18. Teddy #2
La novia de mi hermano lleva una bolsa de tela con estampado militar colgando de un hombro y una del súper en el otro.
Sigue a Vi por el cuarto y deja la bolsa de ropa en la otra cama antes de dejar la de comida en la cama donde yo sigo sentada.
Se ha recogido su melena pelirroja en un bonito moño alto despeinado y varias pecas le danzan por las mejillas y la nariz.
Va con unas mallas de deporte apretadas de color azul marino oscuro y un top blanco que le permite lucir su atlética figura.
No me acuerdo exactamente de cuando la conocí (nos cruzamos brevemente a las afueras del Shifty’s y Cal y yo íbamos borrachos), pero de la segunda vez que la vi sí que me acuerdo.
Fue después de que los rescataran del Quell’s Peak.
Incluso por aquel entonces, me quedó clarísimo lo muy enamorado que estaba mi hermano de ella.
Sigo agradecida de que Scottie haya llegado a su vida, por poco ortodoxo que fuera el inicio de su relación.
Me levanto de la cama y me ajusto la camiseta a la altura de la cintura.
—Gracias por hacerme salir de casa esta noche. Lo necesitaba —dice con una sonrisa al acercarse a mí.
Me abraza con fuerza unos segundos y el gesto me sirve de recordatorio de la suerte que tengo de que estas dos mujeres hayan llegado a mi vida.
—No podía tener una noche de chicas impuesta sin mi cuñada y mi mejor amiga. Sobre todo, porque vuestros hombres siguen fuera. ¿Tenéis idea de cuándo vuelven?
Formulo la pregunta lo más despreocupadamente que puedo mientras me separo de Scottie, pero creo que tanto ella como Vi se han dado cuenta de que estoy intentando sonsacarles información de Xander. Vi le sonríe a Scottie y luego a mí.
—Lo último que me dijo Rowan fue que seguramente tendrían que quedarse allí unos cuantos días más —me cuenta sonriendo de oreja a oreja—. ¿Echas de menos al buenorro de tu vecino?
Gruño y vuelvo a plantar el culo en la misma cama donde estábamos antes.
—¡Violette!
Ella se ríe y le hace un gesto con la mano a Scottie mientras se suben ambas a la cama.
—Anda ya... Quiero saberlo todo sobre vosotros.
—Eh, que no existe ningún «nosotros» —me apresuro a decir, enderezándome y alternando la vista entre estas dos mujeres—. A ver... Solo somos vecinos. Literalmente.
—Ajá... —musita, aunque su tono deja clarísimo que no se lo cree en absoluto.
Vuelvo a gruñir.
—Tu hermano lo lleva muchísimo mejor de lo que esperaba —ríe Scottie, sonriendo.
—AyporDiós, si no tenemos nada, ¿¡cómo lo va a llevar!? — grito. Me arden las mejillas—. Entre Xander y yo no ha pasado nada. Na-da.
Se me cierra la garganta al pronunciar esa mentira.
No hace falta que sepan que me vio medio desnuda.
Ni lo que me dijo en el porche. Ni cómo se le ensombrecieron los ojos con ese centelleo oscuro y peligroso mientras me miraba.
Y lo que definitivamente no hace falta que sepan es que, cuando volví a meterme en la cama, me llevé a mí misma al orgasmo pensando en esas acaloradas palabras.
Además tuve que echar mano de todo mi autocontrol para no hacer ningún ruido. Le doy un largo sorbo al alcohol.
—Es mi vecino y el mejor amigo de mi hermano. Y su jefe. No siento nada por el buenorro de mi vecino —insisto, aunque esté mintiéndoles descaradamente a la cara.
Vi me fulmina con la mirada de reojo, y señala:
—Te diré lo mismo que le dije a él: nada de mentiras.
«Pues estamos jodidos...».
—Pero reconoces que está bueno —comenta Scottie. La fulmino con la mirada, justo por encima de la bebida. Mi cuñada me guiña un ojo—. Bueno, que conste que yo diría que él también siente cositas por la buenorra de su vecina.
Los celos se apoderan de mí de forma tan inesperada que me sobresalto.
No puedo evitar ponerme a pensar en todas las mujeres que viven cerca de nosotros en un intento por descubrir de qué vecina estará hablando Scottie.
Pero no se me ocurre nadie. Bueno, supongo que esto me servirá para ponerle fin a este estúpido flechazo del que llevo meses intentando deshacerme.
Vi se inclina y susurra bien alto:
—Eres consciente de que está hablando de ti, ¿no, Teddy? Tú eres la buenorra de su vecina.
«Aaaaaah».
Me sonrojo a más no poder y le doy un sorbo a la bebida. El gas provoca que me escueza la nariz y toso. «Cambiemos de tema. ¡Ya!».
—¿Alguna de vosotras ha traído algo más fuerte? —pregunto, jadeante.
Scottie sonríe y se inclina para coger la bolsa del súper que ha dejado antes en la cama y procede a hacer florituras para sacar una botella de whisky .
—¿Chupitos, chicas?
—Nada de alarmas por la mañana —ríe Vi, que salta de la cama y coge los vasos de plástico del baño, cortesía del hotel.
Les quita el envoltorio de plástico y se los pasa a Scottie, que sirve un par de dedos en cada uno. Trago saliva con fuerza y río un poco, nerviosa.
La última vez que me emborraché fue la noche que quedé con Cal para tomar algo en el Shifty’s porque mi hermano necesitaba hablar de Scottie.
En realidad, él no habló de ella; más bien respondió a preguntas a base de gruñidos y monosílabos, y creo que en algún punto incluso se olvidó de que yo estaba allí.
Mi tolerancia al alcohol es tan baja que me bastó con tres copas para emborracharme y ponerme toda risueña.
Logan me empujó para que saliera de casa y me fuera a pasar algo de tiempo con mi hermano, básicamente, y me prometió que él se ocuparía de Dalton y Penny esa noche.
Al pensar en eso ahora, me viene un recuerdo completamente borroso y vago de Xander ayudándome a ponerme la chaqueta y el ligero roce de sus dedos en el pelo.
Y estoy bastante convencida de que condujo a Cedar Valley, que queda a treinta minutos de aquí, para llevarme a casa. Aunque igual lo soñé...
Sacudo la cabeza y me enderezo. Scottie me pasa un vaso, enarcando una ceja en señal de pregunta.
—A la mierda. Vale. A beber —digo aceptando uno de los vasos—. Por las amigas y por dormir hasta tarde sin el vigilabebés al lado.
—Por el pedazo de mujeres que somos —añade Scottie, sonriendo y levantando su vaso—. Y por los hombres que se arrodillan a nuestros pies.
—Sí, señora. Bien dicho. —ríe Violette.
Se me escapa una risa genuina.
Puede que me arrepienta de esto por la mañana, pero, por ahora, es justo lo que necesitaba.