Implacable (Generations 3) 3. Semillas #3
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3. Semillas #3

—¿Por qué? A Zaknafein le encantan las batallas. ¡Vive para ellas! Y este será, con mucho, el mayor desafío hasta el momento. ¿Crees que está asustado?

—¿Asustado? —repitió Briza con un bufido—. ¿De qué? ¿De la derrota? ¿De morir? Creo que Zaknafein daría la bienvenida a su propia muerte, de tanto que se desprecia.

Eso hizo que Dinin la mirara con curiosidad, y casi sin voz, preguntara: «¿Se desprecia?»

Briza ocultó su sonrisa. Al igual que su hermano, sabía que, en todo caso, Zaknafein estaba muy pagado de sí mismo, era demasiado altivo y se creía por encima de los edictos de las sacerdotisas que servían a la Reina Araña. Sin embargo, saber eso no le servía de nada en ese momento.

—Su mal humor puede estar causado por el temor —añadió Briza—, pero no temor por su vida o por la Casa Do’Urden. Ganaremos y él lo sabe. Pero hay alguien más, cuyo futuro es mucho más incierto.

La expresión de Dinin mostró aún un mayor desconcierto, y Briza resistió la tentación de darle un puñetazo al tonto de su hermano.

Nunca había entendido cómo Dinin había conseguido sobrevivir durante tanto tiempo en Menzoberranzan, porque no lo consideraba lo suficientemente inteligente para moverse entre las telarañas de la cultura drow.

—Quizá hayas notado que la Matrona Malicia ha engordado últimamente —dijo Briza con sequedad.

—Sí, con el vástago de Zaknafein, eso se susurra. ¿Y?

—Es suyo, esta vez es seguro.

—Y los rumores dicen que Vierna también es de él —comentó Dinin—. Quizá tenga más repartidos por la ciudad; en un pasado distante, había muchas que lo deseaban para criar, o eso he oído.

—Este es diferente para él, y seguramente también para la Matrona Malicia. Este seguro que ha salido de su semilla y aportará ayuda inmediata a la Casa Do’Urden por el simple acto de nacer. Y este seguramente se halla en un peligro mortal inmediato.

—¿Por causa del conjuro?

—¡Shhh! —le riñó Briza—. Baja la voz. Eso solo lo saben los nobles de la Casa Do’Urden. Pero no, no es por eso. Piensa, hermano. Tú lo tendrías que entender mejor que yo.

—Tercer hijo —respondió Dinin pasado un momento, y tanto su voz como su expresión mostraron que no había pensado en eso antes.

—Y por tanto, Zaknafein está de muy mal humor, y también la Matrona Malicia, te lo advierto.

Ella no se atreverá a desobedecer los edictos de la Reina Araña, claro, y sobre todo no ahora, con todo lo que le está pidiendo a Lloth para la batalla que se avecina.

Pero, en su opinión, un hijo varón de Zaknafein sería sin duda algo magnífico.

Una adición de lo más valiosa en las filas Do’Urden.

—Valoraría más a una niña —replicó Dinin—. Claro que sí.

—Si es niña, entonces no hay problema. Pero la Matrona Malicia está casi segura de que lleva un hijo —afirmó Briza—.

Aun así, creo que en eso te equivocas, hermano.

En este caso, dado quien es el progenitor, me parece que la idea de tener un niño realmente intriga a la Matrona Malicia.

¿Otro luchador del calibre de Zaknafein?

Enriquecería a la familia simplemente alquilándoselo a otras matronas en cuanto se haga hombre.

—Podría hacer eso con Zaknafein ahora —espetó Dinin, que parecía bastante molesto—. Y estoy seguro de que no la has entendido bien.

—Lleva cuidado con cómo le hablas a una suma sacerdotisa —le advirtió Briza.

—Eso es justo lo que quiero decir —respondió Dinin—. Por muy fantástico que sea ese hijo, nunca lo será tanto como… como Briza. Pero ¿una niña, una hija de Zaknafein?

—¿Como Vierna? —replicó Briza, riendo por lo bajo.

—Ni tú ni yo somos vástagos de Zaknafein.

—Y, sin embargo, sigo siendo muy superior a Vierna en cualquier aspecto mesurable.

Muy superior, y eso no va a cambiar. La Matrona Malicia no le tiene ningún cariño a Zaknafein; simplemente son asuntos de familia.

No me preocupa la posibilidad de que la Matrona Malicia tenga otra niña, otra hija de Zaknafein.

Seguiré siendo la Suma Sacerdotisa de la Casa Do’Urden y la siguiente en la sucesión al título de Matrona.

Para cuando una nueva hija llegue a ser lo bastante fuerte para desafiarme, la Matrona Malicia seguramente ya esté muerta, o habrá sellado la línea de sucesión.

»Pero un niño, Dinin, ¡un hijo de Zaknafein! Eso podría sacudir los propios cimientos de los rangos de los nobles de la casa entre los hombres de D’aermon N’a’chezbaernon.

Su empleo del nombre antiguo y formal de la Casa Do’Urden hizo que Dinin se centrara más.

—Pero acabas de decir que Malicia no irá contra los edictos de la Reina Araña, en estos momentos críticos.

—¿Malicia? —preguntó Briza a media voz, amenazante.

—¡La Matrona Malicia! —se corrigió el atontado guerrero.

—Claro que no —afirmó Briza—. Pero a la Matrona Malicia tampoco le molestaría que uno de sus otros hijos tuviera la desgracia de caer en la batalla contra DeVir.

—Improbable.

—Pero no imposible —apuntó Briza; se dio la vuelta y se alejó, segura de que sus palabras no habían caído en saco roto.

Implacable.