Implacable (Generations 3) 8. ¿Infierno o purgatorio? #2
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8. ¿Infierno o purgatorio? #2

—Ah, pero ahora los criminales pueden verlo por sí mismos. —Señaló el capullo—. Y ahora les puedo mostrar las consecuencias. Recuerda, tú quien ha recibido el don de tener recuerdos mucho más antiguos que tu forma. ¿Esta vez? No es tan diferente de cómo se le dio forma a Lloth, hace milenios.

Regis notó que Yvonnel se echaba un poco hacia atrás ante ese comentario tan extraño, y se sorprendió cuando la drow comenzó a asentir con la cabeza; casi parecía que ella no quisiera, pero no pudiera evitarlo.

—Cuando se le dio forma a Lloth —repitió la sacerdotisa drow, y resultaba evidente que ella hablaba para sí. Luego le dijo a Sharon—. En un tiempo inusual, ¿puedes oír una petición inusual?

—Soy testigo, no participo.

—¿No eres el juicio?

Sharon no respondió, y por una vez, la sonrisa desapareció de su rostro; aunque Regis no estaba seguro de si eso era bueno o el presagió de la destrucción.

—Entonces, ¿qué es él? —preguntó Yvonnel, señalando al capullo que era Entreri.

—Él se ha hecho a sí mismo, claro.

—¡Mentira! —acusó Dahlia; saltó hacia delante y blandió su bastón amenazadoramente, aunque el movimiento la hizo retorcer el rostro de dolor. — ¡Tú le has hecho esto!

Sharon la miró con dulzura, y Dahlia se quedó callada.

Su rostro comenzó a contraerse y empezó a morderse el labio, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.

Su bravuconería se deshizo en temblores, y en unos pocos momentos, la poderosa mujer se tambaleó hacia atrás, tratando de tragar aire y de pedir ayuda, mientras negaba con la cabeza, horrorizada.

—¿Tenías que hacer esto? —preguntó Yvonnel.

—¿Preferirías eso? —replicó Sharon, señalando el capullo con la barbilla.

—¿Y también tenías que hacer eso?

La niña se encogió de hombros.

—Devuélvelo —dijo Yvonnel —. Esto te pido.

Devuélvelo, con sinceridad. Su viaje aún no está completo.

Su camino ha cambiado… ausente… tú, que no deberías estar aquí en esta manifestación.

¿Por qué no puede Artemis Entreri seguir en el camino hasta el final de sus días, quizá hacia un lugar de destino menos duro?

—Ha caminado más tiempo de lo que ningún humano debería.

—Pero ha sido un camino de lo más interesante.

Sharon sonrió de nuevo, incluso rio, y asintió con un gesto de cabeza.

—¿Acaso no ves el problema? —le preguntó Yvonnel—. Estás interfiriendo. No deberías estar aquí, y simplemente por estar, estás juzgando de un modo definitivo lo que no es definitivo.

Sharon suspiró, se encogió de hombros y volvió a suspirar.

—Sabes que lo que digo es la verdad —continuó Yvonnel—. Has sabido esta verdad desde hace ya tiempo; desde el principio, ¿o eres tal que puedes forzar a todos a ser sinceros consigo mismos, excepto tú?

Eso hizo que Sharon soltara una carcajada, y pareció auténtica.

—Bravo, qué drow más inteligente. Cuán lista serás al final, me pregunto. —Sonrió y suspiró—. Quizá sea el momento de marcharme —aceptó, y miró hacia un lado, hacia el capullo, y lanzó una breve bocanada de aire. Inmediatamente, el capullo comenzó a deshacerse… en más avispas picadoras.

—¡No! —gritó Dahlia, y dio un paso hacia allí.

Pero se echó hacia atrás cuando se alzó un segundo enjambre, del mismo color que el primero, pero de una tonalidad diferente.

Luego Dahlia retrocedió aún más; Athrogate aulló y se unió a ella, y Regis saltó por el otro lado del pescante mientras los dos enjambres se atacaban, avispa contra avispa, mordiendo y picando, luchando unas con otras, dándose muerte en un abrazo mutuo, una guerra salvaje de criaturas minúsculas, tan igualadas que ambos enjambres disminuían al mismo ritmo.

—¿Ves? —preguntó Sharon, cuando las últimas cayeron al suelo y murieron—. Siempre hay otro nombre.

En el suelo, Artemis Entreri tosía y vomitaba; se volvió hacia un lado de una sacudida antes de conseguir medio sentarse, tembloroso y como con frío. Dahlia corrió hacia él, y también Athrogate.

—Ha sido… interesante —dijo Sharon a Yvonnel. La niña comenzó a flotar hacia el sur por la carretera, y comenzó a disiparse lentamente.

Regis rodeó el carruaje y se quedó sorprendido al ver correr a Yvonnel detrás de la niña.

—¡Sharon! —llamó Yvonnel—. ¡Conciencia!

—¿Conciencia? —preguntó el halfling, y fue abriendo mucho los ojos al ir entendiendo la situación.

La niña, casi traslúcida, se detuvo y se volvió.

—Dime —le imploró Yvonnel.

—¿Decirte?

—¿Cielo o infierno? —preguntó la sacerdotisa drow—. ¿Puedes decírmelo?

—¿Para ti? —inquirió Sharon con incredulidad, claramente sorprendida; y Regis pensó que era como si la pregunta en sí misma estuviera tan fuera de los límites que nunca debiera serle formulada.

—No —clarificó Yvonnel—. Para eso, sé que no puedes. Pero… para todos. Para todos nosotros. Para el mundo y aquellos que habitan este mundo, este lugar. Te lo pregunto a ti, que eres quien ve con más claridad, ¿adónde va? ¿Qué plato de la balanza acabará siendo el más pesado?

La niña se rio de ella.

—Dímelo —rogó Yvonnel.

—Dítelo a ti misma. —Y Sharon siguió flotando hasta desaparecer.

Regis corrió hasta Yvonnel, que pareció sorprenderse de repente, con una sacudida de la cabeza y un gran grito ahogado.

—¿Qué? —preguntó el halfling.

Yvonnel no le contestó, porque Sharon se lo había dicho solo a ella, en su cabeza, donde la vocecita de la niña le había susurrado: «El arco de la razón se dobla hacia el cielo. La oscuridad de unos cuantos puede forzar el infierno».

—¿Qué? —insistió Regis.

Yvonnel comenzó a esbozar una sonrisa y a asentir.

—¿Qué? ¡Debes decírmelo!

—Es un juego muy largo, amigo mío —le dijo Yvonnel—. Un camino muy largo. Pero ten fe, porque ahora creo que vale la pena recorrerlo.

—¿Qué? —repitió Regis, y su voz se fue apagando—. ¿Vas a decirme de que va todo esto?

—Ya lo sabes.

—¿Cuál era su nombre?

—Tiene muchos.

—¿Conciencia?

Yvonnel miró a Regis y sonrió, luego giró y se fue a atender a Entreri.

Regis no la miró irse. Mantuvo los ojos en el camino del sur, donde la niña, Sharon, se había disipado hasta desaparecer. Miraba como si aún pudiera verla, y en su cabeza comenzó a repasar los encuentros anteriores.

Miró hacia un lado, solo un momento, y vio a Dahlia, mientras pensaba en la reacción tan diferente que la elfa y él habían experimentado ante el espectro de Sharon.

Él se había sentido extrañamente cómodo, pero Dahlia todo lo contrario.

Conocía lo suficiente del pasado de Dahlia para poder sumar dos y dos, y se encontró asintiendo mientras pensaba en los comentarios de Yvonnel y en la conversación.

Sí, pensó, al debilitarse la barrera entre los planos, las hordas de demonios podían salir del Abismo, y así también había llegado esa… cosa. Sharon no era una criatura, y sin embargo, era una parte ineludible del razonamiento de cada criatura.

Sharon era la conciencia hecha forma y sustancia.