Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 43. Teddy
87%

43. Teddy

Teddy

—¿Todo bien? —pregunta Colleen cuando entro por la puerta.

Dejo el bolso en la encimera y suspiro mientras asiento. Estoy reventada. Las últimas horas han sido emocionalmente agotadoras y estoy echando mano de todas mis fuerzas para intentar no entrar en bucle.

—Xander ha tenido un accidente en un incendio —digo en voz baja.

No sé muy bien cómo ordenar mis pensamientos para aunar algo parecido a la calma.

—Ven, siéntate —sugiere Colleen, sacando uno de los altos taburetes que hay bajo la encimera de la cocina.

Obedezco agradecida y me siento. Ella atraviesa el espacio, coge un cazo pequeño de uno de los armarios y lo llena de agua.

Lo coloca encima del fogón para que se caliente y luego coge una taza de otro armario y una bolsa de infusión.

Guardamos silencio mientras mi suegra lo prepara todo y, al cabo de unos minutos, me sirve una taza humeante.

—Manzanilla.

He ahí todo lo que dice antes de sentarse a mi lado.

—Gracias —contesto con un hilo de voz, y envuelvo la taza con los dedos para entrar en calor.

No me había dado ni cuenta del frío que me había entrado en la sala de espera de urgencias.

El miedo y la preocupación por Xander me invaden de nuevo, seguidos de un aplastante sentimiento de culpa que provoca que se me entrecorte la respiración.

Me escuece la nariz y pestañeo rápidamente para deshacerme de las lágrimas.

—Siempre supe que tú y Logan acabaríais juntos —confiesa Colleen envuelta por el silencio de la cocina—.

Lo tuvimos clarísimo cuando te trajo a casa por primera vez.

Vimos que nadie más encajaría tan bien con él como encajabas tú.

Os mantuvisteis constantes en cada etapa de la vida.

Que no quiero decir que fuese todo siempre coser y cantar.

—Sonríe bromeando un poco. Yo sonrío con la vista puesta en la manzanilla y los ojos llenos de lágrimas—.

Pero siempre encontrabais la forma de que todo encajara.

Hiciste a mi hijo el hombre más feliz del mundo, Teddy.

Le diste una vida maravillosa y tres hijos increíbles.

Te quería con todo su corazón. Y, cuando tú lo mirabas, te brillaban los ojos e irradiabas calidez. Lo quisiste con todo tu ser, cielo.

Siento un nudo de aflicción en la garganta. Sí que quería a Logan. Mucho. Muchísimo. Y una parte de mí lo sigue queriendo. Fue mi único amor durante gran parte de mi vida. La persona a quien más he querido. Pero ahora, con Xander...

Mi suegra estira el brazo, me envuelve una mano con las suyas y me da un delicado apretón. Levanto los ojos hacia ella con la vista nublada.

—Irradias calidez, Teddy. Y veo cómo te vuelven a brillar los ojos cuando miras a Xander. No me gustó nada ver cómo perdías ese brillo después de que muriese Logan —susurra con sinceridad y con lágrimas danzándole en sus ojos marrones—. Lo quieres.

Abro la boca para decir algo, pero no me salen las palabras. No sé si estoy preparada para reconocerlo, pero tampoco me veo capaz de negarlo.

—No quiero que te enfades conmigo —consigo susurrar finalmente. La voz se me rompe a cada palabra que pronuncio—. Porque Logan era tu hijo.

—Teddy —musita Colleen, abrazándome con fuerza—.

Eres tan hija mía como lo fue él. Una parte de ti siempre lo querrá y siempre añorarás el amor y la vida que te arrebataron...

Igual que yo siempre añoraré a mi hijo. Puede que me entrometa más de lo que debería y que insista más de lo que tal vez sea habitual, pero te quiero y quiero volver a verte feliz.

Aprovecha esta oportunidad. Por más miedo que dé, aprovéchala.

¿Cómo voy a decirte que te quiero y enfadarme porque estás volviendo a encontrar la felicidad?

El amor no es eso —me recuerda con un tierno hilo de voz, los ojos centelleantes y agarrándome las mejillas.

Ahora ya estoy llorando con todas las de la ley—.

Te quiero mucho y quiero que vuelvas a ser tú, mi niña.

¿Quién tiene la suerte de tener a una suegra así? No hay juicio alguno en su mirada, su tono o sus palabras. Lo que sí hay es amor. Simple, puro e incondicional.

—Soy muy afortunada de tenerte —contesto en voz baja y sonriendo antes de volver a abrazarla con fuerza—. Eres la mejor segunda madre que habría podido tener.

—La madre de Kent no es que fuera majísima conmigo —confiesa riendo y sacudiendo la mano—. Me prometí que, si un día tenía la suerte de tener una nuera, nunca sería como ella. Y tú eres fantástica, que también ayuda.

Suelto una carcajada y me separo para secarme las lágrimas.

—Te quiero.

—Normal —bromea ella. Le sonrío agradecida y Colleen añade—: Te quiero, Teddy. Y no pasa nada por que vuelvas a ser feliz. Te lo prometo.