Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 29. Teddy #2
59%

29. Teddy #2

Este hombre logra que las mujeres de esta familia nos derritamos por él y, por lo visto, mi hija de cuatro meses tampoco es inmune a sus encantos, porque deja de llorar casi de inmediato.

Se acurruca en el pecho de Xander, cuyas manos enormes parecen todavía más impresionantes al sujetar a mi bebé por la espalda y por el pañal.

Bea bosteza abiertamente y yo, como no puedo contenerme, le arrugo la frente a la niña. Será traicionera...

—Andaaa, qué mano tiene Xander para los bebés —bromea Vi desde la encimera y me guiña un ojo con la copa en una mano.

Xander le acaricia delicadamente la espalda a Bea y le apoya su mandíbula barbuda en la cabeza mientras me mira con tanto ardor en los ojos que creo que voy a implosionar.

El estómago me da unos vuelcos y unas piruetas descomunales.

Por lo visto, las mariposas que habitan en mi interior tienen una rutina de gimnasia rítmica espectacular.

Y, entonces, para mi sorpresa, Xander se inclina y me besa en la comisura de los labios. Se me olvida respirar.

—Yo me ocupo, mama —me susurra con los labios pegados a mi piel.

Me entra un escalofrío. Xander se separa y, dirigiéndose a Scottie y Violette, dice:

—Estamos fuera. Disfrutad del vino, chicas.

Dicho esto, se marcha por la puerta delantera y la cierra tras de sí. Veo a los niños jugando y riendo, y el grave timbre de las voces de los hombres que hay fuera se cuela en la cocina a través de las ventanas, que están abiertas.

—Santo cielo... ¿No os acaban de estallar los ovarios? Porque ese rollo de papá sexi ya es de otro nivel —ríe Vi, abanicándose. Me pongo como un tomate y me llevo las palmas de las manos a las mejillas para disimular—. Muy bieeen, Xander —añade.

Suelto una carcajada. Sorprendida, avergonzada y, seguramente, un poco frenética.

—Chicas..., que no puedo estar con este hombre.

—Ahora entiendo lo que decías de que te llame «mama». ¡Qué sexi! —comenta Vi, guiñándome el ojo otra vez.

Scottie se ríe.

—Pfff. Es que hace que sienta algo... —gimoteo y me señalo la barriga con las manos— por aquí.

—Son tus ovarios que dicen: «Ven con mama...» —canturrea Violette riendo y meneando hombros y caderas.

No puedo evitarlo y se me escapa algo que queda entre medio camino de una risa y un ronquido; es raro de narices. Por Dios, hay que ver lo que dicen estas mujeres...

—Uy, no —río sacudiendo la cabeza y dibujando una X gigante sobre mi cuerpo con las manos—. Ni de broma. No hace ni cuatro meses que di a luz a mi última hija. Y esto es como saltarse..., no sé, cien pasos, Vi. Que ni siquiera nos hemos acostado.

—Pero quieres.

Fulmino a Scottie con la mirada; que sigue sentada en la encimera y sonríe mientras remueve el whisky en el vaso. Reniego, echo la cabeza hacia atrás y clavo la vista en el techo antes de asentir patéticamente.

—Dios, me muero de ganas.

—Pues ve a por él, mama —ríe Scottie, guiñándome un ojo—. Hasta me aseguraré de distraer a Cal para que...

—Ay, por favor, frena —me quejo tapándome los oídos con las manos—. No quiero saber nada de las morbosidades que hagáis con mi hermano.

Scottie suelta una carcajada y le centellea la mirada, pícara.

—Sin morbo no hay diversión —comenta.

Gruño y echo la cabeza hacia atrás para volver a clavar la vista en el techo.

—Si vamos a ponernos a hablar de esto, necesitaré beber más.

Vi levanta la botella y sonríe de oreja a oreja.

—Papi Xander seguro que tiene morbosidades escondidas bajo la manga... Qué ganas de que nos cuentes cuáles son.

—¿Qué manga? —pregunta Scottie riendo y acabándose el whisky antes de servirse un par de dedos más—.

Si siempre va con las camisetas cortadas...

No tiene mangas donde esconder las morbosidades que dices.

Seguro que... —chasquea los dedos— será dominante, pero en sentido tierno.

Como eres una chica dulce, no querrá asustarte, pero ándate con cuidado, porque acabará llegando.

Y te vas a correr tantas veces que al final te quedarás sin aliento.

Le van los culos, así que prepárate para...

Me atraganto con el vino y lo escupo mientras me río y toso a la vez.

—No puedo... ¿Qué? Espera... ¿Por qué piensas que le van los culos?

Se me queda mirando como si fuera idiota y señala hacia la ventana a través de la cual vemos a los hombres.

—Querida, cuando te tiene cerca, el tío casi no puede ni apartarte la mirada del culo. Tienes a ese hombre obsesionado con tu trasero.

—Y con sus tetas —ríe Vi, señalándome el pecho con la cara. Me pongo de todas las tonalidades rojas habidas y por haber—. No te olvides de sus tetas. Ya te lo dije una vez: yo te las estrujaría encantada.

—Chicas, sois demasiado para mí —río sacudiendo la cabeza de nuevo—. Pero al menos ya hemos dejado de hablar de la vida sexual de Cal y Scottie.

—Uy, no, ahora volvemos a eso —ríe Vi, moviendo repetidamente las cejas—.

Yo sí quiero saber cuáles son esas morbosidades.

Por si a Rowan se le acaban las ideas. Que no estoy diciendo que no sepa de morbosidades, eh...

—susurra sonriendo. Río y pongo los ojos en blanco otra vez—.

Pero yo estoy siempre dispuesta a probar cosas nuevas.

Scottie se ríe y mira por la ventana.

—Vi, no mires, pero tu hombre tiene a un minihumano en brazos.

Violette se acerca a la ventana, reniega y le cede un poco el cuerpo. Miro por encima de su hombro y veo que, ahora, quien está acunando a Bea es Rowan. Mi hija parece haberse quedado frita. La tiene cogida con un brazo, como si fuese un balón de fútbol americano, pero la mira con suma adoración.

—Aaah, ¿por qué es tan sexi? —susurra Vi, gimiendo—. Le quedan de maravilla los bebés, leches.

Rowan debe de haberse dado cuenta de que estábamos observándolo a través de la ventana porque aparta los ojos de Bea y nos mira.

Al ver a Violette, sonríe y se acerca un poco más a Bea.

Señala a la bebé que tiene dormida en brazos, luego se señala a sí mismo y, finalmente, a Violette. Y luego va el tío y guiña un ojo.

—Sip. Veréis el bombo que me hace ese de ahí —musita Violette casi melancólica.

Suelto una carcajada.

—Mejor tú que yo —ríe Scottie, dándole otro sorbo al whisky .

—¿No quieres hijos? —le pregunto desviando la vista hacia ella.

—Ufff, no —ríe y sacude la cabeza—. Creo que nosotros no vamos a tener hijos por varias razones.

Además, cuando veo la caca de bebé, los óvulos vuelven a retrocederme por las trompas de Falopio.

—Tirita con brusquedad. Vi y yo reímos con tanto ímpetu que empiezo a jadear.

En eso tengo que darle la razón—. Me viene de perlas ser la molona de la tía Scottie.

Me acerco a ella y le doy un fuerte abrazo.

—Me alegro muchísimo de que mis hijos tengan a la molona de su tía Scottie. Y sí, la caca de bebé es lo peor del mundo.

—¿Cómo hemos pasado de hablar de orgasmos a caca de bebé? —pregunta Scottie, recostándose.

—¿No iban así las conversaciones entre amigas? —bromea Vi.

Sonrío.

Dios, cuánto lo necesitaba. Envuelvo a Scottie con un brazo y a Violette con el otro y las estrujo a ambas a la vez.

—Os quiero, taradas. Gracias por ser mi cuadrilla.

—Ahora ya no te desharás de nosotras —dice Scottie.

Sonrío. Gracias a Dios que existen los pequeños milagros.