.
Vuelve a girar la cara y me besa otra vez la palma de la mano antes de susurrar con devoción:
—Siempre me viste, Teddy. Solo teníamos que esperar a que llegase nuestro momento.
Pero no pienso soltarte nunca y no pienso perder ni un segundo de esta vida contigo, mama.
Cásate conmigo —me pide. Siento la más absoluta felicidad y el corazón me da un vuelco enorme—.
No me obligues a esperar más para llamarte «mi mujer». Por favor, Teddy.
—Vale —respondo con un hilo de voz, asintiendo y mirándolo a los ojos con los labios temblorosos de nuevo—. Sí. Sí, Xander.
Con Xander a mi lado, amándome, puedo ser valiente. Yo tampoco quiero esperar. Nuestro futuro juntos, esta vida, esta oportunidad. Nuestro nuevo «para siempre».