Capítulo 31. Meissa
Meissa
Despedir a Aomar ha hecho que en el rancho se rebelen sus primos y sus amigos.
Tyre no puede con todo solo, por eso lo he estado ayudando por las tardes.
He pedido todos los informes de trabajos.
Hoy es sábado y estoy en mi nuevo rancho.
En la casa grande, el despacho ya está acabado y estoy trabajando en él con mi ordenador, intentando que esta hacienda esté lo más informatizada posible.
Hay mucho trabajo por delante, y en vez de asustarme estoy emocionada.
—Ya están todos listos en la puerta.
—Siento todo esto, Tyre.
—Yo no, debí ser así, poner el rancho por delante.
—Bueno, yo no tengo sentimientos hacia ellos, no como tú.
—Tampoco los tengo. Aquí no ha habido otra cosa que supervivencia y egoísmo.
Y, a pesar de eso, les dio una oportunidad. Cuanto más conozco a Tyre, más lo quiero. Le doy un abrazo que lo pone rígido y salgo al patio, donde me esperan todos los trabajadores.
—Quiero presentarme a todos, como nueva socia y heredera del rancho.
Mi nombre es Meissa Landry y estoy aquí para levantar este lugar, no para seguir viviendo en el fango.
Esta cadena va a dejar de estar rota y si alguien no está al cien por cien para la causa, será despedido, sea familia o no. —Todos miran a Tyre.
—Estoy con ella. A partir de ahora, no se va a tener en cuenta a la familia. Quien quiera casa y trabajo deberá ganárselo.
—¿Y a dónde iremos? —dice una mujer.
—Aquí, si trabajas —le respondo—. Hemos analizado cuáles son los mejores trabajos para cada uno.
Quien se quede debe ser para darlo todo; quien no, ya puede irse.
Y una cosa más. He instalado cámaras por toda la hacienda.
—Mentira, pero no lo saben; solo hay unas pocas, y otras falsas—.
Quien vaya contra nosotros tendrá que dar explicaciones a la policía.
Y se acabaron las peleas y los abusos. Los Landry somos algo más que matones de mierda.
¿Os queda claro? —No se oye una mosca—. Y ahora, id pasando al despacho en orden si decidís quedaros; se os asignarán tareas y os hablaremos del sueldo.
Miro a Tyre.
—Esta es una nueva era; o estáis con nosotros, o fuera. El rancho tiene mucho potencial, un día fue el mejor del pueblo. No espero serlo de nuevo, pero sí dejar de ser ese rancho venido a menos que sobrevive a duras penas. ¿Os queda claro?
Miro orgullosa a mi primo. Veo a su madre, emocionada, hacer lo mismo no muy lejos. Es una buena mujer que nos ha estado ayudando en todo.
Entramos al despacho y empieza el caos. Los primeros no entran para pedir trabajo, sino para quejarse, para exigir. No nos queda más remedio que despedirlos. Se les deja la puerta abierta si cambian de idea.
Y así, casi la mitad. Tyre me mira preocupado, por si nos quedamos sin nadie. Pero no, empieza a entrar gente comprometida con la causa. El día se hace largo y ahora tenemos que buscar nuevos trabajadores.
—¿De dónde los vamos a sacar? —pregunto a Tyre.
—Yo me encargo, prima. —Su mirada es fiera y por eso dejo mi fe depositada en él.
Voy hasta mi camioneta, porque el coche rosa no va bien y lo están arreglando, y Tyre me dio esta camioneta que pienso pintar de rosa.
Varias niñas se me acercan y me dan un abrazo.
Les doy un beso en la cabeza y me marcho.
Miro la colina llena de flores por la que mi bisabuela iba con su caballo.
Lo vamos a lograr. Este lugar va a ser increíble.
***
Llego a casa de Lars cansada. El capataz de la finca Landry, el señor Gagne, nos ha estado ayudando a Tyre y a mí.
Por cómo trata a Tyre se nota que le tiene aprecio.
Es de los pocos que no son parientes nuestros.
Su familia lleva años dando capataces al rancho y ahí siguen.
Al parecer, por un cariño especial a mi bisabuela y sus caballos.
Por eso está tan emocionado con la idea de que volvamos a tener buenos caballos de carreras.
Su familia era la que se encargaba de ello.
Abro la puerta y Lars entra desde el jardín.
—¿Te das una ducha mientras yo termino de preparar la cena? —Coge mi cara entre sus manos y me besa.
—¿Y si pasamos al postre y dormimos doce horas seguidas? —me río mientras lo abrazo con fuerza.
Su corazón late acelerado por tenerme así, entre sus brazos. He estado contándole todo lo que iba pasando. No ha dejado de estar pendiente de mí en todo el día. Robin pasa el fin de semana con sus abuelos.
—Ahora salgo—Le digo y me pierdo en mi cuarto para darme una ducha relajante.
***
Salgo hacia el jardín con un vestido fresco. Lars está encendiendo unas velas. Ha preparado una mesa preciosa en el cenador. Con velas y flores silvestres, repartidas en varios jarrones por el lugar. Está tan bonito, que los ojos se me llenan de lágrimas ante tal muestra de cariño.
—Te quiero —le suelto de sopetón. Lars me mira y luego me indica con un dedo que me acerque—. Lo sé, es demasiado pronto…, soy la hermana de Tara…
Su boca se cierne sobre la mía y me besa con dulzura.
—Te quiero, Mei.
—¿Lo puedes repetir? Me gusta oírte decir que me quieres.
—Te quiero, cariño. Y sí, es pronto, y no, no pedí esto, porque no va a ser fácil, pero te quiero en mi vida para siempre. Voy a luchar por ello.
—Yo también, pero sin precipitarnos. Robin es lo primero. —Me besa con dulzura.
—Que lo quieras tanto y lo pongas por delante de todo hace que te ame más.
—Quiero a tu hijo y no voy a dejar que nadie le haga daño.
Me besa y luego me aparta la silla para que me siente. Acepto, encantada con todo esto. Con el cuidado que ha puesto en los detalles. Hay corazones esparcidos por la mesa. Cojo algunos con los dedos mientras sirve la cena. Mientras cenamos le cuento todos los planes que tengo para mi rancho.
—Yo tengo contactos con el mundo de las carreras de caballos. Te los puedo pasar.
—Y así trabajamos juntos en algo.
Su mirada se hace hambrienta.
—Has hecho lo que tenías que hacer con tus primos y con la gente que no quería trabajar allí.
—Algunos tenían familia.
—Si en una sociedad solo se generan pérdidas, al final pierden todos. No podías hacer otra cosa, o el rancho hubiera tenido que cerrar.
—Sí, las cosas están mal. Tyre ha invertido todo el dinero que tenía ahorrado de años haciendo trabajos extras fuera del rancho. Por eso tenía miedo de que le quitara todo.
—Es comprensible.
—Yo tengo poco ahorrado, pero he pensado hacer webs para la gente del pueblo y así ganar un dinero extra. No me va a quedar tiempo para nada.
—Eso parece. —Acaricia mi mano—. Los comienzos siempre son duros. Yo creo en ti.
—Llegué a este lugar perdida y ahora tengo ilusión. Nunca voy a olvidarlo. —Toco mi estómago—. Pero debo seguir adelante, y ahora tengo un propósito.
—Lo veo en tus ojos.
Hablamos un poco más y pasamos al postre. Cojo mi plato y lo llevo a su lado. Aparta la silla para que me siente sobre él. Disfruto del chocolate y de sus besos.
—Lars…, ¿podemos pasar a la cama?
—Quiero darme un baño.
—¿En serio? —Toca mi pecho y se ríe.
—Vamos al agua. —Se levanta y se quita la camiseta—. Estamos solos. —Tira de su pantalón y se queda desnudo. Gloriosamente desnudo, matizo. Se me seca la boca de verlo así ante mí—. Quiero bañarme contigo así desde hace tiempo.
—Me has convencido.
Tiro de mi vestido. Me quito la ropa interior, coqueta.
—Hay algo que debes saber. —Lars coge unos papeles—. Estoy limpio. Soy todo tuyo sin barreras, si quieres.
Mi sexo da una sacudida y me tiro al agua sin responder.
Lo escucho meterse cuando saco la cabeza.
Hay algo liberado en bañarse sin nada en la piscina.
Me atrapa y nos besamos contra la pared.
Saber que estamos limpios aumenta el placer de nuestros juegos.
Llevo mi sexo a su polla y me restriego contra ella, subiendo y bajando hasta que entra un poco.
Gemimos juntos mientras entra cada vez un poco más.
Me alza para lamer mis pezones mojados mientras mi cuerpo se abre a él. Entra del todo, sin nada, sin barreras, solos él y yo.
Nos movemos juntos hasta que se aparta jadeante.
Anda conmigo hasta las hamacas y se cierne sobre mí.
Entra en mi interior con fuerza y, sin dejar de besarnos, nos movemos juntos hasta que se corre dentro de mí.
Sale y noto su semen caliente caer por mi pierna.
Juega con la humedad y me frota el clítoris hasta que me corro.
—Era tan bueno que no pude esperar. —Nos besamos, aún jadeantes.
—Muy bueno. ¿Te arrepientes de esto? —pregunto agitada.
—¿Por qué me dices eso? Yo, a veces, pienso si no será al revés. Estar conmigo no va a ser fácil. —Aparta el pelo de mi escote—. Puedes tener al hombre que quieras. Eres joven…
—Lars, no quiero estar en otro lugar. Y me gusta estar contigo. Podría tener al hombre que quisiera —le digo un poco sobrada, y eso me recuerda a Gretel—. Pero te quiero a ti.
Nos besamos y va a buscar toallas tras ducharnos en las duchas de la piscina. Tras ponerme el albornoz va a buscar una caja. Él solo lleva una toalla anudada en la cintura.
—A la pulsera que te di le faltaba una pieza. —Abre la caja y veo un corazón—. Es el mío, si lo quieres.
—Lo acepto.
Lo pone en mi pulsera tras abrirla. Luego me coge en brazos y me lleva hasta su cama. No protesto, porque estoy agotada. Hoy me cuida él, mañana lo cuidaré yo. Eso es el amor.