Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 33. Teddy
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33. Teddy

Teddy

No me puedo creer lo que estoy haciendo.

No me puedo creer con cuánta vehemencia acabo de correrme con los dedos de este hombre.

Creo que sigo con la cabeza medio aturdida.

Echamos a andar por mi pasillo ensombrecido y Xander no me suelta en ningún momento, aunque no tengo claro si estoy temblando de nervios o de la intensidad de ese orgasmo.

En cuanto cerramos la puerta de mi habitación, vuelve a tocarme y a agarrarme por todas partes, como si nunca tuviese suficiente y quisiera seguir sintiéndome.

Me quita el albornoz de los hombros y deja que caiga en el suelo antes de abrirme el bralette por delante y bajarme las tiras por los brazos.

Cuando me quedan los pechos al aire, se queda boquiabierto y exhala:

—Joder, Teddy. Eres perfecta, hostia.

Se arrodilla ante mí, me baja las bragas por los muslos y yo le apoyo las manos en los hombros para no perder el equilibrio mientras él me ayuda a quitármelas. Hasta que quedo del todo desnuda frente a Xander. Me besa el estómago y yo cierro los ojos con fuerza, acalorada a causa de la vergüenza.

Me agarra una de las nalgas con la mano, me da un fuerte azote y yo ahogo un grito y abro los ojos de golpe para mirarlo. Sigue arrodillado ante mí. Verlo así me resulta excitante y Xander está siniestramente atractivo.

—Despéjate, mama —me ordena con la voz rasposa—. Esta noche solo puedes pensar en lo bien que disfrutamos juntos, ¿entendido? ¿Cuántas veces puedes correrte antes de que vayas a pedir que sea misericordioso contigo, Teddy?

Se levanta y me hunde las manos en el pelo para moverme la cabeza y besarme apasionadamente hasta que me deshago en sus manos.

—Súbete a esa cama. Ábrete de piernas para mí y déjame ver eso que me muero por saborear.

Me lo quedo mirando, atónita ante sus obscenidades, y se me escapa una risa nerviosa. Aun así, hago lo que me dice.

Levanta el brazo para quitarse la camiseta por la cabeza y tirarla a un lado, y yo disfruto de unas vistas perfectas de su pecho, abdomen y hombros.

Veo cómo se apresura a desabrocharse los pantalones y a bajárselos por los muslos hasta quedarse solo con ese bóxer negro que esconde su evidente erección.

Me muero de ganas de verlo. Tiene unos muslos largos y musculados, y cubiertos por una fina capa de pelo; sin embargo, con las luces apagadas, no veo tanto como me gustaría.

La luz de la luna se cuela a través de la ventana, tiñéndonos de un delicado tono plateado.

Xander, desnudo a los pies de mi cama, con solo los calzoncillos y agarrándose la polla con la mano por debajo de la tela, emana unas energías oscuras y peligrosas.

Yo estoy desnuda en la cama, tal y como me ha pedido, y doy gracias por que estemos a oscuras.

Soy consciente de que tengo un cuerpo mullido y generoso en todas las partes que desearía que fuesen más esbeltas, así que agradezco que, al menos, esta primera vez (suponiendo que haya más) mis imperfecciones queden un tanto disimuladas.

—Ve despacio, por favor —susurro entonces de forma prácticamente inaudible. Estoy tan nerviosa que casi no me salen las palabras.

Xander se arrodilla en la cama, poniendo su cuerpo hermoso y firme sobre el mío hasta quedar pegado a mí. Arruga la frente, preocupado, y me coloca una mano en la mejilla.

—Es que... no lo hago desde hace mucho, Xander. Y menos desde que nació Bea, obviamente... A veces puede doler un poco al principio...

Se le relaja la expresión y, acto seguido, baja la cabeza para besarme con fiereza. Gruño agarrándole el pelo con las manos y luego Xander me baja la boca por el cuello. Va dejándome besos por ahí y noto cómo se le mueven los labios al decir:

—Entonces supongo que tendré que hacerlo bien y asegurarme de que no sea el caso.

—No pasa nada, es normal —lo tranquilizo.

Xander niega con la cabeza.

—Si te hiciera daño, fuera como fuera, jamás me lo perdonaría, Teddy. Déjame que te prepare, por favor —dice con la voz rasposa y la boca pegada a mi piel.

Siento un escalofrío y le hundo los dedos en el pelo para mantenerlo cerca de mí.

Vuelve a bajar más la cara y yo le tiro del pelo, levantándole la cabeza antes de que pueda llegar a cubrirme las tetas con la boca. Cuando me mira, lo suelto y bajo las manos para cubrirme los pechos.

—Xander...

—¿Por qué no puedo chupártelas, Teddy? —me pregunta acariciándome los dedos con los labios.

Se me escapa una risa confusa y aterrada.

—Po-porque no.

Se le enciende la mirada mientras me recorre el cuerpo con los ojos y sigue acariciándome el dorso de la mano con la que me estoy cubriendo el pecho izquierdo con los labios. Me hace cosquillas con la barba.

—¿Por qué no? Ya me has dejado hacerlo antes. Esa noche. Sentados en esa silla de la terraza. Me dejaste chupártelas por encima de la camiseta y luego también dejaste que te las chupara sin nada. ¿Por qué ahora no?

Se me escapa un suspiro entrecortado. Me aterra lo que vaya a pasar como vuelva a juguetear con mis pezones. Después de la última vez, fui goteando con el top puesto. Y como ocurra de nuevo, me moriré de vergüenza.

—Ya lo sé... Pero... no quiero que te... —Cierro los ojos con fuerza y, a la que me levanta la mano izquierda, protesto. De pronto, noto su lengua en el pecho, acariciándome alrededor del pezón antes de cubrírmelo con la boca—. Ah, joder...

El placer baja directo a mi centro. Después de dar a luz a Dalton, Logan no volvió a tocarme los pezones. Siempre decía que era raro y yo nunca le insistí. Pero, Dios, cuánto lo echaba de menos...

El profundo y torturado gruñido de Xander le reverbera por el pecho y lo noto en el pezón a la vez que succiona y me lo acaricia con la lengua, disipando esos pensamientos ansiosos con efectividad.

Mientras me aparta la otra mano con la suya y me toca el otro pecho con la punta de los dedos, me resulta imposible pensar en otra cosa.

Arqueo la espalda, separándome de la cama, y se me escapa un gemido agonizante mientras vuelvo a hundirle las manos en el pelo para mantener su cara pegada a mí.

—Ni te imaginas la de veces que he pensado en esto —dice con la voz ronca y la boca alrededor de mi pezón.

—¿En serio? —pregunto riendo.

Cuando vuelve a pegarme un lametazo, gimo.

Levanta la cabeza y me atraviesa los ojos con la mirada.

—Ya volveremos a hablar de esto luego, preciosa.

Pero, ahora mismo, quiero disfrutar de esta deliciosa comida.

Y esto solo es el aperitivo. —Me baja una mano por el cuerpo, me separa los muslos y enseguida encuentra mi dolorido centro como si de un imán se tratase.

Me cuela dos dedos; arqueo la espalda y pongo los ojos en blanco mientras me los mete hasta el fondo—.

Esto es el entrante, preciosa. Y pretendo darme un festín.

No he tenido suficiente con lo de antes ni de coña.

—Hostia santa —exhalo con dificultad.

Vuelvo a hundirle los dedos en el pelo y se lo agarro con fuerza mientras él sigue dándome lametazos en el pezón izquierdo sin parar y haciéndome maravillas con los dedos en el sexo.

—Dios... —suelta levantando la cabeza para pasar al otro pecho.

Le dedica la misma adorada atención que al otro antes de ir bajándome por el cuerpo.

Cierro los ojos con fuerza, demasiado muerta de vergüenza para mirar cómo se arrodilla en el suelo, a los pies de la cama, y se coloca mis muslos en los hombros.

Enseguida tengo su boca pegada ahí, dándome rápidos lengüetazos en el clítoris para devorarme entera.

Me tiembla todo el cuerpo. Tener sus dedos dentro y su lengua, sus labios y sus dientes en el clítoris es increíble. Abro los ojos y lo veo mirándome con la cabeza entre los muslos. Resulta tan obsceno y erótico que gimo su nombre.

—Sabes a puta gloria, hostia —me alaba en tono grave, alejándose para morder el mullido interior de mis muslos.

Inhalo con fuerza ante el espasmo que me atraviesa entera tras notar esa pizca de dolor. Xander gruñe en señal de aprobación y me besa la zona con ternura. Con los ojos puestos en mí, dice con aspereza:

—¿Vas a correrte con mis dedos, Teddy? Lo noto...

Me folla con los dedos, metiéndomelos bien hondo hasta que acabo retorciéndome y jadeando cuando me aparta la boca de mi clítoris extremadamente sensible.

Y me corro. Me tiemblan las piernas sobre sus hombros y me encojo, contrayendo los abdominales de forma casi dolorosa al notar la intensidad del orgasmo.

Le agarro el pelo con una mano y, con la otra, me sujeto a las sábanas en un intento por no gritar.

—Shhh —murmura él con la boca entre mis piernas, mientras yo jadeo entrecortadamente y sigo temblando sin control—. Dios, Teddy. Qué bien te corres por mí. Me has empapado la mano. Qué buena chica eres, joder.

Me sonrojo por culpa de la vergüenza y me acaloro mientras voy recuperándome de este subidón.

—Madre mía —suelto aturullada.

Me saca los dedos y yo ahogo un grito en cuanto me planta la lengua en el sexo y me la hunde. Xander suelta un sonido gutural y me pasa los brazos por la parte más gruesa de los muslos para sujetarme a él. Este hombre ha dicho que quería un festín y se lo está dando.

Por el amor de Dios, cuánto me alegro de que dicho festín sea yo. Sobre todo cuando ha conseguido que me corra más fuerte que nunca.

—Mmmm —suelta con la boca pegada a mí. Se separa una milésima de segundo y me ordena—: Córrete en mi cara. Quiero notar cómo te corres con este coño en mi lengua, Teddy.

No puedo negárselo. No podría ni aunque lo intentara. Vuelvo a correrme y estallo con un grito ahogado mirando el techo mientras él me escurre hasta la última gota de placer, como si yo fuera lo más delicioso que ha probado jamás.

Estoy ida. Estoy cubierta en sudor y no paro de arrastrar la cabeza por las sábanas de la cama.

—Oh, Dios...

He ahí todo cuanto consigo articular.