Imperio de luz y silencio (Imperio de sombra y tormento 2) 29 KieraEn algún lugar a las afueras de Tokio 19 días para el solsticio de verano
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29 KieraEn algún lugar a las afueras de Tokio 19 días para el solsticio de verano

H an hecho falta varios días, pero ya hemos dejado que Markel tire la toalla.

Esta mañana Kai y él se han marchado temprano de vuelta al complejo a las afueras mientras que Neal y yo nos hemos quedado para terminar de coordinar las acciones del Skytree.

A estas alturas, todo el mundo sabe que las bombas son reales.

Cuando Markel declaró que era imposible desactivarlas, Neal contactó con Moe Standen para pedirle ayuda. Durante estos cuatro días ingenieros de todo Japón, expertos en armas y artificieros han llegado a la Mori Tower para encerrarse en la sala azul con Markel.

El segundo día el hallazgo de las bombas de Andrews ya se había filtrado a la prensa.

Standen también ha puesto a su equipo en contacto con expertos de todo el mundo; pero cada uno de ellos ha llegado a la misma conclusión que Markel:

No pueden desactivarlas.

Neal sintoniza una emisora de radio internacional mientras conduce con el Humvee para reunirnos con Akane y el resto.

«No sabemos si las bombas son reales. Las fuentes no son fiables», dice una voz con estática. «Esto no es más que un ardid de la Emperatriz Echo Akiyama para avivar el miedo contra Andrews y justificar las medidas que está tomando su gobierno en…».

«¡El gobierno de Akiyama no se ha pronunciado aún sobre las bombas!», interviene otra tertuliana. «¿No creéis que si fuera una invención lo habrían aprovechado de otra forma? Están confundidos, igual que la gente, esperando que el Skytree se pronuncie…».

«¿Y cómo es que la Agencia Hawk ha encontrado las bombas antes que la milicia de la Emperatriz?

Moe Standen firma un acuerdo millonario para hacerse con una torre que lleva cerrada veinte años y justo unos días después salta la noticia de las bombas.

¿Creéis que es una casualidad? Sabemos de sobra que el gobierno de la Emperatriz y la Agencia Hawk están colaborando.

Akiyama les ha cedido a ellos la noticia de las bombas para alejar el foco de… ».

Apago la radio y echo la cabeza hacia atrás en el asiento del copiloto.

—No soporto que sigan especulando.

—Al menos lo hablan —opina él.

—¿Y a Andrews le ha pasado algo? No. Qué va. No ha hecho ninguna declaración, tampoco su gabinete. No le han pedido rendir cuentas porque no hay pruebas fiables de que haya sido ella. Después de que hayamos roto el bloqueo, después de avisar de que pasaría justo esto… Es ridículo.

Avanzamos a través de las calles desiertas de la mañana mientras nos alejamos del centro. Hay más militares que civiles en las calles; todos ellos guardando entradas y salidas importantes y vigilando los lugares más señalados.

Los informativos del exterior no mienten. Echo Akiyama aún no se ha pronunciado públicamente sobre las bombas, pero saben que son reales: Tora Satake se presentó en la Mori Tower antes incluso de que se filtrara el rumor.

Los militares de Echo protegen ahora el perímetro de la torre sin dejar que nadie ajeno a la Agencia Hawk o al Imperio se acerque.

Incluso han obligado a detener las labores de restauración de Moe Standen y han expulsado a los soldados del Skytree que no fueran absolutamente imprescindibles en el equipo de Markel.

Moe Standen está desquiciado. No parece entender que si las bombas estallan dentro de su complejo no tendrá inauguración de la que preocuparse.

Cuando llegamos, descubro a Kai entrenando en el jardín frente a la casa. Lleva hakama y un haori que se mueve cuando practica movimientos elegantes y certeros.

Neal se encamina enseguida hacia la chashitsu para reunirse con los otros; yo espero a que Kai deje el bokken de entrenamiento y se acerque.

—¿Markel ha dicho algo de camino? —le pregunto, a modo de saludo.

Él niega con la cabeza.

—Se ha negado a hablar hasta que nos reuniéramos todos. En cuanto hemos llegado se ha encerrado en su cuarto con el portátil y no ha vuelto a salir hasta hace diez minutos. —Me hace un gesto en la dirección que ha tomado Neal—. Ya está esperando.

Los dos nos ponemos en marcha.

De camino, arrodillado a orillas del estanque, un hombre japonés apoya las manos en los muslos con el torso recto, completamente erguido, la cabeza ligeramente inclinada y los ojos cerrados.

Agarro de la manga a Kai para obligarlo a detenerse.

—¿Es él? —inquiero, en voz baja para no llamar su atención.

—El hermano de la Emperatriz, el primogénito del emperador Hisaaki.

Lo observo unos segundos: el porte, la ropa, el cabello brillante y bien peinado…

—Es tal y como habría esperado que fuera. —Me echo a reír—. ¿Qué le pasa a esa familia? Es tan impresionante como Echo.

—Es apuesto —coincide—. ¿Estará igual de loco que su hermana?

Vuelvo a fijarme en él. Sus ropas azules destacan sobre el verde del jardín y a su lado, su katana descansa en su funda.

Le doy un breve codazo a Kai.

—¿No te preocupa tenerlo aquí?

—Si en todos estos días no ha movido ficha para contactar con Andrews, cabe suponer que…

—No, no… —Sacudo la cabeza y le dedico una sonrisa provocadora—. Lo digo por Markel. Míralo, con ese kimono y la katana, el pelo negro y brillante, ese porte… Es como tú, pero más arreglado, un Kai en versión príncipe azul.

—Cierra la boca —ladra, y me devuelve el codazo; pero yo sé ver el brillo divertido que le atraviesa las pupilas.

Vuelve a andar en el momento en el que Ryosuke advierte nuestra presencia y se gira para mirarnos.

Esos ojos hacen que deje de sonreír.

—Haber perdido a toda su familia así… —Sacudo la cabeza—. No sé cómo sigue en pie.

Los dos continuamos mirando al frente.

—Creo que está concentrado en ver cómo puede cargarse a Echo. También yo lo haría.

Trago saliva.

—Y yo… Aunque no creo que la venganza ayude.

—A mí me ayudó —responde, con despreocupación.

Yo lo observo con prudencia.

—¿Lo dices por Nomura?

Kai parece meditarlo unos segundos.

—No estaba pensando en él, pero sí. También. Duermo mejor desde que sé que ese hijo de puta no va a hacer daño a nadie más.

—¿Y en quién pensabas entonces?

La brisa se levanta y Kai debe retirarse un mechón oscuro de pelo del rostro.

—¿Recuerdas que te conté que el maestro Arashiro murió?

—pregunta, un poco más bajito, y yo asiento en silencio para dejar que hable—.

Fue un ajuste de cuentas. Tipos malos a los que no tenía miedo.

Arashiro daba cobijo a delincuentes que huían de ellos, prestaba ayuda a los comerciantes que se veían amenazados y entorpecía sus negocios…

Yo siempre le decía que no metiera las narices, que se mantuviera al margen; pero era demasiado bueno.

Un día se hartaron y decidieron quitárselo de en medio.

—Y te vengaste —adivino.

Él asiente. Esta vez parece perdido en algún recuerdo que, por la expresión, no tiene que ser bonito.

—Me quedó la tranquilidad de que no le harían a nadie más lo que le hicieron a Arashiro.

Se me hace un nudo en el estómago y no puedo evitarlo. Me acerco a él y le rodeo un brazo. Kai se sorprende, pero no me aparta.

—En ese caso, no creo que sea solo venganza. Creo que es algo parecido a la justicia.

—Justicia… —repite, pensativo—. Les saqué las tripas.

—Una justicia muy violenta, al parecer.

—No fue peor de lo que le hicieron a él. —Aprieta los labios y cuando creo que va a quedarse callado, inspira profundamente—. Pensar en lo mucho que tuvo que sufrir antes de morir me quita el sueño algunas noches.

Se me retuerce el estómago. ¿Qué podría decir ante algo así?

—Cuando eso ocurra puedes despertarme —digo al fin, porque pienso que eso es lo que me gustaría escuchar a mí.

Kai me mira con curiosidad.

—¿Y para qué iba a despertarte, Amell?

Me encojo de hombros.

—Para charlar sobre eso o sobre otra cosa si lo prefieres.

Me contempla largamente. Creo que no sabe qué decir, pero no me importa. Le doy un suave apretón en el antebrazo y él apoya una mano sobre la mía para devolverme el gesto.

Markel, Neal y la Bruja ya se encuentran en la chashitsu cuando llegamos, sentados frente a la mesa.

Sin embargo, no son los únicos que están aquí.

De pie, en el extremo opuesto de la estancia, Anna aguarda junto a Riku con los brazos cruzados.

Kai y yo nos damos cuenta a la vez, porque tenemos reacciones parecidas. Los dos nos detenemos, pero es él quien se anima a dar un paso adelante. Pasa dentro sin hacer contacto visual con ella, evitando alzar los ojos, y se sienta en el lugar más alejado posible.

Se me hace un nudo en la garganta.

No debe de resultarle fácil, y tampoco quiero pensar cómo se tiene que sentir Anna, que ahora me mira con el ceño fruncido y las cejas negras enmarcando una mirada muy clara y despierta.

Bajo la camisa azul se ha puesto una camiseta de cuello alto que debe tapar sus heridas.

Qué pequeña es con esa camisa holgada que deja entrever un cuerpo delicado y qué grande me parece de repente. También me parece demasiado grande el espacio que nos separa y la cantidad de palabras que tendría que buscar para un saludo apropiado.

Empiezo por lo fácil.

—Riku. Anna. —La voz me sale aguda—. Me alegra mucho volver a veros… volver a verte en pie —añado, mirando a la chica.

La aviadora se aparta de la pared, echa a andar hacia mí y, de pronto, el espacio insalvable se vuelve demasiado corto.

Sus ojos se desvían a Kai cuando pasa a su lado y este finge no darse cuenta; aunque yo sé que es consciente de todo. Así que nuestras miradas no vuelven a encontrarse hasta que la tengo enfrente y antes de que pueda decir nada más me agarra las manos.

—A mí también me alegra verte en pie —me dice, con esa entonación especial—. Gracias por salvarme. Me dijeron que sin ti no habría sobrevivido.

Se me para el corazón. Hago un gran esfuerzo para no mirar por encima de su hombro, hacia donde Kai debe seguir fingiendo.

¿Qué le digo? ¿Que Kai lo calculó todo para que se salvara? ¿Que no habría permitido que muriese?

—¿Cómo estás? —opto por preguntar.

Anna me dedica una sonrisa encantadora, la misma que hizo que me cayera bien desde el principio.

—¿No debería preguntarte yo eso a ti?