Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 27. Teddy #2
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27. Teddy #2

Le apoyo las manos en el pecho, bien separadas, para encontrar el equilibrio y mantenerme a algo de distancia de él, pero Xander se niega.

¿Cómo puede ser que este hombre quiera tenerme siempre encima?

—Te voy a aplastar...

—Teddy, como vuelvas a decir una sola palabra, te dejaré el culo rojo —suelta con la voz rasposa y ensanchando su mano enorme sobre una de mis nalgas.

Noto la calidez de su palma incluso a través de los vaqueros—.

Quiero que estés justo aquí, ¿de acuerdo?

Aquí —gruñe acercándome más— es justo donde quiero que estés.

Huele tan bien recién salido de la ducha, con la piel y el pelo aún mojados...

Me muero de ganas de hundirme en él, de perderme en él aunque sea por un rato.

Quiero creerme todo lo que me dice, quiero creerme eso que noto que me ejerce presión en la entrepierna.

Me impulso con las manos para alejar mi pecho del suyo y mirarlo a esos ojos del mismo azul que el cielo.

—Xander..., ¿qué haces? —Le busco la mirada, aterrada por lo que veo en ella y por lo que vaya a decir.

—Intento disculparme, pero no te estás quieta —farfulla sujetándome con más fuerza por la cadera.

Me quedo petrificada. Dios, qué confuso es todo esto.

—Dijiste que no te liabas con madres solteras. No he pasado de ser madre soltera con tres hijos a no tener ni uno solo en una semana por arte de magia...

—Para —susurra con fervor.

Obedezco. Él me apoya las manos en la pendiente ancha de mis caderas y me hunde los dedos en la parte más carnosa del culo. Esos ojos en los que sé que podría perderme (eso, si me lo permitiera) adoptan un tono profundo e intensamente triste cuando musita con un hilo de voz:

—Ya sé lo que dije. Cuando me uní a la brigada de bomberos de élite me autoimpuse una norma: no salir con madres solteras.

Bueno, no salgo con nadie y punto, Teddy.

No me parece justo pedirle a alguien que esté conmigo, y mucho menos a alguien con hijos.

Porque sé lo peligroso que es mi trabajo.

Mis hermanos y yo vimos, de primera mano, cómo se iba al traste el matrimonio de nuestros padres por culpa de esta profesión.

Mi padre era bombero forestal y este trabajo era el amor de su vida.

Y a mi madre se le partía el corazón cada primavera, cuando veía que se marchaba para venir aquí sin saber si regresaría o no a casa.

Así que, al final, le dio un ultimátum: mi madre y nosotros, o el trabajo.

Y mi padre escogió el trabajo. Mi madre nunca lo perdonó y nunca pasó página.

Y, luego, hace seis años lo perdió otra vez.

—Xander...

—Déjame terminar, por favor —susurra y traga saliva con fuerza.

Asiento para que continúe, aunque tengo que esmerarme muchísimo para evitar que se me llenen los ojos de lágrimas. Me escuecen tanto los ojos como la nariz.

—Ya sabes que mi padre murió en un incendio.

Tenía que jubilarse al final de esa temporada y nunca lo consiguió.

—Se me encoge el pecho al oír la tristeza que le inunda la voz y el silencioso dolor que le aporta ese tono áspero—.

Salvó a toda nuestra brigada de ese incendio.

Estuvimos a punto de no salir vivos de allí...

Las lágrimas que tanto estaba intentando evitar me inundan los ojos y no puedo hacer nada por evitarlo.

Me acuerdo del miedo y del pánico que sentí cuando me enteré de que Cal también había estado a punto de perder la vida allí.

Mi hermano solo me dio cuatro pinceladas del tema, pero sé que presenció los últimos minutos con vida del padre de Xander; sé que no pudo ayudarlo y eso lo ha atormentado durante años.

Seguramente siga atormentándolo, aunque no me hable demasiado del tema.

Xander sonríe con ternura y con los ojos llenos de tristeza mientras levanta la mano y me pasa el pulgar por la mejilla para secarme la lágrima que me ha resbalado. Tengo un nudo en la garganta, también cortesía de las lágrimas, y el miedo me recorre la columna vertebral.

—Hizo lo imposible para que su equipo saliera de allí con vida, pero le costó la suya.

En ese momento, me prometí que honraría su sacrificio.

Y he hecho todo lo que he podido por cumplir con mi palabra.

Por eso me está costando tanto todo esto, preciosa.

Porque nunca me he comprometido con nada más en esta vida que no sea mi trabajo.

Nunca he hecho otra cosa que no sea esto.

Soy consciente de que solo podría prometerte una vida llena de miedo y preocupación, y no es justo para ti.

No es justo para tus hijos; ya han sufrido una pérdida enorme.

Ya te preocupas por tu hermano. Detesto pensar que también te preocuparías por mí.

Siento mucho haberte hecho daño, cielo. Pensaba que estaba haciendo lo correcto.

Me faltan palabras para decirte lo mucho que siento haberte hecho tanto daño por ser un idiota emocionalmente atrofiado.

No puedo contener la discreta risa que se me escapa. Xander apoya la frente en la mía y la mueve un poco, y yo cierro los ojos con fuerza. Tengo el corazón agrietado por completo. Me duele. Y me está dejando dolorosamente vulnerable. Esto es aterrador de narices.

—Te prometo que no lo dije en ese sentido, preciosa.

Y, joder, ya sé que no es justo que te pida esto.

Que no es justo que te pida que me perdones por haber sido un cabrón y que te abras conmigo.

Ya lo sé —susurra con la voz entrecortada y agarrándome la mandíbula con ambas manos para separarme la cara de la suya; para apartarme lo justo para obligarme a mirarlo a los ojos.

Y, entonces, me pierdo irremediablemente en su mirada. Y tampoco quiero volver a encontrarme. Porque este hombre... Este hombre va a destrozarme el corazón y yo no estoy preparada en absoluto.

Me acaricia los labios con los suyos con la delicadeza de una pluma y, con la voz trabajosa, dice:

—Pero estoy harto de ponerle palos en las ruedas a todo esto. Estoy loco por ti, Teddy. Te pienso todos los días y te sueño cada noche... Estás en todas partes. Solo tú.