Capítulo 30. Lars
Lars
Entro al cuarto de Meissa tras un rato intentando que Robin se durmiera.
Está inquieto. No ha dejado de preguntar por su madre.
Y eso hace que le cueste conciliar el sueño.
Él no entiende por qué, si lo quiere tanto, no está a su lado.
Es pequeño para entender el egoísmo que Tara está mostrando y me da miedo que todo esto destruya su inocencia. O lo haga crecer demasiado pronto.
—Tienes mala cara. —Me tumbo en la cama y me abraza—. ¿Todo bien?
—Ha preguntado por Tara. Y no sé nada de ella desde hace días. Es raro que no haya llamado para exigirme que me aleje de ti. —Paso la mano por la curva de su espalda sobre la camiseta de dormir que se ha puesto y sigo hasta su trasero—. No llevas bragas.
—No. Te estaba esperando. —Me dice coqueta, y se sube sobre mí—. ¿Podemos hablar luego? Te necesito dentro de mí ya.
—Si me lo pides así, no pienso negarme. —Se ríe y busca mi boca para besarnos con ansia.
No me puedo creer que, antes de conocerla, para mí el sexo fuera aburrido. Con ella todo es fuego. Ardo en sus brazos y me consume con fuerza. Tiro de su camiseta y ella de la mía. Se contonea sobre mí. Sus pechos suben y bajan, estoy a punto, y eso que ni siquiera estoy dentro de ella.
Saco un condón y me lo pone. Luego se deja caer lentamente, apoyando sus manos en mi pecho.
—Te gusta torturarme.
—Por las veces que tú me torturas a mí.
Sigue bajando a su ritmo. Echo la cabeza hacia atrás cuando no puedo más. Cuando se deja caer, jadeamos con fuerza. Luego mueve su cuerpo adelante y atrás como si montara a caballo.
—Me matas, Mei.
—Te estoy cabalgando, grandullón.
Gruño y busco su boca mientras me monta con fuerza.
Llevo sus duros pezones a mi boca. Cuando se separa veo como se mueven, mojados y sonrojados por mis atenciones.
Es preciosa y salvaje. Y quiero que sea mía para siempre.
La revelación me deja noqueado y me hace darme cuenta de la intensidad de mis sentimientos por ella.
Nos movemos juntos hasta que nos corremos. Cae sobre mí y la abrazo con fuerza, no queriendo dejarla ir nunca.
***
—Aomar se lo merecía —le digo tras escuchar todo lo que ha pasado.
—Sí, pero me va a tocar tomar decisiones duras. Tyre no los había despedido porque le daban lástima, pero yo no voy a hacer eso. El rancho necesita resurgir, y si para eso tengo que ser dura, lo seré.
—Con lo dulce que pareces, y eres la villana del cuento —la pico, y me da en el brazo—. A mí me encanta cómo eres y sí, es una mierda como dueño tener que tomar esas decisiones, yo lo hago a diario y no es fácil. Pero si un solo eslabón de la cadena va mal, nada puede salir adelante.
—Lo sé. Tyre dice que tiene controlado lo de la estampida. Mañana Bonnie vendrá un rato a quedarse con Robin y yo iré a poner orden.
—Me encantaría que te grabaras para ver cómo les cantas las cuarenta a los Landry.
—Yo soy una de ellos.
—La mejor, sin duda. —Aparto el pelo de su cara—. ¿Y qué más te preocupa?
—Ser mala persona por estar liada con el ex de mi hermana.
—Lo sé, sé que eso te angustia. —Acaricio su mejilla. A veces temo que la presión de todo esto la aleje de mí.
—Supongo que con el tiempo dejaré de sentirme culpable.
—Sí.
—¿Has sabido algo de Tara?
—No, es sorprendente como puede estar tantos días sin saber de su hijo. —Acaricia mi pecho—. Esto va a marcar a Robin. Va a perder su inocencia antes de tiempo.
—Yo nunca tuve esa inocencia. Y no he salido tan mal, ¿no?
—No, cariño. Pero para él quería lo mejor.
—Bueno, al final jugamos lo mejor que podemos las cartas que nos han tocado. Y no lo haces tan mal. —Besa mi cuello—. Nada mal.
Se le abre la boca por el sueño y dejo que se duerma. Al poco está torrada abrazada a mí. No sé cómo lo haré, pero no pienso dejar que ella se me escape.