Imperio de luz y silencio (Imperio de sombra y tormento 2) 21 Neal En algún lugar a las afueras de Tokio28 días para el solsticio de verano #2
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21 Neal En algún lugar a las afueras de Tokio28 días para el solsticio de verano #2

—Todavía falta encargarse de algo importante: el mundo espiritual está agitado.

Kai resopla.

—Siento mucho que los oni se estén merendando a la gente… pero no nos sirve de nada frenar a unos cuantos si no atajamos el problema de raíz. Volverán arrastrándose a la oscuridad cuando solucionemos el problemilla de las bombas y se acabe la guerra.

—No quiero que vayáis a cazar oni, quiero que los vigiléis —responde, y nos dedica una mirada a Kiera y a mí—.

He oído el testimonio de los supervivientes, me han llegado noticias desde otros santuarios…

y tengo mis sospechas sobre lo que está ocurriendo en el mundo espiritual, pero necesito confirmarlo y para eso tengo que saber qué tipo de oni os encontráis en la Mori Tower.

—¿Por qué? —pregunto yo.

—Cuando Japón se quedó a oscuras y entró en la era de la Gran Oscuridad, los años siguientes aparecieron grandes yokai .

No fue como durante otros desastres naturales; estos yokai se quedaron mucho más tiempo y causaron grandes males: hambruna, epidemias, muerte…

Todo lo que provocaron podía explicarse en realidad por la precaria situación y el aislamiento repentino, así que no le concedieron mucha importancia al plano espiritual.

Cuando Japón se estabilizó, los yokai se marcharon y desde entonces solo vuelven de vez en cuando.

Estos son desastres contenidos ; aquellos no lo eran.

Se creyó que la hambruna, las epidemias y la alta tasa de mortalidad se controlaron gracias a que los japoneses reaccionaron y se adaptaron, pero en ese momento ocurrió otra cosa que cambió el modo en el que entendemos el mundo.

—La fe —adivina Kiera.

—El resurgimiento de la fe, la divinización del Emperador, los rituales, la espiritualidad, la síntesis de religiones…

Ayudó a contener a los grandes yokai . Ahora, sin embargo, me da la sensación de que todo eso ha dejado de ser suficiente.

—Entrecierra un poco los ojos almendrados y oscuros—.

Necesito saber si volvemos a enfrentarnos a un desastre de esa magnitud.

—¿Diciéndote cómo son los oni que matamos podrás saberlo? —pregunta Kiera.

—La última vez, antes de que ocurriera, hubo señales. Algunas de esas advertencias llegaron en forma de oni . Son heraldos de grandes yokai.

Todos guardamos silencio, expectantes.

—¿Y qué va a tener que buscar mi aprendiz de matademonios , Akane? —pregunta Kai, que es el único que se atreve a romper el silencio.

Kiera lo fulmina con la mirada.

—Amanojaku, Tengu, Nopperabo y Shinigami —contesta, con rapidez.

Kai enarca mucho las cejas, lo que no puede significar nada bueno.

Markel se revuelve, incapaz de disimular su turbación.

Ni Kiera ni yo nos movemos—. Cualquier avistamiento me dará información, aunque en realidad tengo noticias de Kioto que dicen que los Tengu han bajado a la ciudad.

—Oh, Dios mío… —se le escapa a Markel.

—Esas criaturas nunca se han ido del todo —explica Akane—. Ha habido avistamientos a lo largo de los años y ver Tengu no tendría por qué significar nada, pero si en un par de incursiones encontraseis alguna criatura más…

—Sería un indicio bastante claro de que los grandes yokai están furiosos —termina Kai.

Akane asiente.

—¿Es realmente importante centrarnos en eso ahora? —quiero saber yo, procurando mantener un tono que no ofenda a la Bruja—. ¿No sería mejor concentrarnos en las bombas y dejar que todo vuelva a la normalidad, como ha dicho Inoue?

—Si los yokai vuelven para quedarse, no importará que las bombas de Raine Andrews estallen, porque no quedará nada en Japón que destruir.

No se oye nada salvo el rumor de las cigarras fuera.

—¿Y si estuviera ocurriendo… podríamos hacer algo para detenerlo? —se atreve a preguntar Kiera.

Akane asiente, pero no parece muy convencida.

—Al menos nos ayudará a prepararnos. Por eso quiero saber a qué nos enfrentamos. No tenéis que hacer nada además de observar y contármelo después. Kellum-sama, ¿en la unidad de Suzaku sabrán identificar a estos yokai menores?

Me paso la mano por el pelo.

—Quizá… Sí. Supongo que sí.

Yo no tengo ni idea. Todos recibimos una formación básica general antes de ser asignados a alguna de las unidades, pero ninguno de esos nombres me suena, así que no puedo estar seguro.

—¿Y mi aprendiz sabe identificarlos? —pregunta Kai, con cierta sorna.

—No vas a venir. No todavía —insiste ella, tajante—. Dinos cómo son, Akane. ¿Qué tenemos que buscar?

La Bruja asiente y nos mira a ambos cuando explica:

—Los Amanojaku son un tipo concreto de oni que no se ha visto por aquí desde hace mucho: provocan a los hombres para que cumplan sus deseos más perversos, los corrompen y los llevan a cometer atrocidades.

Los Tengu, para algunos kami , para otros yokai, fueron heraldos de la guerra en su origen y se les puede reconocer por su aspecto a medio camino entre hombre y ave.

Los Nopperabo son fantasmas sin rostro y los Shinigami…

—Dioses de la muerte —termina Markel, con voz estrangulada.

—Es mejor que no veáis a uno de esos —dice Kai, con tono despreocupado—.

Dicen que algunos pueden elegir el momento de la muerte de las personas.

Así que si le caes mal a uno… —Se pasa el pulgar por el cuello—.

También he oído que pueden inducir al suicidio.

Así que es preferible que a esos no os acerquéis.

La Bruja asiente.

—Hay muchas creencias en torno a ellos. Lo que es seguro es que están relacionados con la muerte, y sabemos que al comenzar la Gran Oscuridad estuvieron muy presentes.

—De acuerdo —sentencio—. Si Standen accede, hablaré con los capitanes de Suzaku para que los busquen.

—Nosotros también estaremos atentos —añade Kiera.

Kai es el primero en ponerse en pie. Ella lo mira con cierta desconfianza que él finge ignorar.

—Me marcho a Palacio ya. Mi plan es entrar esta noche y escapar por la mañana. Si quiero hacerlo así tengo que vigilar los turnos.

Kiera se levanta. Lo agarra de la muñeca.

—Podemos esperar un par de días.

—¿Sí? ¿Tú crees? —replica, y le da unos golpecitos en la mano para que lo suelte—. Tranquila. No te preocupes por mí, preciosa. Tú lo vas a tener mucho más complicado. —Luego, mira a Markel—. Sabemos a qué oficiales tienen presos, ¿no? ¿Crees que podrías enseñarme sus fichas del Skytree?

Quiere que hackee sus fichas.

—Yo debería tener acceso —le digo—. Así será más rápido.

Kai asiente. No nos entretenemos mucho. Él se marcha en su moto al mismo tiempo que Kiera y yo, que hacemos el largo camino hasta el Skytree en silencio.

Cada vez que la miro, ella tiene la vista clavada en algún lugar de la carretera, con el rostro girado hacia la ventanilla.

—Quizá deberíamos encontrarnos directamente en la Mori Tower.

Lleva tanto tiempo callada que tardo un rato en procesar sus palabras y entender el movimiento nervioso de sus pies mientras meto el coche en el garaje de las instalaciones.

—El Skytree es independiente de la Emperatriz Akiyama —le digo a Kiera—. Nadie aquí sabe que te encerraron.

Kiera sale del vehículo sin estar muy convencida.

—Además, si alguien se atreve a intentar algo tendrán que responder ante mí —añado.

Una chispa de diversión se aloja en esos ojos azules, pero se esfuma enseguida, mucho antes de que se refleje en sus labios.

—Y nadie quiere tener que responder ante el capitán Kellum —replica.

Paso a su lado camino del ascensor.

—En realidad, ahora soy el comandante de todas las unidades del Skytree —contesto yo, con aplomo, solo para ver su expresión.

Supongo que si voy a pedirle un favor a Moe Standen significa que acepto definitivamente el cargo.

Kiera se detiene antes de entrar a mi lado. Se queda quieta y con las cejas arqueadas tanto tiempo que tengo que estirar el brazo para sujetarle la puerta.

—Así que el Skytree es tuyo —canturrea Kiera, mientras el número de las plantas por las que pasamos se ilumina.

—Técnicamente creo que el edificio sigue perteneciendo a Moe Standen.

—¿Y qué le parece a Moe Standen que te hayas retirado a una casita en el bosque? —inquiere, con tono provocador.

Es lista.

Sabe que no quiero este cargo, o que no es real. Por eso no parece ni un poco impresionada cuando sale del ascensor y vamos a la sala de comunicaciones.

—Me lo propuso cuando desperté —le explico—.

He hecho un par de misiones para Akiyama y para él, solo porque quería ayudar.

Cuando hui de Palacio tenía pensado desvincularme del Skytree, pero supongo que el rango tiene sus ventajas.

Moe Standen ha conseguido desligar la comunicación del exterior de las restricciones de Raine Andrews y la única información que sale de Japón lo hace a través de él.

Incluso la Emperatriz lo necesita ahora mismo.

—Tiene mucho poder —murmura, y esta vez no hay burla en su voz, ni tono jocoso o provocador.

Llamar hoy a Standen no resulta difícil.

Me recibe al segundo tono.

—Comandante Kellum —me saluda desde una pantalla que cuelga de la pared—.

No me habían informado de que tuviera una reunión con usted, pero siempre es un placer tener noticias suyas.

—Sus ojos se desvían un segundo a mi derecha, donde Kiera aguarda junto a la puerta—.

Más aún, cuando hace día y medio que mis hombres le han perdido la pista.

De reojo, veo cómo Kiera se mueve un poco.

—Tenía asuntos urgentes que resolver. Por eso lo he llamado. Necesito la colaboración del Skytree.

Los ojos de Moe Standen se estrechan un poco cuando sonríe y varias arrugas se le marcan en las comisuras de la boca.

—El Skytree está bajo su mando, comandante —contesta, con intención—. No necesita llamarme sin concertar una reunión para realizar las maniobras que considere con tal de mantener la paz. Tiene carta blanca durante la guerra, ya lo sabe.

Guerra.

La palabra reverbera a través del sistema de sonido y se me atasca en algún lugar de la caja torácica.