Capítulo 14
Lyra
La ira de Lucifer es incontrolable y solo quien ya lo ha presenciado sin control sabe lo que es ser evaluado por los ojos de la penitencia.
Por instantes, el miedo es mi sentimiento más crudo y real.
Sería una idiota si no lo tuviera.
Sin embargo, con sus dedos alrededor de mi muñeca, la presión apenas leve y la vacilación en sus ojos, me llevan a creer que, en realidad, intenta advertir algo. Por eso, todo el terror que debería sentir al encararlo desaparece.
Desaparece sin explicación.
Sin aviso.
Simplemente se esfuma.
Él vuelve a enmascarar la ira y retira los dedos de mi muñeca.
La ausencia me provoca vacío y una punzada de deseo, que suplica por el contacto y por el aroma agradable que emana de su piel.
—Vete. No hay nada más aquí para ti.
—¿Y nuestro entrenamiento?
—Por hoy se acabó. Nos vemos en clase, Lyra.
Sin más respuestas, Nilo camina por el pasaje y desaparece. Nos quedamos Serpens y yo, sin entender nada, y mucho menos el arrebato que tuvo. Sé que la serpiente está aquí porque consigo sentir su respiración jugando con las paredes.
—¿Entendiste algo?
No escucho ninguna palabra, pero sé que su confusión es tan grande como la mía.
Dejo que la sensación extraña de haber visto más de lo que Nilo estaba dispuesto a mostrar me abandone y vuelvo a entrenar, esta vez sola, con la certeza de que lo confrontaré después.
Si no puedo escapar de este lugar.
Él no va a poder escapar de mí.
Ou quizá lo consiga.
Ya que no imparte su siguiente clase.
Ni la siguiente.
Y cuando intento entrar en su despacho sin su permiso, a veces desaparece el picaporte, o la propia puerta. Me quejé con Serpens, pero ella insiste en no dejarme entrar, lo cual es extraño. ¿Qué está ocurriendo con Nilo? ¿Me está evitando, o evitando algo mucho peor?
Empujo las teorías al rincón más oscuro de mi mente y me concentro en la situación actual. Mientras todos observan el ranking de los demonios del Electio .
—Estás mejorando muy rápido… —comenta Kalliope, enrollando un mechón de cabello entre sus dedos—. Ni siquiera pensé que fuera posible, pero subiste muchas posiciones.
Juntas, miramos el tablero y, entre noventa demonios, estoy en la increíble posición cuarenta y seis.
Cuando digo que es increíble, lo digo con honestidad, porque apenas llegué y descubrí cómo funcionaba todo, jamás imaginé que saldría del último lugar.
Ni que tendría que lidiar con miradas extrañas de varios demonios después de que Nilo matara a dos de ellos.
Creo que me convertí en persona non grata .
Pero ¿qué puedo hacer? Forma parte de mi carisma, obviamente.
—He estado entrenando.
—¿Sola? —Su pregunta me recuerda que no puedo contarle a nadie quién es mi profesor.
Nilo me hizo jurar que jamás permitiría que eso se escapara.
Como si uno de sus generales no lo hubiera notado.
Azazel me vio salir de su despacho una vez y ladeó la cabeza, como si supiera exactamente qué hacía allí.
Lo más extraño fue cuando sus ojos se cruzaron con los míos y esbozó una sonrisa enorme al decir:
—Es bueno verte. Espero que todo salga bien.
Y con esa frase llena de incógnitas, desapareció.
Estos demonios tienen una tendencia jodida a las entradas y salidas dramáticas.
—Sí.
—¿Solo con esos libros?
Entró en mi habitación el último nox y vio la montaña de libros que, con mucha determinación, conseguí convencer a la biblioteca Disparitio de que me dejara sacar.
La hija de puta es tendenciosa y ama los dulces.
No me preguntes cómo los devora, pero siempre que llevo golosinas, me deja hacer lo que quiera.
Dependiendo de la cantidad, incluso me lanza los libros que necesito leer.
En fin, un encanto.
—Claro.
—Entonces necesito leer más.
Veo su posición. Cuarto lugar.
—No sirve de nada usar falsa modestia conmigo, sabes que eres excelente de una forma que jamás seré.
—¿De verdad crees eso? —Se anima.
La manera en que me minimizo y la exalto la deja feliz, y eso me hace compararla con Helena; las diferencias que noto entre ambas me preocupan.
—Sin duda. Pronto llegarás al primer puesto.
Nuestra atención se desvía del ranking en cuanto Nilo entra en la sala, usando ropa más formal de lo que jamás lo vi vestir y que cubre todos sus tatuajes. Siempre que lucha conmigo, suele desprenderse de las “reglas” de vestimenta que siguen los generales y deja los de los brazos a la vista.
En el brazo derecho tiene una corona dibujada en el hombro. Una espada que desciende desde ella y cubre todo el brazo, y un árbol en la parte interna del bíceps y el antebrazo.
En el izquierdo, en el mismo lugar de la corona del otro hombro, tiene un camafeo tatuado. Y varias frutas demoníacas, además de otra frase en latín: Vera causa .
¿Una causa verdadera de qué?
Y no terminan ahí, hay otras más pequeñas, al igual que en el otro brazo.
Son tan hermosas que recuerdo haber quedado deslumbrada, intentando admirar cada dibujo, al punto de bajar la guardia y ser intimidada por él.
—¡Vamos, Lyra! —Kalli me arrastra por la sala hasta los asientos libres de la primera fila.
Un infierno. Literalmente.
Porque paso varias horas del nox con Nilo actuando de manera fría, dura, directa, con extrema indiferencia.
Habla con mis compañeros de clase, aclara dudas y evita mirarme.
Es evidente que está decidido a fingir que no existo, que no fue él quien me ayudó a llegar hasta aquí.
Y bueno, si quiere que sea así, se lo devolveré.
—Ahora, el último tema que abordaré hoy, pero de suma importancia: poderes demoníacos —empieza, y de reojo veo su mirada volverse hacia mí, algo que disimula de inmediato—.
Muchos de ustedes tienen mayor afinidad con determinados factores, y este es el momento de empezar a trabajar con todo aquello de lo que son capaces.
Son de los poderes más vistos en el territorio…
Comienza a describirlos extensamente, haciendo algunas pausas para preguntas entre uno y otro.
Sus pasos son firmes, caminando por el aula con la gracia de un ángel caído, invocando pecados como un demonio.
La voz flota por el ambiente y captura la atención de todos, que, al igual que yo, escuchan con mucho interés.
Sobre todo cuando empieza a describir lo que todos quieren saber:
Los poderes demoníacos conocidos.
Siendo estos:
Viajar en el tiempo. Son pocos los demonios que poseen la habilidad de visitar el pasado, lo que puede ayudar de muchas formas en sus propios dilemas, ya que los tempus vehicula , los caminantes del tiempo, solo pueden visitar su propio pasado, el de nadie más.
Sin poder alterar nada, solo observar, como si estuvieran allí, pero sin capacidad de interferir.
Lluvia de fuego. Demonios más antiguos y con mayor experiencia son capaces de transformar lluvias normales en fuego puro. Un poder usado cuando se encuentran en la Tierra, inútil en el infierno.
Detener el tiempo. Raro. Solo una figura en el infierno es capaz de contener el avance del tiempo por un período indeterminado.
Y únicamente cuando está en pleno uso de sus poderes.
El mayor problema son las consecuencias que podría generar si insistiera en tal acto contra el equilibrio.
Ninguna entidad permitiría ser desafiada sin castigo.
Manipular el espacio. Lo que permite surgir en cualquier lugar, sin límite de distancia. Es un poder poco común y no se manifiesta en demonios jóvenes. Raramente puede verse en demonios con cientos de miles de años. Incluso existe el registro de un solo ser en todo el infierno capaz de usarlo.
Invisibilidad. Todos los demonios desarrollarán esta habilidad en algún momento de sus vidas.
Posesión. Todos los demonios pueden poseer humanos, estén recién muertos o no. Siempre que… sus víctimas sean susceptibles a la posesión. Se facilita cuando existe alguna vulnerabilidad por parte del huésped, y mejor aún, cuando este permite que su cuerpo sea usado.
Como Nilo describe durante la clase, es común que demonios como nosotros manifiesten al menos tres habilidades paranormales.
Las demás también son descritas, pero no presto mucha atención, ya que el diablo continúa caminando de un lado a otro del aula, con unos pantalones que yo compararía con sastrería, no muy ajustados, pero de ningún modo holgados.
La camisa negra cruzada completa el conjunto, transformando su belleza en algo más allá de lo normal, capaz de subyugar incluso a la criatura más pacífica.
En la parte inferior es posible definir el contorno exacto de los cuádriceps y lo potentes que son, además de convertir su altura en una especie de obra de arte en exhibición.
Llego a salivar.
Trago en seco y me remuevo en la silla, presionando las piernas.
Podría follarme.
Podría follarme mucho, y no me quejaría.
La mayor parte de esta maldita realidad que vivo ya es lo bastante loca; acostarme con Lucifer no debería ser lo más descabellado. Tal vez sea lo más normal.
—Es mucho más sexy de lo que todo el mundo dice. Es surrealista. ¿Crees que si le suplico, me folla? —dice Kalliope, verbalizando lo que ronda mis pensamientos desde hace unos minutos.
Nilo mira en nuestra dirección y no hay duda de que oyó lo que dijo, ya que no estamos tan lejos de donde se encuentra. Kalliope hace una mueca e intenta disimular, lo cual no surte efecto después de su comentario desafortunado.
—No lo sé, puedes probar —susurro, en cuanto él presta atención a una pregunta de otro demonio y tengo libertad para comentar.
—¡¿Quieres verme muerta?!
—Es solo curiosidad por saber qué diría.
Si Nilo escucha eso, no lo demuestra, porque el resto de la clase transcurre sin incidentes y, a medida que se encamina hacia el final, con varios demonios probando sus poderes, me coloco en un rincón y evalúo la forma en que se mueve.
Sigiloso. Listo para atacar. Nadie me presta atención, pero sé que él siente mi presencia y lanza miradas fugaces algunas veces, forzándose a prestar atención a los demás.
Los guía de la misma manera en que me guio a mí en nuestros últimos entrenamientos. Y lo peor es que no dejo de sentir un poco de celos cuando lo veo hablar con otras, cuidarlas mientras descubren sus poderes.
Aprieto la mandíbula y cierro los puños.
¿Por qué me siento así?
Es su papel como profesor, pero aun así me incomoda.
Tengo ganas de ir hasta allí y acabar con cada una de ellas, de hacer que pague por prestar atención a otras.
Es un impulso tan brusco que me obligo a mantener los pies congelados en el lugar.
No puedo tomar decisiones estúpidas. Definiría el resto del tiempo como una penitencia.
Sin embargo, mi foco sigue siendo resistir hasta que la clase termina y todos empiezan a retirarse.
—¿No vienes? —pregunta Kalli en cuanto termina de guardar todo el material y ve que no me he movido ni un mísero milímetro.
Me encojo de hombros en respuesta.
Tendré que ir, claro, ya que no existe la opción de rechazar el horario del “curso”.
—Ah, déjalo, yo voy delante porque necesito ver la demostración de Azazel.
Sale disparada y yo permanezco sentada.
Ordeno mis cosas sin prisa y me resulta curioso el hecho de que el infierno tenga tantas cosas en común con la Tierra, incluidos los muebles del sistema educativo.
La mesa, de la que sale la pieza de madera desde el lateral de la silla, se parece mucho a las que había en la universidad.
Es como si hubiera vuelto a esa época, no es que me guste demasiado, ya que vivía con la cara metida en los libros en lugar de prestar atención a personas reales.
Siempre me sentí diferente.
Mamá decía que necesitaba cambiar, ser más cordial y carismática.
Pero la dificultad que tenía era inexplicable.
Por eso empecé a aventurarme en la lectura.
Era mi refugio, mi rincón seguro y donde podía ser quien quisiera.
Una guerrera formidable, una protagonista de romance cliché o, quién sabe, la antiheroína.
Fue mágico.
Lo sigue siendo.
Así que no sé cómo sentirme con el hecho de que cada vez me siento más cómoda en el infierno. Tan cómoda que me veo caminando hasta donde está el diablo, solo para confrontarlo por su reciente desaparición.
Está apoyado en la mesa cuando todos los demonios ya salieron del aula. Me detengo frente a él, decidida a saber por qué me ha estado evitando en los últimos nox .
—¿Hice algo para que desaparecieras?
Veo cómo sus hombros se tensan y levanta la cabeza para mirarme.
—¿Te crees tan importante, humana?
La provocación da paso a la preocupación. Si Nilo no quiere entrenarme más, tendré que seguir aprendiendo sola, y ya me di cuenta de que eso puede no ayudar tanto.
—Dijiste que me entrenarías.
—Y ya estás muy bien. No voy a ayudarte más que eso. Me resultas inútil tal como estás. Si sigo interfiriendo, arruinaré mis planes.
—¿Qué planes?
Nilo gruñe. Un sonido gutural, animal, cargado de irritación.
Su ira no me asusta ni me pone en alerta. Solo alzo la cabeza, frunzo los labios y arqueo una ceja.
—Olvídalo, no me lo vas a contar de todos modos. Y puedes estar tranquilo, sé arreglármelas sola, no te necesito.
Le doy la espalda y empiezo a alejarme.
—Claro, te gusta mucho leer, ¿verdad?
Te gusta leer…
Te gusta leer…
Esa frase me detiene en seco, porque escucho una conversación nuestra que no ocurrió aquí, que no ocurrió en mi tiempo en el infierno. No, ocurrió mucho antes.
Salgo del aula y me detengo afuera, con la mano en el pecho, impactada por no haberlo reconocido, por no haberme dado cuenta de que ya había visto a Nilo antes.
En la Tierra.
En la… Tierra.