Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 35. Teddy
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35. Teddy

Teddy

Me despierta una vibración. Protesto y estiro el brazo para apagar la alarma.

Cojo el móvil y lo miro con la vista borrosa porque no llevo las gafas. No para. ¿Qué diablos...? Entrecierro los ojos para mirar la pantalla iluminada de mi teléfono y veo que solo son las cuatro de la madrugada. ¿Por qué narices me suena la alarma a las cuatro de la madrugada?

Oigo un pesado y profundo suspiro a mi lado. Me quedo helada y el corazón me late con tanta fuerza que incluso lo noto en los oídos. Ay, mierda. Xander...

Cuando se gira hacia el otro lado, el colchón se hunde bajo su peso y la luz que emite la pantalla del móvil ilumina el cuarto mientras vuelve a tumbarse detrás de mí. Y entonces me doy cuenta de que el móvil que suena es el de Xander, no el mío.

—¿Sí? —se limita a responder cuando coge la llamada.

La voz le suena áspera y raposa por el sueño, y no intenta esconderle que se acaba de despertar a quienquiera que le esté llamando a estas horas intempestivas. Vuelvo a apoyar la cabeza en la almohada, tumbándome de lado, y me giro un poco para mirarlo por encima del hombro.

—¿Oregón? ¿Cuántas hectáreas? Hostia... Vale.

Se apoya en un codo para erguirse, se gira hacia mí y me da un beso en el hombro desnudo.

El corazón me da un vuelco enorme y las mariposas que habitan en mi estómago se vuelven locas.

Está escuchando a la persona que está al otro lado de la línea, pero sigue besándome la parte trasera del bíceps y del hombro.

Me mordisquea el hombro y yo ahogo un grito envuelta por la oscuridad de la habitación.

—Ahora aviso a la brigada. Gracias, Marty. Salimos en unas horas.

Se me encoge el corazón. No quiero que se vaya.

Me gusta tenerlo aquí y ahora tengo que dejarlo marchar.

¿Cómo lo hacen Scottie y Vi? Pensaba que tendría unos cuantos días más para asimilarlo todo antes de que ocurriese lo inevitable.

Sé que es su trabajo y que le apasiona lo que hace, pero...

leches, soy una egoísta y quiero que esté a salvo. Aquí. Conmigo.

Cuelga y aparta el móvil justo antes de meter la mano por debajo de las sábanas y bajarla por mi cuerpo desnudo.

Me pasa un brazo por la cintura, me acerca la espalda al pecho, y me apoya la boca en la curva entre el cuello y el hombro.

Suspiro y me acurruco contra él a pesar de que se me acelera el corazón cuando noto su miembro largo y empalmado contra el culo.

Se frota conmigo, gruñendo con los labios pegados a mi cuello.

—No te voy a mentir, me gusta despertarme así —susurra contra mi piel, abrazándome con más fuerza.

Me masajea el pecho y me lo aprieta un poco.

—¿Sí? —le pregunto con la voz cargada de aire—. ¿Así cómo?

—Contigo —contesta con la voz rasposa—. Desnuda.

—¿O sea que si estuviera vestida ya no te gustaría? —lo provoco con un agudo tono de voz mientras me pellizca el pezón.

—Qué va. Lo único que pasaría es que tardaría más en hacer esto —murmura mientras me baja la mano por el cuerpo hasta agarrarme la entrepierna.

El grave sonido que se le escapa reverbera por mi espalda.

Me hunde los dedos como si nada. Me arqueo y separo las piernas para que pueda tocarme mejor —.

Joder, Teddy, estás hecha para mí. Lo tienes tan húmedo, tan suave y tan estrecho...

Me mueve para que quede bocabajo y se pone encima de mí, hundiendo las rodillas en el colchón, a ambos lados de mi cuerpo. Estira el brazo y me acaricia la curva del culo antes de hundirme los dedos entre los muslos. Apoyo los brazos bajo la cabeza y recuesto la mejilla en ellos.

—¿Puedo follarte así? —me pregunta con la boca pegada a la sien. Asiento, muevo las caderas y gimo en cuanto noto la punta de su polla ancha y firme ejerciendo presión justo en la entrada de mi sexo—. ¿Estás dolorida? No quiero hacerte daño...

—No —susurro girando la cara para mirarlo por encima del hombro—. Por favor, Xander, deja de tratarme como si estuviese hecha de porcelana.

—Como tú quieras, mama —responde con un tono oscuro justo antes de morderme el hombro por la parte más mullida.

Ahogo un grito de dolor con la boca pegada al colchón y, cuando me penetra con fuerza hasta el fondo, se me escapa un gemido cargado de éxtasis. Me da solo un momento para que me adapte antes de embestirme con unos empellones fuertes y profundos.

—Hostia puta, Teddy. Eres jodidamente perfecta, leches. Mira qué bien te entra mi polla. Qué pasada, preciosa.

Me agarra el cuello por delante. Me lo aprieta un poco y gimo ante la perversidad de la situación.

Es tan distinto a todo lo que había experimentado hasta ahora...

No digo que el sexo con mi marido estuviese mal, pero no tenía nada que ver con esto.

Es arrollador. Y, Dios mío, cómo sabe lo que se hace este hombre...

Me está follando en una posición que le permite darme en ese punto clave.

Me tiemblan las piernas y encorvo los dedos de los pies.

—Necesito que te corras. Que me empapes la polla con tus fluidos para que pueda llenarte de semen —dice con la voz rasposa sin ralentizar el ritmo de sus caderas.

Sus palabras obscenas me llevan al límite y me aferro a las sábanas.

—Xander... —gimo.

La voz me suena extraña porque sigue agarrándome el cuello con la mano. Estoy a puntísimo de correrme.

—Dime, preciosa —contesta dándome un beso en la mandíbula.

Tiene el pectoral pegado a mi espalda y noto cómo se le mueven y se le tensan todos los músculos con cada uno de sus fuertes movimientos. Gruñe con aspereza y de forma primitiva. Cierro los ojos con fuerza y grito. Tengo el cuerpo a cien; estoy a punto de estallar.

—Ah, joder. Ya te noto, mama. Lo estás haciendo de maravilla; mira qué hondo te cabe mi polla. Buena chica, Teddy. Buena chica, joder.

Hundo la cara en el colchón e intento no gritar, pero este orgasmo es tan intenso que temo que vaya a desmayarme.

Tengo los ojos cerrados. Empiezo a ver puntitos tras los párpados y, acto seguido, Xander me aparta la mano del cuello.

Jadeo de forma entrecortada, gimo mientras me tiembla el cuerpo entero y encojo los dedos de los pies.

Él se mantiene erguido encima de mí, con los brazos rígidos y embistiéndome una vez más, dos, antes de detener el movimiento de sus caderas y soltar un gruñido absolutamente gutural. Se corre con ímpetu, llenándome, y tiemblo al notar cómo le palpita el pene en mi interior.

—Oh, Dios, oh, Dios, Xander...

Se agacha hasta que vuelve a pegarme el pecho en la espalda y respira con pesadez sobre mí mientras me envuelve con los brazos, colocándomelos debajo del pecho para mantenerme cerca. Me besa el cuello y el hombro. Y yo continúo con la cara hundida en las sábanas mientras jadeo temblorosa.

—Por Dios, Teddy. Eres perfecta, cielo. Jodidamente perfecta.

Empiezo a reír y luego gimo porque, al hacerlo, se me contraen las paredes vaginales alrededor de toda su envergadura, que continúa hundida en mi interior. Me sonrojo.

—He dejado las sábanas hechas un cuadro...

—Yo diría que ha sido cosa de dos —se ríe él antes de volver a besarme la nuca y sacármela.

Me sonrojo de nuevo.

—No, no lo digo por eso —susurro y me apoyo en los codos para levantarme.

Me muerdo los labios. Bea ha dormido toda la noche y este orgasmo tan intenso ha tenido sus efectos...

Hay un par de puntitos húmedos en las sábanas, debajo de mi cuerpo, justo donde tenía los pechos.

Suelto un quejido. La sensación que noto en las tetas es casi dolorosa. Ojalá Bea se despierte pronto.

Xander se ríe liviano antes de bajarme la vista al pecho.

Me pasa los dedos entre las tetas y luego me envuelve uno de los pezones, que ya me está goteando.

Siento tantísima vergüenza que me sonrojo, pero el deseo y la intensidad que le atisbo en la mirada me dejan sin aliento.

Me pellizca mi pezón endurecido con el índice y el pulgar y, cuando las gotas le humedecen los dedos, suelta otro gruñido gutural.

—Dios, qué sexi es esto, joder.

Río con timidez y me muerdo el labio mientras él sigue acariciándome los pechos y mirándome como si no tuviese suficiente.

Me mira a los ojos, señala el vigilabebés que tengo al otro lado de la cama y donde se ve la cuna que tengo en el cuarto de Penny y comenta:

—Está empezando a despertarse. ¿Quieres que vaya a buscarla?

—Mmmm, todavía no —susurro y me sonrojo de nuevo—. Primero tengo que adecentarme.

Xander me da el albornoz que tiró al suelo anoche y yo me lo paso por los brazos mientras salgo de la cama. Esbozo una mueca sutil y aprieto los muslos.

Él se coloca delante de mí y me coge la cara con ambas manos para levantármela y besarme con ternura en los labios.

—Seguramente parezca un cavernícola por decir esto, pero me encanta pensar que ahora mismo estás chorreando mi semen.

Pongo los ojos en blanco y apoyo las manos en su pecho desnudo. Se ha puesto los calzoncillos, pero nada más. Baja las manos hasta apoyarlas en la curva de mi culo, me lo estruja y me lo masajea.

—Ve a lavarte —susurra.

Asiento, sonrojándome de nuevo, y paso por su lado para meterme en el baño.

Cuando he terminado, me lavo las manos y oigo que Bea empieza a quejarse un poco.

Salgo corriendo del baño y voy a buscarla antes de que despierte a Penny.

Sin embargo, freno en seco al ver a Xander saliendo en silencio del cuarto de Penny y cerrando la puerta de forma casi inaudible.

Lleva a Bea acurrucada en el pecho. Me sonríe mientras me acerco.

Al verlo así, siento algo en el corazón. Madre mía, ahora sí que la he liado...

—Mira a mama —le susurra con ternura a mi bebé, que ya me ha visto y está a punto de montar un berrinche.

La cojo enseguida y encojo el hombro para dejar que me resbale el albornoz, pero se me queda pegado al brazo.

Xander acaba de bajarme la tela hasta que me queda el pecho al aire.

Me acomodo a Bea en el pliegue del brazo y ella comienza a buscarme con su boquita de piñón.

Xander me sorprende aún más al bajar la mano y levantarme el pecho con ternura, guiando mi pezón hacia la ansiosa boca de mi hija.

En cuanto ella se aferra a mi pecho, suspiro y Xander le pasa los dedos por la mejilla a Bea en una caricia que roza lo reverente.

Casi muero al ver la absoluta adoración con la que la mira. Estoy jodidísima...

—¿Estarás bien mientras yo esté fuera? —me pregunta en voz baja y levantando la mano para acomodarme un mechón de pelo detrás de la oreja.

Le apoyo la mejilla en la palma de la mano y asiento—.

Nunca había querido quedarme cuando me llamaban para ir a controlar un incendio, Teddy.

Me lo estás poniendo difícil de cojones.

Me da otro vuelco el corazón y cierro los ojos mientras él me acaricia la mejilla con el pulgar.

No sé qué estamos haciendo. No sé cómo conseguiremos que esto funcione porque me parece imposible.

Estoy intentando que no me dé un ataque de pánico con solo imaginármelo marchándose.

Scottie tiene razón. No es justo que le pida que renuncie a algo que lo hace feliz, algo que le apasiona, solo porque yo soy una cobarde.

—Lo siento... —susurro abriendo los ojos y clavándolos en los suyos.

—No te disculpes —musita agachando la cabeza para besarme—. Esto solo significa que haré todo lo que esté en mis manos con tal de regresar lo más pronto posible. Porque ahora sé que estás aquí esperándome.