25. Xander
Xander
Dios, estoy reventado. Llevo despierto desde las cuatro de la mañana, hemos estado controlando un incendio hasta las cinco de la tarde y, luego, nos ha tocado desmontar el campamento y conducir de vuelta a Sky Ridge.
Tras haber guardado las cosas en el parque, hemos decidido ir todos al Shifty’s a celebrar que hemos vuelto.
Por más ganas que tenga yo de irme a casa y dormir, necesito una copa, joder.
Cal está esperándome en la puerta, sujetándomela sin mediar palabra, a pesar de que nos saludamos con un movimiento de barbilla.
Casi no hemos hablado en toda la semana.
Yo he estado perdidísimo en mis propios pensamientos y estoy seguro de que él está haciendo todo lo posible por no convertirse en el hermano sobreprotector que es en el fondo.
Nos dirigimos a la esquina donde se encuentra nuestro habitual puñado de mesas y reservados; la mitad de la brigada ya está aquí.
King ha sido el primero en llegar porque se moría de ganas de ver a su chica.
Violette se nos acerca con una bandeja repleta de cervezas y deja varias en esta mesa astillada y agrietada.
La última me la planta delante. Me inclino para cogerla y murmuro:
—Gracias, Vio... ¡Eeeh!
Me da en la parte de atrás de la cabeza, con fuerza, con la pequeña bandeja circular que lleva y me chocan los dientes.
Levanto la mano para frotarme el punto en el que me ha dado y me giro para mirarla con los ojos entrecerrados.
Violette, que ahora queda más alta que yo, se coloca la bandeja bajo la axila y se cruza de brazos.
Y me fulmina con una mirada ardiente que no le había visto desde que miró así a King y lo obligó a currárselo.
—Ahórrate preguntar alguna estupidez como «a qué ha venido eso».
Ya sabes a qué ha venido. Imbécil —suelta marcando bien esa última palabra y apretando los labios.
Al ver que todos los de nuestras mesas nos están mirando, que me están mirando a mí, me acaloro.
Me están pegando la bronca como si fuera un maldito crío—.
Te portaste como un cabrón, Xander. Me parece increíble que le dijeras eso.
Mierda. Estas mujeres se han confabulado.
Y noto la mirada de Cal clavada en mi perfil como si de un puto láser se tratara.
—Qué pasada de sermón, amor —ríe King desde su asiento.
Le pasa un dedo por la trabilla del pantalón, la acerca a él y le envuelve la cintura con un brazo. Violette sigue asesinándome con la mirada, pero le pasa un brazo por el cuello a King y apoya la cabeza de su novio contra su cuerpo.
—Apestas —musita ella, arrugando la nariz.
King vuelve a reír y, cuando Violette lo despeina, hace como si nada.
Acto seguido, la chica se agacha para darle un beso.
Y no uno de esos rapiditos y castos. Finjo que no veo cómo King le acaricia el culo con la mano antes de que ella le dé un pico en los labios y se enderece.
Él se la queda mirando mientras se va y no le quita la vista de encima en ningún momento.
Se recoloca los pantalones y pongo los ojos en blanco.
—¿Queréis unos minutos en la despensa? —le pregunta Cal.
King le hace la peineta sin apartar la vista de Violette y Cal se ríe con la boca pegada al botellín de cerveza.
Me muevo incómodo en el asiento y apoyo los codos en la mesa, delante de mí, mientras agarro la birra con fuerza. Fijo la vista en el trozo de suelo que hay entre mis botas sucias.
—Qué tocapelotas llegan a ser las mujeres —me quejo por lo bajo.
Sé que Violette tiene razón. Joder, si es que ya sé que fui un cabrón con Teddy. Pero lo hice para protegerla. Para proteger a sus hijos.
—Cuidado —musita King con aspereza y fulminándome con la mirada con una expresión seria e intensa.
Suspiro y asiento. Hostia puta, si es que parece que no pare de liarla.
Me encorvo y sigo rascando la etiqueta del botellín que tengo en las manos. Cal también se echa hacia delante hasta dejar los hombros a unos meros quince centímetros de los míos.
—Sé que llevas toda la semana esperando que te dé una paliza, pero creo que bastante estás haciendo tú solito —farfulla por lo bajo, para que nadie más lo oiga.
Exhalo y asiento con solemnidad.
King me da una palmada en el hombro desde el otro lado.
—¿Por qué llevas toda la semana en modo cabrón cascarrabias? ¿Problemas en el Paraíso?
Lo fulmino con la mirada, con la frente arrugada. Cal vuelve a recostarse en su silla y le da un trago a la cerveza. Estira las piernas por debajo de la mesa y se apoya el botellín en la cintura, sobre la hebilla del pantalón.
—El sup siempre va de cabrón cascarrabias —suelta Opp, sonriendo—. Es como si fuera un defecto de fábrica.
—No puede haber ningún problema porque no hay nada —musito dándole un sorbo a la birra.
Me trago la mitad del tirón y cuando Violette me arquea una ceja desde la barra como si quisiera preguntarme: «¿Te traigo otra?
», asiento. Reaparece al cabo de un minuto con otra ronda y me deja no uno, sino dos botellines de Pbr delante.
Como si supiera lo mucho que me estoy autoflagelando por lo sucedido con Teddy.
Por más que yo nunca vaya a permitirme decirlo en voz alta. Y menos delante de estos idiotas.
No hace falta que se enteren de que casi me corro con los putos pantalones puestos al tener a Teddy frotándose conmigo, al notar su cuerpo increíble y suave con las manos.
Y menos falta hace aún que se enteren de que no he vuelto a pensar en nada que no sea en cómo sabe su boca y en cómo fue tener sus dedos hundidos en mi pelo.
Estoy prácticamente convencido de que Cal me pegaría un puñetazo en la tráquea si supiera las obscenidades que me pasan por la cabeza cuando pienso en su hermana.
No hace falta que se entere. No hace falta que se entere nadie.
Ni de eso ni de las ganas que tengo de ser el hombre que vuelva a casa para estar con ella cada puta noche.
Ni de que me he asegurado de que esto no vaya a ocurrir jamás. Vuelvo a notar una punzada en el pecho, como siempre que pienso en cómo me miró Teddy, como si acabase de patear a un cachorro.
Se abre la puerta, Cal gira la cabeza y sonríe con ahínco.
Y ahí sé, sin darme la vuelta siquiera, que acaba de entrar Scottie.
Deja la birra en la mesa, se levanta y echa a andar hacia ella.
Giro la cabeza por encima del hombro y veo cómo le pasa un brazo por la cintura y la levanta del suelo para besarla en los labios.
Scottie todavía lleva el uniforme de técnico en emergencias sanitarias, como si hubiese venido directa aquí al terminar el turno, sin perder tiempo en cambiarse siquiera.
Como si ya no pudiese soportar estar lejos de él ni un segundo más.
Se me encoge dolorosamente el corazón. ¿Por qué quiero esto ahora, después de tanto tiempo?
—Me alegro de que hayas vuelto de una pieza —le susurra a Cal mientras este vuelve a dejarla en el suelo.
Scottie le pasa la mano por el pecho, como si quisiera asegurarse de que no tiene ninguna herida. Él sonríe y la besa de nuevo.
—Es que conozco a una chica que da un poco de miedo. Me hizo prometerle que volvería de una pieza sí o sí. Y yo lo intento —bromea con ligereza y en voz baja. Acto seguido, baja un poco más la voz y le pregunta con ternura—: ¿Todavía me quieres?
Scottie le sonríe y responde:
—Siempre.
Cal le acaricia la discreta cicatriz que tiene en el nacimiento del pelo, justo encima del ojo derecho, con los dedos.
Se le suaviza la mirada un segundo, baja la mano y regresan a la mesa.
Aparta los pies de Roycie de la silla vacía donde los tenía apoyados con las botas puestas (una de la mesa de al lado) y la acerca a la nuestra antes de sentarse.
Scottie se sienta donde antes estaba Cal a la vez que Violette regresa con un vaso largo lleno de un líquido marrón para su amiga.
—Gracias, Vi —le dice ella, sonriéndole.
Violette le devuelve el gesto y yo aprieto tanto los dientes que me duele la mandíbula. Por lo visto, saluda a todo el mundo con amabilidad menos a mí.
Cal descansa el brazo en el respaldo de la silla de Scottie y le acaricia el cuello con los dedos, justo por debajo del pelo que lleva recogido en un moño prieto. Ella le apoya las manos en el regazo.
Son unos gestos discretos y naturales entre parejas que lo dicen todo. Que evidencian que no quieren pasar ni un minuto separados.
Me termino la segunda birra y voy a por la tercera. Antes de que le dé tiempo a marcharse, le pido a Violette:
—¿Podrías traerme un vaso de whisky ? Y que sea doble, por favor.
A la mierda. Hoy me emborracho.