23. Esa persistente molestia #6
Wulfgar reconoció una batalla interna, el humano y el demonio luchando por el control, con la filacteria lejos. Sabía que podía correr y asestar un golpe demoledor a su enemigo, pero recordaba claramente las instrucciones que le había dado Kimmuriel y el papel más importante que tenía que jugar.
Alzó su martillo de guerra y rugió, luego giró de lado y bajó Aegisfang con una fuerza tremenda para hacer añicos la gema.
Desde el momento en que Bonnie Charlee soltó la filacteria, Kimmuriel supo que la pelea la tenía que ganar o perder él.
Lanzó su energía mental al interior del cuerpo de Brevindon Margaster como una jabalina, que sacudió al hombre y al demonio que lo poseía tanto como podría haberlo hecho un arma física.
En ese ataque inicial su objetivo era solo uno: separar los dos espíritus que luchaban dentro de ese único cuerpo.
En cuando eso estuvo logrado, en el momento en que sintió la lucha entre Brevindon Margaster y Asbeel, Kimmuriel volvió su atención a Wulfgar; y soltó un suspiro de alivio al ver que el violento hombretón había seguido sus instrucciones en vez de dejarse llevar por sus crueles y bajos instintos humanos.
En ese intangible reino del espíritu, Kimmuriel sintió agudamente la destrucción de la filacteria. Y supo que Asbeel también.
Así que volvió a entrar y se coló en la pelea entre las dos entidades que poseían el único cuerpo.
Y le comunicó claramente a Brevindon Margaster el futuro que le esperaba si perdía esa pelea.
No tendría adónde ir, ninguna filacteria para mantener un espíritu que luchara por él un día más.
Para Asbeel, perder era el regreso al Abismo. Para Brevindon, perder era la muerte.
Asbeel lo sabía y atacó al hombre con toda su fuerza de voluntad, machacándolo, confundiéndolo, expulsándolo de una vez por todas.
El demonio no deseaba el destierro más de lo que el humano agradecería la muerte.
Y debido a ese deseo, Brevindon no tenían ninguna posibilidad de ganar…
excepto por la posibilidad llamada Kimmuriel Oblodra.
Kimmuriel respaldó al hombre. Dirigió el contraataque, atacando a Asbeel.
Este resistió por segundos, lo que parecía una eternidad en el reino del pensamiento puro.
Kimmuriel sabía que él estaba en desventaja, porque Asbeel ya estaba en el interior de su forma corpórea mientas que Kimmuriel era un atacante del exterior.
Entonces, luchó a la defensiva, apoyando a Brevindon más que tratando de debilitar a Asbeel, pero sí que lanzó otra posibilidad ahí, esperando que Asbeel se agarrara a ella.
Su batalla espiritual era una conexión espiritual, y por tanto algo que Asbeel podía usar para moverse rápidamente por detrás de Kimmuriel, al interior del cuerpo de este.
Mientas que Kimmuriel podía unirse con Brevindon ahí en su cuerpo, ¡Brevindon no podía unirse con Kimmuriel en el cuerpo de este!
Al no ganar ningún terreno y con la expectativa de que el bárbaro no tardaría en destruir ese cuerpo de todas maneras, Asbeel hizo su jugada.
Y encontró a Kimmuriel moviéndose justo por delante de él, esperándolo, permitiéndole llevar la pelea su cuerpo.
En cuanto rompió la unión con el cuerpo de Brevindon, Asbeel se dio cuenta de su error, y Kimmuriel sonrió.
Ahora Kimmuriel tenía la ventaja.
Asbeel no era un enemigo menor, sin duda, pero Kimmuriel se había pasado una vida aprendiendo de la mente colectiva. Para él, estar rodeado por otras mentes era natural. Ser superado por esas mentes hubiera significado la locura o, más probablemente, la muerte.
Era evidente que había sobrevivido a esas mentes. Se había desarrollado con ellas.
Y en ese momento solo se enfrentaba a una mente.
El espíritu de Asbeel era un espíritu sin habitáculo, con solo dos opciones: el destierro o la posesión de Kimmuriel.
Por tanto, lo cierto era que Asbeel solo tenía una opción.
El tiempo del demonio en el plano material llegó a un rápido y prolongado final.
Wulfgar se acercó con la intención de acabar con la forma que se debatía, pero se detuvo, porque la criatura continuaba cambiando de color y de forma mientras la lucha interna continuaba.
Luego, de repente, fue totalmente humano.
Brevindon Margaster aulló de dolor, se agarró las costillas rotas y se desplomó cuando sus piernas heridas no lo pudieron sostener más. Sobre el suelo, se retorció, gritó y se removió.
Wulfgar miró a Kimmuriel en busca de guía, miró a Bonnie Charlee en busca de esperanza.
Ninguno de ellos le ofreció lo que deseaba.
Se volvió otra vez hacia Brevindon, y vio que estaba más calmado, tumbado de lado, con el brazo derecho alzado en el aire y la palma hacia fuera para parar a Wulfgar.
—Por favor, por favor —le rogaba.
Bonnie Charlee se despertó y se incorporó hasta sentarse. Solo eso ya detuvo el golpe mortal de Wulfgar.
Hubo un destello, luego un último grito primigenio acompañado de la imagen fantasmal de una forma élfica demoniaca con piel de color rojo, y finalmente todo eso se disipó rápidamente en la nada.
—Cógelo —dijo Kimmuriel desde detrás de Wulfgar—. Lo necesitamos y tenemos que salir de este lugar ya.