Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 26. Lars
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Capítulo 26. Lars

Lars

Estoy trabajando solo con unas reses. No quiero a nadie cerca mientras asimilo lo de anoche. No me arrepiento de nada. Estaba luchando contra corriente y por una vez no quiero hacer lo correcto, quiero hacer lo que deseo, y la deseo a ella.

Tenerla entre mis brazos fue mejor de lo que esperaba, y eso me ha dejado tocado. No he podido dormir mucho mucho mientras escuchaba su respiración sobre mi pecho, aferrada a mi mano.

Tara odiaba que la tocara mientras dormía.

Por eso, cada uno estaba en su lado de la cama.

Ha sido la primera vez que dormía abrazado con alguien.

Y eso me ha calado hondo, y sé que no es por ser la primera vez, sino porque es Mei.

Igual que el sexo. El sexo, para mí, era el deseo de algo más, algo que no llegaba.

Una explosión que no sentía. Me corría, me daba placer, pero me dejaba aburrido.

Pensaba que el sexo estaba subestimado, o que había algo mal en mí.

Por eso, cuando rompí con Tara, no quería pasar otra vez por eso.

Por la sensación de vacío tras el placer.

Con Mei no fue así. Quería hacerle cientos de cosas.

Disfrutar del sexo. Sentirla…, y aún quiero.

No dejo de pensar en su coño oprimiendo mi polla hasta que me corrí.

Lo quiero todo con ella y dudo que esto se vaya a apagar.

Por eso, esta mañana me hice un chequeo médico. Ella me había comentado que se hizo uno antes de venir, por lo que le pasó. Quiero todo con ella, sin barreras.

—¿Y esa cara?

Mi abuelo se acerca seguido de Darren.

—No sé de qué cara hablas.

—Este ha follado —apunta mi abuelo—. A ver, se veía venir.

Darren sonríe.

—No sabes cómo me alegro de que estos dos me dejaran en paz con Bonnie —afirma—. ¿Cómo estás?

—Bien, y es un secreto. No queremos herir a Robin, y Tara parece dispuesta a hacer daño a quien sea para conseguir sus fines.

—Volver contigo, ahora que tienes dinero —dice mi abuelo—. No sé si sabe algo más, pero ayer dejó caer el rumor de que Meissa era una fresca que se acostaba con hombres comprometidos.

—No sabemos si fue ella —puntualiza Darren—. Pero todo apunta a que sí.

—Si está tan celosa, acabará por venir a joderlo todo —añade mi abuelo.

—Cuento con eso. Espero que todo esto no salpique a Robin. Es muy pequeño para entender las guerras de los adultos.

Siento una punzada de miedo. Mi abuelo me da una palmada en la espalda y me dice que lo resolveremos.

A pesar de eso, a mediodía quedo con el abogado que lleva mi caso para que esté al tanto y, por si acaso, recabe información de todo lo que está haciendo Tara.

Duele, pero le cuento que no se interesa por el niño.

No quiero que luego use todo esto contra mí, que llegue y diga que ahora quiere la custodia y me lo quite.

Quiero que lo vea, que esté con él, pero un niño es una responsabilidad y no sé si Tara solo lo querrá para hacerme daño o porque de verdad quiere estar con él siempre.

Me quedo más tranquilo cuando me dice que ella no puede hacer mucho salvo, tal vez, exigir verlo más, y regreso a mi casa. Al entrar no me sorprende ver a mi abuelo con Saril.

Atajo de cotillas.

—Hemos comido aquí —me informa mi abuelo.

—¿Y Meissa?

—La han llamado de la ciudad. Creo que su madre —responde Saril.

Miro preocupado hacia el cuarto de Meissa. Pero me informaré más tarde, ahora no es el momento con ellos dos aquí. Para su fastidio, subo a darme una ducha. Cuando salgo, Meissa está sentada en mi cama con un peto vaquero de falda. Absolutamente deliciosa.

—Dile a tu amigo que no va a pasar nada —dice mirando mi polla ponerse dura bajo la toalla.

—Eres tú la que ha entrado en mi cuarto mientras me duchaba. —Sonríe descarada y tiro de ella para besarla—. Llevo todo el día pensando en ti.

—¿No te arrepientes? —Pasa los brazos por mi cuello y veo sus miedos.

—No. Nunca. —Más relajada, me besa.

—Aunque me encantaría pasarme el día lamiendo las gotas de agua de tu pecho…, tengo que irme, mi madre me ha pedido verme. Temo que le pase algo.

—¿Te llevo a la ciudad?

—Mañana trabajas, y yo también, pero Bonnie puede quedarse con Robin hasta que vuelva.

—Déjame arreglarlo y nos vamos contigo.

—¿Y lo de llevarlo en secreto?

—Eres la niñera de mi hijo y voy a la ciudad por temas de trabajo.

—Eso no cuela.

—Confía en mí.

—Confío en ti, Lars, pero mi madre va a querer que me quede en su casa, y Robin va a estar mejor aquí que en un hotel. Lo primero es él para los dos. —Sus palabras calan en mi pecho; que piense tanto en mi hijo hace que la quiera un poco más.

—Vale.

Me abraza y yo también la abrazo con fuerza. Cuando la dejo ir, siento que algo pesa en mi pecho. Al bajar ya cambiado, Meissa se ha marchado. Me centro en Robin, pero estoy inquieto, como si algo me avisara de que mi historia con Meissa va a traer tormentas.