Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 27. Meissa
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Capítulo 27. Meissa

Meissa

Llego a mi antiguo barrio. Mi madre ha insistido en que tenía que venir.

Le quería decir que no, no quería que nadie estropeara mi burbuja con Lars tan pronto.

Estaba deseando que llegara a casa. Necesitaba estar con él.

Mirarlo y sentir que no se arrepentía de nada.

Yo estoy más segura que nunca de darlo todo por lo nuestro, lo que siento no hace más que crecer.

Por eso, cuando vi que él seguía conmigo, me calmé.

Dejo el coche aparcado, mando un mensaje a Lars para avisar de que he llegado, y me llama.

—¿Estás bien? —pregunta al descolgar.

—No sé qué puede querer mi madre, con tanta insistencia de decírmelo en persona.

—Puede ser algo del rancho de tu familia.

—Sí, eso he pensado. Mi madre no se habla con Tara.

—¿Por qué?

—Nunca me lo dijo, solo que la respetaba por ser mi hermana, pero que a ella ni la mirara.

—Cuanto más conozco esta faceta de Tara, más me pregunto si no la idealicé. ¿Cómo he podido estar tan ciego?

—Todos lo estábamos. Y, a pesar de eso, tenemos que ir con pies de plomo, por si la justicia se pone de su parte. —Se queda callado. Sé que le preocupa mucho que su exmujer use a Robin para hacerle daño.

—Llámame si me necesitas, a la hora que sea.

—Lo tendré en cuenta, grandullón.

—Eso me recuerda cuando estaba dentro de ti.

Mi sexo se agita.

—Así no me olvidas.

—Nunca.

Abro la puerta del portal de casa de mi madre y luego subo por el ascensor hasta el piso. Llamo antes de entrar, aunque tengo llaves. Mi padrastro abre y me abraza.

—Hola, cariño, qué bien tenerte en casa.

—¿Seguro? Mi madre parecía agitada.

—Bueno…, ella te contará. Yo me marcho con mis amigos. Nos vemos. —Me da un beso en la frente y se marcha.

En cuanto veo a mi madre, sé que algo va muy mal.

—¿Le estás quitando el marido a tu hermana?

Intento mantener la calma.

—No. Es su exmarido.

—Tara está fuera de sí, y es tu hermana, hija. ¿Qué te he enseñado para que acabes siendo «la otra»? ¿Acaso no has aprendido nada de mí? ¡Yo no metí a nadie en mi casa hasta que fuiste adulta!

—¡Porque tú no quisiste! ¿Acaso me preguntaste?

¡Yo odiaba verte triste! —Mi madre me mira confundida—.

No sé por qué dejaste de hablar con Tara, mamá.

Pero no está haciendo las cosas bien, me está humillando.

Divulgando intimidades que solo le confié a ella.

Ha contado lo de mi aborto. —Mi madre me mira preocupada.

—No la defiendo, cariño. Me preocupas tú. Tara es…, es una zorra —dice a las claras—. Va a ir a por ti, por eso tenía que verte en persona y comprobar si estás bien.

—No le tengo miedo.

—No has negado que estés con Lars. —Mi madre se sienta, agitada—. Hija, esto no va a acabar bien para ti.

Me siento a su lado y cojo sus manos.

—Mamá, confía en mí. Sé lo que hago y soy feliz con él, y no merezco que nadie me quite la felicidad cuando Tara ha hecho tanto daño a Lars por su egoísmo. ¿Acaso él no merece también ser feliz? Yo no pedí esto, mamá, te juro que he intentado evitarlo. Pero no puedo.

Mi madre acaricia mi mejilla y seca mis lágrimas.

—No me gusta Tara, puede hacer tanto daño, cariño. —Apoya su frente en la mía.

—No puedes protegerme de todo, he crecido.

—Ya lo veo. Pero para mí siempre serás mi pequeña.

—No te hablas con Tara, ¿por qué le has cogido el teléfono?

—Estoy inquieta desde que volviste al pueblo.

Y cuando me llamó, desde un número que no era el suyo, no le colgué porque temí que te hubiera pasado algo, pero me gritó que mi hija era tan zorra como yo y que le estaba quitando el marido.

Le colgué y te llamé, pensando que si me ponía dura contigo te ahorraría el dolor que ella sin duda te va a hacer.

—Bueno, ya no me sorprende nada de ella. ¿Por qué dejaste de hablarle?

—La pillé con uno de tus compañeros de clase. Le recordé que estaba casada y se rio de mí. Desde ese día dejé de hablarle.

—Entonces, mi compañero tenía razón.

—Sí, y una mujer así no deja de luchar hasta conseguir lo que quiere, se lleve por delante a quien sea. Me preocupas tú y me preocupa su hijo. Tara es capaz de hacer daño a Lars a través del niño.

Me invade el temor de que sea capaz.

—Debería dejar a Lars por el bien de todos. —Mi madre me abraza.

—No puedo decirte lo que debes hacer, cariño.

Agitada, me remuevo inquieta. Luego ayudo a mi madre a poner la mesa y hablamos del rancho.

—Otro tema que me preocupa —me dice.

—Voy a aceptarlo, asociándome con Tyre.

—Hija…

—Soy parte de esa tierra, mamá. Y cuando estoy allí siento paz. No voy a irme, quiero ayudar a levantarlo y hacer honor a mi nombre. El día que tu abuela murió, algo se rompió en ese lugar, es hora de que otra Meissa lo haga resurgir.

—No te puse ese nombre para salvar nada… Ni siquiera la conocí.

—Es mi camino, mamá. Y mi decisión.

—Siento que hacerte venir no ha servido de nada. Vas a acabar de mierda hasta las orejas.

—Bueno, ha servido para saber que me apoyas haga lo que haga.

—Eso siempre, cariño. —Comemos en silencio un rato—. ¿De verdad estaba triste?

—Sí, pero te negabas a vivir tu vida sin pensar primero en mí. Que está genial, pero yo quería verte bien, y al final pensé que yo era lo único que te hacía feliz.

—Y por eso te costó tanto aceptar ir a la universidad —adivina—. Cariño, no puedo decirte qué debes hacer con Lars, pero tal vez huir no sea la respuesta.

—Todo se verá, ¿no?

—Sí, pero prepara la escopeta, por si la loca de tu hermana aparece en medio de la noche.

—¡Mamá! —Se ríe.

Cenamos ya más calmadas y le cuento lo que hice con los caramelos y cómo metí en vereda a mis primos. Se ríe tanto que le salen las lágrimas. Cuando mi padrastro regresa y nos ve así de bien, se relaja. Luego le contamos todo, hasta que se nos hace tarde.

Duermo en mi cama y la siento rara. Giro por la cama buscando algo y sé que es a Lars, a pesar de que solo he dormido con él una noche. No voy a rendirme con él, a menos que sea Robin el que salga perjudicado.