Imperio de luz y silencio (Imperio de sombra y tormento 2) 38 Echo Palacio Imperial 12 días para el solsticio de verano
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38 Echo Palacio Imperial 12 días para el solsticio de verano

E l Imperio entero trabaja con el rebelde Markel Sagastizabal para localizar las bombas, integrarlas en misiles y adaptar sistemas de lanzamiento.

El despliegue es asombroso; el mayor desde que nos encerraron aquí dentro con las anomalías y Japón tuvo que prepararse de la noche a la mañana en una carrera contrarreloj.

No solo hay ingenieros trabajando día y noche, todos los recursos humanos son bien gestionados y explotados.

Ya no leo las notas de Alexa, y hace días que revoqué la orden que di a los guardias para que la dejaran pasar siempre a mis aposentos.

Por eso verla ahora me enfurece tanto.

Se acerca a paso acelerado desde el otro lado de un puente, en el jardín. Para cuando mi escolta se adelanta para impedirle el paso, ya ha llegado a la mitad y hemos tenido que detenernos.

No quiero verla.

La he ignorado con la esperanza de que se marchara de Palacio. Alexa lo sabe, Murase-san ya le ha dicho que no deseo verla, y que aun sabiéndolo se haya presentado así… Imponiendo siempre sus deseos, rompiendo protocolos, desobedeciendo las normas…

¿Quería hablar? Bien. Hablaré.

—Esto es inaceptable, Lalanne-san, y mucho me temo que ya no puedo dejar pasar sus faltas de respeto.

Advierto una marca morada en su pómulo izquierdo y aunque al principio no ato cabos, luego comprendo que se la hice yo.

Aprieto los nudillos.

—Echo, necesito que me escuches.

—No —respondo, con rotundidad. Mañana, quienes paseaban por el jardín hablarán de cómo la Emperatriz expulsó a su amante.

Quizá sea bueno, quizá consolide la imagen de mi unión con Tora—.

No la escucharé. Ni ahora ni nunca. Ha roto mi confianza, ha sobrepasado los límites y ahora debe abandonar el Palacio.

—Siento una punzada de dolor que ignoro—. Ya no es bienvenida en mi corte.

—¡Tenemos a tu hermano! —exclama.

El mundo deja de girar. Los guardias que la sujetan para que no avance se vuelven a mirarla.

—¿Cómo dices?

—Los Rebeldes —explica, apresuradamente—. Kiera Amell, Kai Inoue… Han encontrado a Ryosuke y quieren entregártelo a cambio de un indulto.

Los guardias me miran con nerviosismo y yo les hago un gesto para que suelten a Alexa. Nos dan espacio mientras ella se acerca, se estira la ropa y se planta a un paso de mí.

—¿Hablas en serio?

Se saca el móvil del bolsillo y me muestra una foto de mi hermano; demacrado, sucio y ensangrentado.

—Neal Kellum ha ayudado a atraparlo. Quieren traerlo a Palacio, pero solo bajo la condición de que perdones a Kai y garantices la seguridad de Kiera.

La miro detenidamente a los ojos y el brillo y la tristeza que hallo en ellos me parecen sumamente complejos, extraños y hermosos.

Kai me da igual, y Kiera solo era un problema cuando estaba bajo mi techo.

—Sabes que lo mataré, ¿verdad?

Asiente despacio.

—Es lo que debes hacer.

Traga saliva y algo blando se desliza entre las dos. Parece profundamente desdichada y eso mueve algo en mí, algo que hunde sus garras en mis entrañas y hace que duela… de una forma diferente.

—Lo has entendido —murmuro, en voz muy baja.

Y ella vuelve a asentir. Se le llenan de lágrimas los ojos verdes.

—Lo siento mucho.

Aprieto los labios.

—Lo siento muchísimo —repite y da un paso apresurado adelante.

Me toma las mejillas entre los dedos cálidos y cuando veo por el rabillo del ojo un movimiento de mis guardias alzo una mano para que no se acerquen.

Y Alexa me besa.

Aún me siento traicionada. El regusto amargo y ponzoñoso sigue en mi paladar cuando su boca explora la mía, pero por encima noto el sabor dulce de las lágrimas.

Y me gusta. Porque significa que me ama.