Imperio de luz y silencio (Imperio de sombra y tormento 2) 21 Neal En algún lugar a las afueras de Tokio28 días para el solsticio de verano
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21 Neal En algún lugar a las afueras de Tokio28 días para el solsticio de verano

T odos hemos vuelto a la mesa.

Akane, que sonríe de nuevo como si no hubiera pasado nada, nos hace un gesto para que empecemos a comer.

Ha observado detenidamente la marca que la luz ha dejado en Kiera solo para decir que nunca antes había visto nada así, pero que investigará.

Los demás han aparcado el tema por ahora. Todos han coincidido en que no necesitamos descubrir por qué le han pasado todas esas cosas para hacer nuestro trabajo: proteger a Japón.

Akane ha dispuesto desayunos japoneses completos, con gohan, un cuenco de arroz blanco hervido, sopa miso , salmón a la parrilla, vegetales encurtidos, tamagoyaki, una tortilla enrollada, y soja fermentada… además de té verde.

Kai es el primero en lanzarse a comer, pero Kiera es más rápida que él. Le quita el plato con el salmón y se lo cambia por su tamagoyaki.

—Tú y yo vamos a tener problemas.

—Nada de pescado graso en unos días —le advierte, con tono paciente—. Mejor algo más limpio, para evitar náuseas.

Le quita también el plato de soja fermentada.

Kai hace un amago de detenerla, pero una mirada basta para que se lo piense mejor.

Se limita a poner los ojos en blanco, agarrar el cuenco de arroz y empezar a comer con resignación.

No sé por qué demonios sigue preocupándose por él después de todo lo que ha hecho.

—Creo que sería necesario hablar de los próximos pasos —declara Akane, haciendo que deje de mirar al asesino.

Bien. Vamos a dejar el tema de Kiera aparcado.

Su zorro, que ha estado yendo de un lado al otro, vuelve a entrar en ese instante por las puertas abiertas que dan al jardín. Pasa dentro y se sienta en una esquina con una formalidad difícil de creer. Se limita a cubrirse las patas con su frondosa cola y se queda mirándonos apenas sin parpadear.

Kiera le ofrece un pedacito del salmón que le ha quitado a Kai, que la fulmina con la mirada, y el animal se acerca, lo toma con mucho cuidado y retrocede para comérselo tranquilamente en un rincón.

—Si Raine Andrews sigue adelante con el plan, solo nos quedan 28días para que revienten las bombas —empiezo yo—.

Aunque no parece probable que mantenga una fecha de la que ya hemos advertido al mundo, tal vez haya escogido el camino del suicidio político: seguir adelante con el plan ahora que nadie cree que se atreva a hacerlo y cargar con la culpa si así logra su objetivo.

—Es una mujer muy poderosa —matiza Makel—. Quizá ni siquiera tenga que asumir responsabilidades por el genocidio: se inventará una coartada o simplemente escapará de las consecuencias. Pero yo también estoy de acuerdo en que tenemos que detenerla antes del solsticio.

—Hay gente aquí dentro a la que le habían prometido salvarse antes de las bombas a cambio de colaboración: el señor Nomura y probablemente los altos mandos corruptos del Skytree, los que compraron a ese tal Linus Edwards…

—responde Kai, que ya ha empezado a comer el segundo tamagoyaki —. Kiera y yo íbamos a empezar por ahí.

—Acceder a los altos mandos no va a ser fácil. Echo tiene a los que capturamos con vida en el Palacio y no va a dejar que ninguno de nosotros se acerque. ¿No podemos empezar por Nomura? —pregunto yo.

—Está muerto —contesta Kai, sin mirarme siquiera.

Markel ahoga una exclamación y yo me giro hacia Kiera, que aparta la mirada.

Mierda. Claro que ha estado involucrada. Eso es a lo que se han estado dedicando esos dos.

—Empezaremos por los altos mandos entonces.

A ver si saben algo —declaro yo—. Pero deberíamos hacer algo más, tener otro plan en marcha para no perder el tiempo si esto es también un callejón sin salida.

Podría hablar con Moe Standen; es el primer interesado en mantener a Japón, y a sus inversiones, a salvo.

No es mucho, pero es lo único que se me ocurre.

—En realidad, sí podemos hacer algo más —sugiere Markel, vacilante.

Todos lo miramos, pero él desvía los ojos como si esto no fuera con él.

—¿Markel? —lo anima Kiera.

Toma aire.

—No es algo muy seguro, pero a lo mejor podríamos empezar por ahí si queremos cubrir más frentes.

—Sí que queremos —sentencio—. Habla.

Me doy cuenta, por la forma en la que arquea las cejas, de que quizá haya sonado duro.

Estoy demasiado acostumbrado a los soldados.

—Si todos estamos de acuerdo en que es probable que las bombas ya estén dentro, tenemos que tener en cuenta que no pueden almacenarse en cualquier lugar; el sitio en el que se encuentren tiene que cumplir ciertas características: ubicación, aislamiento, protección…

Por no hablar de los cuidados: humedad, luz, radiación…

—Sí, sí… Muchos factores. Nos queda claro —ataja Kai, haciendo un gesto con la mano para que abrevie—. ¿Has descubierto dónde están?

—Mmmh… No exactamente —duda—. Pero estoy trabajando en un algoritmo que me dé localizaciones posibles. Todavía tengo que cargar muchos datos, actualizar las bases de información, afinar algunos parámetros e investigar sobre las bombas de luz para hacerlo lo más exacto posible…

—Pero has dicho que podíamos hacer algo, ¿no? —inquiero.

Markel nos mira a todos de uno en uno.

—Sí. Hay una ubicación. He llegado a ella sin tener todos los parámetros. No es muy seguro que estén ahí, pero es bastante posible.

—Bastante posible es suficiente para intentarlo —sentencia Kiera—. No hace falta más de una persona para interrogar a alguien. Nos dividiremos para buscar las bombas.

—Me parece bien —coincido.

Markel se frota la nuca.

—¿Os he dicho que el lugar donde se encuentren debe estar bastante aislado?

—¿Dónde crees que están, Markel? —pregunta Kai, con tranquilidad.

—En la Roppongi Hills Mori Tower.

Akane suelta un resoplido.

—A la mierda… —masculla Kai.

Kiera, más impaciente siempre que yo, se me adelanta.

—¿Es un rascacielos? ¿Es que habrá demasiada gente para hacerlo sin llamar la atención?

Akane sacude la cabeza lentamente.

—Por desgracia, no se trata de la gente… La Mori Tower es un rascacielos que después de la última reestructuración alcanza los 370 metros de altura y cuenta con 87 plantas que llevan cerradas veinte años, desde el incidente que mantiene permanentemente clausurado el lugar.

—Que esté cerrado tal vez nos beneficie.

Hablaré con Standen. Negociaré con él para que nos deje entrar como si fuera una misión de limpieza del Skytree —propongo—.

Lo haremos como con los túneles del metro: aniquiladores que protejan de las anomalías e ingenieros que restablezcan la luz.

Si lo hacemos de día será mucho más sencillo que con el metro.

—Eso está muy bien, Kellum-sama. Pero los aniquiladores de Byakko no serán suficiente para entrar —declara la Bruja—.

Una noche hace veinte años un yokai atacó después de la puesta de sol y provocó un seísmo que afectó a los cimientos e hizo que algunas plantas colapsaran.

La nueva torre ya se había inaugurado y de las 7.

000 personas que había en ese momento en las oficinas, los pisos, las galerías de moda…

murieron casi 2.000. La mayoría fueron destrozadas por las anomalías cuando se quedaron sin luz.

—Desde entonces ha habido numerosos intentos por volver a poner en marcha el complejo —explica Markel—, pero nunca han salido bien: el riesgo económico, cuando la gente aún recuerda lo que ocurrió hace dos décadas, es demasiado alto y en la calle se dice que si algún día abren de nuevo la Mori Tower de Roppongi, el mismo yokai, furioso por la insolencia de los humanos, volverá para destruirla y esta vez se llevará más vidas.

Ni Kiera ni yo decimos nada todavía.

—La torre está maldita —sentencia Kai, que se echa un poco hacia atrás—. Es un puto nido de oni . Esas cosas nacen y se alimentan de la desesperación y el dolor, y después de 2000 muertes brutales la Mori Tower tiene suficiente para alimentar a cientos de esas criaturas. Nadie se acerca por allí.

Me doy cuenta de que mientras todos guardan silencio Kiera me está mirando.

—Entraremos igualmente —sentencia ella, sin apartar de mí sus ojos azules—. He estado entrenando con Kai. Estoy preparada para los oni.

Al aludido se le escapa una sonrisilla que no me gusta nada, pero no replica.

—Negociaré con Standen. Si quiere impedir que esas bombas estallen debería parecerle bien que el Skytree entrase. Será una misión conjunta entre Suzaku, la unidad contra los demonios menores, y Byakko, la unidad de aniquiladores de anomalías.

—También ayudaré —declara, y se encoge de hombros—. A esos aficionados les vendrá bien una katana extra.

—No. Tú no vendrás —inquiere Kiera, sin pensárselo.

—¿Y por qué no?

Ambos se sostienen la mirada hasta que Kiera baja la suya y mira algo en concreto que Kai parece entender, porque su gesto se endurece aún más.

—No te encuentras estable —sentencia.

No sano, ni recuperado, sino estable.

—Inoue ya se coló una vez en el Palacio, ¿no? —intervengo yo—. Que vuelva para interrogar a los altos mandos del Skytree.

Y si lo atrapan… un asesino menos del que preocuparse.

—Si consigues entrar sin enfrentarte a nadie, será menos exigente que limpiar la Mori de oni . Así que, si te sientes capaz en unos días… —empieza Kiera, con cierto nerviosismo.

Kai bufa.

—No me va a dar otro jodido infarto, Kiera, porque no tengo pensado volver a desangrarme. Relájate —le dice, hosco, y se reclina hacia atrás—. Iré a Palacio esta noche. Traeré información.

—Yo iré a Palacio con Kai —dice Markel.

—No, qué va. —replica este, con rotundidad—. Solo me retrasarías.

—No voy a quedarme de brazos cruzados.

Kiera desliza una mano sobre la mesa y la apoya sobre la de Markel.

—Creo que el lugar donde serías más útil es este, perfeccionando ese algoritmo. Si las bombas no están en la Mori Tower necesitamos seguir avanzando. No nos queda mucho tiempo y si alguien puede encontrar esas bombas eres tú. Vamos, eres un genio.

Markel se sonroja un poco. Parece contrariado, pero acaba asintiendo.

—Entonces todos tenemos un cometido —declara Kiera.

Está a punto de levantarse cuando Akane alza una mano.