Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 22. Teddy #2
43%

22. Teddy #2

En algún momento, mientras le masajeaba los hombros, se me ha movido el albornoz.

Ahora, la parte de arriba me cae por encima del nudo con el que me lo he atado a la cintura y deja a la vista el top corto que llevo debajo y que a duras penas me cubre los pechos.

Xander mueve la otra mano, despacio, como si estuviese intentando no asustarme y evitar que saliera corriendo, y tira de una de las cintas hasta desatarme el albornoz y dejar que quede del todo abierto.

Ahora lo único que me cubre es el delgado top de lactancia y esos shorts prácticamente inexistentes que se me han subido por la parte más gruesa de los muslos.

Gruñe al exhalar en silencio y vuelve a darme otro beso en la muñeca mientras me recorre la mirada por el cuello y, luego, con los mismos dedos con los que acaba de desabrocharme el cinturón, me recorre la curva de la cintura bajo la tela, acariciándome la cadera.

No puedo evitarlo. Cierro los ojos y aprieto la mano sin apartársela del hombro.

El calor de la suya que se me cuela por la tela del top es abrasador; tanto que me derrito por dentro.

Me coloca esa misma palma en la espalda, instándome a que me acerque más.

Y yo no pienso. Simplemente..., lo hago.

Me acerco más a él y mi pecho le queda prácticamente a la altura de la mejilla.

Ahora ya estoy casi jadeando, respiro con pesadez, me sube y me baja el pecho, el corazón me late tan fuerte que parece un taladro.

Xander gira la cabeza, apartando los labios de la piel sensible de mi muñeca, y me roza la pendiente de un pecho con la boca, por encima del top.

Echo la cabeza hacia atrás y clavo la vista en las estrellas que se atisban a través de los árboles.

Lo único que se oye en el silencio de la noche es mi respiración jadeante.

—Eres guapísima —susurra, y su voz me envuelve igual que sus brazos.

Me acerca más a él hasta que nuestros cuerpos quedan pegados al del otro. Le hundo los dedos en el pelo de nuevo y le acerco la cabeza para no separarla de mí mientras él sigue besando la sinuosidad de mis pechos doloridos. Me muero de ganas de notar su boca en mi piel, pero me aterra pedírselo.

—Jodidamente guapa, Teddy.

Me pasa sus manos abrasadoras por las caderas y por el culo hasta bajármelas por la parte trasera de mis muslos desnudos.

Me clava los dedos en la pendiente que separa mis piernas y me recorre la piel con las palmas una y otra vez.

Me muerdo el labio inferior y cierro los ojos con fuerza, mientras me invade la vergüenza al sentir cómo este adonis de hombre me toca el cuerpo con suavidad.

No estoy en forma. No soy pequeña. Y este hombre es estúpidamente y escandalosamente atractivo.

Jadeo cuando sus dedos se hunden entre mis muslos, separándolos más y, entonces, vuelve a tirarme hacia delante, abriendo mis piernas para que quede sentada a horcajadas sobre sus muslos.

Quedo apoyada contra él, inhalo con fuerza e intento levantarme de inmediato para apartar mi peso de Xander.

La silla cruje en señal de protesta bajo el peso de ambos y yo vuelvo a morirme de vergüenza.

—Xander, deja que me levante...

Sin embargo, él vuelve a sujetarme por la cintura y me hunde las manos por debajo del dobladillo del top para que no me mueva.

—Estás justo donde quiero que estés, preciosa.

—Pero...

—Shhh —susurra, subiéndome la mano por la cabeza para hundirme los dedos en el pelo con dulzura, con cuidado.

Me mira intensamente, con la respiración alterada; el pecho le sube y le baja al compás.

Sus músculos fuertes se tensan y se mueven bajo mi cuerpo, y noto lo marcados que tiene los abdominales.

Dios, este hombre es hermoso—. Hace tiempo que quería sentirte contra mí.

Es una puta pasada tenerte aquí así. Joder, Teddy, si es que no quería nada más. Solo podía pensar en eso.

—Xander... —gimo y alterno la mirada entre sus ojos.

No sé qué estoy haciendo. Hace muchísimo tiempo que no hago nada parecido, y con alguien que no fuese Logan...

Bueno, eso no lo he hecho nunca. Pero tengo ganas.

Me pica la entrepierna y noto una punzada en la parte inferior del vientre.

Creo que estoy casi desesperada por sentir por fin su boca sobre la mía, por saborearlo.

Me agarra el pelo con un poco más de fuerza para acercar mi cabeza a la suya.

—No quiero hacer algo que tú no quieras —susurra con aspereza, bajándome los ojos a la boca—. Pero, joder, me muero de ganas de besarte ahora mismo, preciosa.

Se me escapa un suspiro tembloroso y agitado entre mis labios separados. Asiento.

Aunque ninguna parte de mí está preparada para sentir la boca de Xander sobre la mía.

Me besa hambriento y separa los labios casi de inmediato para sacar la lengua y provocar la fina línea de los míos.

Ahogo un grito y, al hacerlo, aprovecha para colarme la lengua.

El primer roce me sienta como si mi sistema nervioso acabase de sufrir una descarga eléctrica.

Tengo el cuerpo entero en llamas y lo único que quiero ahora mismo es la boca de Xander pegada a la mía.

Hostia santa, qué bien besa... Me derrito en su regazo y Xander me empotra contra él, acercándome con sus brazos fuertes y musculados, en los que podría perderme.

Me recorre las manos por el cuerpo con seguridad y firmeza, tocándome hasta el último centímetro de piel mientras nos besamos sin parar hasta quedarnos los dos sin aliento.

Me pasa las manos por los bíceps, obligándome a envolverle el cuello con los brazos; obedezco y me pierdo en el beso.

No me habían besado así en la vida. Es como si usase el cuerpo entero; es lo más erótico que he experimentado jamás.

Me baja las manos por la espalda hasta apoyarlas sobre la curva de mi cintura, clavándome los dedos en el culo y amasándomelo con aspereza antes de acariciármelo con más suavidad para aliviar un poco el dolor.

Me froto contra él y Xander se mueve bajo mi cuerpo, deslizándose un poco por la silla, sentándome mejor y separándome más las piernas encima de sus muslos.

Estoy que ardo, temblando. El deseo que siento por él es descomunal.

Estoy totalmente fuera de mi zona de confort, pero no quiero parar.

—Hostia puta —suelta con la boca pegada a la mía, volviendo a clavarme los dedos en las caderas y frotándome contra él en esta nueva posición.

Lo noto, duro y pesado entre mis muslos, y ejerciendo presión contra mi centro.

Suelta un fuerte sonido gutural y me coge la cara con ambas manos para acariciarme la frente con la suya.

Nuestras bocas se rozan muy sutilmente cuando, envueltos por la oscuridad, ahogamos un grito a la vez—.

Jo-der, Teddy. Eres una puta pasada. Sabes de maravilla, hostia.

Me acaricia las mejillas con los dedos, apartándome el pelo de la cara y volviéndome a besar como si estuviese en el corredor de la muerte y yo fuese su último festín.

Nunca me había puesto tanto un beso. Se le da de maravilla y no quiero que pare nunca.

No quiero que esta sensación desaparezca jamás.

Lo echaba de menos. Echaba de menos sentirme tan deseada como para no poder echar el freno, para no poder dejarlo para después.

Le paso los dedos por los hombros y se los bajo por su torso desnudo.

Una capa sutil de vello áspero y oscuro le cubre su ancho pecho y otra línea le baja por el centro del abdomen.

La cresta de sus abdominales me pide que los toque y yo me doy el placer de hacerlo.

Logan era atractivo, a lo «vecino atractivo», y cuidaba mejor de su cuerpo que yo del mío (él no tuvo que llevar a dos bebés de cuatro kilos y a uno de tres y pico en un cuerpo que se niega a volver a su forma original), pero no estaba tan macizo como Xander.

Xander tiene músculo sobre músculo, y yo estoy desesperada por recorrer todos los centímetros de su sólido cuerpo con las manos.

Joder, si es que quiero recorrer todos los centímetros de su cuerpo con la lengua.

Lamerlo como si fuese una maldita piruleta.

Me sonrojo como una tonta al pensar en eso. Al pensar en lo que está ejerciendo presión ahora mismo entre nuestros cuerpos y en las ganas que tengo de vérsela, de tocársela, de saboreársela.

Suelta un grave gruñido gutural mientras sigo recorriéndole la piel con la punta de los dedos, familiarizándome con todas las pendientes de sus costillas, con las crestas de sus abdominales y sus musculados pectorales.

El corazón le late con fuerza bajo la palma de mi mano derecha; me alegra saber que Xander está igual de ido que yo ahora mismo.

Sigo temblando; es como si estuviese tan excitada que no pudiese contener la reacción física del cóctel de emociones y sensaciones que está estallando en mi interior.

Me acuna la mejilla con una mano, con cuidado, y me hunde los dedos en el pelo, apartándomelo de la cara. Tiene los ojos clarísimos y le brillan llenos de ardor bajo la luz de la luna que sigue colándose entre los árboles que se alzan por encima de nuestras cabezas.

—Eres una delicia —exhala tan bajo que casi ni lo oigo.

Me da un vuelco el corazón, se me instala un nudo en la garganta y las lágrimas provocan que me escueza la nariz. La honestidad de su voz casi me mata. Pero, aun así, yo sigo sin acabar de creérmelo.

—No es verdad —respondo en otro susurro, volviendo a apoyarle las manos en los hombros.

Dejarlas aquí es muchísimo más seguro. Xander es demasiado atractivo, leches. Es imposible que todo esto sea real, que me desee de verdad; así, no.

Él vuelve a acallarme con otro beso apasionado y cogiéndome la cabeza con sus manos fuertes y hábiles para que no me separe de él. Cuando rompe el beso, susurra:

—Te dije que dejaras de decir estas cosas. Me vuelves totalmente loco, Teddy. Llevas volviéndome loco desde el primer día que te vi.

Se me escapa una risa sorprendida y entrecortada.

—Venga ya. Es imposible.