Imperio de luz y silencio (Imperio de sombra y tormento 2) 47 Kiera Skytree 5 días para el solsticio de verano
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47 Kiera Skytree 5 días para el solsticio de verano

–H ola, mamá. Hola, papá. —La voz de Neal, siempre segura, suena ahora un poco vulnerable—. Allison, Sarah…

Su familia se encuentra al otro lado de la pantalla. Neal dice que las reuniones familiares solían ser mucho más extensas, pero hoy están solo los cuatro: sus dos hermanas pequeñas y sus padres.

—Neal. —Es su madre la que habla. Tiene algo parecido a él, tal vez sean los ojos, o la expresión de la boca… Es una mujer muy guapa—. ¿Es cierto? ¿Lo que hemos visto en las noticias es de verdad?

Como pensábamos, el mundo entero ha estallado frente a la amenaza.

Se descartó enseguida que fuera un montaje. Los medios no hablan de otra cosa y la gente… se ha vuelto loca. Algunos se atrincheran ya en sus casas, otros han empezado a migrar, huyendo de los puntos que Neal señaló… aunque hay más, muchos más.

Han emitido listas: todos esos lugares que pueden ser objetivos estratégicos en un ataque.

Las fronteras de todos los países han colapsado, la gente muere en las carreteras. Los aeropuertos son intransitables y los lugares seguros… se atrincheran para resistir invasiones externas.

Hay conflictos, revueltas… La tensión ha reventado ya varias veces.

Ante el miedo y la impotencia, quienes se sienten acorralados han reaccionado de forma violenta: enfrentamientos de civiles por recursos, manifestaciones que acaban con sangre, linchamientos públicos a quienes exigen responsabilidad…

La gente está matando para salvarse.

Aunque Raine Andrews sigue ilesa, e impune.

Neal aprieta la mandíbula.

No somos tan ingenuos como para pensar que esta conexión no está comprometida.

No solo Moe Standen estará al tanto de todo lo que se diga aquí hoy: todos los gobiernos deben tener también un ojo puesto en las comunicaciones privadas del comandante Neal Kellum, el hombre que tiene en sus manos el poder de destruir el mundo.

—¿Es verdad, Neal? —insiste su madre, cuando él tarda demasiado en responder—. ¿Lo que dicen en las noticias de ti es verdad?

—Sí, es cierto —contesta, con aplomo.

Su madre se lleva la mano a la boca y da un paso brusco atrás, buscando apoyo en su marido, que le pasa un brazo protector por los hombros y la estrecha contra sí. Es un hombre alto, como Neal.

—¿Por qué haces algo así, hijo? —le pregunta el padre.

—Porque mi deber es proteger a mi gente —contesta.

Lo hemos ensayado, cada palabra, cada gesto… pero nada se le parece a esto. Nada se le acerca a lo que debe de estar sintiendo al mirar a su familia a la cara para decirles que está dispuesto a matarlos.

—No lo entiendo —murmura Sarah. Es la menor de los tres hermanos y se parece tanto a Neal que se me encoge el corazón.

Tiene sus rasgos, pero más dulces en un rostro femenino y de una belleza casi escandalosa—.

¿No hay otra solución? Hemos visto lo que ha pasado, lo de las bombas…

¿Es que nadie puede ayudaros a desactivarlas?

No puede ser que tengáis que destruir el mundo para salvaros vosotros.

«No. No lo destruiremos».

«No. No dejaremos que eso ocurra».

Imagino lo que puede estar pensando Neal, el dolor al tener que sostener esa mirada suplicante y decir:

—Lo siento en el alma, pero no hay otra opción y es mi deber.

—Siempre has sido un buen hombre —le dice su padre, con voz grave—. Por eso me cuesta creer que pienses que esto es lo mejor para todos.

—No sé si es lo mejor para todos, pero sí sé que es lo mejor para la gente a la que he de proteger.

—¿Y qué pasa con tu familia? —solloza su madre, todavía en brazos del padre—. ¿Qué pasa con tus hermanas?

Neal abre la boca. Lo hemos ensayado. Está preparado… y él no es capaz de seguir con esto.

Doy un paso adelante, lo agarro de la mano y, tras una mirada, se atreve a decir:

—Raine Andrews puede parar esto. Si lo hace nadie tendrá que morir.

—¿Y si no es ella? —inquiere su madre—. ¿Y si dice la verdad y no tiene poder sobre esas bombas?

—Mamá…

—¡No! ¡Piensa en lo que ocurrirá si nadie desactiva las bombas!

—El alcance de las bombas no llegará a Noosa. Estáis a salvo en casa —replica, con un hilo de voz—. Aun así, como no podemos predecir qué ocurrirá con los silos nucleares, debéis ir a un refugio la noche del solsticio.

Su madre vuelve a llevarse las manos a la boca para ahogar un sollozo. El padre de Neal la estrecha más fuerte contra su pecho.

Y el silencio que le sigue a esa terrible interacción es pesado y helador como un manto de nieve.

—Confío en ti —dice de pronto una voz grave pero tierna.

Debe ser Allison, la mayor de las dos. Creo que a mí me saca un par de años.

Es guapa, una belleza australiana con la piel bronceada y los pómulos besados por el sol.

Sus padres, y Sarah, se giran para mirarla—.

Y ellos también confían en ti, solo que necesitamos tiempo.

—Allison… —Neal contiene el aliento—. Siento muchísimo todo esto.

—Y yo siento que te veas en una posición así. No mereces nada de todo esto. ¿Verdad que no? —Cuando se gira hacia sus padres, él cierra los ojos con fuerza y su madre solloza más fuerte. Es Sarah la que responde.

—Ojalá estuvieras aquí.

—Ojalá —coincide él.

—Eres bueno, Neal —añade Allison, con una sonrisa cautelosa—. Todos lo sabemos y confiamos en que llegado el momento tomarás la decisión más justa.

Siento cómo se le tensan los nudillos.

—Lo más justo no siempre es lo más fácil.

Allison asiente.

—Lo más justo —repite.

Ninguno de los demás dice nada, pero tampoco le llevan la contraria y eso es… Es bastante extraordinario.

Neal acaba de confirmar que destruirá el mundo para salvar una isla y su hermana lo entiende, lo apoya y confía en él.

Debe de quererlo muchísimo. También sus padres y su otra hermana, si no la contradicen.

—¿Esa de ahí es Kiera Amell? —pregunta de pronto, y me atrapa tan por sorpresa que necesito unos segundos para comprobar que se refiere a mí.

Cuatro pares de ojos se vuelven hacia donde estoy y yo siento el irrefrenable impulso de ocultarme un poco más tras el robusto cuerpo de Neal, que da un paso al lado para exponerme más.

Será traidor.

—Sí, es mi soldado.

—¿Todos tus soldados te agarran así de la mano? —lo provoca Allison—. Qué tierno.

Neal me suelta, pero es demasiado tarde. Lo mundano del gesto en una situación así, tras una conversación de este calibre… me arranca una risa nerviosa.

—Encantada —les digo—. Ojalá haberles conocido en una situación mejor.

—Es la piloto —dice entonces Sarah—. La chica del Scorpion V, ¿verdad?

—Sí —respondo—. Soy yo.

La madre de Neal se seca con rapidez las lágrimas y se aparta de su marido para acercarse un poco.

—A mí también me apena haberte conocido así —declara la mujer y se pasa un dedo bajo las pestañas, recogiendo las manchas de máscara—. ¿Desde hace cuánto os conocéis?

Esto no puede estar pasando. No así…

Miro a Neal.

—Eh…

—Unos meses —responde, por mí.

—¿Estáis saliendo?

Casi me atraganto.

—Mamá, no tenemos que hablar de esto ahora.

—En cinco días habrás muerto tú o habremos muerto el resto. ¿Cuándo quieres hablar, Neal?

Ya sé de quién ha heredado el carácter.

Su marido le pasa una mano en actitud cariñosa por la espalda.

—No vais a morir —le susurra y yo vuelvo a tomarlo de la mano, porque eso no está en el guion; no lo hemos preparado y no puede decirlo—. Id a un refugio —repite.

Tiene que quedar claro que está dispuesto. Que es tan frío como para mirar a su madre a los ojos y decirle que está decidido a bombardear el mundo entero.

Su padre sacude la cabeza, tan consternado como nosotros. La situación, las palabras… y en medio de todo esto la sonrisa tranquilizadora de Allison.

—Yo te perdono. Pase lo que pase. —Oh, Dios mío—. Y me apena no tener tiempo para conocerte mejor, Kiera.

Le dedico una sonrisa a falta de más palabras. ¿Cómo se corresponde tanta generosidad?

Sarah, sin embargo, sale corriendo.

—¡Sarah! —grita la madre, que todavía tiene los ojos vidriosos—.

Piensa en lo que estás haciendo —le dice a Neal—.

Piénsalo muy bien. Igual que Allison, confío en que harás lo correcto, pero…

No es solo por nuestra familia. Toda esa gente que va a morir sin tener la culpa de nada…

Y el mundo entero destrozado… Nada volverá a ser igual. Por favor, Neal. Piénsalo bien.

Va tras Sarah y solo su padre y Allison quedan en pantalla.

El hombre es alto y de hombros anchos, y mantiene la forma a pesar de la edad. Es moreno de pelo, y de piel, y tiene los ojos claros y bonitos.

—Te queremos —le dice, solamente y aprieta los labios en una línea delgada para evitar que la emoción lo embargue—. Eso es todo, chico… Te queremos mucho, ¿vale?

A su lado, Allison apoya una mano en el hombro de su padre. Asiente, corroborando sus palabras.

—También yo os quiero.

Se me parte el corazón.

La llamada se detiene y la pantalla en negro que queda después es un vacío terrible.

—Lo siento —susurro.

Neal me dedica un vistazo rápido.

—No es culpa tuya. Fue idea mía.

—Ya, pero siento que hayas tenido que hacerlo… Tiene sus ventajas no tener familia.

La sonrisa que me dedica es demasiado pobre para disipar la tristeza que lo impregna todo, y lo único que se me ocurre es acercarme a él, rodear una de sus grandes manos con las mías y ponerme de puntillas para darle un beso en la mejilla.

Neal cierra los ojos y deja la cabeza apoyada sobre la mía.

—Gracias —murmura.

No sé cuánto dura este momento; no es suficiente.

Se incorpora y yo sé que debemos continuar.

Quedan cinco días.

Solo cinco.

Abro la puerta de la sala de reuniones y le digo a Kai que hemos terminado. Estaba esperando para ir juntos a reunirnos con el resto.

—¿Seguro que tú tampoco quieres comunicarte con el exterior? —le pregunto.

Kai sacude la cabeza.

—No tengo a gente fuera, Amell.

Por suerte.

Tampoco Riku, ni Anna, ni Markel han necesitado llamar.

No sé si yo sería capaz de enfrentarme a lo mismo que Neal hoy. Me cuesta creerme capaz de mirar a mis seres queridos a la cara y decirles que prefiero matarlos a dejar que Raine Andrews gane.

Dios mío…