Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 17. Xander
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17. Xander

Xander

Mi hermano Zach me dijo una vez que preferiría enfrentarse a cien incendios estructurales que a uno forestal porque, en el caso de los incendios estructurales, sí sabes dónde están las llamas. En los incendios forestales, en cambio, pueden pillarte por sorpresa y acorralarte por detrás.

No sé si será que, como llevo veinte años dedicándome a esto, tengo el ego desmesuradamente hinchado, pero...

Y una mierda. Yo siempre preferiré enfrentarme a un incendio forestal que estar atrapado en el interior de un edificio en llamas.

Antes de mudarme a Sky Ridge para unirme a la brigada de bomberos de élite de mi padre, me pasé años haciendo eso otro.

Y a pesar de que mi pasión siempre ha sido extinguir incendios, los estructurales me ponen nervioso.

Desde este puesto de observación, sé exactamente dónde está mi brigada, aunque no pueda verlos físicamente.

Ahora mismo, se han separado y cada cuadrilla se ha puesto a trabajar en su línea.

King es nuestro recién instaurado jefe de cuadrilla y quien se encarga de talar árboles, así que tiene a su equipo en la cordillera, cortando madera muerta y apartando obstáculos de la línea.

Cal tiene a la otra mitad del equipo unos cuatrocientos metros más abajo, abriendo una línea de fuego.

En esta ocasión, hemos tenido la suerte de poder contar con una bulldozer , pero, por lo general, las líneas hay que cavarlas completamente a mano.

Es un trabajo intenso y agotador; además, cuando estamos en el terreno, empezamos a currar a las cuatro de la mañana.

Estamos obligados a descansar cada dieciséis horas; sin embargo, a veces me toca obligar a mi equipo a parar para que coman y duerman.

Como superintendente, me toca estar siempre ojo avizor.

Ahora estoy observando los cambios de viento y las corrientes de aire que azotan la zona más intensa del incendio, que ya se está acercando demasiado a varias casas.

Los chicos tienen la extraña superstición de que puedo controlar el clima y guiarlo como me dé la gana, pero...

Lo que pasa es que se me da de puta madre entender cómo va esto y punto.

O a lo mejor, simplemente, he sido un afortunado de cojones durante gran parte de mi carrera.

A la hora de enfrentarte a un incendio, el clima tiene un rol importantísimo.

Como de pronto el viento empiece a soplar en otra dirección y vayan llegando brasas a la fronda (la parte de los bosques a la que no ha llegado el incendio), comenzarán a crearse incendios secundarios; y estos, a su vez, pueden acorralar a las brigadas o arder desenfrenadamente cerca de áreas residenciales.

Hace unos días, unas rápidas llamas empezaron a desviarse hacia la zona oeste.

La antigua brigada de Colorado de Mack consiguió circunvalarlo antes de que se descontrolara.

Ahora Mack ya se ha jubilado y la brigada tiene un nuevo superintendente, pero el tipo parece ser buenísimo en lo suyo.

El día que llegamos, King y su cuadrilla casi acaban acorralados en una cordillera, pero King pensó con rapidez y consiguió sacarlos a todos de allí.

Estoy orgulloso de cojones; se ha ganado este puesto como jefe de cuadrilla y este incendio no ha hecho sino confirmarme que tomé la decisión correcta.

Me paso la mitad del tiempo explorando y la otra mitad ayudando donde me necesiten; sin embargo, no podría hacer mi trabajo si no supiera que puedo confiar en que mi capitán y mis jefes de cuadrilla harán lo que les corresponde.

Tengo suerte de poder contar con un equipo así de maravilloso.

Cal y su cuadrilla han ido quemando a lo largo de una línea de poco más de dos kilómetros que contendrá el incendio porque las llamas han atravesado la línea de contención que habíamos construido.

Como el contrafuego está arrasando con tanto combustible como puede para evitar que el incendio se siga expandiendo, cuando las llamas principales lleguen a la zona de quema controlada, ya no tendrán demasiado con lo que avivarse, a no ser que salten ascuas y se vayan creando otros pequeños incendios a ochocientos metros.

Joder. Este incendio ha sido una bestia de principio a fin.

Soy incapaz de pensar en otra cosa que no sea en Teddy; hay que joderse. A pesar de estar centrado en el incendio, no consigo quitármela de la cabeza.

Tengo cuarenta y dos años, estoy a punto de cumplir los cuarenta y tres, y nunca jamás, en mi vida adulta, me había obsesionado tantísimo con una mujer como me he obsesionado con ella.

Achaco la culpa a Violette, por contarme que Teddy no está interesada en salir con nadie. Porque, ahora, lo único que quiero es que sí lo esté. Teddy siempre ha sido del todo inalcanzable y estrictamente intocable para mí; lo supe nada más conocerla. Respeté su matrimonio. Ahora, en cambio...

Joder. Ahora es sutilmente menos inalcanzable y no tan estrictamente intocable como antes... Y la cosa es que nunca he dejado de desear a esta mujer.

Me la he cascado en demasiadas ocasiones pensando en el cuerpo desnudo que le atisbé esa mañana, cuando nos fuimos de Sky Ridge para venir hacia aquí.

Ya hace casi dos semanas de eso y nunca había tenido tantísimas ganas de regresar a casa.

Si aguanto día tras día es gracias a su risa, su sonrisa... Joder, toda ella.

Está sola en casa con tres niños. Debería haber organizado algo; debería haberle pedido a alguien que fuera a ver si necesita algo en mi ausencia.

Me pregunto si Violette la habrá visto; si se habrá preocupado por cómo está.

Seguro que Scottie lo habrá hecho. La cobertura aquí va fatal (cuando va), de modo que no hemos podido hablar.

Y creedme: lo he revisado. En varias ocasiones. No me ha llamado ni me ha escrito ni una sola vez. Espero que esté bien, hostia.

Al final del día, mi equipo (junto con las otras divisiones y brigadas que han venido a ayudarnos en este incendio) ya lo tiene controlado.

Cuando regreso a la cordillera para llegar al campamento base que se ha convertido en nuestra casa a lo largo de las últimas dos semanas, veo que mi equipo ya ha llegado.

Ya casi ha oscurecido y algunos miembros de la brigada están fritos en sus sacos de dormir mientras otros devoran la comida.

Estamos todos sucios, sudados, agotados y muertos de hambre.

Aquí, la mayoría de estos chicos quemarán más calorías de las que consumirán.

King está unos quince metros más abajo del sendero, con el móvil pegado a la oreja. Habla durante unos minutos y, al colgar, regresa con nosotros.

—¿Qué tal Violette? —le pregunto.

Él sonríe y me doy cuenta demasiado tarde de que la he cagado.

—Genial. Me ha dicho que te diga que Teddy y los niños también están bien.

«Será cabrón...».

Más de uno desvía la atención hacia nosotros y los hay que hacen preguntas en tono vacilón. A King se le ensancha aún más la sonrisa mientras se deja caer en un tronco cortado que ahora hace las veces de banco. Los odio a casi todos.

—Sup, ¿tienes jefa y niños y nosotros sin saberlo?

—No es cosa vuestra —respondo con aspereza.

—Es decir... ¿Teddy, la hermana de Cal? —pregunta Opp, hincándole el diente a la comida.

Cal apoya los codos en las rodillas y asiente sin apartarme los ojos de la cara. Manda narices...

Royce, nuestro novato, se endereza en su asiento, animado, y se une a la conversación:

—Espera, ¿la hermana de Cal? ¿La que es tu vecina? ¿Esa a la que ayudaste a...? —deja la frase a medias y hace pantomimas, fingiendo estar asistiendo un parto.

Lo fulmino con la mirada.

Opp le da unas palmadas en la espalda al crío y musita:

—Igual deberías dejar el tema aquí, Roycie. Cuando le hablas de esto, se pone en modo «papá oso».

—Ya ves. ¿Os acordáis de lo que pasó con Morey? —King ríe y sacude la cabeza, dándole un mordisco a la comida.

Aprieto la mandíbula y la rabia me invade de nuevo al acordarme de lo que musitó un imbécil de mi brigada sobre la anatomía de Teddy.

Primero, se me tiñó la vista de rojo cuando soltó el comentario ese de la nada diciendo que, con eso, tuve la oportunidad de levantarle la falda.

Luego, con unas cuantas copas de más, me preguntó si Teddy me había ofrecido algo para agradecerme el servicio prestado.

Yo nunca he sido de peleas, pero... Estuve a nada de molerlo a palos, leches.

Si no fuera porque Opp me agarró con fuerza para contenerme, le habría partido las palas al cabrón ese.

Me alegro de que Cal no estuviese ahí para oírlo, porque dudo que hubiésemos podido evitar que le desfigurara la cara.

Al cabo de poco, el puerco ese se fue a trabajar con una brigada de Arizona. Que le vaya bonito.

—Hala, es verdad —responde Royce, mirándome con cierta cautela.

El crío tiene buen corazón, aunque todavía está un poco verde.

King se ha tomado en serio eso de orientarlo.

Creo que el chaval le recuerda a Jake, su mejor amigo, a quien perdimos en un incendio la misma temporada que se unieron a la brigada—.

Si alguien hubiese hablado así de una persona que me importa, yo también habría hecho lo mismo, sup. Seguro que Cal también te lo agradece.

Guardo silencio y veo, por el rabillo del ojo, que tanto King como Cal sonríen como un par de idiotas.

A ellos poco puedo esconderles; aunque tampoco es que haya intentado esconderles nada, en realidad.

Cal lleva años siendo mi mejor amigo, cosa que lo empeora todo aún más, y King es como un hermano pequeño para mí, aunque es muchísimo menos pesado que Joel.

Bueno..., casi siempre, al menos. Ahora mismo, me encantaría empujarlo por el pecho y que cayera del tronco en el que está sentado.

El receptor emite un ruidito y, acto seguido, se oye la voz del oficial al mando:

—Buen trabajo, chicos. Parece que el incendio está contenido. Os podéis ir a casa.

—Recibido —contesto, apagando el aparato—. Parece que nos vamos a casa, chavales. Felicidades, hemos conseguido controlar otro incendio más.

Mis palabras suscitan gritos de alegría por todo el campamento base y los chicos entran en acción para empezar a desmontarlo todo.

Iremos hacia la zona alquitranada más cercana y nos subiremos a alguna avioneta de mierda que nos lleve hacia el norte (con la equipación a cuestas, claro).

Y luego aún nos quedará una hora de trayecto por carretera hasta llegar a Sky Ridge.

Pero deberíamos estar en casa por la mañana.