Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 36. Xander
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36. Xander

Xander

—Bueno... —Cal sopla a unos cuantos metros de distancia mientras se yergue y se apoya en la Pulaski—. ¿Esto que te llevas con Teddy tiene nombre ya o no?

Estoy agachado cavando una línea. Lo miro y musito:

—¿En serio tenemos que hablar de esto ahora?

Estamos en las entrañas de Mount Defiance, cerca del inicio del sendero en la zona sur.

A un par de excursionistas de aventura novatos se les descontroló una hoguera y se ha extendido hacia el bosque más cercano.

Por suerte, no se trata de un incendio de grandes dimensiones, así que deberíamos tenerlo controlado en un par de días. Tarea fácil.

Aunque no por eso quiero mantener yo esta conversación con mi mejor amigo.

Un poco más abajo del sendero, a unos quince metros de nosotros, están Opp, Caleb, Sam y unos cuantos más. Los miro, aunque no parece que estén prestándonos demasiada atención.

—Solo estoy cuidando de mi hermana —señala Cal con tono tenso y cortante—. No es como las mujeres a las que estás acostumbrado...

—Cal, hostia —le espeto enderezándome y apoyándome en mi Pulaski, igual que él. Lo miro y pregunto—: ¿Y a qué tipo de mujeres estoy acostumbrado yo?

Cal aprieta los labios. Se quita las gafas de protección y se frota la cara, manchándosela de suciedad y hollín en ambos lados.

—Solo me refiero a que no es de las que tienen rollos de una noche.

Suelto una risotada sacudiendo la cabeza y respondo:

—¿Acaso crees que no lo sé?

—Lo que sé es cómo eres con las mujeres...

—Sabes cómo era con las mujeres —lo corrijo, volviendo a centrarme en la línea y pillando el hacha.

Cal se ríe por la nariz.

—Siempre has dejado clarísimo que tú no sales con nadie; echas un polvo o tienes algo sin ataduras y ya. Perdona si me preocupo, porque doy por supuesto que ahora ya te estás zumbando a mi hermana y, seamos realistas por un puto segundo, sup, no es tu tipo.

Lo señalo con un dedo y entrecierro los ojos detrás de las gafas de protección.

—Te sugiero que pienses bien lo que quiera que vayas a decir a continuación, Cal. Tu hermana es preciosa.

—Nunca he dicho lo contrario —me espeta, tirando el hacha al suelo y separando las piernas para plantar bien los pies en el terreno rocoso en el que nos encontramos.

Suspiro. Joder, tengo cero ganas de pelearme con este cabrón. Opp deja de cavar, se yergue y se gira hacia nosotros. Mierda. Ahora tenemos público. Aunque tampoco sé si nos oyen.

—Pero no puedes fingir que, desde que te conozco, no has tenido un tipo. Y no es Teddy.

La sangre me hierve bajo la piel. Vuelvo a enderezarme, tiro el hacha al suelo y separo bien los brazos.

—¿Qué quieres que te diga, Cal? ¿Eh? Iba a por mujeres que eran justo lo contrario a propósito.

Porque así no podía confundirlas con quien quería en realidad, joder.

Llevo años loco por tu hermana, tío. Pero estaba ca-sa-da.

Estaba casada con el marido perfecto, que le dio tres hijos increíbles por los que también estoy loco, hostia.

Y luego el hombre murió. Ya sé que yo no la merezco, coño.

Que no merezco a esos niños. —Exhalo con pesadez y bajo los brazos—.

Me convencí a mí mismo de que no quería meterme en ninguna relación por este trabajo, porque se cargó el matrimonio de mis padres.

Porque era más fácil ir a por mujeres que no tuviesen nada que ver con quien yo quería en realidad, que tener que admitir que estaba enamorado de la mujer de otro hombre.

Inhalo con fuerza al ver lo que acabo de reconocer en voz alta por primera vez en mi vida. Cal arquea las cejas de golpe y se queda con cara de póquer mientras nos miramos el uno al otro.

—¿Estás enamorado de Teddy?

Suelto el aire del tirón, le aparto la mirada y me agacho para pillar la Pulaski del suelo.

—Sí.

—¿Y ella lo sabe? —pregunta Cal, pasando el peso de un pie al otro.

Lo veo por el rabillo del ojo y oigo cómo crujen las piedras sueltas bajo sus botas al moverse.

Niego con la cabeza.

—No. Todavía... Todavía no está preparada para oírlo.

—¿Por qué no me lo dijiste? —se interesa con un hilo de voz.

Vuelvo a soltar una risotada.

—¿Qué querías que te dijera, Cal? ¿Y cuándo? ¿Estando ella felizmente casada? Me habrías pegado una paliza. ¿Después de que muriera su marido? Ni de coña. ¿Mientras estaba de parto? Joder, me habría autoflagelado yo mismo.

Ríe por la nariz y asiente.

—Supongo que ahí tienes razón. —Se agacha para coger el hacha y la gira con las manos protegidas por los guantes—. ¿Qué piensas hacer?

—Ni puta idea... —musito poniéndome a cavar de nuevo—. Teddy sigue mal por la muerte de Logan y no la culpo. No debería estar con alguien que vive arriesgándose la vida. Se merece tener a alguien a su lado, a alguien que cuide de ella y de esos niños, a alguien por quien no tenga que preocuparse.

—¿Y tú no eres ese alguien?

—Es una versión de mí para la cual no sé si estoy listo todavía —respondo con honestidad y farfullo mientras intento cavar cerca de una roca particularmente pesada—: ¿Colgar el casco y guardar esto?

—Señalo el hacha y sacudo la cabeza—. Llevo haciéndolo toda mi vida.

No puedo prometerle nada a Teddy porque todos sabemos lo rápido que te puede cambiar la vida este trabajo.

Le hice una promesa a mi padre y pienso cumplir con eso primero.

—¿Pero cuándo? —pregunta Cal—. ¿Cuándo vas a ver que ya te has sacrificado suficiente por este trabajo para dejarlo sin sentirte culpable?

—No puedo dejarlo —musito—. Por eso es tan complicado, Cal.

No puedo dejar esto, por más que ella quiera.

La quiero... Pero también adoro mi trabajo.

No estoy preparado para dejarlo. Todavía no.

Mi padre renunció a su familia para estar aquí haciendo justamente esto.

Y yo no puedo dejarlo cuando él perdió la vida para asegurarse de que saliéramos todos ilesos de ese incendio.

De que tú salieras ileso de ese incendio.

Asiente, solemne. Hace seis años que falleció mi padre, pero las heridas siguen bien presentes.

Creo que, al perderlo, Cal lo pasó peor que yo, porque él lo vio morir.

De haber estado en su lugar, yo seguramente también tendría pesadillas.

Sin embargo, yo ya estaba bajando por esa puta montaña con la primera mitad de mi brigada porque di por sentado que Cal y mi padre me seguían.

No obstante, el único que bajó luego de esa montaña fue Cal. Fue él quien tuvo que darme la noticia, contarme lo que había ocurrido, con la angustia inundándole los ojos y la voz entrecortada y llena de emoción.

Los dos somos conscientes de los peligros que conlleva este trabajo y siempre que nos enfrentamos a un incendio lo hacemos a sabiendas de que, por más que nos hayamos formado, puede ocurrir cualquier cosa. Pero todos conocemos el riesgo y hemos aceptado que forma parte de este trabajo.

Lo cual no significa que yo no vaya a mover cielo y tierra con tal de asegurarme de regresar con Teddy.

Pienso dar siempre lo mejor de mí para volver a ella.

Para asegurarme de que vuelvo a tenerla en mis brazos un día más, una noche más.

Ahora que ya he saboreado lo que es la vida con ella, pelearé con uñas y dientes por que siga siendo así.

Como si estuviese leyéndome la mente, Cal suspira y me mira.

—Es posible que Teddy sea la mujer más fuerte que conozco... Pero no sé si lo es tanto como para apechugar con esto —señala en voz baja, apenado y sacudiendo la cabeza.

Ya somos dos. Teddy es una mezcla increíble de fuerza y fragilidad. Y el sentimiento protector que siento hacia ella desde hace tanto tiempo no ha hecho más que aumentar. Cal me da una palmada en el hombro y un apretón sutil mientras dice con aspereza:

—Así que más te vale saber lo que estás haciendo, sup. Vuelve a casa con ella cada puta vez, porque no puedo ver cómo vuelve a pasar por lo mismo.

Las emociones se me atascan en la garganta y no puedo sino asentir en una promesa silenciosa de hacer todo cuanto esté en mis manos.