29 KieraEn algún lugar a las afueras de Tokio 19 días para el solsticio de verano #3
—Una de esas bases está aquí, cerca de Hokkaido.
Otra, en Ishikawa, Miyazaki y Shimane… —enumera, señalando el mapa—.
Y Chiba, la más cercana a Tokio. Es por esta por donde pasan los reclutas destinados al Skytree cuando llegan.
La Emperatriz las controla por dentro; la Cumbre y Raine Andrews, por fuera.
Moe Standen ha perdido la posibilidad de seguir enviando efectivos, víveres o armamento…
Pero imagino que las puertas volverán a abrirse si Andrews lo pide y también si alguien lo permite desde dentro.
—Quieres evacuar a los civiles —comprendo.
—No dejará que nadie salga —opina Kai con rotundidad, el ceño fruncido y expresión sombría—. Cerrará las puertas en cuanto comprenda lo que pretendemos, y si por algún milagro un solo carguero lo consigue, lo volará por los aires. El castigo por escapar de Japón es la muerte.
Neal sacude la cabeza.
—No lo habéis entendido. Esas bases sirven para mantener intactas las Cinco Puertas del Infierno. El radio de acción de las bombas no puede llegar a ellas, o Andrews se arriesgaría a liberar a las anomalías.
Contengo el aliento.
Todos miramos a Markel.
—Es… cierto —dice, con el ceño fruncido—. No sabe si será capaz de erradicar a las anomalías de Japón, e incluso si lo consiguiera, sin las bases navales las anomalías de la Zona Oscura serían liberadas. No. No lo hará. No hará estallar bombas que pongan en peligro el bloqueo.
Neal señala un punto en el mar.
—¿Andrews quiere derrocar a Echo para mantenerla entretenida hasta el solsticio?
Bien, démosle lo que quiere. Que Ryosuke le pida barcos.
La flota de la Emperatriz es pequeña, pero si Andrews accede y los envía tendremos un medio de evacuación.
No habrá guerra. Meteremos a todos los que podamos en los barcos y los llevaremos hasta las bases, junto a las Cinco Puertas del Infierno.
—No podremos salvarlos a todos, pero a muchos sí —susurra Markel.
—Muchos suena bien —confirmo yo—. Aunque el plan A seguirá siendo que tú desactives las bombas.
Markel inspira.
—Seguiré intentándolo. Lo intentaremos todos.
—No podemos olvidar que el objetivo de Andrews no es exterminarnos a nosotros, sino a las anomalías.
El control de la isla le da igual —interviene Kai—.
El gobierno de la Emperatriz, el golpe de Estado de Ryosuke…
No son más que distracciones para desestabilizar a Echo e impedir que tome acciones reales, pero quizá no le compense enviar barcos que cree que volarán por los aires en unos días.
¿Para qué gastar recursos si va a matarnos de todas formas?
—Para mantenerse inocente —contesta Neal—. Apuesto a que no solo enviará barcos. Nos lo dará todo . Tú lo has dicho: ¿para qué malgastaría recursos si va a bombardear la isla? Será su coartada. Una oportunidad así… No podrá resistirse.
—Es un juego muy peligroso, Kellum-sama —opina Akane, que se mantenía expectante hasta ahora—. Ryosuke M ō ri acaba de quedarse sin toda su familia, sus tierras, sus bienes… Es un hombre que lo ha perdido todo y luchará en consecuencia. Poner ese poder a su servicio es… arriesgado.
—Pero sería diferente si supiéramos que M ō ri nos apoya y que todo se mantendrá en una amenaza, sin dejar que la guerra llegue a suceder —opina Kai.
—Hablaré con él —interviene Anna, con rapidez—. Le contaré lo que ocurrirá si estallan las bombas e intentaré tantearlo para ver si estaría dispuesto a dejar la venganza a un lado para salvarnos a todos.
Sus ojos se cruzan con los de Kai, pero él no se atreve a devolverle la mirada.
—También deberíamos contárselo a la gente. Japón debe saber exactamente a qué se enfrenta —añade el pirata, visiblemente turbado.
—Cundirá el pánico —responde Akane, con un hilo agudo de voz.
—Es importante que el mundo entero lo sepa, que todos hablen, que fuera vean el miedo y la desesperación que sufrimos dentro —responde Neal—.
Tal vez así la presión sobre Andrews sea mayor.
Tal vez la investiguen a fondo organizaciones no corruptas, como sí lo es la Cumbre, y tal vez descubran la manera de frenar esto. Necesitamos toda la ayuda posible.
Durante unos segundos, contenemos el aliento.
—No me gusta lo que vamos a hacer con Ryosuke y Echo —replica Akane, con dureza—. La guerra no es ningún juego. Y sobre alertar a la población… estaremos alimentando a los oni con más miseria.
—Es lo que tenemos —declara Neal, con severidad—. Y necesitamos los barcos de Andrews. Sin ellos, no habrá evacuación. La Emperatriz no puede saberlo; no hasta que tengamos la respuesta de Mori y sepamos cómo tratar el asunto.
Akane le sostiene la mirada, pero acaba cerrando los ojos y suspirando.
—Amell-san, Kellum-sama —dice entonces con gesto grave. Primero creo que va a protestar sobre el plan; pero no se trata de eso—. Vuestro mensaje decía que encontrasteis heraldos… más de uno. ¿Qué visteis?
—Amanojaku —respondo, y se me hace un nudo en la garganta.
Es Neal quien le explica los detalles.
—Hablaré con otros santuarios, que se preparen para la llegada de los grandes yokai , que estén atentos… No hay mucho que podamos hacer, pero al menos no nos tomará por sorpresa.
—Eso no es todo —me atrevo a decir—. También vimos a un Shinigami.
Cualquiera podría pensar que Markel ya no se espantaría después de la noticia que él mismo nos ha transmitido, pero el terror se refleja en su rostro cuando se echa un poco hacia atrás, impresionado.
—¿Estáis seguros de que era un Shinigami? —pregunta la Bruja, con voz tensa.
—Me mostró una visión: el mundo destruido si no detenemos a Andrews.
Aún recuerdo el terror en sus ojos, la fuerza que tuve que emplear para abrazarlo y que no se adentrara en la oscuridad.
—¿Qué te enseñó exactamente? —quiere saber Akane.
—El mundo sumido en la destrucción: fuego, humo, sirenas, muerte…
Luego me dio a entender que Kiera… —Se detiene y me mira un segundo antes de blindarse y volver a ser un comandante—.
Me dio a entender que Kiera moriría si no lo deteníamos.
Y me puso en la palma de la mano dos monedas que desaparecieron cuando se marchó.
—¿Cómo eran esas monedas? —pregunta Akane.
A Kai se le escapa una risa ahogada.
—¿Un Shinigami le dice que vamos a palmarla y tú quieres saber cómo eran las putas monedas?
—Kai, por favor —responde la Bruja, sin siquiera mirarlo—. Neal, adelante.
—Las dos eran redondas; una plana y cubierta de sangre. La otra estaba limpia, pero tenía un agujero en el centro.
—Omamorisen —pronuncia ella, despacio—. La que tenía el agujero debía ser una moneda protectora, un regalo de los kami .
El agujero es un portal por el que fluyen las energías positivas.
Y si la otra era plana y estaba salpicada con sangre…
Puede que Neal tenga razón, puede que fuera una forma de advertirnos…
Quizá la solución sí esté en nuestras manos: muerte o salvación.
Un escalofrío me baja por la nuca.
Ojalá tuviera razón.
Los demás siguen hablando y yo miro a Neal Kellum, que cumple a la perfección con su papel de soldado y comandante; traza un plan, propone estrategias y descarta las ideas menos eficientes.
Cuando la reunión acaba Anna nos cuenta que espera la visita de Akram Utagawa. Dice que puede convencerlo para que los suyos ayuden.
La cara del contrabandista se ilumina cuando ve a Anna llegar a las puertas del recinto. Se aparta un mechón rizado de la frente y le dice algo en lengua de signos.
—¿Tiene razón? —le pregunto a Markel, que los observa desde la puerta de la chashitsu —. ¿Nos ayudará?
—Puede ser —contesta—. Akram siente algo por ella.
—Esa es la única razón por la que un oportunista como él nos ayudaría —opina Riku, tras emitir un profundo suspiro.
—Si lo convence, dará igual el motivo —declara Markel, pesaroso—. Necesitamos toda la ayuda posible.
Yo asiento y guardamos silencio mientras los vemos marchar.
Procesar todo lo que nos ha contado, lo que hemos decidido… es complicado.
Intento aferrarme a la esperanza de las palabras de Akane y confiar en la posibilidad de una alianza con Ryosuke. Pienso en la tenacidad de Markel o en la astucia de Neal para convencerme de que saldremos de esta… Pero no puedo evitar oír esa voz oscura que me dice que nada será suficiente.
Nos quedan diecinueve días.