38. Xander
Xander
Cuando aparco en la entrada, poco después que Teddy, Colleen está fuera, con Bea en brazos.
—Ay, ya has vuelto, qué bien —le dice Colleen a Teddy dándole un abrazo cuando sale del monovolumen—.
Quería preguntarte si te importa que vaya a recoger a Penny y Dalton al cole y me los lleve a merendar fuera.
—La mujer me señala a mí, que estoy bajando de la camioneta, y guiña un ojo—.
Así os dejo que disfrutéis del reencuentro como es debido.
—¡Colleen! —susurra Teddy medio gritando.
Se pone más roja que un tomate, pero yo sonrío con ahínco. Colleen me guiña un ojo y río por lo bajo mientras cruzo el jardín y voy hacia donde se encuentran las dos mujeres.
Bea me hace aspavientos con los brazos y dejo que me coja el dedo índice a modo de saludo. Sonrío a la minúscula criatura que tanto me tiene comiendo de la palma de su mano. En realidad, me pasa con todos los hijos de Teddy. Estoy loco por ellos. Todos.
—Muy generoso de su parte, Colleen —murmuro con una pizca de picardía en la voz.
—Me alegro de que tanto entrometerme haya dado sus frutos —responde la mujer.
Sonrío a Teddy, a quien también se le está sonrojando el pecho.
—Eres lo peor... —susurra ella, cubriéndose la cara con una mano y sacudiendo la cabeza—. Esto no es normal, Colleen.
—Pfff... —Colleen desdeña lo que acaba de decir Teddy agitando la mano, se ríe y vuelve a guiñarme un ojo.
Dios, adoro a esta mujer. No es para nada convencional ni como yo me la habría imaginado—.
¿Y cuándo he hecho yo algo normal? Venga, voy a preparar a esta señorita de aquí y nos marchamos. Divertíos. Volveremos en unas horas.
—Por el amor de Dios... —se queja Teddy.
Se hunde la cara en ambas manos y le tiemblan los hombros al reír. Colleen regresa a casa con Bea y nos deja solos en el jardín. Teddy baja las manos, exhala medio riendo con timidez y me mira.
—Lo siento mucho.
—No te disculpes. —Agacho la cabeza, le acerco los labios al oído y digo con la voz áspera—: Pienso aprovechar hasta el último segundo de esas horas para venerar tu cuerpo, Teddy.
—Joder... —susurra, dejándose caer sutilmente contra mí.
Río y le planto los labios en la parte inferior de la mandíbula.
—Tengo que ducharme —le digo.
—Vale.
Exhala y cierra los ojos. Gruño y pego mi cuerpo al suyo, ejerciendo presión con las caderas contra ella. Ya se me ha empalmado y la erección se me marca bajo la bragueta de los pantalones de Nomex.
—No tardes demasiado —me pide.
La beso con ahínco durante un breve segundo y le cuelo la lengua entre los labios. Hostia, solo he estado unos cuantos días fuera y ya me moría de ganas de estar con ella.
La suelto, me separo y se me escapa una risa grave mientras ella se mece sin moverse de sitio.
—Enseguida estoy, Teddy.
Asiente, mordiéndose el labio inferior, y me obligo a alejarme. Nada más cruzar la puerta del baño, me desnudo y me ducho rápido, limpiándome bien. Paso de mi apabullante empalme porque estoy tremendamente feliz de esperar para disfrutarlo con mi chica. Bendita Colleen.
Justo cuando salgo del baño oigo que la mujer llama a Teddy desde la entrada y le dice que volverán luego. Acto seguido, Teddy cierra la puerta de entrada.
Casi no me da ni tiempo de ponerme unos pantalones cortos de deporte y una camiseta antes de echar a andar hacia casa de Teddy.
Cuando me ve al otro lado de la puerta de la terraza trasera, las mejillas le adoptan ese bonito tono rosado que tanto me gusta.
Y, entonces, abre para dejarme entrar. La agarro en el acto.
Se ha quitado esa bonita chaqueta azul, pero sigue con los mismos pantalones de pata ancha que tanto me ponen y esa camisa negra tan suave que ya llevaba antes.
Le hundo las manos en el pelo y le suelto los mechones que se ha recogido con una pinza, dejando que las ondas le caigan por los hombros y me cubran las manos.
Nos besamos como adolescentes, con ansias y desespero.
—Habitación —suelto con dificultad, separando la boca de la suya. Teddy gime con los labios pegados a los míos, pero asiente—. Te quiero desnuda, Teddy. Joder, cuánto te he echado de menos.
—Yo también —susurra, asertiva.
No la cuestiono lo más mínimo.
La cojo por los hombros para girarla y le doy un buen azote a su culo redondo y generoso por encima de los pantalones. Teddy ahoga un grito y se ríe mientras vamos hacia su cuarto.
Tras cerrar la puerta, vuelvo a abalanzarme a ella.
Le quito la blusa de dentro de los pantalones y se la paso por la cabeza antes de dejar que caiga al suelo.
Tiene el torso cubierto por un bodi negro que también se ha metido por dentro de los pantalones.
Intento tirar de la prenda, pero Teddy me aparta los dedos de un manotazo.
—Primero hay que quitar los pantalones —dice con otra de esas risas tímidas—. Es un bodi de cuerpo entero.
Fulmino al artilugio apretado ese con la mirada y cuelo un dedo por debajo de las tiras que se le clavan en el hombro.
—Esto tiene pinta de doler, Teddy...
Ella se encoge de hombros mientras le desabotono los pantalones y le bajo la cremallera.
Le acaricio la cadera con las manos por dentro de los pantalones, que se le resbalan hasta los tobillos con un susurro delicado.
Teddy se sonroja y se pasa las manos por esa faja apretada, casi como si estuviese intentando esconderme su cuerpo.
Qué mujer, en serio... Voy a tener que demostrarle lo jodidamente preciosa que la encuentro.
Vuelvo a colarle los dedos por debajo de las tiras y no pierdo ni un segundo en bajárselas por los brazos.
Lo primero en liberarse de la presión son sus pechos, que caen libres por encima de ese material ajustado.
Gruño. Esta diosa no se ha puesto sujetador debajo.
Agacho la cabeza, le succiono un pezón con la boca y tiro sutilmente con los dientes.
Teddy ahoga un grito y yo me arrodillo mientras le quito este maldito artefacto a mi chica para ir revelando su cuerpo mullido y glorioso centímetro a centímetro.
Me alejo un poco y suelto un sonido gutural al mirarla. Dios, la de cosas que podría hacerle a esta mujer estando así, arrodillado. Al final, levanta los pies para acabar de quitarse la faja y yo agarro la prenda con la mano y la tiro a la otra punta de la habitación.
—Como te vuelva a ver con la maldita cosa esa puesta, la haré añicos —le advierto antes de levantarme.
Teddy se sonroja de nuevo y se humedece los labios, nerviosa, mientras yo me llevo los brazos atrás y me quito la camiseta por la cabeza, dejando que también caiga al suelo con todo lo demás.
Y, entonces, me bajo los pantalones del tirón hasta quedar igual de desnudo que ella.
No puedo dejar de mirarla. Es jodidamente preciosa.
Le paso los nudillos por la pendiente de uno de sus pechos y gruño al notar la suavidad de su piel.
—Dios... —digo con la voz áspera.
Estoy comiéndome cada glorioso centímetro de su cuerpo con los ojos. Los rayos de sol de primera hora de la tarde se cuelan por las ventanas, aportándole un cálido brillo a su piel y tiñéndole el pelo de dorado.
—Cierra las cortinas, por favor —gime cubriéndose el cuerpo con las manos, cohibida.
La fulmino con la mirada y se queda petrificada.
—No.
—Xander, por favor...
Le agarro las muñecas, le aparto las manos del cuerpo que tan desesperadamente está intentando esconderme y sacudo la cabeza.
—Quiero verte, Teddy. Cada glorioso centímetro de ti, joder. Y sin luz, no puedo hacerlo.
—Pero...
—Nada de peros —murmuro con voz grave.
Estudio las curvas que se ven reflejadas en el espejo de cuerpo entero que tiene al otro lado de la habitación. La hago retroceder unos cuantos pasos para que quedemos directamente delante de dicho espejo y le agarro la mandíbula con ambas manos.
—Voy a sentarme delante de este espejo y tú te darás la vuelta para quedar también de cara. Y, luego, abrirás las piernas y te sentarás encima de mi polla.
Abre la boca y yo le acaricio y le beso su carnoso labio inferior.
—No puedo —responde.
—Sí, sí que puedes, preciosa.
Traga con fuerza y abre los ojos como platos, precavida.
—Pero no soy...
—Uy, cielo... Ya lo sé. Y me vuelve loco de cojones.
Le bajo las manos por el culo y por los hombros antes de apoyarlas sobre su cintura generosa, de donde sobresalen sus caderas anchas.
Reflejada en el espejo que le queda detrás, su piel parece cremosa y aterciopelada.
Le aparto la mirada a Teddy para poder disfrutar de la vista que tengo delante.
Tiene un culo de ensueño, así que le envuelvo sus nalgas deliciosas y esféricas.
El contraste de mis manos ásperas y oscuras con su piel pálida y suave resulta ligeramente embriagador.
Le agarro el culo, se lo aprieto y se lo masajeo, y le separo un poco las nalgas.
Ella hace ademán de agarrarme por la cintura, apretándome las costillas con los dedos mientras sigo masajeando y acariciando hasta el último centímetro que pueda de su cuerpo.
Con ella, me siento indefenso. Teddy tiene control absoluto sobre mí y sobre mi corazón.
Ejerzo presión con las caderas en su vientre mullido y ella ahoga un grito.
El sonido que se le escapa surte un efecto maravilloso y terrible en mi polla, que se alza de golpe entre los dos.
La luz del sol de media tarde se cuela por la ventana que hay al otro lado de la habitación y acaricia la cama, el suelo y la piel de Teddy con sus rayos. Teddy es jodidamente perfecta. De una puñetera belleza etérea. Pienso venerar hasta el último centímetro de su piel.
Vuelvo a arrodillarme y paseo las manos por la forma exagerada de reloj de arena que forman sus costillas, su cintura y sus caderas a la vez que le doy un beso en su estómago acolchado.
No tiene nada tonificado; toda ella son curvas, con un cuerpo mullido y al que agarrarse.
Siempre quiero más, joder. Su cuerpo me vuelve loco.