Impensable (Amar a un cowboy 2) Epílogo. Lars
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Epílogo. Lars

Epílogo

Lars

Meissa se ríe en la piscina con Robin. Mi hijo ya tiene siete años.

Estos años han sido intensos. Sobre todo porque casi no he visto a Meissa, por su rancho.

Este año va mejor, y sé que cada vez mejorará más.

Los caballos purasangres están listos para empezar a competir.

Y Robin ha aprendido a montar a caballo, y también Meissa.

Las cosas no han sido fáciles. Robin, al principio, hizo huelga de hambre cuando Meissa se vino a vivir con nosotros.

Poco a poco aceptó que esta era su nueva vida y dejó de buscar algo que no iba a llegar.

Tara ha cambiado. Si quiere verlo, me escribe a mí o a su hermana.

Se queda con él algún fin de semana y vive su vida, pero ahora sin arrastrar a Robin y sin desaparecer de su vida.

Robin y Meissa son inseparables. Se entienden como nadie y ese lazo los une fuertemente.

Meissa aceptó casarse conmigo. Lleva mi anillo en su dedo, el de Saril, mi abuela, aunque no lo sea de sangre.

Nos casaremos este verano cuando venga Gretel, que al fin se instala aquí.

Va a venir con una amiga a la que ha conocido mientras aprendía cosas del mundo de la equitación.

Ella le dijo que este era su pueblo y Gretel le aseguró que iban a ser inseparables.

Miedo me da lo que Gretel hará en el rancho; no sé si este lugar está preparado para una miss .

Salgo y las dos personas que más quiero se giran a mirarme.

—¡Papá! —Robin se acerca y me abraza. Luego se tira al agua.

Meissa se acerca y la beso lentamente.

—Estás muy guapa hoy.

—Me dices lo mismo cada día.

Me río.

Y la beso en el cuello antes de entrar a mi casa a cambiarme.

***

—Otro puto coche rosa no, joder —dice Darren mientras vemos llegar otro coche rosa al rancho. El de Meissa dejó de ir del todo, al final no tuvo arreglo, y el de Bonnie, igual.

El coche se detiene y sale Gretel con una corona en la cabeza.

—¡Al fin llega la puta ama al rancho!

—Madre mía, me estoy arrepintiendo de haberle construido una casa.

Darren lo dice lo suficientemente alto para picar a su cuñada.

La puerta se abre y sale otra mujer. Una pelirroja con grandes ojos verdes. Parece algo mayor que Gretel y al mirarla me suena de algo.

—¿Esa no es la pequeña de los Gagne? —pregunta Darren.

—¿Gagne, mi capataz? —pregunta Meissa, y asiento—. Oh, mierda, mierda y mierda…, tengo que llamar a Tyre.

Sale corriendo y no sé qué mosca la ha picado. Ya me lo contará.

—Os presento a Dakota.

—Hola, Dakota. Cómo has crecido. —La abrazo.

—Bueno, ya no tengo dieciséis años. Han pasado diez años.

—Sí, ya veo.

Darren la saluda y le pregunta a qué ha venido.

—Mi padre me ha prometido que podré entrenar caballos de carreras. Y soy la mejor.

—¡Y yo la voy a ayudar! ¡Ya tengo trabajo! ¡Voy a limpiar mierda de caballo! —Gretel se pone a bailar. Y no la veo yo con muchas pintas de estar entre el barro. Y a Dakota tampoco le veo muchas ganas de estar aquí, de haber vuelto.

***

—Vale, me acabas de dejar muerto —le digo a Meissa, solos en mi cama, cuando me cuenta la historia de Tyre y Dakota.

—El verano se plantea interesante, grandullón.

—Miedo me da esa mirada. Hay que dejar que todo fluya.

—Sí, voy a dejar que todo fluya, pero lo voy a vigilar de cerca.

—Al final, a todos se os ha pegado el lado cotilla de Saril.

Se ríe y luego se sube sobre mí, me besa y se frota contra mi cuerpo hasta que busca mi polla para liberar su fuego. Se mueve sobre mí. Salvaje, preciosa y mía.

Nos movemos juntos hasta que nos dejamos llevar. La abrazo y no la suelto.

—Cada vez es mejor.

—¿El sexo? Sí, doy fe. —Se ríe.

—Aparte. —Besa mis labios—. Amarte, cada día te amo un poco más. Y así hasta que la eternidad me haga buscarte de nuevo en otra vida. ¿Te apuntas?

—Me apunto a todo contigo.

Se ríe y me abraza con fuerza. No sé qué hice para merecer esto. Para tenerlo todo entre mis brazos y ser feliz. Para sentir que la vida me ha dado todo lo que podía soñar y más. Porque el amor de verdad no es que sea impensable, es que es imborrable.