Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 37. Meissa
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Capítulo 37. Meissa

Meissa

Estoy a punto de romperme, pero Lars me necesita. No hemos encontrado a Robin y ha caído la noche. Cuando nos reunimos con los demás, Tara está llorando, creo que por primera vez consciente del odio que ha sembrado por usar a su hijo para conseguir a su ex.

Lars dice que se va solo, y varios hacemos lo mismo, para abarcar más terreno.

La policía está peinando la zona, y también las personas que habían venido a las fiestas se han detenido para buscar a Robin.

Y no aparece. Voy hasta la casa de Lars, adonde ya habíamos ido.

Me rompo a llorar antes de llegar. Entro en la casa y lo llamo. No hay nadie. ¿Y qué esperaba?

Me tiro al suelo y lloro con fuerza. No quería que Lars me viera tan mal, pero aquí sola no puedo contener mi miedo.

Si le pasa algo, me muero.

—¿Lloras por mi culpa? —Alzo la cabeza y veo a Robin. Abrazado a su peluche favorito.

—Robin. —Lo abrazo con fuerza y lloramos juntos. Saco el móvil y llamo a Lars. Me tiembla la mano—. Está en casa, está en casa, está bien, conmigo…, está en casa.

—Voy para allá, por favor, no lo pierdas de vista.

—Nunca.

Cuelga y miro a Robin.

—¿Dónde estabas? —Señala mi cuarto.

—Debajo de tu cama. Os vi antes, pero no quería veros juntos.

Vale, estaba escondido debajo de una puta cama. Miramos en su cuarto, pero no en el mío.

—Robin, estábamos muy preocupados. Pensaba que te había pasado algo. —Llora y lo abrazo.

—¿Por qué lloras?

—Porque te quiero mucho.

—Pero tú me quieres separar de mi papá, y que mi mamá y él no se quieran.

—Cariño. Te queremos todos, pero tus papás ya no se quieren, y eso no es malo. Mis papás tampoco se quieren de esa forma y nunca me han dejado de querer. Tengo mucha suerte de tenerlos a los dos. Y mi vida no ha sido como la de los otros niños, pero he sido muy feliz.

Y es cierto; a pesar de todo no me faltó de nada y, viendo la vida de los Landry, sé que tuve mucha suerte de que mis padres me quisieran tanto.

—Mamá a veces no está y no quería perder a mi papá. Ella me prometió que si te hacía daño y te ibas, ella se quedaría para siempre. —Escucho pasos y veo a Tara. La primera en llegar. Lo ha escuchado todo.

Me levanto y Robin se pone tras de mí.

—Robin, yo… lo siento. —Tara parece de verdad afectada. Robin aferra mi mano con fuerza. En el fondo, no es tonto y sabe que yo no le haría daño, pero Tara lo ha vuelto loco.

—Cuando se usa a un niño para tus fines egoístas hay consecuencias —le digo fría—.

Robin es parte de mi familia y nunca más me voy a callar si le haces daño.

Pienso ir contra todos para que él sea feliz.

Y si quieres ser una buena madre, una que se la merezca, demuéstralo.

Todo esto ha sido tu culpa y si le llega a pasar algo hubiera sido por ti.

Este niño se merece una madre que luche cada día por su felicidad, y no por la suya a costa de todo.

Lars llega y Robin, al verlo, rompe a llorar y luego abraza a su padre. Tara nos mira a los tres.

—Entiendo —dice, y se hace a un lado cuando llegan todos los demás. Entre ellos, mi padre con su mujer.

Para mi sorpresa, Tara no se marcha. Se queda aquí mientras damos declaración a la policía y ponemos orden. Tampoco cuando Robin cena y se va a la cama. Lo mira desde la puerta mientras Lars lo acuesta.

—Es un gran hombre —dice antes de irse, mirándome—. Yo no supe valorarlo. A ver qué haces tú.

—Ya lo verás, porque espero que te quedes cerca. Perdiste a Lars, pero para Robin lo eres todo, Tara, y el amor de un hijo es un regalo demasiado valioso como para que no lo aprecies. Robin es pequeño, seguramente no recordará nada de esto. Tienes otra oportunidad con él, no la jodas.

Se marcha, y Lars se acerca y me abraza con fuerza. Y al fin deja caer sus murallas y veo al hombre perdido y derrotado que ha sufrido un horror por culpa de una mujer egoísta que casi los rompe para siempre.

Me doy cuenta mientras lo sujeto de que no me he roto. Que he sido fuerte y que, aunque estaba temblando, he sido la fuerza que se necesitaba frente a la tormenta.

No sé en qué punto de mi vida me convertí en esta mujer.

Lo que está claro es que poco queda de la que vino sin saber qué hacer con su vida. Ahora sí sé dónde quiero mirar hacia el futuro.

Me separo de Lars y lo beso.

—Al fin estás en casa.

—Al fin.