Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 33. Teddy #2
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33. Teddy #2

Xander me levanta las caderas de la cama, me coloca una almohada bajo el culo y se arrodilla entre mis muslos, erigiéndose como una lúgubre estatua.

Dios, este hombre es precioso. Y está jodidamente desnudo, leches.

Le veo la polla por primera vez; la tiene larga y dura y muchísimo más grande de lo que esperaba.

Vuelve a meterme dos dedos y los separa en mi interior. Gimo mientras siguen azotándome más olas de placer.

—¿Preparada para que te la meta, mama? —pregunta. Se agarra la polla con la otra mano y se la sacude despacio. Se me seca la boca. Asiento—. Puedo ponerme condón, Ted­dy, pero la verdad es que me encantaría notar tu coño alrededor de mi polla, a pelo. Nunca lo he hecho a pelo con nadie.

—Yo nunca he estado con nadie más —susurro humedeciéndome los labios—. Solo con...

Xander asiente y yo dejo la frase a medias. No quiero decir su nombre ahora mismo. No estando así con Xander.

—No tenemos por qué hacerlo, Teddy —dice en voz baja y grave, con un tono apenado pero comprensivo, bajo la oscuridad de mi cuarto.

—Sí —exhalo, estirando los brazos hacia él—. Quiero hacerlo, Xander. Por favor. Fóllame a pelo. Quiero notarte entero.

Me pasea la punta de la polla por la entrada, humedeciéndosela con mis jugos. Me la coloca en la hendidura y ejerce presión; solo un poco. Me agarro con una mano a la cama, a mi lado, y él baja el torso hasta darme un beso abrasador en los labios.

—Si ves que es demasiado, Teddy, dímelo y paro —musita.

Asiento frenética y lo agarro por la cintura mientras él empieza a mecer las caderas contra mí, hundiéndose un poco más.

Abro la boca para gemir en silencio; me está dilatando más de lo que pensaba. Me agarra la nuca con la otra mano, acercando mi boca a la suya. Me pierdo en ese beso, en su sabor, en sentirme tan maravillosamente llena.

—Dios, Teddy, dime que estás bien —dice con la voz rasposa y los labios pegados a los míos—. Lo tienes tan estrecho, cielo... ¿Te hago daño?

—No, no, no —suelto acariciándole la espalda—. Xander...

—Dilo otra vez —me ordena con tono áspero, rozándome la frente con la suya.

Lo miro a los ojos. Estamos conectados de los pies a la cabeza, pero, más que eso, noto cómo le late el corazón pegado al mío.

—Xander... —susurro rozándole los labios con los míos mientras él acaba de metérmela.

Los sonidos de placer que se nos escapan a ambos reverberan por mi silenciosa habitación. Le paso los dedos por la mandíbula, acariciándole la barba antes de volver a acercar su boca a la mía. Al tener las caderas encima de una almohada, Xander puede hundirse más en mí y yo tiemblo bajo su cuerpo.

—Oh, Dios...

Se endereza, se arrodilla entre mis piernas y se coloca mis muslos encima de los suyos.

Me acaricia todas las partes del cuerpo que puede; al final, me apoya las manos en la curva de la cintura, justo encima de las caderas, y me aprieta con fuerza.

Me la saca despacio solo para volver a hundirse en mí y repite este mismo movimiento varias veces.

Esos lentos y profundos empellones me permiten adaptarme a su invasión y me vuelven loca, todo a la vez.

Me pierdo en sus ojos; no puedo apartarle la mirada. Me agarra con más firmeza por la cintura y le tiemblan sutilmente las manos.

—Joder, eres una pasada. Qué estrecho lo tienes, joder. Es como si estuvieras hecha para mí, Teddy.

Sus palabras obscenas, susurradas en voz baja, me envuelven entera.

Cuando me contraigo a su alrededor, Xander abre la boca.

Sus pulgares se hunden en mi vientre, me la saca y luego vuelve a embestirme con fuerza.

Me penetra con tanto ahínco que me rebotan las tetas y me tapo la boca con la mano para acallar el grito que se me escapa.

—Oh, Dios, sí... —gimo con la vista un poco nublada y sin apartarme la mano de la boca—. Justo así. Por favor...

Repite el mismo movimiento y, después, deja su sexo palpitante en mi interior.

Está ejerciendo presión en ese mágico punto tan dentro de mí y gimo de forma entrecortada.

Y entonces se mueve. Con unos empellones rápidos y profundos, con sus muslos fuertes y musculados tensándose, se mueve bajo los míos mientras me folla y sus caderas chocan con las mías con brío.

Nuestros cuerpos se mueven al unísono, acompasados; es como si anticipáramos lo que necesita el otro antes incluso de que nos dé tiempo a verbalizarlo.

Nunca había experimentado algo tan íntimo; me pilla por sorpresa y se me encoge el corazón.

Pero es que esto es mucho más que sexo. Muchísimo más.

Y sé, a ciencia cierta, que me encuentro ante el enorme peligro de perder el corazón por este hombre.

Por cómo va curando partes de mí que estaban rotas, y cosiéndolas una a una para volver a juntarlas pedazo a pedazo.

Me aparta las manos de la cadera y me acaricia la parte baja del abdomen con la palma. Solo me da tiempo a sentir vergüenza un segundo porque enseguida me ejerce presión con la mano entre los huesos de las caderas.

—Ah... —jadeo con fuerza.

Me tiemblan los muslos mientras el orgasmo empieza a adueñarse de mí. La presión de su mano en mi vientre y la forma en que roza ese punto en concreto en mi interior forman un torbellino en mi cuerpo sobreestimulado.

—Ah, Xander, voy a...

—Sí —gruñe él, embistiéndome más deprisa y con más fuerza, ejerciéndome algo más de presión en el estómago con la mano.

Esta sensación me lleva al límite.

—Venga, mama. Hazlo. Joder, Teddy, por favor. Deja que sienta cómo me estrujas la polla con tu coño...

Estallo. Arqueo la espalda separándome de la cama y las piernas me tiemblan con violencia. Xander ralentiza un poco el movimiento y veo que también está temblando. Echa la cabeza hacia atrás y abre la boca.

—Dios, qué buena eres corriéndote con mi polla, Teddy. Qué buena chica, joder.

Menea las caderas con unos empellones lentos y superficiales. Empiezo a ver las estrellas y a jadear como si acabase de correr una maldita maratón. Este hombre hace magia conmigo...

Se recuesta en los codos y me pasa los brazos por debajo de los hombros para besarme en los labios. Es un beso tan feroz que resulta casi brutal; como si nunca acabásemos de estar lo suficientemente cerca.

—Por favor... —gimo entrecortadamente, hundiéndole los dedos en el pelo—. Por favor...

—¿Por favor qué, preciosa? —pregunta con aspereza y con los labios pegados a los míos—.

¿Qué necesitas? ¿Que te lo haga lento y suave?

—Niego con la cabeza y él sonríe con la boca encima de la mía—.

¿Rápido y duro? —Asiento frenética, rozándole los labios con los míos.

Xander me mordisquea el labio y lo succiona antes de volver a besarme—. Agárrate a mí, mama. No te sueltes.

Me aferro a él una vez más y gimo mientras Xander se desata y me embiste con fuerza, haciéndomelo rápido y duro, y nuestros cuerpos chocan entre sí.

Estamos tan sudados que resbalamos con el otro mientras nos movemos a la par y, cuando ya estoy a punto de estallar otra vez, me agarra el cuello con una mano para levantarme la cara y que lo mire.

—Me voy a correr, Teddy. ¿Dónde quieres que lo haga?

Estoy delirante y a meros segundos de correrme yo también, de modo que lo único que puedo hacer es jadear y suplicarle con la voz rasposa:

—No pares.

—Teddy —me llama con rudeza y agarrándome más fuerte.

Se me va tensando el cuerpo entero y noto cómo llego al orgasmo. Sí, sí, sí...

—Que-dónde-quieres-mi-semen.

—Encima. Dentro. Me da igual, pero ¡no pares! —gimo y apoyo la cabeza en su hombro mientras vuelvo a correrme; ahora, con más intensidad que antes.

Me tiembla el cuerpo entero y noto cómo mis paredes vaginales se contraen alrededor de su sexo, completamente hundido en mí.

—Shhh —me acalla con aspereza, acercándome la cara a su hombro mientras me corro.

Le muerdo el hombro para acallar los gritos que se me escapan mientras me folla hasta que me olvido incluso de cómo me llamo y él gruñe con una pizca de dolor, pero es que no puedo evitarlo.

—Oh, sí, mama. Joder...

Me embiste de nuevo, hasta el fondo, y se queda ahí.

Se le tensa el cuerpo entero, cernido sobre mí, y entonces empieza a temblar a la vez que se le escapa un grave sonido gutural y noto cómo él también se corre.

Apoya la frente en el colchón, a mi lado, y exhala con pesadez, laboriosamente y con los labios separados.

—Hostia santa —jadeo con la boca pegada a su cuello besándoselo para que desaparezca la punzada de dolor que le he causado antes—. Ha sido...

Se yergue para besarme en la sien y me aparta el pelo de la cara, empapada en sudor.

—Lo sé —responde con aspereza y acariciándome con ternura—. Eres increíble, Teddy. Jodidamente perfecta.

Acurrucada en sus brazos y con nuestros corazones latiendo a la par, me permito creerle.

Porque aquí, con esta oscuridad y el silencio que sigue a lo que acaba de ocurrir, puedo reconocer para mis adentros que me estoy enamorando de Xander Macomb. Y quiero creer, desesperadamente, que él también se está enamorando de mí.