Incendio (Bomberos de Sky Ridge 3) 13. Xander
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13. Xander

Xander

Cuando entro al bar, la puerta se cierra tras de mí con un discreto clic. Jack Taylor, que fue el jefe de nuestra cuadrilla en vida de mi padre, se jubiló y empezó a regentar el bar con su mujer, Mae.

Lou, nuestro camarero habitual, tiene la noche libre.

Violette Taylor, la hija de Jack y Mae y la nueva chica de King, está de pie detrás de la barra.

Su hermano Jacob estaba en mi brigada cuando falleció mi padre y también era el mejor amigo de King.

Somos demasiados los que sabemos lo que es perder a un familiar en un incendio.

El mismo año en el que yo perdí a mi padre, Jacob perdió la vida en otro incendio.

Fue uno de los peores años tanto de mi vida como de mi carrera.

Después de eso King nunca volvió a ser el mismo, y creo que Violette tampoco ha acabado de pasar nunca el duelo.

Joder, si es que perder a Jacob también fue duro para mí.

Me convertí en superintendente después de que muriera mi padre a principios de temporada y, luego, a finales, perdimos a Jacob.

Fue brutal. Como yo trabajaba con Jack, conocía a Jacob y Violette desde que eran unos críos.

Si casi los vi crecer, hostia. Me gustaba pensar que yo era como un tío molón para ellos.

Y luego tuve que estar al lado de Jack mientras enterraba a su hijo.

La culpa me carcomió, pero sé que para King fue más duro todavía.

Sigue fustigándose por la muerte de su mejor amigo, por más que él no tenga la culpa.

A la que Violette me ve atravesando el local, saca un botellín de Pbr de la nevera, y cuando me siento en uno de los taburetes al lado de Rowan Kingsley, ya tengo la cerveza esperándome. Le doy las gracias a Violette con un gesto de la cabeza.

King está babeando con su novia. Violette me sonríe y oigo que él refunfuña a mi lado y sugiere que me busque a mi propia chica.

Río solo para tocarle las narices, pero paso de su comentario y me llevo la cerveza a los labios justo a la vez que vuelve a abrirse la puerta.

Entran Cal y Scottie juntos, y Cal se sienta a mi otro lado después de que Scottie haya tomado asiento.

Violette ya ha abierto un botellín de Coors y lo ha dejado delante de Cal.

Acto seguido, procede a servirle un tanto de whisky a Scottie en un vaso de tubo.

Puede que tenga veintiocho años, pero a mí me sigue resultando extraño ver a la niña que conocía detrás de la barra del bar al que llevo viniendo desde hace tantísimo tiempo.

Sonríe a Scottie mientras le pasa la bebida.

Sé que se han hecho amigas desde que Violette empezó a salir con King, y sé que Teddy también es amiga de Violette.

Me pongo a pensar en la mujer que, por lo visto, no puedo sacarme de la cabeza y me miro el reloj mientras me pregunto, brevemente, si seguirá despierta.

No la he vuelto a ver desde que nos hemos encontrado esta mañana en la cafetería, y me siento medio tentado a dar la noche por terminada e irme temprano a casa por si me la encuentro por casualidad.

Es casi como si Cal pudiese leerme la maldita mente en tiempo real, porque enseguida apoya los antebrazos en el borde de la barra y se inclina hacia delante para mirarme el perfil y preguntar:

—Bueno, ¿hoy duermes en el parque o te vas a casa a...?

Lo fulmino con la mirada por encima del cuello del botellín a la vez que me acerco la cerveza a los labios. Está sonriendo. Al cabrón le encanta meter mierda.

—Eso. ¿Dónde narices te has metido últimamente? —se interesa King, inclinándose también hacia delante—. Si no estamos sobre el terreno, no te vemos el pelo. ¿Ya te has cansado de la juventud, vejestorio?

Lo miro y pongo los ojos en blanco. En mi mejor intento por cambiar de tema, digo:

—Mucho hablas sabiendo que soy el que más rápido corre...

—No se ha cansado de nosotros. Lo que pasa es que ahora le gusta más estar en casa por otra cosa —me corta Cal con una amplia sonrisa. No piensa darme una salida fácil.

Scottie también se echa hacia delante con su melena pelirroja recogida en un moño alto deshecho y me mira con una diabólica sonrisa en los labios. Fulmino a Cal con la mirada, pero él añade igualmente:

—El tío casi tropieza hoy en la cafetería cuando ha visto a...

—Tío —refunfuño echándome atrás. Todo el mundo cree que a las adolescentes les encanta cotillear, pero tendrían que ver a ciertos adultos, joder—. No la metas en esto.

—Uy, ¿hay una chica? —pregunta King con mayor interés.

Gruño y echo la cabeza hacia atrás para clavar la vista en las vigas de madera del techo.

Dios, si es que debería haberme ido a casa y punto.

Teniendo en cuenta que estamos hablando de la hermana de Cal, cualquiera habría pensado que él sería el último interesado en ir gritándolo a los cuatro vientos...

Aunque supongo que cada uno se venga del resto como puede. Y él va a aprovechar la oportunidad al máximo.

Cal le da un sorbo a la birra, dándome una fuerte palmada en la espalda, y me quejo al oír sus siguientes palabras:

—¿Crees que voy a ser más majo contigo porque te pone mi hermana? Pues no sabes lo que te espera, sup.

—¡Aaah, lo sabía!

Al oír ese ilusionado grito ahogado, vuelvo a agachar la cabeza. Violette, que sigue al otro lado de la barra, se agarra al borde con una sonrisa de oreja a oreja. Entrecierro los ojos.

—¿Que sabías qué? —pregunto.

A Violette se le ensancha aún más la sonrisa.

—Que estás prendado de Teddy.

Scottie se inclina otra vez encima de la barra, asoma la cabeza por delante de Cal y me mira. Me guiña un ojo, sonriente, y yo pongo los míos en blanco.

—Fua, aunque lo jures. Tiene un flechazo con la hermana de su mejor amigo.

Refunfuño con ganas y dejo caer la barbilla hasta que casi me toca el pecho. Me. Cago. En. Mi. Puta. Estampa.

—No tengo ningún flechazo con la hermana de Cal —me defiendo.

Una mentira como una catedral.

Violette repiquetea con la uña en la barra frente a mí para volver a llamarme la atención.

—No, señor. Nada de mentiras en este bar. Son las normas de la casa.

La fulmino con la mirada con el ceño fruncido y sin decir nada. Los chicos que tengo a ambos lados se pasarán la vida atosigándome con el tema. Hay que joderse... Me termino lo que queda de cerveza y dejo el botellín vacío en la barra.

—Estaba desbordada con los tres críos...

Violette abre otra Pbr, me la deja delante y aparta el botellín vacío de la barra sonriendo, pletórica.

—Claro. Y por eso te has quedado con la lengua fuera, embobado y sin poder apartarle la mirada. Porque «estaba desbordada con los tres críos». —Cal ríe por lo bajo, sacude la cabeza y me mira—. ¿Tú crees que no me he fijado en ningún momento en cómo la estabas mirando?

—Cuánto os odio, joder —le espeto, agarrando el botellín con ambas manos.

Rasco la etiqueta con la uña y mantengo la vista baja.

Pero Cal no se calla. Dirigiéndose a todos menos a mí, prosigue:

—No he visto a un tío pillarse tanto y tan rápido en mi puta vida. Ha sido automático. Como si le hubiesen pegado un balazo en el entrecejo.

Yo no me pillo de nadie. Y punto. Tengo una regla de oro general: no salgo con nadie.

Mi trabajo es el amor de mi vida, igual que fue el de mi padre, y me niego a hacer pasar por esto a una novia o, Dios no lo quiera, a una mujer e hijos.

Y Cal lo sabe. Pero, entre todos, no paran de hacer bromas de críos sobre Teddy y yo...

—La cosa no va por ahí —musito acercándome la birra a los labios.

Sigo hablando con un tono más severo del que pretendía y murmuro, sombrío—: Se ha quedado viuda y tiene a tres hijos a los que cuidar; lo está haciendo todo sola.

Lo mínimo que puedo hacer es asegurarme de que nadie atropelle a la traviesa de tu sobrina o que no se convierta en comida para los peces porque todavía no tiene sentido de supervivencia alguno.

Además, vosotros ya lo sabéis: no salgo con madres solteras.

En cuanto Violette deja de sonreír y sus ojos pierden algo de brillo, me arrepiento de inmediato de la crueldad de mis palabras.

La chica coge un trapo y se lo pasea entre los dedos con los labios apretados.

Noto que a Cal se le tensan los hombros a mi lado, pero no tengo el valor suficiente para mirarlo.

Mierda. Cierro los ojos con fuerza y me froto la nuca con una mano.

—Joder. No... No me refería a eso.

Violette encoge sutilmente un hombro.

—Bueno, pues qué suerte la suya de tener a alguien que esté pendiente de ella, aunque sea por obligación.

Joooder. Ahora seguro que Cal piensa que soy un cabrón que le va detrás a su hermana sin intención alguna de cumplir como es debido.

A ver, que tampoco se equivocaría del todo, porque, a estas alturas, no tengo ni idea de cuáles son mis intenciones con Teddy.

La cosa no pinta bien. Debería irme a casa, hostia.

Abro bien las manos y digo:

—Un momento. Yo no he dicho...

—Oye, Teddy sabe que viene con una buena mochila —me corta Violette.

Guardo silencio mientras ella clava sus ojos color avellana en los míos.

Me siento como si el director del colegio estuviese echándome la bronca; tengo el corazón hecho un nudo y la vergüenza se me come entero.

Que me esté pegando ella el broncazo me resulta extraño, porque la conozco desde que era una cría.

Noto la mirada de Cal puesta en mí, abrasándome el perfil de la cara.

Soy demasiado cobarde para mirarlo. Violette desvía la vista hacia Cal casi a modo de disculpa y luego vuelve a centrar su atención en mí.

—Ya se ve como un desastre de por sí. Y sabe Dios que está haciendo todo lo que puede y más con toda la mierda que ha tenido que atravesar este último año...

Pero tendrías una suerte de narices si alguien como Teddy te prestara la más mínima atención.

El simple hecho de que sea madre soltera no quiere decir que sea menos...

—Eso ya lo sé —murmuro en voz baja, aunque marco bien cada palabra con un tono de súplica para frenar su airada invectiva—.

Y juro que no lo decía en ese sentido. —Miro a Cal antes de volver a centrarme en Violette—.

Ya sabes que mi padre murió en un incendio, el mismo año que Jacob.

No salgo con nadie. No se trata solo de que no salga con madres solteras.

No salgo con nadie y punto. Porque me basta con imaginarme a una mujer y una familia pasando por lo que pasó mi madre.

No es justo. Yo solo sé que la oigo llorar al otro lado de la pared por las noches.

—Al oír eso, a Violette se le entristece la mirada y Cal se endereza un poco, pero continúo—: Y preferiría quedarme soltero para siempre antes que hacerle daño a alguien tan increíble como Teddy o hacerle sufrir otra pérdida similar.

Si una cosa sé seguro es que como yo salga con alguien, esa persona se preocupará y acabará sufriendo.

Teddy se merece algo mejor. Y sus hijos también.

—Bueno, vale —responde Violette despacio y asintiendo, a pesar de que sigue tensa y afectada—. Y solo para que lo sepas: ella tampoco tiene ganas de salir con nadie. Supongo que para ti mejor así, ¿no?

Justo. Teddy tampoco quiere salir con nadie, así que... perfecto. A mi lado, Cal carraspea y le da un largo trago a su cerveza.

Aunque de poco sirve, porque yo sigo notando una punzada en el corazón igualmente.

Me froto el esternón como si así pudiese aliviar esa pizca de decepción que me oprime el pecho.

Porque aunque acabo de decir esto... no estoy del todo convencido de que lo haya dicho de verdad.

Por no hablar de que si me imagino a Teddy saliendo con otro me invaden unos celos que se me comen prácticamente vivo.

Puede que Teddy merezca a alguien mejor que un bombero de élite viejo y acabado que tal vez no regrese a casa. Pero joder si quiero intentarlo.