23 Kai Palacio Imperial 27 días para el solsticio de verano #2
Ahora sí sé lo que me hace sentir el terror en sus ojos. Esta emoción, nauseabunda e intensa, es inconfundible:
Culpa.
—No voy a hacerte daño —le prometo, pronunciando cada palabra despacio, para que pueda leerme los labios.
Le da igual.
Cómo me va a creer si hace unos días le rajé la garganta antes de abandonarla en un charco de su propia sangre.
Se me revuelve el estómago y el pánico me tensa los nudillos y me grita que salga corriendo, que dé media vuelta porque sea lo que fuere esto no es asunto mío.
Ojalá tuviera una pastilla de amai doku cerca que hiciera que esto me diera igual, que me ayudara a ser frío y a salir de esta situación de mierda.
Es lo que necesita Hikari, y Riku, y también Anna, aunque no le guste, aunque me tenga pánico: solos no van a salir de aquí y es evidente que necesitan hacerlo.
Así que inspiro con fuerza, meto dentro de una caja todo eso que siento y echo la llave.
Antes de hacer las preguntas, necesito que Anna se tranquilice.
—Estoy trabajando con Markel —les explico, y miro sobre todo al pirata y a Anna, que está rígida entre mis brazos—. Y puedo llevaros con él si eso es lo que necesitáis.
Hikari sigue mudo, tan impresionado que no habla.
¿Me habré manchado con la sangre o las vísceras? Ahora me preocupa.
Se me parte el corazón.
Miro al otro, a ese hombre joven que debe tener solo unos años más que yo; también japonés, con el pelo negro corto y peinado a un lado, y unas facciones que se me antojan vagamente familiares.
—¿Quién eres? —inquiere él y echa un vistazo al resto—. ¿Lo conocéis?
—Es un asesino —responde Riku, con desdén. Un leve movimiento en Hikari, que se encoge un poco al oírlo, le hace esbozar una mueca de preocupación—. Perdona —susurra, mucho más suave.
Los dedos del guerrero se mueven sobre la empuñadura de la katana .
—Y también soy la persona que puede sacaros de aquí —respondo yo—. Tú lo sabes, Riku. Y tú también, Anna.
El pirata me mira con severidad y entonces vuelvo a ser consciente de los dedos que Anna me clava en la mano.
—Si te suelto, ¿gritarás?
Sacude lentamente la cabeza y decido arriesgarme, porque si Riku sigue mirándome así y pone nervioso al de la katana… podría tener problemas.
Así que bajo la mano y doy un paso prudente hacia atrás.
En cuanto la suelto, Anna corre y se pega mucho a Riku. Hikari no se mueve de donde está, todavía contemplándome de esa forma que me hace tan difícil mirarlo a la cara.
El desconocido entrecierra los ojos oscuros y me contempla unos segundos.
—Eres uno de los Rebeldes que rompió el bloqueo, ¿no? —adivina—. ¿Cómo te llamas? —insiste.
—Kai Inoue. ¿Te sirve? —contesto, empezando a impacientarme—. ¿Y tú? ¿Quién eres?
Las rondas de los guardias no son nada fiables en esta situación, donde todo el mundo parece tan alterado.
—Ryosuke del clan M ō ri —contesta, con voz queda—. ¿Te sirve?
Sonrío de lado.
Por eso están todos tan nerviosos.
—¿Por qué queréis sacar al hermano de la Emperatriz de Palacio? —pregunto.
—Echo Akiyama ha perdido el norte —me dice Riku de mala gana—. Ha masacrado a un clan entero, el clan de su hermano. El Palacio ya no es seguro, por eso nos vamos.
Anna no aparta los ojos de mí y soy consciente de que no he de hacer movimientos bruscos porque podría salir corriendo o, peor, podría gritar.
—Bien. Os sacaré de aquí. Después, vosotros tres podéis hacer lo que queráis, a Hikari me lo llevo conmigo.
—No. —Mi hermano habla por primera vez, y el temblor en su voz es como una puñalada—. Yo voy con Anna y Riku.
Se pega un poco más al pirata. Anna lo agarra de la mano y le da un suave apretón.
Qué puta mierda.
Qué mierda más grande.
—¿Has dicho que estás con Markel? —pregunta Anna, con prudencia y parece que me tantea—. ¿Quién más está con vosotros? Me dijo que iba a buscar a alguien.
—Kiera Amell, Neal Kellum y la Bruja —respondo yo.
Y parezco pasar la prueba.
Anna y Riku intercambian una mirada. El pirata le dice algo en lengua de signos y ella responde. Creo que a él no le hace mucha gracia, pero parece que ya han decidido.
Anna se gira primero hacia mi hermano y luego hacia Ryosuke. Como ninguno de los dos parece tener nada que decir, vuelve a hablar asegurándose de que los tres la escuchan.
—Iremos con él. Creo que es nuestra mejor oportunidad.
—Anna… —protesta Hikari y mira al pirata en busca de apoyo, pero este se ha cruzado de brazos frente al pecho y no dice nada.
Anna vuelve a darle un suave apretón que no lo tranquiliza en absoluto.
Joder.
—De acuerdo —sentencia Ryosuke—. ¿Cómo lo hacemos?
Me miro el reloj y echo un vistazo a las murallas.
—De momento vais a seguirme a la boca de los túneles.
—Eso sería retroceder —replica él.
—Ya, pero es que la ronda de los guardias pasa por aquí y no nos daría tiempo de correr a las murallas antes de que nos vieran. Vamos a ir a los túneles y vamos a esperar a que sea seguro. Luego, os voy a sacar de aquí.
Ryosuke asiente, quizá porque no dejo mucho margen para que replique. Anna no dice nada, tampoco Hikari, a quien el pirata debe pasar una mano por los hombros para animarlo a andar.
Y yo salgo de aquí para marcar el camino, rápido y certero y sin mirar atrás, porque no soporto ver cómo me mira mi hermano.
Luego, cumplo con mi palabra.