22. Teddy #4
El bochorno me azota como un tsunami, recordándome lo que estoy haciendo. Me separo de él con un sollozo y salto de su regazo. Me arde la cara; del resto del cuerpo, mejor no hablemos, porque está gritándome internamente por haber parado cuando estaba a punto de correrme.
Me subo el top para volver a cubrirme los pechos con los dedos temblorosos y retrocedo unos cuantos pasos.
Xander respira con pesadez y con el pecho agitado. Tiene la polla empalmada y, al levantarse, veo la erección que se le esconde bajo esos pantalones de chándal.
—Teddy, ¿qué...?
Sacudo la cabeza mientras las lágrimas empiezan a inundarme los ojos. ¿Qué estoy haciendo? ¿En qué estoy pensando? ¿Cómo se me ocurre enrollarme con el buenorro de mi vecino mientras tengo a mis hijos y a los padres de mi difunto marido durmiendo a solo seis metros?
Agarro la tela del albornoz con los puños y me abrazo a mí misma por el torso en mi mejor intento por hacerme pequeña. Por esconderme. La vergüenza se me carcome despiadadamente.
—Lo siento mucho —susurro, miserable. Levanto la vista hacia sus ojos, de un azul tan expresivo y fascinantemente brillante...—. No debería haber venido.
—Teddy —suelta con un tono para nada amenazador. Da un paso al frente con los brazos estirados hacia mí en lo que parece casi una súplica—. Para, por favor.
—Esto ha estado mal —susurro levantando una mano y enseñándole la palma.
Xander se detiene en el acto y sacude la cabeza con los labios bien apretados.
—No es verdad —responde.
Clava sus ojos ardientes en mí, aunque en ellos no encuentro enfado ni resentimiento alguno. Solo súplica. Y me deja destrozada.
Giro la mano y le enseño el dorso mientras separo bien los dedos. La luz de la luna hace resplandecer la maldita alianza que sigo llevando puesta. La alianza que sigue uniéndome a mi marido. A mi difunto marido.
—No puedo quitármelo, Xander —digo marcando bien cada palabra—.
No estoy preparada. No estoy... Ya no soy yo.
—Sollozo una única vez y me muerdo los labios para evitar que sigan escapándose sollozos—.
Estoy rota. No estoy preparada para empezar nada nuevo y yo no sé tener rollos informales.
No sé. Eres superbueno y amable y perfecto, pero es que yo me he quedado destrozada...
—Teddy, no estás rota —susurra mientras da otros dos pasos hacia mí. Sin embargo, ahora no retrocedo. Me envuelve con sus brazos, con firmeza pero con ternura, y me acerca a su pecho. Dejo que me abrace mientras las lágrimas van brotándome de los ojos—. No estás rota, cielo.
Me abraza hasta que dejo de llorar, hasta que dejo de temblar, y me derrito en su calidez, agotada y extenuada.
—Lo siento —susurra, y noto cómo se le mueven los labios contra mi pelo.
Tengo la mejilla pegada a su pecho, y tanto él como yo notamos cómo le late el corazón bajo la piel. Xander huele de maravilla. A cítricos, cedro y humo. Inhalo y dejo que mi cuerpo se relaje contra el suyo.
No quiero desear a Xander, pero, Dios, lo deseo con todo mi ser. Me gusta Xander. Me gusta... mucho.
A medida que el pánico y la ansiedad empiezan a desvanecerse y yo me hundo en su abrazo, me permito creer que quizá... Quizá empezar algo nuevo con alguien amable y delicado como él no sería ese fin del mundo que no paro de imaginarme.
Puedo ser valiente, ¿no?
Me acurruco contra él e inhalo profundo y de forma temblorosa a la vez que Xander me abraza más fuerte.
Todo lo que tan desesperadamente he echado de menos.
Que me abrazaran, que me besaran, que me desearan...
No estar sola y tan jorobadamente triste a todas horas.
Xander suspira y me besa en la sien, y yo cierro los ojos con fuerza porque siento que dejar que me abrace así es lo correcto.
A lo mejor... A lo mejor ya ha llegado el momento. Con alguien como él, puedo ser valiente. Podríamos hacer que funcionara, ¿verdad?
—Tienes razón —susurra él entonces. «¿Habré dicho alguna de estas últimas cosas en voz alta?
». Sin embargo, sus palabras son silenciosas, tristes, y yo arrugo la frente, confundida—.
Seguramente haya sido una mala idea. Yo no soy de los que van a por más.
Solo puedo tener rollos informales, Teddy. Mi trabajo...
Se le va apagando la voz, y a mí no me hace falta que acabe la frase, porque ya sé lo que está callando, lo que no dirá.
Su trabajo es peligroso y también es lo más importante de su vida.
Meterse en una relación lo complicaría todo.
Eso lo he sabido desde el principio, pero he mirado para otro lado.
Pero no por eso deja de encogérseme espantosamente el corazón al oír sus palabras, y se me corta la respiración. Xander me apoya la mejilla en la cabeza y unas esquirlas de agonía me atraviesan entera; aun así, permanezco inmóvil, incapaz de moverme.
Inhala con fuerza y luego susurra de forma miserable:
—Y necesitaba esto para recordar por qué no me lío con madres solteras.
El corazón se me parte en dos y me doy cuenta, aunque ya sea sumamente tarde, de que mi estúpido e ingenuo corazón ya había decidido que quería más. No soy valiente... Lo que he sido es una estúpida al pensar que podía serlo.