52 Kai Skytree 13 horas para el solsticio de verano
A nna llega a buscar a Hikari por la mañana.
Me despido de él y no le digo que sí cuando me pregunta si yo estaré a salvo: no más mentiras. Así que le digo la verdad: espero que sí, pero en realidad nadie puede saberlo.
Me giro de vuelta hacia el vestíbulo cuando todos se despiden de la chica en la puerta, pero algo me obliga a detenerme en el último segundo.
Tengo el estómago revuelto cuando me planto frente a ella, que no retrocede, ni se encoge. Alza el mentón, sin ocultar las cicatrices que le recorren el cuello y que hoy no se tapa, y me mira detenidamente mientras el resto guarda silencio.
—Gracias por cuidar de él.
—No lo hago por ti —responde, con rotundidad.
Hikari se queda un paso por detrás de ella, mirándonos alternativamente con los ojos enormes y abiertos de par en par, muy tenso.
Me cuesta mucho no dar media vuelta y largarme.
—Pero debo darte las gracias igualmente —respondo e inspiro con fuerza—. Y también debo decirte lo mucho que siento haberte hecho daño, aunque no sirva de nada, ni vayas a perdonarme.
—No voy a perdonarte —confirma, con rotundidad—. Pero sí sirve de algo.
Nos miramos unos segundos en los que no soy capaz de deshacer el nudo que tengo en la garganta. Asiento con la cabeza y ella me da la espalda antes de salir del Skytree.
Hikari me dedica una sonrisa sincera, alza la mano y se despide.
Luego, volvemos al interior y Markel pasa las siguientes horas cambiando las coordenadas en una simulación.
El mundo.
El mar.
El mundo.
El mar.
En una práctica repetitiva y desquiciada, consigue bajar el tiempo a 28 minutos. En un momento dado para, mira las noticias y vuelve a practicar la secuencia.
Raine Andrews sigue negando conocer la forma de desactivar las bombas.