Capítulo 35. Meissa
Meissa
Robin casi no quiere verme. Cada vez que voy a verlo me rehúye con la mirada o se aparta de mí como si le hiciera daño.
No le he dicho nada a Lars, porque bastante tiene con Tara y la idea que le está metiendo al niño de que van a volver a estar juntos.
Y como le dijo que podía pasarse por su casa siempre que quisiera, está casi siempre allí y eso hace que Lars y yo apenas nos veamos.
Porque ahora sus abuelos no se lo quedan tampoco los fines de semana y ella, como ya lo ve allí, no quiere darle al niño la molestia de llevarlo a otro sitio.
Lars está agobiado. Hablamos cada día por teléfono y lo noto fuera de sí.
Esto va a acabar por explotar. Nadie puede aguantar tanto tiempo, o tal vez sí, porque Lars aguantó esto durante años sin hacer nada. Hasta que ella se fue, él no supo ver que no era feliz. Eso me lo dijo él mismo.
Ahora estoy en el rancho Bennet para las fiestas, con mi primo y varios de los trabajadores de mi rancho. La gente nos mira al llegar; no es un secreto que los Landry y los Bennet no se llevan bien.
Vamos hasta donde están Lars y Darren. Al vernos, Lars sonríe y luego Robin tira de él y se lo lleva. Parece como si el niño quisiera separarnos.
Lars lo sigue y, cómo no, ahí está Tara, en la zona de puestos y juegos para niños.
—Bienvenidos. —Darren da la mano a Tyre y a mí un abrazo.
Bonnie viene hacia mí y me dice que la siga. La acompaño a su casa. La puerta se cierra al poco de entrar nosotras y veo a Lars. En dos zancadas lo tengo entre mis brazos. Nos besamos como si no existiera un mañana. Al mirarlo lo veo demacrado, agitado.
—¿Lars?
—Puedo con todo. —Acaricia mi cara.
Y, aunque de verdad cree que puede con todo, yo siento que no. Que querer llegar a la vez a su hijo y a mí lo está rompiendo. Coge mi mano y deja una cajita en ella.
—No la abras hasta estar segura de que quiero pasar toda mi vida contigo y tú también.
—Lars.
—Sé que ahora todo parece complicado. Te quiero, te necesito más que nunca, pero aunque tengo que estar al margen, no quiero que pienses ni por un segundo que no te tengo en mi mente. Un día, espero que no muy lejano, podré darte todo.
Me besa y se marcha. Miro la caja con una sensación agridulce.
No porque no lo quiera, o porque no quiera ser su esposa.
Es porque siento que es su forma desesperada de no perderme.
Pero esto no parece una propuesta de amor, sino un grito de alguien que se está ahogando porque no puede llegar a todo.
Mi madre, cuando era niña, muchas veces perdía los papeles y luego lloraba. Yo no era consciente de que se estaba ahogando. Que pedía ayuda. Siento que Lars hace lo mismo y no sé cómo ayudarlo, o si estar conmigo ahora solo le da más problemas. Antes de llegar yo, Tara le daba más espacio.
Guardo la caja sin abrirla.
—Eso ha sido raro —coincide mi amiga.
—Sí.
—No tomes decisiones precipitadas tú también —me pide.
Salimos fuera y vemos a Tara con Robin y Lars.
Los padres de ella no están lejos. Robin parece muy feliz.
Como si su sueño de que sus padres vuelvan a estar juntos se hiciera realidad.
Sé lo que es eso. Cuando mi padre iba a ver a mi madre, siempre guardaba la esperanza de que se enamoraran y tenerlos a los dos.
Eso nunca hubiera funcionado. Ellos no se aman, y mi madre nunca hubiera sido feliz con él.
***
Miro a Tyre en su box, preparado para salir a pelear. Está nervioso, porque sabe lo que valen sus puños.
—Vas a ganar.
—Sí, por suerte, Darren y Lars no compiten.
—Bueno, Lars bastante tiene con Tara y sus tonterías.
—Esto va a acabar mal; espero que no para ti.
Saco la caja y se la enseño.
—Dice que la abra cuando esté lista. ¿Y si por ese niño debería hacerme a un lado?
—Tú misma, prima. Pero a esa pregunta solo te puedes responder tú. —Ato mejor las vendas de sus manos—. El amor es una mierda. Y si es de los de para toda la vida…, por mucho que te alejes nunca se apagará.
Por cómo lo dice siento que lo sabe de primera mano.
—¿Algo que contar?
—Que me desees suerte, que necesitamos ese dinero.
Sale cuando lo llaman y salgo tras él. Lars se pone a mi lado. Busca mi mano y me acaricia sin que nadie se dé cuenta. Noto el corazón pesado y sé que mi amor por él será para siempre.
—Te quiero, Lars.
—Lo sé. Y también sé que no vas a abrir la caja pronto. —Noto los ojos llenos de lágrimas—. No tengo prisa, cariño. Sé que eres tú con quien voy a envejecer.
Lo miro y la tristeza en sus ojos se entremezcla con el amor que siente por mí.
La pelea empieza y Tyre se mueve con una agilidad increíble. Sus pasos son firmes, sus puñetazos certeros, y deja fuera de combate a su rival casi sin esfuerzo. El público se queda paralizado y luego aplauden como locos. Al entrar, me abraza y me da un beso en la mejilla.
—Vamos, primita.
Me separa de Lars y cuando veo a Tara acercarse sé que lo ha hecho aposta. Mi hermana pasa por mi lado sin mirarme siquiera. Tyre me acaricia la mano y cuando lo miro, aunque no somos hermanos, sí lo siento como ese hermano mayor que siempre ansié tener.
***
—Hola, cariño. —Robin está en los columpios. Me siento con él. Su abuela lo vigila con otras mujeres del pueblo.
—Hola.
—¿Te pasa algo conmigo?
—Tú eres la culpable de que mis padres no estén juntos.
—No, yo no…
—Eres tú, te odio. Te odio mucho… Por tu culpa estoy triste. ¡Te odio!
Sale corriendo y noto como las lágrimas caen por mis mejillas. Salgo de aquí antes de que nadie las vea. Ando por el lugar buscando paz. Me he dejado los auriculares en mi coche. Voy hacia él. Alguien me llama, pero no escucho. Quiero mi música. Quiero huir, quiero… paz.
—¡Mei! —Lars me mira preocupado. Agitado, saca su móvil y pone música. Luego me abraza sin importarle quién nos vea. Me aparto.
—No, no. —Pienso en Robin, en lo triste que lo veo por mi culpa—. No, Lars. Esto no está saliendo bien. —Saco la caja y la pongo en su mano—. Esto es demasiado para mí. No puedo con todo esto.
El dolor en sus ojos me destroza. Y lo peor es que él siempre ha sentido que me pedía demasiado. Su tristeza me mata. Me rompe.
—¿Quieres dejarlo?
—No lo sé.
No puedo dejarlo, pero ahora mismo me estoy ahogando.
—Tómate tu tiempo. No tengo prisa, ¿vale?
—Coge mi cara entre sus manos—. Te quiero, cariño, te quiero ni te imaginas cuánto, y si esto es demasiado y quieres dejarlo, lo entenderé.
Aunque me pasaré cada minuto esperando que un día la vida te traiga de vuelta.
Pero no puedo obligarte a todo este caos.
Por eso te dejo ir. Mi vida ahora mismo es una mierda.
Quiero decirle que estamos juntos en esto, pero no lo estamos. Porque el amor por Robin nos separa y por ese niño no podemos luchar juntos contra todo.
Por eso, antes de decirle algo de lo que me arrepienta, me marcho al coche y pongo rumbo a mi rancho, incapaz de pensar ahora con claridad y recordando las palabras de Robin una y otra vez en mi mente. Que alguien a quien quieres tanto te odie es horrible.