Capítulo 29. Meissa
Meissa
—¿Te queda claro todo antes de firmar?
Miro al abogado de Lars. Estamos reunidos para recibir mi herencia y luego repartirla entre Tyler y yo, y ser ambos herederos del rancho.
Tyre se mueve nervioso y sé que teme que lo deje tirado.
Por eso no dudo más. Firmo el primer documento y luego el segundo, y noto como expulsa el aire antes de firmar a su vez, ahora sí como dueño.
Aún faltan algunos trámites: primero yo me haré heredera y luego seremos socios. Pero ya no hay vuelta atrás.
Tyre me abraza y siento como tiembla. ¿Esperaba de verdad que lo traicionara?
Se me parte el corazón porque pensara eso de mí.
Se separa.
—Gracias, primita. Tengo que irme a trabajar; tú ya sabes lo que debes hacer. —Se cala el sombrero y se marcha, ahora sí como legítimo dueño.
Noto el vértigo por todo esto. No esperaba acabar siendo dueña de un rancho cuando decidí regresar. El abogado de Lars recoge todos los papeles y, cuando salgo, Bonnie me espera con Robin.
—Enhorabuena. Ahora eres una vaquera.
—Solo soy un manojo de nervios.
Salimos fuera y algunas personas me felicitan. No sé cómo la voz se puede correr tan pronto en este lugar. Es como si alguien estuviera en mi cabeza.
Por suerte para mí, nadie se ha enterado de que entre Lars y yo hay algo.
Los rumores se han apagado al no vernos juntos fuera de casa de Lars.
Estamos teniendo mucho cuidado. Pero cuando estamos solos no podemos apartar las manos el uno del otro.
Dormir con él por las noches es lo mejor de mi día.
O en su cama o en la mía. Estoy locamente enamorada de él.
Las fiestas han acabado, pero los puestos se quedarán un poco más. Vamos hasta la zona de puestos y compramos algo de merendar. Robin se pone perdido.
—Hola, hija. —Mi padre me da dos besos—. Enhorabuena por lo del rancho…, supongo.
—¿Supones?
—Bueno, ahora eres dueña de un montón de deudas, y de primos que son unos inútiles. No sé si eso es bueno.
—Tyre lo tiene controlado.
—Lo dudo mucho. Ese chico solo sabe salir de fiesta y estar con unas y con otras.
—Yo creo en él, y pienso hacerlo hasta el final. —Lo miro desafiante, cansada de sus prejuicios.
—Bueno, sí, supongo que entre los que son como tú os entendéis. —¿Mi padre piensa lo que dice antes de hablar? Acaba de dejar claro que, como ambos somos hijos de fuera del matrimonio, nos entendemos. Lo de este hombre es de estudio.
Bonnie lo mira con la boca abierta y mi madrastra le da en el brazo.
—No le hagas caso, irá muy bien —dice para animarme.
—No quise decir nada malo. Hija…
—No pasa nada, papá, todo está bien.
Mi padre me da un beso y se marcha a comprar cosas. He mentido, porque no quiero hacerle daño. Odio que la gente solo vea en mí a la hija bastarda de mi padre. Soy mucho más que eso.
—Ni caso —me dice Bonnie—. Yo no soy bastarda, pero también le sobraba a mi padre cuando encontró el gran amor de mi madrastra.
—Somos mucho más que etiquetas.
—Eso.
Andamos con Robin hasta donde está Tyre y lo veo solo en el puesto. ¿Y los demás? Ando hasta allí y advierto que atiende a la gente agitado.
—¿Y los trabajadores?
—Aomar los ha despedido. No le caían bien, dice. —Se pasa la mano por el pelo, cansado—. Lo arreglaré.
—Confío en ti.
—Vamos, hay que arrimar el hombro —apunta Bonnie.
Robin se pone a jugar dentro del puesto y ayudamos a Tyre mientras hace unas llamadas para conseguir trabajadores para mañana. Lo arregla y cuando veo a Aomar voy hasta él.
—Fuera del rancho, tienes veinticuatro horas.
—¿Qué dices?
—He dicho que fuera de MI rancho. Lo avisé. No pensaba tener allí a gente que no arrimara el hombro.
Aomar me mira con rabia.
—No te interesa tenerme como enemigo.
—No me amenaces.
—Somos familia.
—¿Lo eras cuando decidiste no hacer nada para ayudar a Tyre? Se acabó. Quien no trabaje, fuera, y pasa el mensaje al resto de la familia.
—¿Tú la apoyas? —pregunta a Tyre.
—Somos un equipo. Te he avisado demasiadas veces, y perdonado demasiadas gilipolleces.
Aomar escupe en el suelo y se va con sus amigos. Ando hasta la zona de almacén y busco mis auriculares. Se me caen al suelo y los recojo. Alguien me ayuda y cuando miro veo que es Lars. Me levanto y lo abrazo con fuerza.
—Estás temblando. —Coge los auriculares y pone música en mi móvil con una mano sin dejar de abrazarme.
Acaricia mi espalda y me da un beso en el cuello. Nadie puede vernos, pero estar aquí solos es peligroso.
—La he cagado. —Me quito los auriculares.
—No, se lo merecía, desde hace tiempo, además. —Pienso en Max.
—Vale.
—Tengo que irme. He bajado a mirar una cosa del puesto y a verte. —Me besa. Luego coge mi mano y me pone una pulsera de plata, con un sombrero y una herradura—. Enhorabuena, empresaria. Estoy muy orgulloso de ti.
—Yo estoy aterrada.
Se ríe y me abraza antes de soltarme. Cuando salgo estoy más calmada. Regreso al puesto y veo a Lars a lo lejos. Lo miro disimuladamente. Este hombre cada día está más sexi, y yo más loca por él.
—Para o se notará —murmura Bonnie, y me centro en ayudar a Tyre mientras Robin está pintando.
Mi padre nos dice que vayamos a comer a su casa. Vamos los tres y, aunque estoy agitada por si, como siempre, deja caer perlas sobre mi nacimiento, no quiero estar a malas con él. Es mi padre y nos vamos a ver mucho, ahora que este pueblo va a ser mi hogar.
—El fin de semana nos quedamos con Robin. Podrías irte a la ciudad de fiesta con tus amigas —me dice mi padre.
—Tal vez lo haga.
Salimos y vamos hasta el coche de Bonnie. De camino, nos llama su hermana.
—Os tengo que contar algo divertido. ¿Os imagináis a un montón de misses con diarrea? Pues eso acaba de pasar, y a mí no porque, sin querer, yo fui la culpable.
—¿Qué has hecho, Gretel? —le pregunta Bonnie.
—Mamá insiste en que me tome un laxante para no engordar.
Yo hago como que me lo tomo, pero en realidad lo escupo donde pillo en cuanto se da la vuelta.
Pues bien, esta vez lo hice en un bol de agua que pensaba que era para las plantas.
Eché el frasquito ahí cuando ella no se daba cuenta y se lo devolví.
Luego se fue y me marché a mi sitio…, y vi como lo cogían para mezclarlo con una bebida sin alcohol.
Y, bueno, se lo dieron a todas, pero yo no quise.
—Madre mía, Gretel.
—Bueno, fue gracioso ver como se iban una tras otra al aseo. Aunque me dio pena cuando corrían buscando aseos libres.
Me río sin poder evitarlo, aunque me dan lástima, pero me las imagino con la mano en el culo y corriendo con la corona en la cabeza.
Bonnie acaba por reír y Gretel, igual.
—¿Y qué tal va la competencia?
—No tengo, soy jodidamente sexi, y cada año que pasa, más. Ganaré…, para mi desgracia. Pero después seré libre.
Cuelga.
—Nunca deja de sorprenderme cómo habla Gretel de su belleza.
—A ver, para ella es el pan de cada día. Ha crecido en ese mundo. Ella habla de ello sin darse cuenta de que otros la verán como una creída.
—Ya.
—Lo bueno es que mi madrastra no la deja sola y, aunque es una pesadilla, eso evita que le haga daño más de un baboso.
—Eso sí.
—La casa que le estoy haciendo para cuando pueda venir está casi lista. Estoy deseando tenerla aquí.
—Y con Max, ¿qué tal? —Estamos casi llegando a la casa de Lars.
—Ha empezado a salir con una chica, pero no es para él. Porque pasa más tiempo trabajando que con ella. Les doy unos meses.
—¿Y las cosas entre vosotros?
—Bien, hablamos mucho, como siempre, pero sigue sin poder verme junto a su padre. Le sigue pareciendo raro, aunque se alegra por los dos y dice que su padre no podría tener mejor pareja. Las veces que nos hemos visto los tres ha sido tenso.
—Si no os ve más juntos, no se va a acostumbrar.
—Ya, bueno, es complicado querer a alguien y que ahora sea la mujer de tu padre.
Pienso en Tara y me remuevo en el asiento, inquieta. Esto que estoy haciendo con Lars está mal. Lo sé. El problema es que no puedo detenerlo. Como si todos mis pasos me hubieran guiado a él. Cuando lo abrazo no siento que nada esté mal.
Nos despedimos de Bonnie. Al entrar a la casa, siento que Lars no está. Como si su presencia llenara todo el espacio. Ducho a Robin y lo pongo cómodo para jugar a algo con él. Lars llega tarde y cansado. Lo miro y me derrito por este hombre tan sexi que me tiene loca.
—¿Todo bien?
—Ha habido una estampida de las tierras de tu primo…, quiero decir, tuyas. Y sus animales han entrado en las nuestras y han arrasado algunos cultivos. Ya está controlado. Tyre está buscando a los culpables.
—Todo apunta a Aomar, porque lo he despedido.
—Eso cree él. Ha dado parte a la policía. Nunca ha querido ir contra los suyos, pero es hora de que aprendan que se acabó vivir del cuento.
—Dúchate y luego llamaré a mi primo.
Va hasta las escaleras y lo sigo. Subo unos escalones y lo beso. Lentamente y luego con más intensidad.
—Lo mejor de mi día. —Besa mi mejilla—. Luego, esta noche, me cuentas qué te preocupa. Te noto distante.
—Vale, grandullón.
Le doy una palmada en el culo y regreso al salón con Robin. Ahora nos toca pintar. Pinto con él pensando en todos los quebraderos de cabeza que me va a dar mi nuevo rancho. ¿Estaré preparada para todo esto? No tengo ni la más remota idea.