38. Xander #2
Me hunde las manos en el pelo, agarrándomelo con fuerza.
Sonrío sin alejarme de su vientre suave y separo los labios contra su estómago blandito antes de sacar la lengua y recorrerle unas cuantas estrías.
Ella baja la mano e intenta taparse el punto exacto donde tengo la boca, pero refunfuño y le doy un azote en la nalga a modo de advertencia.
Teddy vuelve a ahogar un grito y, al oír ese sonido, me vuelvo casi salvaje.
Me siento sobre los talones con los muslos sutilmente separados. Levanto la vista para mirarla y me doy cuenta de que no quiero estar en ninguna otra parte que no sea aquí. Quiero pasarme el resto de mis días adorando a la diosa que tengo delante, y voy a hacer que ella también lo vea.
La agarro por la pendiente de sus caderas y la giro para que quede de cara al espejo. Teddy aparta la mirada de su reflejo, pero, por ahora, no pasa nada. Cuando hayamos terminado, le habrá quedado clarísimo lo jodidamente preciosa que es.
Le bajo la mano por la cadera derecha, le acaricio con ella la nalga y se la cuelo entre sus gruesos muslos.
Teddy se mueve y separa las piernas lo justo para que pueda dejar la mano donde tanto quiero tenerla.
Cuando noto lo preparada que está, suelto un sonido gutural con la boca pegada a su espalda suave.
—Joder... —vuelvo a gruñir, mordisqueándole la nalga izquierda—. Estás empapada por mí.
Continúo sentado sobre los talones. Agarro a Teddy de nuevo por la cadera y la bajo. Cuando toca el suelo con las rodillas frente a mí, le sonrío a través del espejo y bajo la mirada por sus pechos generosos y esos oscuros pezones que ya tiene endurecidos y reclaman mi atención.
—Ábrete de piernas por mí, preciosa —le pido con la boca pegada a la delicada piel de su oreja.
Titubea un segundo antes de moverse y separar las rodillas.
La tengo tan dura que hasta me duele, joder—.
Ahora colócate encima de mis piernas y ve sentándote hasta que te hayas metido mi polla hasta el fondo, Teddy.
Me aguanta la mirada mientras obedece y retrocede hasta dejar los muslos sobre los míos.
Tiene las rodillas plantadas en el suelo, a ambos lados de las mías, y está bien abierta de piernas mientras se coloca en posición.
Es obsceno y erótico, y tengo que echar mano de todo mi control para no correrme así, sin más.
Alargo el brazo entre nosotros y me acomodo en su entrada, arrastrándole la punta por su coño bonito y rosado, que me queda perfectamente a la vista a través del espejo.
—Siéntate.
Acata mi orden. Noto las curvas de su culo en los abdominales y sus hombros me quedan a la altura de la boca.
Me inclino y voy besándola por el hombro, acaloradamente y con la boca abierta, mientras ella se acomoda y se la va metiendo con una lentitud lacerante.
Clavo la vista en el espejo, por encima del hombro de Teddy, mientras veo cómo se la hunde.
Nunca había visto nada tan sexi como esto: Teddy hundiéndose en mi polla.
Le envuelvo el torso con un brazo y empotro su espalda a mi pecho.
Al notar la absoluta euforia que supone habérsela metido tan hondo, abro la boca de golpe.
Joder, qué estrecho lo tiene. Jodidamente estrecho.
Echa la cabeza hacia atrás para acabar de sentarse del todo y noto cómo se le tensan los músculos internos alrededor de la polla. Veo las estrellas.
—Hostia santa, Teddy —susurro y gruño con la boca pegada a su cuello—. ¿Lo ves? ¿Ves lo precioso que es esto, joder?
Baja la barbilla y me mira a los ojos a través del espejo. Le agarro el coño con la otra mano y la separo más para que vea cómo se la ha metido hasta el fondo.
—Joder... —gime y a mí me palpita la polla en su interior.
Suelto un sonido gutural para darle la razón.
—Qué preciosidad, hostia... —digo con la voz áspera, dilatándola con los dedos.
Ver cómo me desaparece la polla en su sexo es embriagador, excitante y jodidamente erótico. Y no sé si Teddy lo sabrá ya o no, pero es mía, joder. Le acaricio la protuberancia nerviosa que tiene en el ápice de la entrepierna con el pulgar y ella ahoga un grito mientras se frota conmigo.
—Mmmm. Justo así, preciosa.
—Xander...
Me mira a través del espejo. Le pesan las pestañas y tiene los labios separados. Me coge el antebrazo con el que la estoy sujetando con una mano. La otra la ha colocado encima de la mía, hundida en su entrepierna.
La alzo con el brazo con el que la estoy agarrando, Teddy se reacomoda y mueve sutilmente los muslos; luego levanto las caderas de golpe mientras vuelvo a sentarla encima de mí. Aprieta los dedos y abre la boca para gritar en silencio. Joder, esto lo es todo. Ella lo es todo.
Lo hace a su propio ritmo, levantándose hasta que solo le queda la punta dentro y bajando de nuevo, hundiéndosela otra vez hasta el fondo. La agarro por su estómago generoso y le planto la boca en la curva del cuello para darle un mordisco antes de calmarle el dolor con la lengua.
Se le contrae el sexo a mi alrededor y sonrío con la boca pegada a su cuello.
—Serás traviesa... ¿Te gusta que duela?
Asiente en un movimiento algo errático y poco fluido mientras sigue follándome.
Tiene sus muslos gruesos y cremosos bien abiertos por encima de los míos.
Le suelto el torso y el sexo y le agarro sus anchas caderas.
La guío y aprovecho que ella está hundiéndose en mí para embestirla con fuerza.
De pronto, se apoya las manos en los muslos para no perder el equilibrio.
Vuelvo a darle otro empellón y le aprieto las caderas con los dedos.
Le mordisqueo otra vez el hombro. Teddy gime y se agacha un poco.
—Qué guapa, joder —digo con la voz rasposa sin dejar de embestirla con fuerza y hasta el fondo en ningún momento—. Estás guapísima, abierta así de piernas por mí. Qué bien te la metes, preciosa.
Sus ojos encuentran los míos en el espejo.
Le paso las manos por las caderas, subiéndolas por sus curvas generosas hasta la mullida estrechez de su cintura.
Le agarro los pechos y se los aprieto, masajeándoselos antes de pellizcarle ambos pezones con los dedos.
Teddy se menea contra mi cuerpo y el sexo se le contrae alrededor de mi polla.
—Ah, joder, Teddy... —suelto con la voz áspera y pegándole la boca al hombro.
Vuelvo a enroscarle los pezones. Ella se muerde el labio y gime con discreción.
—Ah, Dios, Xander. Así harás que...
Y entonces lo noto. La cálida humedad que me resbala por los dedos.
Miro nuestros reflejos, embelesado, mientras se le escapa un líquido blanco de los pezones que estoy apretando.
No puedo evitarlo. Al ver cómo chorrea con mis dedos, me vuelvo casi salvaje y la embisto con fiereza.
Ella me cubre las manos con las suyas, con las mejillas y el pecho teñidos de un intenso tono rosado.
—Baja las manos —le ordeno con fiereza. Se me queda mirando con los labios separados y exhalando con dificultad—.
Teddy. Baja las manos para que pueda verlo.
—Obedece y yo sonrío, siniestro—. Buena chica.
No volverás a esconderme ni un centímetro de tu cuerpo, ¿entendido?
—Titubea y yo vuelvo a embestirla. Teddy ahoga otro grito y me vuelve a palpitar la polla—.
Eres la mujer más exquisita que he visto en la vida, cielo.
Toda tú. Incluidas esas partes que tú crees que no son preciosas.
—Vuelvo a agarrarle las tetas con las manos y se las junto—.
¿Estas tetas? Hermosas, joder. ¿Ves cómo encajan en mis manos?
Es como si estuvieses hecha para mí. —Bajo las palmas por su cuerpo hasta agarrarle la cintura y hundirle los dedos en su vientre acolchado—.
¿Sabes cuántas veces me la he cascado pensando en ti estando preñada?
Con esa barriga llena y redonda... Joder, me siento como un cabrón, como un puto pervertido.
Pero es que, leches, verte embarazada es de lo más bonito que he visto en mi vida, Teddy.
Nunca he querido tener hijos, pero, hostia puta...
Mentiría si dijera que no he pensado en cómo sería ver cómo te cambia el cuerpo con un hijo mío.
Vuelve a abrir la boca, estupefacta.
—Xander...
A la mierda. Voy a por todas. Y ya era hora de que ella también se diese cuenta.
Le cojo sus caderas anchas y pesadas y la penetro con fuerza. Me palpita el pene; estoy a punto de correrme.
—Estas caderas... No he podido pensar en nada que no fuera en agarrarte por aquí mientras te follo por detrás.
Dios, si es que al pensar en meterte la polla con tu culo levantado y la cara hundida entre las sábanas...
—Le envuelvo su culo generoso, que se le mueve con cada fuerte embestida, con cada movimiento que hace al follarme.
Le doy un fuerte azote en la nalga y ella vuelve a gemir mientras su coño se contrae a mi alrededor.
Gruño, aprieto los dientes y le subo las manos de la cintura a las tetas y hacia abajo otra vez, disfrutando de la blandura que noto con los dedos—.
Si todo esto no se mueve lo suficiente, señal de que no te estoy dando lo bastante duro.
—¡Ah, Dios! —grita, y sé que está a segundos de correrse.
Le bajo las manos hasta los muslos, apretándoselos con fuerza por su delicado interior y abriéndola aún más de piernas por mí. Le envuelvo el clítoris con los dedos y ella jadea mientras mueve las caderas contra mi cuerpo.
—¡¡Xander, por favor!!
—Eso es, preciosa —digo con la boca pegada a su cuello—. Cabálgame la polla. Córrete conmigo dentro. Dios, qué ganas tengo de notarte...
Teddy gime mientras se encoge sobre sí misma y noto cómo se corre con brío. Cierra los ojos con fuerza y aparta la cabeza, pero no pienso dejar que se pierda todo esto.
—Los ojos en el espejo, Teddy. Mira qué guapa estás cuando te corres por mí.