51 Markel Skytree 17 horas para el solsticio de verano
H ikari y Kai juegan a las cartas en una de las salas comunes del Skytree.
Hace ya tiempo que Kai ha hecho un esfuerzo muy vago por convencer a su hermano de retirarse a dormir, pero el concepto de unas horas de sueño sanas queda un poco anulado por la incertidumbre que trae consigo el fin del mundo.
Varios de los soldados que permanecen despiertos están haciendo guardia. Algunos charlan, pero otros muchos se han reunido alrededor de pantallas cuyos programas van cambiando cada poco rato:
Tertulianos que aún especulan sobre la existencia de las bombas.
Imágenes de hileras infinitas de personas que aguardan a que vuelvan a abrir refugios que ya se han cerrado.
Saqueos en las calles.
Políticos llamando a la calma desde sus búnkers.
Y Raine Andrews haciendo declaraciones vacías desde el despacho de su casa, en arresto domiciliario, después de juicios en los que no se ha esclarecido nada de nada.
—Markel. —La voz de Hikari me obliga a girarme.
Kai me dedica una mirada de cejas arqueadas y me acaricia la mejilla con los nudillos antes de señalarme la mesa.
—Te toca —me recuerda.
Y yo procuro regresar al juego.