12. Teddy
Teddy
—Pero ¡qué mamá tan sexi!
Me sonrojo y le dedico una sonrisa agradecida y tímida a Violette mientras empujo el cochecito de Bea hacia mi amiga, que está sentada bajo la sombra de un arce.
Penny ve a Hollie en el arenero del parque que hay alrededor de la zona de juego y echa a correr, gritando, para ir con su mejor amiga.
Tras pedirme permiso, Dalton, bate y cubo de pelotas de béisbol en mano, va hacia el campo que queda justo detrás.
Todavía es temprano y tenemos la suerte de estar solos.
Me dejo caer contra el banco de madera, al lado de Vi, y suspiro mientras coloco el cochecito de cara a nosotras, ajustando el toldo para asegurarme de que no le den los fuertes rayos de sol a mi hija. Bea se ha quedado dormida de camino y así seguirá hasta que el hambre la despierte.
—¿Quieres? —me pregunta Vi, levantando un bote de crema solar para niños.
Niego con la cabeza.
—Ya los he embadurnado a los dos. —Río y suelto el aire.
Ella asiente y vuelve a guardarse el bote en el bolso.
—¿Podemos hablar del outfit ? ¡Estás cañón! —dice Vi, abanicándose mientras me mira de reojo.
Se ha recogido su melena densa y ondulada color castaño en una coleta y, cuando gira la cara para mirar a las niñas mientras juegan, las ondas le caen por la espalda.
Tiene las piernas cruzadas a la altura de la rodilla y le quedan prácticamente todas al descubierto.
Ella también se ha puesto unos shorts vaqueros sin dobladillo y un top color verde salvia ceñido a la cintura.
Lo ha combinado con unas Converse Chuck sin caña y va moviendo y sacudiendo el pie de arriba abajo.
—¿Puedo decir que te lo dije? Porque, oiga usted, este outfit es... —Se besa la punta de los dedos y sostiene la mano en alto en lo que vendría a ser una pantomima de ese gesto tan típico de los chefs.
Suelto una carcajada y le sonrío mientras cojo el café ya medio vacío del portavasos que hay en el manillar del cochecito.
Vi se acerca el iced chai a los labios y vuelve a clavar sus ojos color avellana en mí.
Casi no lleva maquillaje, solo un poco de rímel y un toque de colorete en las mejillas.
Es de esas chicas que son superguapas de por sí.
—¿Ya te han tirado los tejos?
Me atraganto con el café y escupo un poco mientras toso.
—¡Violette!
—Venga yaaa. Es imposible que no te haya tirado la caña ni un solo tío al verte así de sexi.
—Estaba forcejeando con los salvajes de mis tres hijos mientras intentaba pedir un café —suelto, seca, sacudiendo la cabeza.
Aunque me suben los colores sin que yo pueda hacer nada por evitarlo al acordarme de cómo me ha mirado Xander antes.
—Soy un desastre, en el mejor de los casos.
—Un desastre la mar de sexi. —Vi se ríe, levantando su chai hacia mí a modo de saludo. Vuelvo a reír y ella me mira entrecerrando sus ojos color avellana—. A ti te han tirado los tejos. ¿Quién?
—Yo no lo llamaría «tirar los tejos»… —titubeo con cierta incomodidad.
Mi amiga me mira expectante y mueve repetidamente las cejas. Suspiro y me cruzo de piernas a la vez que me inclino un poco hacia ella.
—Penny ha hecho lo de siempre. En cuanto hemos abierto la puerta de El Recoveco para salir, ha echado a correr. Y Xander estaba ahí para frenarla y que no cruzara la calle.
Vi vuelve a mover las cejas y asiente.
—Sigo sin poder creerme que sea tu vecino. Y que te ayudase a dar a luz a Bea, encima.
Reniego. Esto me lo van a recordar de por vida.
—No olvidemos que es el jefe y el mejor amigo de mi hermano —murmuro con el café pegado a los labios.
«O el protagonista de mis fantasías nocturnas...», pienso, aunque no lo digo.
Mi amiga sonríe y, por un segundo, me preocupo por si lo he dicho en voz alta.
Vi y yo nos conocimos un mes antes de que Bea llegase al mundo, y entonces fue cuando mi amiga empezó a salir con Rowan Kingsley, su amor del instituto, que luego se convirtió en su enemigo y que también resulta que es uno de los compañeros de Cal y otro de los bomberos forestales de Xander.
Recuerdo que Cal me contó toda su historia hace años, pero lo que no recuerdo es si llegué a conocer a Vi en algún momento antes de que nuestras hijas jugaran por primera vez.
—Bueno, sigue. ¿Y qué ha pasado? —se interesa apartándome un segundo la mirada para desviarla hacia las niñas.
Penny tiene, más o menos, un año más que Hollie, y ahora lleva a su amiga pequeña cogida de la mano mientras van hacia los peldaños revestidos de goma que dan a un pequeño puente colgante en la zona de juego.
—Pues aparte de pillar a la fugitiva de mi hija para que no acabase atropellada en medio de la calle, ha insistido en cogerme la sillita de Bea, ha convencido a Dalton para que me llevase la bolsa de los pañales y luego ha llevado a Bea y a Penny al coche por mí.
—Vi enarca las cejas y sonríe pícara, como si no pudiese evitarlo—.
Me ha ayudado a subirlos y a abrocharles el cinturón a todos.
Me ha acompañado al otro lado del coche y se ha asegurado de que me sentara al volante sin que me pasara nada.
—Me muerdo el labio inferior y dudo un segundo antes de añadir—: Y me ha llamado mama .
Pero es que, Vi... ¡lo ha dicho de una forma... !
Violette ríe, casi se echa a bailar sin levantarse del banco, y echa la cabeza hacia atrás para clavar los ojos en las ramas del arce que tenemos justo encima.
—¡Así sí, reinaaa! Por favor, dime que tú también has tonteado con él.
Se me escapa una risa baja y sacudo la cabeza, perpleja.
—¡Que no estaba tonteando conmigo!
—Vamos que no... ¡Claro que estaba tonteando!
—Ríe, me señala con un dedo y lo agita—.
Lo conozco desde que era chica y es el típico tío cascarrabias, callado y pragmático.
Bueno, menos cuando está con Rowan y Cal, supongo, porque son todos como uña y carne, pero eso ya lo sabes.
Cuando he estado cerca de Xander, siempre lo he visto siendo educado pero estoico.
Estoy segura de que tú has descubierto otra faceta suya; como eres la hermana de Cal y Xander es tu vecino...
A ver, que no puedo garantizarte que esta sea su forma de tontear al cien por cien, pero está clarísimo que está prendado de ti.
Echo la cabeza hacia atrás y suelto una risotada.
—¿«Prendado de mí»? ¿Pero qué estamos, en los cincuenta?
¡Que no me va a pedir que vayamos a una fiesta de adolescentes como las de esa época, Vi!
Además, que seamos vecinos no significa que...
, no sé, que echemos el rato juntos ni nada.
Sigue pasando mucho tiempo fuera de casa.
Cuando vienen Cal y Scottie, no traen compañía. Él parece ser más recluido.
—¿Te ha mirado? Porque parece ser uno de esos escrutadores intensos.
Río de nuevo a pesar de que vuelvo a sonrojarme nada más pensar en lo muy fijamente que se me ha quedado mirando.
—¿La palabra escrutador existe en este sentido? —pregunto. Vi me fulmina con la mirada y yo pongo los ojos en blanco antes de proseguir—. A ver, sí, supongo que podríamos decir que me ha mirado, pero eso no significa que le gustaran las vistas...
—Acabas de soltar la mayor tontería del mundo —se queja Vi riendo y sacudiendo la cabeza—.
Eres guapísima, Teddy. Te aseguro que le han gustado las vistas.
Sobre todo con el modelito que llevas —añade señalándome entera—.
Con el bodi este estás sexi de cojones, y lo sabes.
Si no, no habrías salido de casa con esto, ¿a que no?
Le lanzo una mirada asesina, pero no tardo ni un segundo en sonreír.
—La verdad es que me siento genial, sí. O sea... ¿me has visto la cintura? ¡Tengo cintura!
—Eh... ¿Te has visto las tetas? —pregunta Vi abriendo los ojos como platos—. A mí me van las pollas, te lo aseguro, pero con el bodi este te las estrujaría encantada.
Ahora sí que suelto una buena carcajada y le sonrío alegre mientras le doy un golpecito en el hombro con el mío.
—Eres la mejor.
Dios, cuánto necesitaba esto hoy. Un rato de chicas. Un rato de chicas adultas.
—Ya, bueno, pues que no se te olvide... —bromea antes de darme otro golpecito con el hombro ella también—. ¿Duermes?
Cojo una profunda bocanada de aire y lo suelto despacio.
Desvío la vista hacia Bea, que sigue durmiendo en el carrito.
Tener que hacerme la valiente delante de todos me deja agotada.
¿Verá Vi lo terriblemente cansada que estoy?
Ser fuerte para mis hijos es una cosa. Además, me esmero en esconder la aflicción que siento; sobre todo cuando estoy con Vi, Cal o Scottie, e intento mostrarme alegre y risueña, aunque solo sea una fachada.
No quiero que se preocupen por mí a todas horas.
A veces creo que lo escondo bien, y en otras ocasiones, juraría que pueden ver hasta la última de mis heridas. Como ahora.
—No mucho, la verdad. Creo que le están saliendo los dientes. No para de salivar. —Miro a Penny y Hollie—. Aunque he conseguido que Penny vuelva a dormir en su cama, que ya es mucho.
—¿Y Dalton sigue con las pesadillas? —pregunta en voz baja.
Asiento y me encojo de un solo hombro.
—Parece que van a menos... Sé que echa de menos a Logan.
—Miramos a mi hijo, de casi nueve años, que va lanzando bolas de béisbol al aire para golpearlas y mandarlas a la otra punta del campo solo para coger la cesta e ir a recogerlas otra vez antes de volver a empezar—.
Todas estas primeras veces sin él no han sido fáciles...
El cumple de Dalton es el mes que viene y no sé cómo hacerlo para que no se le haga tan cuesta arriba no tener a su padre aquí.
—Me escuecen la nariz y los ojos y pestañeo deprisa para deshacerme de las lágrimas—.
Cuando Xander le ha hablado hoy, a Dalton se le ha iluminado tanto la mirada...
Sé que necesita una figura paterna, pero es que imaginarme saliendo con alguien otra vez es...
—Se me atascan las palabras y gruño. Dejo caer los hombros y vuelvo a levantar la cabeza para clavar los ojos en las ramas que hay en lo alto.
Los rayos danzantes del sol se cuelan entre las hojas, mecidas por una delicada brisa—.
Imaginarme saliendo con alguien otra vez es mi peor pesadilla, Vi. Literalmente.
—Te entiendo —suspira Vi, recostándose contra el banco y levantando las piernas delante para cruzarlas a la altura de los tobillos—.
Después de divorciarme de Troy, estaba quemadísima y agotada.
Acababa de mudarme, acababa de empezar a trabajar en el hospital, hacía turnos de doce horas allí y luego echaba unas cuantas más por la noche en el bar, intentaba apañármelas sola y, por si fuera poco, era madre soltera.
Y luego apareció el puñetero Rowan Kingsley.
—Sacude la cabeza, pero me sonríe con ironía—.
Aunque estas cosas pasan cuando menos te lo esperas, ¿o no?
Nunca pensé que volvería a enamorarme de Rowan después de que me rompiese el corazón.
Le doy un empujón en el hombro y sonrío.
—Y mírate ahora: pillada hasta las trancas y feliz.
—Meh, el chaval es majete... —bromea.
Sé que no lo dice en serio. Está loca por Rowan y, a juzgar por lo que he visto, él está igual de coladísimo por ella.
—¿Cómo lleva Hollie la custodia y pasar tiempo con Troy? —le pregunto.
Me consta que su exmarido viene a ver a Hollie casi cada sábado. Violette regresó a Sky Ridge al cabo de un año de haberse separado de él para estar más cerca de su familia y porque aceptó ese puesto en el hospital.
—Parece que bien. Creo que nota que aquí me siento en paz —comenta Vi, desviando la vista hacia su hija—. Aunque le encanta que nos hayamos mudado y pueda ver más a mis padres. Por no hablar de lo mucho que quiere a Rowan...
—¿Y qué tal la pierna de Rowan? —me intereso.
Se lesionó a principio de temporada, cayó en un cenicero mientras trabajaban en un incendio y salió con quemaduras de segundo grado en la pierna. Acabó en el mismo hospital donde trabaja Vi como enfermera en la unidad de quemados y... Bueno, el resto es historia.
—Pues bien, la verdad —contesta asintiendo—. Sigue con algunas molestias, pero, aparte de eso, parece que genial. Se está curando de maravilla. Sigue a tope.
Miramos a las niñas justo a tiempo para ver que Hollie tropieza con la arena y cae de cara.
Penny se acerca a ella de inmediato y la ayuda a levantarse.
Hollie agacha la cara al llorar y Violette hace una mueca mientras se levanta y se acerca a las peques.
Se pone en cuclillas delante de su hija y le limpia la arena de las mejillas y los brazos.
La niña asiente para responder a lo que le haya preguntado Vi y sus pequeñas coletas rubias rebotan con el movimiento.
Penny se queda cerca, con la mano en la espalda de su amiga.
Percibo un movimiento por el rabillo del ojo y giro la cara para ver que Bea se ha despertado.
En una milésima de segundo, se le dibuja un puchero de enfado en la carita.
Se echa a llorar frustrada justo cuando me levanto y la saco del carrito.
Me recuesto en el banco y cojo la manta ligera que tengo siempre a mano.
Seguimos siendo las únicas personas en el parque, pero me ajusto la parte de arriba del top en un santiamén y la niña se pone a succionar enseguida.
La cubro con la mantita, pero Bea mueve los brazos y me la baja del hombro.
Vuelvo a levantarla para cubrir a la bebé, pero ella hace aspavientos con brazos y piernas y la manta cae por completo, dejándome el hombro y a mi hija completamente al descubierto. Sacudo la cabeza y me la quedo mirando.
—Bea, dile a mami: «Mamá, con esto tengo demasiado calor» —la arrulla Vi cuando vuelve a sentarse con nosotras.
Qué suerte tenemos con esas amigas que son madres y no juzgan, en serio.
No sé qué haría sin Vi. Le habla a Bea, que sigue pegada a mi pecho, y bromea—: Pregúntale a ella a ver si quiere que la tapemos con una manta mientras come, ¡a ver si le gusta!
Bea la mira con sus grandes ojos marrones bien abiertos y me va dando golpes en el valle del pecho, animada. Río y pongo los ojos en blanco antes de exhalar despacio. Necesitaba este ratito con Vi.