Implacable (Generations 3) 15. Conspiración #3
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15. Conspiración #3

Todos sus instintos le decían que algo iba muy mal. Se le pusieron de punta los pelos del cogote y de los brazos, con un cosquilleo. Se le tensaron los músculos.

No podía identificar por qué todo esto estaba tan… mal, pero sabía que no se equivocaba.

Zaknafein retrocedió reptando con cuidado, luego saltó desde la pila y salió corriendo.

—La banda de Jarlaxle estaba vigilando —dijo Bolfae a Iccara, después de la conversación de esta última con el gnomo de las profundidades Symvyn—. Escogiste bien el punto de reunión.

—Claro —repuso Iccara—. He pasado mucho tiempo preparando esto.

Conozco muy bien a Jarlaxle. Es muy listo para ser hombre, y no tiene ninguna intención de permitir que la Casa Hunzrin amenace su relación con sus socios comerciales fuera de Menzoberranzan, sobre todo con los svirfneblin, y menos aún si realmente han encontrado arandur.

—Lo conoces lo suficiente para odiarlo, quieres decir.

Iccara se encogió de hombros, como si eso poco importase, y naturalmente, así era.

—El conflicto entre los dos bandos, la casa y los pícaros, es inevitable. Ambos buscan la gloria más allá de la ciudad y eso significa que sus caminos se cruzan. Será mejor para todos que esto se arregle rápidamente.

—Mejor para nosotras, que lo veremos y lo disfrutaremos —la corrigió Bolfae, y Iccara no se lo discutió.

—¿Quién ganará? —preguntó Bolfae.

—¿Y a quién le importa?

—Le importará a Yvonnel Baenre. Ella favorece a su hijo perdido, y la información secreta y el poder que él le brinda.

—Cierto, pero esta no será una lucha que llegue hasta Menzoberranzan —predijo Iccara—. Esto es un empujón, una escaramuza, y poco más. Aunque los gnomos mineros pueden hallarse en medio de un conflicto que los supera.

—Te coloco en un lugar de honor por mantener a ese gnomo cautivo de tu voluntad. Había creído que eran más difíciles de dominar.

—No son tan difíciles, sobre todo cuando los tientas con lo que desean secretamente. Lo mismo que con los drow.

—No con el drow que estaba vigilando tu encuentro —explicó Bolfae.

—¿Estabas lo bastante cerca para probar?

—Lo estaba, y lo hice. Y él rechazó totalmente la intrusión. Me temo que puede haberla notado.

Iccara asintió.

—Jarlaxle selecciona bien a sus secuaces, y los entrena como si fueran nobles de su casa. Hasta al último de ellos.

—Dudo que este fuera el último de ellos, en cualquier caso. He sentido una fuerza de voluntad en él como pocas veces me he encontrado.

—¿Has discernido su nombre?

Bolfae negó con la cabeza, y luego se irguió y se aclaró la garganta cuando la sacerdotisa Du’Quelve y otros se acercaban.

—Sacerdotisa —la saludó Iccara—. Me alegro de que hayas venido. El gnomo traidor me ha dado esto. —Mostró una pequeña pieza del mineral de color azul verdoso—. Me ha prometido una gran cantidad, suficiente para vestir a la Matrona Arolina en una armadura completa de arandur.

—¿Y lo bastante para mí también? —preguntó Du’Quelve.

Iccara sonrió.

—Vendrá a Menzoberranzan con nosotros, para servir a la Casa Hunzrin. Conoce el secreto del metal. Tu gloria será completa, y tu ascenso a suma sacerdotisa estará asegurado.

Du’Quelve comenzó a sonreír al oír eso, pero dio un paso atrás y miró a Iccara, perpleja.

—¿Cómo sabías…?

La sonrisa de Iccara se hizo más amplia.

—Ya te lo he dicho, sacerdotisa. Mi hermana y yo no somos de Menzoberranzan, pero no encontramos a los mercaderes Hunzrin por casualidad.

Tenemos ojos en la ciudad. Sabemos, y lo aprobamos.

Cuando la Madre Matrona Baenre vea a la Matrona Arolina Hunzrin cubierta por una reluciente armadura de la hermosa malla del arandur, querrá una para sí, sin duda.

—¿Y qué matrona no la querría? —añadió Bolfae.

—Y para conseguir una, acabará con esta banda de gnomos y pondrá a sus propios esclavos goblin a extraer la mena —continuó Iccara—.

Pero lo único que tendrá será la mena. La Casa Hunzrin tendrá a Symvyn, y el gnomo tiene el secreto del refinado.

Por tanto, la Casa Hunzrin se ganará los favores de la Madre Matrona Baenre, y la Matrona Arolina empleará eso para conseguir una licencia exclusiva de la Madre Matrona Baenre para comerciar con el Enclave Arach, como ambas deseamos.

—Como ambas deseamos —convino Du’Quelve—. Hay otro asunto preocupante. Hemos detectado espías…

—Es la banda mercenaria, naturalmente —la interrumpió Bolfae—. Bregan D’aerthe es como la llamáis, ¿no? No representan ningún problema. Si se acercan demasiado, os ayudaremos a destruirla.

La sacerdotisa Du’Quelve se mofó de eso.

—Tienen el favor de la Madre Matrona Baenre.

—Su jefe sí, sin duda —afirmó Iccara.

—Pero el llamado Jarlaxle no está aquí —añadió Bolfae—. Tenemos ojos en la ciudad. Conocemos a Jarlaxle, sobre todo desde que nos interesamos por los svirfneblin.

Du’Quelve digirió todo eso con una extraña expresión, parecía confusa, pero como si estuviera intentando establecer ciertas conexiones con esas informaciones.

Había rumores por todo Menzoberranzan de que alguien estaba negociando con Blingdenstone, y ambas sacerdotisas lo sabían, y Du’Quelve estaba comenzando a darse cuenta de que los rumores eran ciertos y que Jarlaxle era, sin duda, el que hacía negocios.

—Quizá sea el momento de que la Casa Hunzrin deje claro a Bregan D’aerthe y a todos los demás en la Ciudad de las Arañas que ella y solo ella es la fuente principal del comercio exterior de Menzoberranzan —sugirió Iccara, después de dejar a la sacerdotisa Hunzrin unos momentos para que se aclarara las ideas.

Du’Quelve se quedó mirando a Iccara durante un buen rato, y de nuevo resultaba evidente que estaba procesando la información y tratando de valorar todas las posibilidades. Lentamente y con decisión, comenzó a asentir.

Iccara y Bolfae intercambiaron una mirada.

— Que comience la diversión —dijo telepáticamente Iccara a su hermana.